Cartas a Rebelión
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15/10/2018

CON PAPELES O SIN PAPELES, LA LUCHA SIGUE

Un gobierno que invierte más en perseguir a sus inmigrantes que en la seguridad de sus trabajadores es un gobierno a quien no le interesa el bienestar de su clase trabajadora. 

Perseguir y hacerle la vida miserable al trabajador inmigrante beneficia a los explotadores ya que les facilita el salirse con la suya en el maltrato que dan al trabajador más vulnerable, les facilita y les ayuda a apagar todo esfuerzo de aquellos trabajadores quienes intentan organizarse para defender sus derechos; beneficia a las grandes corporaciones; con eso de que al gringo tanto le gusta lo “formal”, cuando se le cierran todas las puertas al inmigrante también se le hace un favor a la economía informal porque el trabajador inmigrante no es del tipo de trabajador que se quedará de brazos cruzados ante la dificultad. El inmigrante pondrá un puesto de chicles en la calle de ser necesario.

Cuando uno hace presencia en las marchas pro inmigrantes en las calles de los Estados Unidos, muy seguramente escuchará la consigna de “¿Qué queremos?” ¡Legalización! ¿Cuándo la queremos? ¡Ahora!”. Esa consigna, podemos decir, representa la esperanza del trabajador inmigrante por que algún día pueda salir de las sombras en que actualmente se encuentra.

Con una legalización no solo se beneficiaría a millones de trabajadores inmigrantes, sino que se beneficiaría a TODOS los estadounidenses. Con una legalización, el trabajador inmigrante podría viajar libremente fuera y dentro del país; contaría con licencia de manejo y no se expondría a sí mismo ni expondría a otros en las carreteras; dejaría de ser explotado en su empleo; sus derechos serían reconocidos oficialmente, lo que disminuiría los abusos en su contra; se sentiría más libre para reportar crímenes a la policía; podría contar con un mejor empleo, una mejor casa, un mejor auto…; aportaría mucho más en impuestos, y, lo más importante, es de que seguiría luchando por mejores condiciones para TODOS, los papeles no le harían cambiar de opinión en cuanto a seguir luchando contra las injusticias. 

Porque con papeles o sin papeles, claro está, la lucha continúa.


Marco Dávila
10/10/2018

Romper la impunidad policial


Podemos definir la impunidad como toda práctica (robo, tortura, asesinato, etcétera) cuyo autor o autores gozan de la posibilidad de realizarla sin ser percibida o sancionada por disponer de la protección fáctica de la administración. Pero ésta, no se impondrá mientras los pueblos, las familias y las personas represaliadas, encarceladas o ejecutadas, no renunciemos a reivindicar la memoria, a luchar por la justicia restaurativa sin someternos y resignarnos a la prepotencia y brutal violencia con la que escupen y desprecian los cadáveres de las víctimas.

Iñigo Cabacas, los 43 estudiantes de Guerrero, las masacres policiales o parapoliciales que se perpetran a lo largo y ancho del planeta, tienen en común dos cosas. La primera, es la existencia de un sistema de justicia penal que, bajo una supuesta función de “administrar justicia”, responde a la lógica de operar como un dispositivo de ocultamiento de los ejecutores de los crímenes cuando éstos son funcionarios policiales.

Pero también tienen otra cosa en común. Alimentar la capacidad de resistencia y solidaridad con quienes sufren las terroríficas consecuencias de estas acciones, al evidenciar cómo las instancias que deberían garantizar el orden público y hacer justicia, desprecian a las víctimas y despliegan una acción político-jurídica encaminada a cerrar el círculo de la impunidad.

Tenemos la perversa costumbre de dejar en manos de los verdugos el reconocimiento y la reparación de las víctimas. Sin embargo, la lucha por conseguir que se esclarezca la verdad de crímenes como el de Iñigo Cabacas, es la que restaura la dignidad de su familia. Pero, además, ha de servirnos para hacer una onda reflexión sobre qué hacer con unos sistemas policiales y penales que, lejos de defender el derecho a la vida, ponen por delante la defensa de los intereses de los poderes políticos. Sin duda, la dignidad de la familia está siendo alimentada por la solidaridad que sentimos y manifestamos hacia ella, e independientemente de que consigamos o no esclarecer la verdad, que con tanta sofisticación se dedican a ocultar, este apoyo es lo que rompe el blindaje ante su pretendida impunidad.

César Manzanos Bilbao, Doctor en sociología. Profesor en la Universidad del País Vasco. Miembro de Salhaketa, Asociación de apoyo a personas detenidas y presas y sus familiares.



César Manzanos Bilbao

08/10/2018

No somos "hispanos", somos mexicanos

Si te ves como mexicano y hablas como mexicano, para el reaccionario conservador estadounidense eres un mexicano, y para el reaccionario conservador estadounidense un mexicano radicado en EEUU es un “ilegal”, y un “ilegal”, siendo que es un “criminal peligroso”, debe ser encerrado y luego deportado.

Los mexicanos radicados en EEUU, sea cual sea su “estatus”, están en el mismo barco. Una “residencia legal permanente” no le garantiza nada a nadie, ya que quien cuente con ese estatus también pertenecerá a la categoría de los “deportables”. Cruel pero cierto. En cuanto a las leyes de EEUU la vida da vueltas, por eso el inmigrante “legal” no debe confiarse. Es de sobra conocido que algunos “ilegales” llegarán a ser ciudadanos estadounidenses, mientras que algunos “legales” perderán sus privilegios y sus papeles.

La preocupación del individuo de la Casa Blanca por la inmigración de los descendientes de Cuauhtémoc es señal de que el mexicano está creciendo (a pesar de los golpes) en números y en influencia cultural en los EEUU.

Los mexicanos radicados en EEUU tienen una gran ventaja, que consiste en que pueden influir en los asuntos de México y al mismo tiempo influir en los asuntos de EEUU (económicamente, políticamente, filosóficamente y culturalmente). Y la ventaja de que cuentan con una patria que les brinda como referencia una gran variedad de dignos ejemplos de lucha: Pancho Villa, Emiliano Zapata, Ricardo Flores Magón, Lucio Cabañas (sólo por mencionar algunos)…

Si los politicos estadounidenses están en guerra contra el mexicano, entonces el mexicano debe estar a la altura de las circunstancias y aprender a defenderse. Una buena autodefensa es por medio de la actividad política. El mexicano se debe concientizar, porque cuando llegue a ser mayoría en EEUU necesitará tener claridad en cuanto a la definición de su rumbo.

Si el mexicano arriesga la vida para llegar a EEUU, no hay duda de que será capaz de arriesgarlo todo para defender a su familia, para defender lo que ha construido, para defender su integridad, para defender su dignidad de mexicano.

Los mexicanos radicados en EUUU, frente a los ataques racistas, deben estar unidos y defenderse los unos a los otros. Para empezar, vayamos dejando en claro que no somos “hispanos” sino mexicanos.


Marco Dávila
05/10/2018

¿Quien es causa y quienes somos consecuencia?                          

Los hoy pensionistas y antes trabajadores, somos eternos paganos cuando no hemos hecho mas que inundar las arcas de la Seguridad Social durante 40 años con cotizaciones elevadas. ¿Que han hecho de ese dinero quienes no están pagando ninguna consecuencia de todo este expolio?

La ministra de Trabajo y Seguridad Social Magdalena Valerio aprovechó la visita en el Foro Internacional de Economía Social, para recibir a una comisión de pensionista de Bizkaia. Manifestar a la salida:“No se puede aprobar una pensión mínima de 1.080 euros, ya que las prestaciones contributivas se financian sobre todo con cotizaciones y hay que adoptar otras medidas que controlen el déficit del que hoy día adolece”.... es muestra de fracaso político. 

El artículo 50 de la Constitución establece: "Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad". Estando la CAPV a la cabeza en gasto social, se da que las personas que están debajo del umbral de la pobreza alcanza el 19% siendo mujeres 3 de cada 5, y otro 20% con dificultades para llegar a final de mes; que solo el 35% de familias bajo ese umbral cobran la RGI, siendo pensionista nativos uno de cada cuatro, con pensiones irrisorias de hasta 625 euros; que en 2.018 el 57,1% de dependientes reconocidos no recibe ningún servicio público, tampoco sus cuidadoras. A pesar de ello la ministra Valerio remarca el techo de pensiones en  del Pacto de Toledo; un techo alejado de lo recomendado en el Tratado de Lisboa que marcó un “suelo” de umbral de pobreza rebajado para tiempos de crisis en 1.080 euros, hoy actualizado por la OCDE en el 50% del PIB per cápita, que en la CAPV son 1.392 euros.

¿A que viene arrogarse el PNV el gran logro de haber arrancado al gobierno de Sanchez la subida hasta el IPC en 2.018, si ya estaba aprobado en el Pacto de Toledo? ¿a que viene su silencio sobre la pérdida de poder adquisitivo por  subidas de 0,25% en 4 años y 0% en otro?..seguimos eternamente en la calle.

La sintésis del diagnóstico sobre la cruda realidad del país, la hace el analista Ignacio Marco-Gardoqui:”Poco empleo para cotizar y mucha longevidad para cobrar; salarios bajos de los entrantes al sistema y pensiones altas para los salientes del sistema laboral”. Salarios bajos y paro estructural y temporalidad elevados; precariedad impuesta, en el origen del gran déficit de cotizaciones que imposibilita ¡¡hoy!! la autofinanciación de unas pensiones dignas. Los tres mismos factores que hoy reducen el consumo familiar, como principal factor de bienestar social y fuente de ingresos por IVA...los dos motores de progreso.  


Iulen Lizaso
27/09/2018
La personificación del poder

El poder se personifica, descansa en sujetos particulares, que parecen dotados de características superiores a los demás. Las clases dominantes se representan como inteligentes, valientes, trabajadoras, guapas y seguras. En esta representación también descansa su poder. La dominación se afianzas por medio de esta personificación, ya que legitima la desigualdad por medio del mérito individual.

Las clases dominantes cuentan con un arsenal de instrumentos para mostrar su diferencia y su poder, servidumbre, ropa fina, asistentes, choferes, guaruras, carros, helicópteros y mucho dinero, todo ello repercute en su confianza de superioridad. La cultura de masas también está llena de estas representaciones de las élites.  Basta con observar la actuación de los políticos, tecnócratas y gran burguesía como “poderosos”. Se presentan como expertos, únicos capaces de opinar y decidir sobre lo público,  como dotados de una inteligencia superior a partir de la cual han sobresalido o, también, como los más trabajadores y esforzados. Su lugar privilegiado se justifica a partir de su naturaleza, el ser “especiales”.

¿Qué sería de las clases dominantes sin todo la parafernalia que traen consigo?  Hombres normales, comunes y corrientes. La desigualdad no se encuentra en los sujetos, sino en las estructuras sociales. Es el sistema social, desigual e injusto, el que crea la diferenciación y la desigualdad. Algunos se ubican, por factores estructurales, en un lugar privilegiado en la sociedad. Pobres y ricos, pueblo y élite, somos iguales, homo sapiens en el planeta Tierra.

La personificación del “poderoso” funciona para la dominación y entraña relaciones de subordinación. Produce admiración,  temor y reverencia, al poderoso se le habla de usted, la mejor forma de marcar distancia. La personificación eleva al poderoso mientras subestima al dominado, esto desemboca en falta de autoestima, inseguridades y aceptación de la dominación por parte del pueblo.

Un paso para la concientización política es mostrar el engaño, reconocer que esta aura de seres superiores que tienen las clases dominantes es un invento. Los poderosos no son diferentes a todos los demás, son tipos comunes, con suerte y ocupando un lugar particular en un sistema clasista y opresivo. El lugar que los poderosos en esta sociedad no es por méritos individuales, es por una estructura de privilegios que urge cambiar. 



Aldo Fabián Hernández Solís
21/09/2018

“Singularidades hispanas” 

Así como la ciudad de Granada (y la misma fruta) en un pequeño espacio geográfico, encarna todas las singularidades de la Tierra, los cambios fácilmente perceptibles del planeta y los no tan perceptibles tiene su más fiel reflejo en el progresivo e imparable calentamiento de la política española, así como también el cambio o inversión de la polaridad terrestre que se va dando, permite verse reflejada en el cambio de sentido de la atracción política que secularmente ha nuclearizado el nacionalismo español. 

Singularidades con respecto al resto de países europeos y que hasta hoy no eran tan perceptibles para la inmensa mayoría de los ciudadanos. El hecho de que después de 82 años de un golpe de estado a un gobierno legítimo, 40 años de cruel dictadura y otros 42 regentados por una monarquía impuesta por Franco, aún se le mantenga en el mausoleo que él mando construir, humilla a los familiares de millares de hermanos que aún permanece en fosas comunes y cunetas de las carreteras, siendo un caso único en el mundo. No hará un mes una afamada tertuliana lo justificaba con: “Haber ganado la guerra” y no me cabe duda de que esta pasión subyace en muchas mentes vencedoras. 

Somos el primer país del mundo en número de aforados, siendo el segundo de Europa Francia con 18 y España con 250.000. No se si también único en el mundo, pero si en Europa, de que para cobrar la pensión mínima de jubilación, (623,40 euros), además del haber cotizado un mínimo de 15 años, también se exige que dentro de los últimos 15 años anteriores a cumplir la edad de jubilación, se tiene que haber cotizado dos años...el único país europeo y solo para la clase trabajadora y no para la casta política ni eclesial.  

Miles de personas, habiendo cotizado 20-30 años y quedarse en paro eterno a los 50 años, van a tener derecho a una jubilación de CERO euros....a no ser que sean políticos o curas. Otra singularidad constitucional de este país.


Iulen Lizaso
19/09/2018

¿Resistir o empoderarnos? 

La palabra resistencia nos lleva a la palabra resistir, y esta última, a «tolerar, aguantar o sufrir», esto de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española.  

Por consiguiente, cabe hacernos la siguiente pregunta: ¿acaso cuando hablamos de resistencia estamos hablando al mismo tiempo de tolerar, aguantar o sufrir y, por ende, de resignación? Porque de ser así, pienso que habría que cambiar inmediatamente de narrativa, de mentalidad y de modo de actuar. 

A mí me parece que los pueblos de la Patria Grande y del Sur del mundo hemos resistido lo bastante los embates y el despotismo de la economía de mercado, del neoliberalismo, del Capitalismo, de las clases dominantes cósmicas y locales. Y yo creo que no podemos resignarnos única y exclusivamente a seguir resistiéndolos o a sufrirlos.  

Los ignorados y condenados de la Tierra tenemos que pasar de la resistencia –quiero decir, de seguir soportando– a los gobiernos plutocráticos, y llegar a ser gobierno nosotros mismos, directamente. Porque en esta forma de dominación total que han dado en llamar democracia representativa, es posible expresar que algunos de nuestros representantes, nos han representado de modo insuficiente. Diría que nosotros hemos sido deficiente e incluso mal representados, porque el sistema político, económico y social que nos domina no permite que haya una representación genuina y real del pueblo. A veces nos ha tocado elegir al candidato presidencial menos malo o de centroderecha, o sea, el menos cavernario

Asimismo, no es descabellado afirmar que, en el peor de los casos, nunca hemos sido realmente gobernados, en el sentido humanista y justiciero del verbo: dirigir el destino para conseguir el bienestar de las multitudes oprimidas y saqueadas. 

Tenemos que llegar a la forma de gobierno del pueblo, gobierno ejercido con el pueblo y ejecutado por el pueblo. Es obvio que estoy hablando de la democracia sin intermediarios, de la democracia directa, diferente de la democracia representativa o democracia a control remoto, la cual es una verdadera mentira, porque no es representativa ni se le puede hacer ningún control o auditoría seria, ni siquiera de forma remota. 

Alguna vez leí que los diseñadores de modas quieren bajar la moda de las pasarelas a las calles. Análogamente, y guardadas las proporciones y con el perdón de los puristas de todos los pelambres, yo diría que tenemos que bajar las aspiraciones de transformación social, el deseo de justicia social, de la pasarela de los foros donde se habla, se discute y se reclama la justicia social, a las calles, a los barrios, a las ciudades, a las aldeas, redes sociales, a las iglesias, a las universidades, etc. 

Hay que crear organizaciones sociales grandes, fuertes y masivas. Construir estructuras/movimientos populares con poder real, con poder decisivo, de cambio. Urge empoderar –mejor dicho– activar el poder infinito y creativo de las mayorías. Todos estamos obligados a crear de alguna manera (pero efectiva) una forma de gobierno/poder alterno y popular, para que cuando triunfe un candidato presidencial con un proyecto político, económico y social progresista haya un pueblo organizado que lo apoye hasta las últimas consecuencias. Porque eso de tratar de hacer milagros electorales a última hora el día de las elecciones presidenciales, por lo visto no funciona. Es obligatorio que haya redes verdaderamente sociales por donde fluya la energía popular que consientan elegir a los gobiernos comprometidos con el pueblo, o revocar el mandato a los gobiernos tiranos.

Todo esto (es decir, el gobierno/poder alterno y popular) se podría llevar a cabo a través de un proceso sistemático, pero intenso y urgente, de educación política, de formación y de concienciación del pueblo, y de su organización.

Que el pueblo sepa de su infinito poder transformador, de su participación directa en diversas organizaciones y movimientos sociales, a fin de que cuando triunfe electoralmente un candidato presidencial progresista (ojalá nacido del seno del pueblo) cuente con el apoyo activo y consciente de las mayorías. La idea principal es que sean las mismas masas las que lo defiendan y corrijan las fallas que se presenten a la hora de su implementación, y se salven a sí mismas de las pailas del infierno neoliberal, el cual yo mismo lo sufro en carne propia.



Fernán Medrano
18/08/2018

La guerra jurídica contra los derechos de los pueblos


La guerra jurídica, o lawfare, es la nueva modalidad adoptada por algunos gobiernos para desmoralizar y destruir a sus oponentes políticos, potenciales o declarados. Esto implica, obviamente, un uso indebido de los diferentes instrumentos de carácter legal a su disposición. Todo con la intención de afectar, obstruir y destruir su trayectoria e imagen pública, hasta lograr, al final, su inhabilitación política y posible encarcelamiento. Algo que ya ocurre en Argentina y Brasil con Cristina Fernández y Luis Inácio Lula Da Silva, a quienes se les han imputado delitos de corrupción administrativa, supuestamente cometidos bajo sus respectivos mandatos presidenciales, a fin de impedir que ambos lleguen, en unas próximas elecciones, a recuperar el poder.

Otro tanto se le pretende aplicar al expresidente Rafael Correa a instancias de quien sería su sucesor al frente de la Revolución Ciudadana en Ecuador, ahora alineado con Estados Unidos y la derecha latinoamericana. En ello vale incluir a Fernando Lugo, Manuel Zelaya y Dilma Rousseff, destituidos mediante artilugios orquestados desde los Congresos de sus respectivas naciones, dominados por sus enemigos derechistas, aprovechándose de algunas circunstancias que, en su momento, fueron difundidos y magnificados por los medios informativos a su servicio, creando matrices de opinión favorables a sus fines políticos.

Una cuestión que sienta, ciertamente, un grave precedente en cuanto a la aplicación de las leyes, tergiversando su naturaleza y propósitos en beneficio de un interés partidista y/o minoritario que, a la larga, minará la confianza que se tenga respecto a la integridad de aquellos que ejercen los poderes del Estado (más allá del grado en que se halle actualmente). Lo cierto de todo, es que esta práctica deshonesta de las leyes será todo, menos algo legal o legítimo como lo presentan sus promotores.

Otro tanto ocurre con la legislación supranacional aplicada desde hace décadas por Estados Unidos y Europa al resto de los países, ya no solo contra aquellos que mantienen una ideología diferente a la suya, sino que se extiende a otros con iguales o parecidos intereses, sin respeto alguno a la soberanía de los pueblos objeto de sus ataques ni al derecho internacional, instituido -vale aclarar- por sus gobiernos a través de la Organización de las Naciones Unidas, luego de culminada la Segunda Guerra Mundial, lo que constituye una contradicción flagrante con sus principios. También cabe incluir la negativa estadounidense a la aplicación de la justicia a sus soldados en diferentes escenarios bélicos, obligando a algunos gobiernos a reconocerles inmunidad diplomática, aun cuando cometieran crímenes de guerra y de lesa humanidad, justamente cuando han sido desplegados para, supuestamente, resguardar los derechos humanos, la paz y la democracia de otras naciones. En este último caso, el gobierno de Donald Trump amenazó con aplicar sanciones a los jueces de la Corte Penal Internacional si éstos obran con una investigación sobre los presuntos crímenes de guerra cometidos por las tropas estadounidenses en Afganistán.

La pretensión a largo plazo (quizás en menor tiempo al que se calcule) es crear las condiciones adecuadas para que exista una “sociedad abierta” regida por un gobierno global, a la cabeza del cual estaría, sin sorpresa alguna, Estados Unidos. De esta manera, las relaciones comerciales, financieras y políticas están siendo insertadas -sin desmayo y a la vista de todos- en un vasto plan de dominación que algunos anticipan como un hecho irreversible, difícil de conjurar, pero que, aun así, sufre grandes tropiezos, gracias a la resistencia mostrada por los diferentes pueblos del mundo.  



Homar Garcés
07/09/2018

¡Qué dolor, país, país!

         

Te soñé, desde el pequeño germen de la infancia

te acuné, con un tibio sueño adolescente

te entregué el fruto maduro de mi sangre

en espigas doradas mis tres hijos

y en el ocaso creciente de mis días

ya no te reconozco.

 

Porque en tardes lluviosas de verano

o en noches perfumadas de azahar

de un cielo ya lejano

hubo tanta estrella esperanzada,

hubo tanta esperanza ilusionada,

hubo tanta ilusión enamorada

de un futuro sin penas y sin lágrimas

que un diario acontecer hizo pedazos

y ¡no te reconozco!

 

Porque el futuro es hoy y no mañana

al menos para mí, ya no me alcanzan

los días por vivir

y reencontrarte es apenas la luz de una quimera

alojada en el olvido de una lámpara.

 

País, país, una honda queja

se clava como un grito en mi garganta

me duele en las entrañas

¿adónde te perdí? ¿en qué caminos

extraviaste tu carga de promesas?

¿en que recodo te asaltó la infamia

dejándote desnudo, inerte y dolorido

como si hubieras muerto?

 

Apenas un retazo de recuerdos

viejo y descolorido

me queda en las alforjas

pero te abrigaré con dolorosa urgencia

como a un retoño nuevo

para que el amanecer te borre las tinieblas

y ahuyente a las aves carroñeras

que lucran con tu muerte y tus despojos

 

Y un renacido amor restañe tus heridas y rescate

de canallescas manos traicioneras

este absurdo presente ensombrecido

esta sórdida y mísera condena

que, con tretas de astutos mercaderes

e intereses bastardos y rapaces

se ensaña con tu pueblo y su destino

 

¡Qué dolor, país, país!



Susana Merino
31/08/2018

¿Llamará Merkel a Sánchez en otoño?

Falta un mes para que se cumpla un año y ni Merkel ni Rajoy, personalmente, han confirmado ni desmentido la llamada que, según se publicó en Alemania, ella le hizo a él a primera hora de la tarde del 1 de octubre de 2017 para que parara la violencia policial contra votantes que estaba viendo por TV. Solo disponemos de la prueba en contrario, pues por la tarde bajó mucho la tensión y terminaron votando más de dos millones de personas en miles de urnas de las que miles de policías españoles no habían conseguido encontrar ni siquiera una, antes de que las primeras papeletas las llenaran de democracia. Porque votar es democracia cuando se hace libremente, y más si se vota contra la amenaza del más fuerte. Aunque solo lo fuera como una movilización pacífica, imprescindible para satisfacer la rebeldía colectiva acumulada durante años de bloqueos y negativas.

Anda Sánchez entusiasmado ahora con los países hispanos que sí se atreven a juzgar a sus dictadores y a devolver a sus legítimos lo que aquellos émulos de Franco les robaron bajo amenaza. Tan animado está que propone montar en España una Comisión de la Verdad sobre nuestro pasado, lo que sería creíble si con la otra mano no estuviera retrasando hasta 2030 hacer público lo que sigue oculto del 23F y la dictadura, cosa que obliga a los historiadores españoles a salir al extranjero para investigar sobre España.

Este otoño no habrá en Catalunya ni urnas ni más policías de los normales, pero quizás se cierne un peligro mayor y de consecuencias imprevisibles. Pero si Sánchez se atreviera a levantar el secreto sobre lo que hizo Rajoy durante cada uno de los 1440 minutos de aquel 1 de octubre, dejaría tan parados a Casado y a Rivera que ni PP ni Cs seguirían anunciando cada día una especie de guerra civil de baja intensidad en Catalunya que, de tanto insistir, también cultivan, y Merkel no tendría ni la tentación de llamarle por teléfono para que acabara con ningún espectáculo.

Ánimo presidente, que las grandes causas obligan a grandes osadías.



Domingo Sanz
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