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EL REINO DEL REVÉS 

26 de marzo del 2004

Apuntes sobre el genocidio argentino

A propósito de otro aniversario del golpe de Estado de 1976

Néstor Kohan
Periódico ACCIÓN

Otro aniversario del golpe. Como siempre, el pueblo en la calle, contra el olvido y la impunidad. Pero éste fue especial. Por primera vez, un presidente llama públicamente "asesinos repudiados por el pueblo argentino" a los militares genocidas. Sin eufemismos. Sin frases de protocolo. Ni "héroes de Malvinas", como los nombró Alfonsín en 1987, ni artífices de la "pacificación", como le gustaba decir a Menem. Simplemente, asesinos.

Y no sólo eso. Hubo otras señales políticas de envergadura. Están los dos cuadros [de los generales Videla y Bignone] retirados del Colegio Militar de El Palomar. Pero también el hecho de haber convocado como oradores centrales del acto de la ESMA a H.I.J.O.S. Que María Isabel Prigioni Greco, militante de H.I.J.O.S. nacida en cautiverio, haya destacado la continuidad entre el genocidio del 76 y las políticas económicas de las décadas posteriores no es algo secundario. Ella reclamó también, junto con la cárcel común para los asesinos, el no pago de la deuda externa, el fin de la judicialización de la protesta y la persecución a los piqueteros.

No son detalles. Para corroborarlo, basta leer las editoriales dedicadas al acto de la ESMA por los diarios tradicionales de nuestro país. Allí se constata hasta qué punto la sociedad oficial argentina, aún hoy, sigue resistiéndose a asumir la verdad sin medias tintas. Llegaron a acusar a Kirchner de "secuestrar la memoria" para un solo bando ideológico. ¡No son editoriales escritas en 1977 o 1978!. Aunque son del 2004, siguen empecinadas en desconocer o diluir el genocidio de 1976. Esos medios de comunicación expresan el inconsciente colectivo de las clases dominantes. No de un individuo o una familia. Sino de una clase social que tiene manchada sus cuentas bancarias con demasiada sangre, la de nuestros compañeros.

Lo que sucedió este 24 de marzo fue claramente positivo. Sin duda, quedará en la historia.

Pero nos preguntamos: ¿Cuál es el límite de una política progresista en derechos humanos que mantiene a rajatabla los acuerdos económicos con el FMI? Si Videla y Martínez de Hoz [ministro de economía de la dictadura militar] jamás fueron escindibles entre sí... ¿cómo sopesar los gestos alentadores de la ESMA y del Colegio Militar con la política económica oficial que sigue pagando puntualmente la deuda externa generada por la dictadura, aumentando las tarifas y manteniendo el control neoliberal del "déficit fiscal"?

Para resolver estas incógnitas hay que profundizar en la comprensión del genocidio. La barbarie asesina de la ESMA y otros campos de concentración se inscribe en una lógica. Había que cambiar de raíz el modelo social de la Argentina. Terminar con las últimas hilachas del "Estado de bienestar" capitalista dependiente y dar a luz al actual neoliberalismo. A sangre y fuego, como en el Chile de Pinochet (primer experimento neoliberal a nivel mundial, anterior a Thatcher y Reagan).

Sin dar cuenta de esa estrategia no se comprende el genocidio. O, a lo sumo, se reduce la responsabilidad a tres generales "locos" o borrachos, eludiendo el lugar estratégico de las grandes firmas capitalistas -multinacionales y locales- que lo impulsaron, financiaron y apoyaron. Exactamente las mismas empresas que hoy siguen facturando millones... con dolarización y con devaluación...

¿Acaso Hitler fue un loquito suelto? ¿Cómo un pequeñoburgués mediocre (pintor frustrado y cabo delator) pudo acumular semejante poder? Su discípulo vernáculo, el general Videla ¿fue una mosca blanca? ¿Cómo un oficial gris y oportunista (católico padre de familia que se sacó de encima a su hijo oligofrénico) pudo alcanzar la presidencia de la nación? ¿Y Massera? ¿Fue un lumpen aislado?

¿Las dictaduras genocidas son un "accidente" de la historia? ¿Un "desvío" de la normalidad general? ¿Nadie se beneficia con ellas?

No se puede entender a Hitler sin las automotrices BMW y Volkswagen, sin el acero de Thyssen y Krupp, sin el carbón Kirdorf. No se pueden comprender a Videla y Massera sin Techint, Ford, Citibank, Shell, Fiat, Roberts, Bank of Boston, Mercedes Benz, Bunge y Born, Pérez Companc, Brown Boveri, Acindar, Ledesma, Fortabat-Loma Negra, Bridas, Garovaglio y Zorraquin, entre otras. Nuestro genocidio -como el de los nazis- fue capitalista. Por eso tiene explicación. Se equivoca la filosofía posmoderna cuando caracteriza los genocidios como un "mal metafísico radical" cuyos crímenes se tornarían "incomprensibles" e "inexplicables".

No es cierto. Se pueden comprender y explicar porque forman parte esencial de la historia del capitalismo. Desde la conquista de América -núcleo de la "acumulación originaria del capital"-, que masacró a 70 millones de personas, hasta nuestros 30.000 desaparecidos, pasando por los millones de asesinatos nazis o los producidos por las bombas de George W. Bush en Irak. Todos tienen un denominador común: la fría "racionalidad" del mercado y la ganancia. La lógica impiadosa del capitalismo.

Hace tiempo, Theodor Adorno preguntó: "¿Se pueden escribir poemas después de Auschwitz?". ¿Y después de la ESMA? ¿Y después de Campo de mayo, La Perla, El Olimpo o El Vesubio? Adorno tiene razón. Ya nada será igual. No hay vuelta atrás. Pero debemos seguir escribiendo poesía o filosofía, debemos rebelarnos contra esta barbarie radical que nace de las entrañas mismas del capitalismo. Con amor a la verdad y a la justicia, con humanismo, con una política centrada en la memoria y la conjura del olvido. Pero también con odio... Alguna vez el Che Guevara escribió: "Un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal". ¿Está mal odiar al nazismo? ¿Está mal odiar la esclavitud? ¿ Está mal odiar la tortura, la violación de mujeres prisioneras y la apropiación de sus hijos? ¿Está mal? ¿El auténtico amor a la verdad y a la justicia debe renunciar al conflicto con los opresores de ayer y de hoy?

Para contestar ese abanico de preguntas pendientes, este nuevo aniversario del golpe ha dado recién el primer paso. La lucha continúa.

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