| A F R I C A |
17 de marzo del 2004 |
Cidaf
Mauritania es un país magrebí, y aunque nuestra información se centra sobre todo en África Central, esta experiencia nos parece tan esperanzadora y tan posible de llevarla a cabo en otros lugares que la queremos difundir deseando suscite otras acciones semejantes generadoras de vida.
Hace 20.000 años, las tierras de Mauritania eran verdes y fértiles; hoy, tres cuartas partes de ellas integran el desierto del Sáhara. El fenómeno de la desertización ha transformado el país a través de los siglos, convirtiéndolo en un territorio con extensas zonas áridas. Frente a esto, un grupo de mujeres whoties se empeña en conseguir de estas tierras los alimentos e ingresos suficientes para alimentar a sus familias a lo largo de todo el año.
Whotie es una villa situada al sur de Mauritania y está poblada por 2.700 habitantes. Su grupo más vulnerable son las mujeres, quienes, a pesar de tener un rol importante en el desarrollo de su sociedad, no son integradas plenamente en la vida activa de la comunidad. Además, desde 2000 hasta la actualidad, la situación alimentaria en el país magrebí ha sido crítica. La ausencia de lluvias durante 10 meses al año y la sequía provocan un déficit alimentario que afecta principalmente a los barrios urbanos marginales y a las zonas rurales. En la comunidad whotie, la mujer está presente dentro de los diferentes sectores de la vida activa. Ellas se ocupan de las tareas domésticas cotidianas, absorbiendo una buena parte del trabajo, es decir, la mujer trabaja en el campo y en el hogar, en las labores domésticas y en la educación de los hijos. Esta situación se repite en el resto de zonas rurales de África, donde vive el 80% de la población del continente.
Para reducir el riesgo de hambruna y para integrar a la mujer en nuevas iniciativas económicas, la organización AMAD (Asociación Mauritana para el Desarrollo) y la cooperativa femenina de Whotie se propusieron convertir sus parcelas en tierras fértiles, gracias al trabajo de la tierra y el mejor aprovechamiento del agua del río que riega sus huertos. El proyecto permite que las mujeres se integren en la economía nacional y se impliquen directamente en el desarrollo socioeconómico de su comunidad. Para conseguirlo, el programa incluye formación técnica agrícola y sanitaria, cursos de alfabetización y actividades de promoción social. Durante el último año, la labor de AMAD en la zona se ha centrado en desarrollar proyectos con mujeres que no han tenido acceso a escolarización, que combinan la educación de sus hijos y el trabajo en el campo, sin poder ser propietarias de la tierra y sin poder disponer ellas mismas del dinero que proviene de su trabajo. Ellas pertenecen al 60% de la población mauritana que vive bajo el umbral de la pobreza.
En el proyecto de Whotie participan 160 mujeres, cada una de ellas tiene a su cargo 200 m2 de tierra de cultivo, donde cosechan coles, cebollas, berenjenas y lechugas. Los cultivos se van alternando, según épocas de cosecha, para aprovechar al máximo las parcelas durante todo el año y las lluvias que caen entre julio y septiembre. Al sur de Mauritania, la agricultura es la principal actividad de la población y la fuente de ingresos de cientos de campesinos. El desierto del norte va dando paso a la sabana del Sahel, con algo de vegetación y lluvias durante tres meses al año. Hasta ahora, si durante los primeros seis meses se dedicaban a cultivar y cosechar, los otros seis restantes los dedicaban a las labores de artesanía y formación. La idea es que, con la bomba de riego que adquirieron, puedan aprovechar mejor el agua del río y las épocas de productividad de la tierra se extiendan a lo largo del año.
A pesar de que la zona dispone de lo esencial para llevar a cabo el proyecto: tierra y agua, nos hemos encontrado con dificultades de orden técnico y financiero. Las mujeres que viven en zonas rurales son, en su mayoría, analfabetas y el sistema financiero tradicional de Mauritania las ignora y considera que son insolventes e incapaces de ahorrar. Gracias a la ambición y a la organización de las mujeres whoties, el trabajo colectivo dentro del proyecto ha sido mucho más fácil. Se han organizado en grupos de siete, que se turnan para trabajar respectivamente un día a la semana en los huertos y poder dedicar así más tiempo a sus familias y a su formación.
La comercialización de su producción agrícola también se organiza de forma colectiva. Los productos se venden en el mercado local y en los mercados de las comunidades más cercanas. Incluso hay muchos campesinos de otras localidades que se trasladan a Whotie para adquirir los productos de la cooperativa. Paralelamente a las actividades agrícolas, la cooperativa se dedica a la actividad artesanal: costura, tintura, cerámica y fabricación de jabón. Sin duda, lo que les ha dado mejor resultado es la fabricación de jabón, tanto para el uso de la comunidad como para su venta y exposición. En 1997, la cooperativa de mujeres obtuvo el primer premio de fabricación de jabones en la feria nacional.
Los ingresos que reciben de la venta de los cultivos y la artesanía repercuten en una mejora de la calidad de vida de las familias y de la nutrición infantil; se puede ofrecer formación sanitaria y agraria y además disminuir el analfabetismo de las mujeres, que en la zona alcanza el 95%. Al mismo tiempo, se contribuye al desarrollo de la comunidad, supone la disminución de la dependencia económica de estas familias y refuerza el espíritu solidario entre las mujeres.
Después de mucho tiempo de vivir en una estructura tradicional, con una economía familiar autónoma y de supervivencia, el proceso de organización no ha sido fácil, pero el trabajo en cooperativa no sólo ha incrementado la producción agrícola, también ha contribuido a que las mujeres no se sientan marginadas de su comunidad.
Según una encuesta reciente realizada por la representante de Intermón-Oxfam en el país, los hombres tienen ahora una mejor opinión de las mujeres. En el 87% de los casos estiman que sus esposas contribuyen a la renta familiar y que desempeñan un papel significativo en la economía de la comunidad. Lo que comenzó como un grupo reducido de mujeres que cultivaban un pequeño jardín de 500 m2, sin los materiales ni la formación adecuada, actualmente se ha transformado en la primera cooperativa femenina del departamento de Bababé. Ahora, el trabajo de estas 160 mujeres es la clave para el desarrollo de sus familias y de su comunidad.
Paulina Retamales (AIS)
Publicado por Umoya: A Fondo Nº 2, 2004