| A F R I C A |
21 de mayo del 2004 |
Alagi Yorrow Jallow
Ifex
Las principales armas empleadas hoy en día en África Occidental para coartar la libertad de expresión no se limitan a las detenciones arbitrarias y a las violentas agresiones físicas contra los periodistas y las compañías de prensa. Cada vez más, son los tribunales los que se ven obligados a poner mordazas y grillos.
La emergencia de periódicos independientes y privados en la última década constituye una de las manifestaciones más claras del movimiento hacia la democratización en África Occidental. Sin embargo, en muchos países este tipo de pluralismo de medios informativos se desarrolla en un contexto de exigencias y desafíos incesantes.
En los años 90, hubo un auge en el desarrollo de los medios informativos en África Occidental. Las calles de las capitales se vieron literalmente inundadas de diarios. Las estaciones de radio proliferaron en toda la subregión. En Gambia, había antes sólo dos estaciones de radio. Dos décadas después de su independencia, el número de radios y de oyentes se había multiplicado de manera notable. Actualmente, el monopolio gubernamental de los medios masivos de comunicación ha sido definitivamente desmantelado, dejando lugar a una diversidad de alternativas informativas para un público cada vez más curioso.
Esta tendencia progresiva hacia el pluralismo en materia de medios de comunicación y hacia una libertad de expresión representa uno de los triunfos más visibles y alentadores en la naciente lucha por instaurar la democracia en la región.
El periodismo independiente ha surgido como una fuerza poderosa capaz de extirpar de cuajo las dictaduras arraigadas y de educar a las masas en cuanto a las responsabilidades que recaen sobre los gobiernos electos. Ante esta situación, los gobernantes en África Occidental han concebido nuevas maneras de frenar a los periodistas que se niegan al silencio.
Los medios informativos en África Occidental han realizado esfuerzos enormes para defender las conquistas democráticas y para ensanchar los límites de la libertad, exigiendo a las autoridades e instituciones políticas una responsabilización por sus acciones. Sin embargo, estos esfuerzos han expuesto a los medios independientes a juicios por difamación, a acusaciones de sedición y desacato, a multas exorbitantes y, en muchas ocasiones, a penas de prisión.
Uno de los mayores obstáculos a la expansión de la libertad de expresión en África Occidental más allá de las restricciones penales es la perpetuación de leyes injustas que datan de la época colonial, junto con otras leyes arbitrarias y perjudiciales introducidas por gobiernos poscoloniales.
En África Occidental, existe una tendencia cada vez mayor en los tribunales a considerar delictiva la libertad de expresión invocando e interpretando leyes represivas ya existentes para intimidar y atemorizar a una industria de medios informativos joven, audaz e independiente.
Estos medios incipientes en Gambia están aprendiendo a superar las persecuciones agobiantes del régimen militar de Yahya Jammeh reencarnado en un gobierno civil. La última tentativa de controlar los medios informativos gambianos - la recientemente creada Comisión de Medios Informativos - representa una manera más de neutralizar y menoscabar la labor de los periodistas, tal y como suele suceder en otros países africanos. En la composición de dicha Comisión, el espacio para una representación justa y equilibrada de los medios informativos es limitado o incluso nulo, y algunas de sus disposiciones reducen a los periodistas a simples apologistas del orden establecido.
Las sanciones legales no han reemplazado del todo las otras formas de opresión. En esta última década, ha habido innumerables arrestos, detenciones, persecuciones, agresiones físicas y asesinatos de periodistas. El progreso ha ocasionado inevitablemente nuevos ataques.
El grado de intensidad de este sabotaje varía de un país a otro. A fines de los 80, el nigeriano Dele Giwa murió víctima de un paquete explosivo, lo cual demostró la violencia de la que capaz la dictadura militar en Nigeria con tal de suprimir la libertad de prensa en el país. La guerra generó el caudillismo que a su vez cobró víctimas entre los periodistas. Los rebeldes matones de Charles Taylor asesinaron a dos corresponsales nigerianos en Monrovia en plena guerra civil. Por otra parte, los asesinos del RUF no perdonaron la vida a los periodistas durante los caóticos disturbios en Sierra Leona. Buscaron, secuestraron, torturaron e incluso mataron a once de ellos. En 1998, el truculento asesinato de Norbert Zongo en Burkina Faso suscitó protestas, indignación y cólera en todo el mundo.
Cuando no son soldados y policías quienes brutalizan impunemente a los periodistas, o los detienen sin cargos, son los tribunales los que se encargan de amedrentarlos. Los periodistas que desean conservar su libertad de expresión y oponerse a gobernantes que pretenden ser tratados como vacas sagradas son censurados y encarcelados.
Sin embargo, existe un tercer factor, de carácter ligeramente paradójico, que fragiliza a los medios informativos en África Occidental. La exigencia sin precedentes y cada vez mayor de una "ética informativa" de parte del público en África Occidental ha servido para que los medios reafirmen su rol cívico. A resultas de esto, el público ha empezado a creer mucho más en los medios. No obstante, en este período de concienciación, los medios informativos se han convertido también en objeto de crítica. Cuanto mayor sea la expectativa del público y de las fuerzas internacionales benévolas que se preocupan por el desarrollo de la democracia en África, mayor es el desencanto con respecto a la situación de los medios informativos en la región. Al exigir la libertad de expresión, la prensa africana debe al mismo tiempo comprometerse a suministrar información de manera responsable y fiable, un derecho por el que ha luchado encarnizadamente. Desde este punto de vista, la supervivencia de los periódicos en esta subregión está sin duda tan íntimamente ligada a la supresión de sanciones jurídicas como a la capacidad de satisfacer las exigencias del público.