| EL REINO DEL REVÉS |
1 de april del 2004 |
Carlos Aznárez
Resumen Latinoamericano
Nos abrazamos, nos conmovimos, lloramos y por supuesto nos enorgullecimos de
estar allí, parados del mismo lado de la vereda, en la misma trinchera. Fue
un día histórico por más que muchos agoreros de esos que nunca faltan
intenten minimizarlo. Fue un día necesario para la salud mental de un pueblo
que no ceja de pedir justicia con mayúsculas y que está harto de la
impunidad.
Allí, frente a ese lugar siniestro situado en pleno corazón de la ciudad,
estaban los pañuelos blancos de las Madres y Abuelas, que desde hace 27 años
vienen bregando para que no se entierre la memoria. Allí estaban los hijos y
nietos de nuestros hermanos tan queridos que resistieron como sólo ellos
podía hacer, y entregaron sus vidas por miles para intentar dar vuelta un
país que ellos amaban con locura.
Allí, delante de ese centro de horror, festejamos el hecho de estar vivos y
no vencidos. Y además, nobleza obliga, tuvimos la suerte de escuchar la
reivindicación de todo lo peleado y todo lo sufrido, la recuperación de
nuestra experiencia revolucionaria de los 70, por boca de un Presidente,
que nunca como ayer se pareció más a uno de los tantos pibes y pibas que
entonando juramentos de ³patria o muerte² convertimos en victorias muchas
batallas -no todas las perdimos- de aquella gloriosa década del 70. No, no
es un gesto más ni poca cosa. Es el representante del Estado que varias
veces se convirtió en terrorista con dictaduras o con democracias-
haciendo un mea culpa que otros no se animaron ni a susurrar cuando pasaron
por circunstancias parecidas. Y esto no quiere decir que tal decisión
elimine las críticas que no dejamos de hacer- a Néstor Kirchner cuando hay
temas que no nos cierran ni convencen como son los de la relación con el FMI
o la indecisión frente a la exigencia popular de no pagar la deuda externa.
Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Su discurso de este
particular 24 de marzo, va a hacer historia. Por lo valiente.
Allí también, frente al símbolo más internacional del terror militar de
todas las épocas, con las banderas del Che, de Venezuela, de Cuba y todas
las demás pancartas de la rebeldía, se trepó al escenario una pibita
maravillosa -María Isabel Greco- que dijo y gritó el mejor programa
revolucionario que puede escribir la izquierda de este país. Sin faltarle
una coma ni un punto. Y por un momento, al escucharla, nuestro corazón voló
hacia el pasado cercano y nos acordamos de Vicky, de Rodolfo, de Mercedes,
de Benito, del ³Gordo² y de la ³Nata². Y supimos más que nunca que no había
sido en vano querer seguir siendo nosotros.
Nos acordamos de otra gesta parecida, cuando en mayo del 73 marchamos a
Devoto a rescatar a los nuestros que tras las rejas vitoreaban al futuro. Y
como esa vez, por un instante se acabaron las divisiones, los grupitos o
grupazos, las diferencias secundarias o ³las contradicciones en el campo del
pueblo². Por un instante fuimos todos un solo puño, una sola bandera, una
decisión de enfrentar juntos a nuestros reales enemigos.
Por eso ladran desde algunos medios de comunicación, por eso amenazan y por
eso también cantan loas las mismas que escuchamos a pocos días de
producirse el golpe militar del 76- a los militares. Evocan tiempos en que
ellos mandaban y tenían la complicidad general por cobardía o por simple
aceptación- para ser dueños del infierno en que nos instalaron durante siete
largos años.
Este 24, fue un día que no se olvidará. No asaltamos los cielos ni tomamos
el poder, pero compañeras y compañeros que ayer estuvimos en la ex ESMA y
por la tarde marchamos con otros cien mil por las calles de Buenos Aires,
¡quien nos quita lo bailado!