Cartas a Rebelión
Cartas de la 1 a la 10 de un total de 903 cartas.


Libre mercado o libertad.

Hace muchos años, en un mundo muy lejano, un floreciente imperio construido sobre sangre, represión y sufrimiento colisionó contra otro poderío muy antiguo (y anticuado).  Eran los señoríos británico y chino. La enjundia del conflicto era el opio. Este alcaloide, la pasta base de la morfina y la heroína, estaba devastando la sociedad urbana china en la primera mitad del siglo XIX. Lo traían comerciantes británicos desde la India. El emperador chino, viendo las secuelas nefastas, no quería que el gusano del narcótico venenoso pudriera la manzana asiática, prohibiendo su importación y consumo.

La balanza de pagos entre las dos potencias se equilibraba con el narcotráfico anglosajón ya que Gran Bretaña compraba muchos más bienes a China que a la inversa. Y la metrópoli no estaba por la labor de perder tan suculento mercado. En aras de la libre circulación de materia prima y capitales le declaró la guerra a China. El resultado fue que la nación  industrial europea gana la guerra, se queda con Hong Kong y funda el HSBC, (este banco tan conocido ahora por la lista Falciani) para administrar los botines del saqueo. El imperio sancionaba el narcotráfico  como antes lo hizo con los corsarios. Los camellos contaban ahora con patente de corso. Las consecuencias de estas políticas enviaron a China prácticamente al neolítico y las grandes potencias coloniales, Francia y Portugal entre ellas, entraron en el país de la mano de los británicos para destripar el imperio de los siete reinos. El libre mercado era un hecho en el lejano oriente.

Alumno aventajado y ventajoso de los casacas rojas, Estados Unidos aprendió esta magnífica lección de propagación de libertades económicas y durante la segunda mitad del el siglo XX  y principios del XXI hemos visto que a base de bombazos y guerra sucia,  los "valores democráticos del libre mercado" del gigante del McDonald’s era exportados a los diferentes países del mundo que planteaban de una manera u otra alternativas al pensamiento único. El libre mercado era  una panacea y el que no quiera medicina o es tonto o se traga una bala.

Al margen de la discusión de -¿Existe el mercado libre?- cuando vivimos rodeados de oligopolios, monopolios, subvenciones y vacaciones fiscales para las industrias más poderosas como la petrolíferas, las eléctricas, el armamento, las farmacéuticas y rescates bancarios billonarios, dejando al margen todo eso hay otro problema más sutil, menos discutido, que pasa desapercibido y que a veces crea cierta confusión. El libre mercado no es sinónimo de libertad. El sistema capitalista puede aplicarse tanto en una dictadura como en una democracia plena. El sistema capitalista es una teoría económica y no un conjunto de libertades civiles. La sociedad capitalista puede o no ser una sociedad democrática y el mercado no resuelve todos los problemas de estas sociedades. Es un tremendo error pensar que el neoliberalismo  profundiza en los valores democráticos cuando todas las pruebas empíricas demuestran lo contrario.

Los neoliberales intentan enredar a la población persuadiendo de que si abrazan sus doctrinas  eso llevará indefectiblemente a la democracia y sus libertades. Como decía Fukuyama, en su  fin de la historia, no hay nada mejor que una sociedad democrática y capitalista, como si una dependiera de la otra. Neoliberales de salón como Esperanza Aguirre y María Dolores de Cospedal aplican estas teorías de otros que ellas creen a pies juntillas mientras viven de papá estado o disfrutan de la puerta giratoria por los favores prestados. Las libertades civiles por la que tanta sangre se ha derramado son cosa aparte, derechos fundamentales ajenos totalmente a una teoría económica que fomenta la concentración de la riqueza en manos de un 1%, dioses del Olimpo plutócrata, el resto que se reparte una parte pequeña del pastel y la mayoría que lucha a muerte por migajas. ¿Qué tiene que ver la libre expresión, el derecho a la vida o a la intimidad con la desregulación económica y las privatizaciones salvajes?

Esta banda neoliberal pretende engañar a base de propaganda de que si dejamos todo en manos del mercado y el interés propio surgirá el milagro que resolverá todos los problemas. La mayoría de ellos ni sabe que el sustento de este individualismo lo vemos primero en Adam Smith y mucho más tarde exacerbado en la filosofía objetivista de Ayn Rand (Atlas shrugged) de la que era ferviente admirador Milton Friedman, adalid de los chicago boys de la universidad de Chicago y su funesta aplicación de políticas de capitalismo salvaje en países latinoamericanos, empezando por Chile, una dictadura con Pinochet a la cabeza. (Ese señor con gafas negras, capa y pinta de vampiro.)

Estos se hacen llamar liberales y a la vez que promocionan el capitalismo de amiguetes devalúan día a día mas nuestra maltrecha y mal concebida democracia, salida del parto de la transición y el café para todos por el miedo cerval de una vuelta atrás al caudillismo de Franco. (El señor bajito que desfilaba bajo palio). Nos bombardean día a día con la consigna de que no hay alternativa y que debemos abrazar estos “dogmas de fe económicos” propios de las democracias occidentales. A la vez legislan al contrario, recortando libertades a diestro y sinestro en virtud de una seguridad imprescindible ya que tenemos enemigos por todas partes, empezando por la ciudadanía que somos los peores enemigos de la casta política anquilosada en el siglo pasado, a la que le resulta imposible salir de la fórmula bipartidista y la herencia de la transición, dos modelos totalmente desfasados en la situación gravísima de crisis actual y, sobre todo, en la sociedad online.

El estado debe tener sus competencias. Para empezar: el agua limpia y la salud pública. No podemos dejar la salud pública solo en manos privadas y el agua jamás. Somos bichos que no duramos más de una semana sin agua. ¿Qué pasa si la multinacional encargada del suministro decide (como las puñeteras eléctricas), que no es justa ni suficiente la retribución por sus servicios? Sin eso el estado no existe, lo que gobierna es otra cosa, un conjunto de sátrapas explotando a bandas o tribus enfermas y muertas de hambre. Más allá de eso, la defensa común, garantizar la educación para quien no pueda pagarse institutrices y la colecta de impuestos para que a través de las políticas se redistribuya la riqueza del país.  En este entorno es donde florece una constitución que garantiza los derechos civiles.

Un país donde los derechos de los trabajadores desaparecen día a día, donde manifestarse puede conllevar multas que llevarían a la ruina a la mayoría de españoles, donde se salva a los bancos para recortar sanidad y educación y el poder legislativo, ejecutivo y judicial se funden en una amalgama de podredumbre moral, corrupción, impunidad e incompetencia política que no tiene límites. Debe quedar meridianamente claro que ser liberal (como se entiende el término hoy en día) no es ser libertario, son dos cosas fundamentalmente distintas y ser forofo de unas ideas económicas devastadoras no es igual a ser un defensor de la libertad del individuo, su derecho a una vida digna, libre para vivirla y, si es posible, hasta ser feliz.


Eduardo Fernández
¿Presos políticos o políticos presos?

Se define preso político a cualquier persona que es encarcelada porque sus ideas suponen un desafío o una amenaza para el sistema político establecido, sea éste de la naturaleza que sea. En este sentido la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, aclara que Leopoldo López y Antonio Ledezma son reos por “delitos comunes” establecidos en el código penal y no por sus posturas políticas.

Veamos qué responde Fidel Castro a la pregunta del título de este artículo: “Nosotros tenemos un concepto de preso político y otro distinto de preso contrarrevolucionario. El preso político es aquel que es arrestado y condenado por querer mejorar la sociedad, luchar por el bien del hombre y el progreso de la sociedad. Los que quieren hacerla retroceder no son presos políticos, como señala ese gran jurista español, Luis Jiménez de Asúa, autor de la Constitución de la República española de 1931. No tenemos el mismo concepto de aquellos que luchan por hacer retroceder la sociedad, a los que llamamos contrarrevolucionarios y están presos por cometer graves delitos".

¿Quiénes son presos políticos? La lista es larga, pero podemos nombrar al teórico italiano Antonio Gramsci, quien murió encarcelado por oponerse al gobierno del fascista Mussolini y en esa condición escribió los voluminosos Cuadernos de la cárcel; a los líderes independentistas puertorriqueños Pedro Albizu Campos y Oscar López Rivera, el primero asesinado en la cárcel a causa de las radiaciones que le aplicaron, y el segundo, por unirse en 1976 a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional; los venezolanos Francisco de Miranda, encarcelado en España en un calabozo del Fuerte de las Cuatro Torres en el arsenal de La Carraca en Cádiz desde el 5 de enero de 1814 hasta su muerte; Ilich Ramírez, confinado a cadena perpetua en Francia por luchar a favor de la causa palestina y víctima de una campaña internacional de difamación; Fabricio Ojeda, Jorge Rodríguez, Iván Daza, Paramaconi Daza, Luben Petkoff, Carlos Lanz, Eleazar Díaz Rangel, Emiro Arrieta, Eduardo Machado, Juvencio Pulgar, Jesús Marrero y Alberto “Cachito” Montilla, entre otros.

Cuando le pongan los ganchos a María Corina Machado por maleante, esperamos que las empresas privadas de comunicación social no la metan en la misma lista de heroínas como Luisa Cáceres de Arismendi, Ana Josefina Sierra, Carmen Aurora Parra, Nancy Zambrano, Emperatriz Pirela, Emperatriz Guzmán, Clara Borot de Padilla y Esther Macías Añez.

Confundir preso político con político preso es como confundir revolución con contrarrevolución. Si López, Ledezma y María Corina les hubiese tocado vivir en 1814, ¿estuviesen con Bolívar o Monteverde? Y en 1828 ¿estarían con Bolívar o Santander? Saquen ustedes sus conclusiones. Los verdaderos presos políticos son guiados por principios dignos, altruistas, revolucionarios y antiimperialistas, luchan porque desean construir una sociedad nueva y formar un gobierno que de la mayor suma de felicidad posible.


Alí Ramón Rojas Olaya

Perú debe someter a total revisión relaciones con Chile

Las denuncia formulada el 19 del presente por el Ministro de Defensa del Perú develando actos de espionaje llevados a cabo por Chile en territorio peruano, generaron profundo malestar en la ciudadanía agraviada e inquietud en el ámbito internacional.

Pero el espionaje que Chile realiza desde hace tiempo atrás no es ya un tema novedoso para la opinión pública, si se tiene en cuenta los abundantes casos denunciados anteriormente no sólo por el Perú, sino también por Argentina y Bolivia (1) –espionaje chileno contumaz-.

La explicación a estas inamistosas acciones de agresión belicista se centra en las políticas gubernamentales concebidas por “la democracia chilena” para acatar la constitución dictatorial legada por Pinochet, que además de visualizar expoliar a su propia población mapuche, pretenden también expandir su territorio al de sus vecinos (2).

Baste leer solamente su Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa 2012-2024, para darse cuenta que ese país se distingue del resto de países suramericanos, por privilegiar la expansión territorial armada basándose en falacias convertidas en hipótesis (3).

Pero extrañamente tampoco es novedoso saber que luego de las denuncias y protestas peruanas, las relaciones con Chile han regresado sin explicación alguna al mismo punto de fingida “normalidad” -hasta la producción de un nuevo agravio contra el Perú-.

Y en ello está residiendo el incomprensible y negligente accionar de sucesivos gobiernos peruanos del período neoliberal -Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala-, que hace tiempo merece la reprobación de la población peruana y su enojo.

Y allí se podría asentar el detonante o punto de inicio de un nuevo conflicto con Chile, que sería provocado únicamente por inacción política de la parte peruana.

Los desatendidos reclamos de la nación a consecuencia no sólo del espionaje, sino también por la usurpación chilena de 3.7 hectáreas de territorio peruano fronterizo desde el 2006, han provocado que Ollanta Humala haya sido denunciado ante la justicia peruana por ciudadanos que lo acusan por la comisión del delito de traición a la  patria.

Y el libreto que hace poco desarrolló Humala para denunciar por un lado el espionaje chileno ante los medios, y por el otro, convocar a la mafia de “líderes políticos” sin representatividad popular alguna para conformar “la causa nacional”, evidencia que sólo pretendería seguir los pasos de sus antecesores en el gobierno.

Es decir, que gravemente estaría solamente interesado en “cortar las ramas resecas del árbol carcomido por termitas, sin pretender curarlo”.

Solo se puede definir así el nivel alcanzado por las relaciones bilaterales entre Perú y Chile, por más que la “gran prensa” de ambos países aliadas en la mentira, la propaganda negra y los negocios, pretendan exaltarlas como “de inmejorable calidad”.

Sino como entender que pese a haber trascurrido ocho años de la usurpación chilena del territorio peruano, ningún gobierno del Perú haya formulado aún la denuncia oficial que corresponde ante organismos internacionales competentes –UNASUR, CELAC, ONU-.

Más aún, que autoridades y tropas chilenas usurpadoras prosigan dictando disposiciones en ese área, con el apoyo inclusive de autoridades peruanas –“para evitar muertes por minas”-.

Y que sin embargo cual paño tibio sobre un cáncer, se atine solamente a denunciar como único agravio el “colateral” caso de espionaje de Chile -que ese país negará como siempre- y se solape el inadmisible caso de usurpación chilena de territorio peruano fronterizo.

Los dos casos –espionaje y usurpación- tienen la misma gravedad puesto que perfilan la misma tendencia de Chile por mantener una política gubernamental inamistosa y belicista con su vecindad.

Esta debe ser observada con preocupación por sus vecinos Perú, Argentina y Bolivia, así como por los países de la región para efectos de sus correspondientes relaciones bilaterales.

Pero cómo entender la reacción del gobierno peruano ante esa “política” belicista, cuando fue el corrupto mandatario Alan García quien promoviera la “Alianza del Pacífico”  que “integraría” según éste a Perú y Chile –ficticiamente- dentro de ese aparato neoliberal.

Y lo grave del hecho que esa “alianza” fuere suscrita por Alan García en circunstancias que el territorio peruano seguía usurpado –como hasta ahora- sin imponer condición alguna a Chile, a pesar de existir desde 1929 un tratado definitivo de límites terrestres.

La conflictividad creada por la ambición expansionista chilena que podría escalar en otros escenarios y problemas, sería responsabilidad exclusiva de los gobiernos peruanos toda vez de no haber denunciado internacionalmente estas anómalas situaciones.

El hecho que Perú aceptara que dichas agresiones sean vistas en forma bilateral mediante el procedimiento de “cuerdas separadas” que propuso la cancillería de Chile y élites neoliberales de ambos países, ha sido causa principal de la minusvalía con la que Perú llegó a la mesa de negociaciones para hacer prevalecer sus derechos.

El “procedimiento” encerró por separado en un campo las reclamaciones peruanas sobre la soberanía agraviada, sosteniendo intrascendentes conversaciones con Chile para culminar esas constantes agresiones.

Y en otro campo se apartó a las privilegiadas relaciones económico-financieras del neoliberalismo corrupto de ambos países, que proseguiría desarrollando sus actividades en búsqueda de lucro, aun cuando se produjeren más agravios a la soberanía peruana.

Y ella fue una decisión política grave de la parte peruana –sino un delito constitucional-, cuando se sabe que la soberanía emana del pueblo y no de grupos empresariales, y que ésta involucra, a todos los ámbitos del quehacer nacional sin excepción.

Pero esto debe finalizar a partir de la ya abultada sumatoria de agresiones chilenas.

Creemos que llegó el momento de hacer una revisión total de las relaciones bilaterales del Perú con Chile, privilegiando la soberanía peruana por encima de una maraña de in-soberanos acuerdos que sólo benefician a esas élites económicas en desmedro del país.

Ello debe incluir la revisión de las decisiones presidenciales adoptadas por mandatarios que se sucedieron en gobernar el país entre 1992 a la fecha, para entender los entresijos de esa aparente apatía mostrada por el Perú ante las sucesivas agresiones de Chile.

Y como al parecer no existen autoridades competentes para esta labor que no hayan sido tocadas por la “indecisión”, esa tarea debe ser realizada con el soporte de una comisión de peruanos notables que elija la ciudadanía.

__________________________________________________________________________________________________________

(1)http://www.adnradio.cl/noticias/internacionales/escandalo-de-espionaje-en-chile-incluye-ahora-a-bolivia-y-argentina/20091122/nota/913444.aspx

(2)https://www.youtube.com/watch?v=NYWrw_bIOTU

(3)http://www.aainteligencia.cl/wp-content/uploads/2012/08/ENSYD-version-definitiva1.pdf
José Suarez Danós
25-02-2015
Gobernar a golpe de ocurrencia
El modus operandi se repite, y, si bien los sufridos ciudadanos tendemos a reconocerlo y criticarlo, caemos en la somnolencia acostumbrada del hartazgo. Asumimos las decisiones de un gobierno inútil como si fueran parte del aire que respiramos: desahucios, empleo precario, paro, exilio juvenil, insensibilidad financiera, bajada de pensiones, recortes educativos y sanitarios, tarjetas black, tesoreros diferidos, justicia desaparecida, promesas preelectorales tan hueras como el discurso triunfalista al que se aferran para mantener un ideal de gobernanza solo creible en un país de humo. Los servidores de tan nutrido grupo de elegidos gobiernan a golpe de ocurrencia. Ahora, el peor ministro de Educación que ha tenido esta democracia cree que estaría bien convertir los grados universitarios en un tres más dos (curiosa similitud con las ofertas de los supermercados). Y sonríe feliz, y nos cuenta que es lo mejor, que en Europa es así. Y los suyos aplauden. Y ve que es bueno. Y al grado le suma un máster de dos años, y lo cobra a seis mil euros por año. Y va a su ministerio en su flamante coche con chófer, y ve el mundo desfilar como se mira una fotografía donde no hubiera humanos, solo rostros ausentes, pobre gente que bastante tiene con comer, encender la calefacción y buscar un trabajo que le haga mantener su dignidad a salvo. Triste tiempo éste que nos obliga a gritar para reivindicar lo obvio. Triste vivir sin reconocer la vida como propia.


José Julio Sevilla Bonilla
La forma de abordar y de tratar el caso Monedero después de haber hecho de la anécdota prácticamente libelo algunos perio­distas predominantes, es nauseabundo. Incluso otros periodistas más ecuánimes, para responderles en vivo y en directo se ven obligados a empezar diciendo: "a mí tampoco me gusta cómo lo ha gestionado, pero...". Está claro que ningún periodista más o menos estrella quiere desentonar en esta interpretación de la melodía orquestada por periodistas y políticos miserables. Y el que razona de forma ponderada, a lo sumo lo que hace es decir que no lo tiene claro o que Monedero no aporta prue­bas convin­centes… 

En suma, al igual que los economistas de relumbrón televisivo apenas discrepan entre sí y acaban siendo de la misma escuela, los periodistas solapan entre sí sus ba­jezas y dan rienda suelta al sensacionalismo subiéndose al ca­rro de la insidia, de la inven­ción y de la exacerbación de la irrelevancia puesto en ca­mino por colegas de entre ellos. ¿El pretexto que se encierra en una mente neolibe­ral como la de "ese" periodista y otros de su calaña que parecen hospedarse en Las Noches de la Sexta? Pues, por un lado, el dudoso mérito de haber destapado escánda­los cuyos logros, dada su catadura, no cabe duda de que tuvie­ron que ser con artimañas de macarra y tretas de narcotrafi­cante y sus fuentes turbias. Y por otro, hacer patente su olímpico desprecio hacia la noble misión de profesor. Noble misión, que incluye en el caso de este perseguido una gran am­plitud de miras que le hace "comprender" mejor las necesida­des y la filosofía social de los países latinoamericanos, y no se entrega a la política forajida de las élites económicas europeas y estadounidenses, a la que se apegan gran parte de los periodis­tas españoles y gran parte de los políti­cos que llevan en este país 37 años viviendo del cuento y medrando cuando no ro­bando…

El caso es que cuando nos hacen recorrer la larguísima pasa­rela por el que desfilan corruptos y sospechosos de lo mismo, no nos insinúan siquiera el caso de periodistas corruptos que se venden. Periodistas corruptos, no necesariamente por haber hecho alijos de dinero público para ellos solos ni por recibir sub­venciones su medio para apuntalar la Transición, la Constitu­ción y el statu quo entero de esta sociedad con el obje­tivo de que haya reformas que permitan que todo siga igual. No. Corruptos, porque la corrupción tiene muchas caras. Por eso, aun sin pruebas, está claro ya que demasiados periodistas se han acostumbrado a vivir entre la basura destilada por miles y miles de di­rigentes económicos, políticos, judiciales y empresa­riales que bullen en esta so­ciedad. ¿Qué harían ellos si este país fuese una balsa de aceite como Dinamarca, por ejem­plo? ¿De qué vivirían y escribirían y a quién perseguirían? Es­tos miserables, si no tienen carnaza la inventan. Y lo hacen con frecuencia. Y una manera de inventarse la reali­dad es agigantar la menudencia localizada en el "enemigo" ideológico, por la falta, por ejemplo, de un papel... Otra, mentir y exagerar bella­camente. Y otra, en fin, menospreciar al consa­grado a la peda­gogía, a la investigación y a la vida intelectual para, sin el más mínimo propósito de ir a la política "a fo­rrarse", como tantos y tantos hasta ayer, intentar sacar a este país del marasmo y de la pobreza en que se encuentran mi­llones de personas. ¿Y con qué motivo? Pues el sentimiento de deber del ciudadano responsa­ble a desempeñar dentro de la formación polí­tica.

Pues es cierto que nadie merece más respeto que otro pese a que el legislador y sus leyes blindan el respeto de tantos perso­najes públicos que en absoluto lo merecen. Y también lo es que el respeto se merece en cada circunstancia y tras probar en la ocasión que lo merece quien lo exige. Pero si hay una actividad digna de un respeto a priori, ésa es la enseñanza. Y los periodis­tas a que me refiero, como los fascistas de los años treinta en España, los desprecian y persiguen por motivos confe­sados en unos casos e inconfesables en la mayoría. El pe­riodismo es una superestructura. Y la primera superestructura que requiere una transformación profunda. La credibilidad de los periodistas en general, antes incluso de lim­piar al país de la corrupción política, empresarial y judi­cial que lo asfixian y an­tes que contribuir a recuperar la credibilidad de la que carecen los políticos, es quizá el primer y más urgente saneamiento que necesita este país...


Jaime Richart
La política como práctica emancipatoria del pueblo

Reforzadas por los cánones culturales provenientes de la vieja Europa, las relaciones de poder en nuestra América siempre han supuesto la existencia de un sector dirigente que asume ser capaz de interpretar y de cumplir la voluntad general de los sectores subordinados, mientras la gran mayoría permanece expectante, generalmente reprimida en sus aspiraciones de igualdad social y democracia. Esta visión de la política le permitió a la clase hegemónica ejercer el poder de un modo prácticamente ilimitado, sometiendo a las mayorías a un status permanente de sumisión y de explotación, apenas alterado tras cada disturbio o rebelión armada efectuados por éstas. A ello se unió el interés capitalista y geopolítico del imperialismo gringo, fomentando por cualquier vía a su alcance que esta clase dominante manejara todos los resortes del poder, supeditada, por supuesto, a sus dictados imperiales.

Sin embargo, tales relaciones de poder sufren una importante perturbación en las últimas tres décadas, abriendo un mar de contradicciones y de posibilidades de cambio que se mantiene en el tapete. Ya fuese a través de rebeliones cívico-militares, como las ocurridas en Venezuela durante 1992, o rebeliones civiles en Argentina, Ecuador o Bolivia, que precipitaron la caída de los regímenes imperantes en estas naciones, lo cierto es que los sectores populares adquirieron conciencia de su propio destino y se atrevieron a poner en práctica fórmulas que privilegian su participación y protagonismo; cuestión ésta que obligó a Washington a activar y a rediseñar todos sus mecanismos de intervención, logrando escuálidas victorias donde las clases dominantes tienen un mayor control político de las instituciones públicas, incluidas las fuerzas armadas. Muchos estiman suficiente lo logrado hasta ahora. Otros plantean una revolución radical que impida el retorno al pasado.

Como Miguel Mazzeo, en su obra ¿Qué (no) hacer?, “creemos que considerar a las esferas estatales como ámbito privilegiado de la acción política es un supuesto restrictivo y autolimitante para todas las organizaciones que impulsan proyectos de transformación. Es asumir la política como acción restringida desde el primer paso. El mismo Marx, ante la experiencia de la Comuna de París en 1871 y abjurando transitoria e inconscientemente de sus tradicionales posturas centralistas y antifederalistas, decía que la clase obrera no podía plantearse como único objetivo la toma de la maquinaria estatal en su organización vigente y ponerla en marcha de acuerdo a sus propios fines. Marx afirmaba que la emancipación política por sí sola no podía lograr la emancipación humana. Pero jamás negó la necesidad de la primera. Para él, la revolución (en general) era un acto político imprescindible para la realización del socialismo”.

Considerando la cita anterior, sería cuesta arriba pensar que un cambio estructural de las sociedades actuales podría alcanzarse sólo con ejercer la hegemonía respecto al Estado burgués-liberal vigente y el sistema económico capitalista. Sería un primer paso, pero no el definitivo. Se cambiarían los marcos jurídicos -hasta la propiedad de los grandes medios de producción-, pero todavía hará falta que los sectores populares asuman la acción práctica de la política y desarrollen relaciones horizontales y autónomas de poder que faciliten las condiciones subjetivas y objetivas de una verdadera emancipación; entendida ésta de una forma integral y no parcial que abarque por igual la dimensión colectiva e individual de todas las personas.


Maestro ambulante¡¡¡Rebelde y Revolucionario itinerante!!! ¡¡¡Hasta la Victoria siempre!!! ¡¡¡Luchar hasta vencer!!!
Homar Garcés

20-02-2015

Intromisión y amenazas

Llevamos unos días de locos con los medios de comunicación, pretendiendo revertir los procesos electorales que se avecinan. Con el triunfo de Syriza se ha abierto la veda, todo vale para este grupo de granujas al servicio de multinacionales de la información. Con la pretendida restructuración de la deuda griega por parte del ministro de finanzas, los grandes poderes facticos de Europa, como son: BCE, CE y FMI (troica), no asumen la negociación y amenaza con cortar el grifo de la financiación, esa odiosa ayuda que ha estrangulado a Grecia y a otros países del entorno.

La deuda soberana se ha convertido en la verdadera pesadilla de los pueblos europeos, amenazando la supervivencia del ser humano, marginándolo a un rincón de la historia. Desde que los estados asumió la enorme deuda que los sectores económicos habían derrochado irresponsablemente por su mala gestión, los ciudadanos europeos estamos pagando la consecuencias, como si fuéramos responsables de esta gran debacle o estafa-económica. 

Motivo por la cual habría que considerar estas deudas ilegitimas e inaceptables que atenta contra los ciudadanos, Constituciones, normas legales, así como también los tratados internacionales. Pero eso le trae sin cuidado a estos tecnócratas-europeos que son los interlocutores de los poderes económicos. El chantaje planteado por la Sra. Merkel, troica-europea y sus fieles lacayos al pueblo griego ralla la injerencia e intolerancia y atenta la democracia que ellos alientan.

La guerra ha empezado, presumiblemente es larga, el neoliberalismo marcado en Europa, quema los últimos cartuchos, quizás le explote en las narices, pero de todas formas nuevas formas de luchas surgen, habrá que tenerlas en cuenta, no se pueden ignorar a la hora de crear un amplio frente contra estas políticas asesinas.

POR LA LIBERTAD DE LOS PUEBLOS

http://juan-rojo1917.blogspot.com.es/


Juan García Calero

La conciencia social

  La conciencia sin adjetivos siempre fue la misma. Por lo me­nos hasta principios del siglo XX. La conciencia hasta en­tonces era estrictamente individual, estado cognitivo a través del cual un sujeto puede interactuar con los estímu­los ex­ter­nos que forman la realidad convencional e interpre­tarlos.

  Aquella conciencia estaba impregnada y condicionada funda­mentalmente por la reli­gión y por las nociones que com­porta la reli­gión del signo que fuere: dios, trascendencia, bien, mal, prójimo, hermano, gloria e infierno y todas las va­riables que queramos identificar. Y por extensión, impreg­nada y condicio­nada por la cultura resul­tante. La conciencia no iba más allá de las cosas, del allegado o del prójimo inme­diato. Cada cual tenía en la sociedad el papel que le co­rres­pondía por la cuna y la clase a la que pertenecía, y es­taba de­terminado por ello o por designio divino de una manera in­evitable, irrefra­gable (que no se puede contra­rrestar). La promoción era irreconocible o anecdótica.

  La conciencia social propiamente dicha viene después, prácticamente ayer en com­paración con la historia de la huma­nidad. La conciencia so­cial es aquella que además de sí y del entorno, incluye la percep­ción y "conocimiento"  de los demás integrantes de la co­munidad. Y el diafragma a través del que llega la luz de ese conocimiento se va ensanchando desde el círculo fami­liar y la comunidad a la que pertenece pa­sando, luego pasa a las demás comunida­des humanas, una por una, hasta la humanidad compuesta de seres de la misma ontología.

  Ligado muy fuertemente el concepto a las ideas de solidari­dad y compromiso, la conciencia social es el primer paso en el ca­mino hacia la alteración de estructuras de discrimina­ción volun­taria e involuntaria ejercidas sobre determinados grupos so­ciales dentro de una comunidad. La conciencia so­cial, por tanto, tiene que ver con la posibilidad de estar al tanto de los pro­blemas intrínsecos habidos en una sociedad integrada por individuos "individualizados" que requieren so­lución. Solución medida por el nivel de conceptuación perso­nal de cada cada cual según su personal idea de necesi­dad o bienes­tar del individuo y del mundo.

  Esto, como decía, es concebido más o menos hasta princi­pios del siglo XX. Pero en las sociedades occidenta­les la con­ciencia social sigue haciendo referencia a la necesi­dad de ac­tuar en beneficio de aquellos que viven en situacio­nes de po­breza, marginalidad y exclusión por orden de cer­canía. Si bien a menudo este orden se altera en la concien­cia ridícula­mente o contra natura al movilizarse el impulso moral de la ayuda a distantes de la comuni­dad propia, en perjuicio de los que forman parte de ésta. Es como socorrer al vecino y su fa­milia, teniendo famélica a la propia. 

  A principios del siglo XX se transforman, conceptualmente al me­nos, la idea de conciencia social. Para el marxismo, la conciencia social es conciencia "de clase". A su vez capaci­dad para reconocerse uno a sí mismo como miembro de una clase social en posición antagónica con el resto de las cla­ses: realeza, nobleza, media y bur­guesía. Este concepto se pre­dica en el contexto de una socie­dad estratificada. El marxismo sostiene que la conciencia so­cial se concreta y mani­fiesta en la ideología política, en la re­ligión, en el arte, en la filo­sofía y en la ciencia. Pero sobre todo en la estruc­tura jurí­dica de una sociedad. Según esta for­mulación, el su­jeto que no logra comprender esto se en­cuentra alienado.

  Nos encontramos en los albores del siglo XXI. Las ideas marxistas, al menos en Europa y en América del Norte, fue­ron sepultadas por la caída del Muro de Berlín y desmembra­ción de la Unión Soviética que gravitó en torno a la idea marxista de la vida individual y social perseguida sañuda­mente en Estados Unidos directamente e indirecta­mente en Europa. Pero últimamente surge y viene desarrollándose una idea de la conciencia social que ya no reconoce la estratifica­ción de la sociedad o la considera irre­levante. Veamos: la so­ciedad ahora está compuesta por poseedores y desposeí­dos. Los poseedores, no sólo de patrimonio y fortuna o res­paldo econó­mico, sino también de ilusión, de esperanza y de fu­turo. Y los desposeí­dos, no sólo de pa­trimonio y fortuna o res­paldo econó­mico, sino tam­bién desposeídos de ilusión, de esperanza y de futuro.

  Así las cosas, el mundo (el mundo cercano que comparte afi­nida­des culturales) está dividido en dos partes: la parte de quie­nes sólo tienen conciencia de sí, de sus allegados y de sus círculos sociales y eventualmente políticos, y la parte de quienes además de estos y a la misma altura de preocupa­ción, han adqui­rido concien­cia de quienes sufren gravísimas carencias y han de so­portar un trato indigno en recursos, edu­cación y sanidad, y se movi­lizan para remediar pronta­mente esa contingencia. Para re­mediarlo, pero no nominal­mente haciendo depender el re­me­dio de la vo­luntad ocasio­nal de la cari­dad, de la fi­lantropía o del even­tual estado emo­cional del ayuda­dor, no. Para remediarlo en la misma raíz del conflicto en­tendiendo al mundo, al individuo, a la socie­dad y la correla­ción de fuerzas, como la antítesis de lo que es una col­mena donde la realeza, sus protegi­dos e imitadores y los zánganos son menos pero con mu­chos más recur­sos o me­dios materiales y morales que el número de las obreras y de las posi­bilidades de las obreras.

  Pues bien, estamos en el siglo XXI, y en países deprimidos, como Grecia y España, ha vuelto a irrumpir la conciencia so­cial. Esta vez de una manera tumultuaria similar a la de princi­pios del siglo XX. Tumultuaria porque millones de per­sonas, al igual que el padecimiento del ciego que ha visto y no ve, sufren graves consecuencias en su vida personal y fa­miliar no por el azaroso devenir de su destino o de los avata­res de la eco­nomía capitalista, sino por un abuso clamo­roso de los poderes públicos, de sus dirigentes políticos, em­presa­riales y de clase en cuya vir­tud otros millones de per­so­nas que no sufren el mismo embate ni al mismo nivel que los anteriores, por empatía se ponen en el lugar de "los demás". Esto es, ni más ni me­nos, lo que está ocurriendo y lo que re­presen­tan los mo­vimientos sociales y las formacio­nes políti­cas asocia­das a ellos.

  Jaime Richart es Antropólogo y jurista

 

 


Jaime Richart
Derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión 

El Artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.

La Constitución Política de Colombia incorporó este derecho en los artículos 18, 19 y 20, los cuales garantizan, respectivamente, “la libertad de conciencia”, “la libertad de cultos” y “la libertad de toda persona de expresar su pensamiento y opiniones,…”

El ejercicio real resulta imposible por varias razones, entre ellas: 1. Los padres invocan el derecho a educar sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones; 2. En las instituciones educativas no explican a los estudiantes las diferencias entre las múltiples creencias religiosas, por la cual cada estudiante escasamente conoce el credo religioso paternal. En consecuencia, ¿cómo puede una persona escoger libremente una religión, o un partido político o una filosofía, si desconoce la diversidad de alternativas existentes en cada caso?

Cuando se habla de calidad de la educación debería considerarse esta situación. Sin el conocimiento científico de los aspectos anteriores resulta ridículo alardear de libertad, es como decir que existe democracia cuando ésta es proporcional al poder económico de los individuos o que el hijo de padres estrato 1tiene igualdad de oportunidades que el hijo del multimillonario estrato 10. En todos los niveles de la educación formal hacen falta docentes capacitados para explicar estas materias. Del mismo modo que para promover el bilingüismo se contratan docentes cuyas lenguas maternas sean distintas del español, lo mismo debería hacerse con la religión, la política, la filosofía.

Muchas veces los estudiantes no aprenden a distinguir los sistemas políticos, ni filosóficos, ni religiosos, pues no es común encontrar docentes que sepan explicar todas las doctrinas de manera objetiva. Un docente aferrado a su catolicismo es incapaz de explicar imparcialmente las diferencias entre la Biblia y el Corán o las distinciones entre las vertientes del cristianismo; un conservador retardatario ¿cómo puede explicar científicamente los planteamientos de la dialéctica materialista o del materialismo histórico?. Son imprescindibles los debates profundos entre concepciones opuestas. Hay que enfrentar, por ejemplo, a Alvaro Uribe con Carlos Gaviria, a Estanislao Zuleta con el Padre Farías,  a Fernando Vallejo con el Cardenal Rubiano. De estos debates los estudiantes obtendrían un conocimiento de alta calidad.

La verdadera democracia debe entenderse en estos términos no como la entienden algunos: “quien más saliva tiene traga más hojaldra”; “si quiere expresar lo que piensa y los medios existentes no le ofrecen espacio, entonces financie su propio medio”; “para qué hacer concursos inútiles, uno tiene que trabajar es con los amigos”.  


Libardo García Gallego
Je ne suis pas Vladdo

El 14 de febrero el presidente Maduro presentó en cadena nacional una caricatura de Vladdo publicada en la revista Semana en la que se injuria uno de nuestros símbolos patrios. El artista santanderista sustituyó del escudo de armas la figura del brioso alazán por la de un escuálido jamelgo; el texto “19 de abril de 1810” fue sustituido por “Dios proveerá”, “Independencia” por “Escasez”, “20 de febrero de 1859” por “Autosuicidio” y “Federación” por “Inflación”. 

Pareciera que este artista, ganador del premio de Excelencia otorgado por la Sociedad Interamericana de Prensa (2002), está más interesado en ridiculizar al país que le dio la existencia al de él que mostrar en forma aguda los serísimos problemas de su país.

El actual escudo del país de al lado tiene sus orígenes en el 9 de mayo de 1834 cuando era presidente de la República de la Nueva Granada Francisco de Paula Santander. El cóndor que allí aparece se asemeja más al águila del escudo del Virreinato de la Nueva Granada que al ave libertaria de América. El escudo de la República de la Nueva Granada (1832-1858) y de la Confederación Granadina (1858-1863) muestra la paloma de la paz tal y como la describía Luis Vargas Tejada, secretario privado de Santander: Si de Bolívar la letra con que empieza y aquélla con la que acaba le quitamos, «oliva» de la paz símbolo hallamos. Esto quiere decir que la cabeza al tirano y los pies cortar debemos si es que una paz durable apetecemos”. 

Vladdo, junto a Santander, Uribe Vélez, Pablo Escobar, Pastrana, El Colombia, Maluma, son enemigos de la Patria. Bienvenidos Ricaurte, Girardot, Nariño, Policarpa Salavarrieta, Camilo Torres, Fals-Borda, Marulanda, Piedad Córdoba, Gabo, Fernando Vallejo, Santiago García, Jaime Garzón y los millones de desplazados cobijados por el manto bolivariano. 

Si a Uribe le “faltó tiempo para invadir a Venezuela” a Vladdo le sobra para pintarrajear a quienes incomodan a sus amos.


Alí Ramón Rojas Olaya
más cartas...
Mensaje para cartas a Rebelión