Cartas a Rebelión
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¿Por que "la derecha" insiste en golpear a los medios comunitarios o de pequeña escala?

LO hace mas alla de la supuesta discrecionalidad de la adjudicación, ya que ésta es solo una justificación discursiva de los argumentos de fondo. Ya que Barricada TV es una muestra de que hubo autorizaciones que no dependieron del amiguismo sino de la calidad de la experiencia y del esfuerzo militante.

El argumento de La Nación es una ampliación con un poco mas de palabras de la ya vieja diatriba de Lanata sobre "quien carajo va a escuchar la radio de los wichis o, peor, quien va a poner propaganda en ella".

En realidad la cosa va mas alla aún, como en muchos otros aspectos, pero en este más descaradamente, La nacion y la derecha en general, explicitan su programa político en lo que se diferencia del K. Si uno es un liberalismo progre, la derecha es un liberalismo reaccionario. Quieren volver a la época del confer, de la represion a las radios y medios populares de cualquier tendencia (salvo a los que habian transado con algun poder factico estable, como los derechistas caudillos municipales). Quieren volver a la ley que garantizaba el decomiso para cualquier medio que no fuera una gran empresa monopólica. Quieren un menemismo actualizado, o mas bien la combinacion de Martinez de Hoz y Menem, para avanzar aceleradamnete sobre los trabajadores.

La derecha tiene un programa político, garantizarse en la crisis del modelo K que todos los costos, en todos los paguen los sectores populares y relegando lo nacional al último lugar de un "anacrónico" pasado, y así hacer negocios rápidos con la desgracia del pais
Aca les dejo esta exelente respuesta a La Nación de Barricada TV:

http://www.barricadatv.org/?p=2757

Guillermo Caviasca
Haríamos mal en centrar nuestra atención en el incidente de tráfico de la ex-lider-esa de Madrid. El suceso, con ser muy grave, no puede desviar el foco de las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos: paro, corrupción política, recortes sociales, manipulación informativa, desolación generalizada... Ayer mismo asistí en el Teatro del Barrio de Madrid a una representación teatral magnífica: "Marca España", que refleja, en clave crítica y humorística, la situación terrible a la que nos están llevando los gestores políticos y económicos. En un ejercicio pedagógico impecable, los actores y actrices nos recuerdan, literalmente, las declaraciones efectuadas por personajes relevantes de la vida política española. Y da bastante miedo, bastante vergüenza, recordar esas palabras, tan ofensivas e hirientes, tan faltas de sensibilidad para con los más desfavorecidos, tan huecas, incapaces de transmitir un mínimo de credibilidad. El suceso de Aguirre en la Gran Vía madrileña, a fuerza de repetido, acabará convirtiéndose en un capítulo más de la charanga nacional. Y, francamente, visto lo visto, tengo pocas esperanzas de que dimita y se convierta en una jubilada inofensiva que practica el golf en los campos del Canal.

José Julio Sevilla Bonilla
Cuenten conmigo

Recuerdo que a la salida concertada de la dictadura, en los comienzos del año 1983, se impuso mediáticamente la proliferación de películas, documentales y textos que abrieron una visión de lo vivido, construida sobre un escenario atiborrando de información e imágenes, que buscó perfilar el primer discurso posible sobre lo sucedido, a través de lo que finalmente se consolido en el Nunca Más , esto es, la teoría de los dos demonios.

Salvando las distancias, y las diferencias, en estos tiempos parece suceder lo mismo, con los episodios de violencia social que se viven en nuestras calles. No son nuevos, ni diversos de los que ya conocíamos, lo original, es la divulgación mediática y la forma que toma cuerpo ese dato real, a través de esa proliferación de “noticias”.

En este plano, el discurso instalado deja entrever que nuevamente afrontamos dos demonios: el aparato ideológico que emerge de los tratados internacionales sobre derechos humanos, hecho cuerpo en la corriente jurídico-política definida como garantismo, con máximo exponente en el reformismo Norberto Bobbio y Luigi Ferrajioli con su presunta impunidad y la tolerancia cero-ventanas rotas de Rudolph Giuliani, con su eficiencia en el castigo, que pide cancha ante la ineficiencia del otro, para parar los excesos de violencia por propia mano.

Los dos presuntos extremos, vale decirlo, son variantes de una misma necesidad del régimen político que consolida el Estado de la burguesía: ley y orden. Por eso, cuando ambos desnudan por su propia lógica y por los efectos sociales de la dialéctica de las formas de acumulación capitalista, su incapacidad, emerge la acción directa, sea expresada en un incremento de las manifestaciones contrarias a ese orden (que otra cosa son esas conductas a las que se llama delitos) o las que so pretexto de defensa de ese orden, bajo el amparo de la llamada inseguridad, implican lisa y llanamente el despliegue de la fuerza física sobre las personas por otras, sin mediación del aparato represivo del Estado, poniendo en acto, lo que ideológicamente se concibe como guerra al delito, y que en concreto significa la selección directa y concreta del castigo focalizada en un enemigo estereotipado.

Para esto colabora el propio aparato ideológico del Estado, y la criminología mediática, ambos como herramientas vehiculizadoras de esa construcción social que da consenso a la dominación capitalista y que toma cuerpo incluso en Fiscales y políticos que propugnan soluciones que implican construir ese estereotipo por vía de la prohibición de la circulación en motocicleta por dos personas, el señalamiento de lo “bueno” que sería poner a los jóvenes díscolos en internados, o en trabajo social obligatorio, etc.

Lo cierto es que, cuando lo impulsado toma cuerpo, en tanto algunas personas encarnan esa guerra al delincuente en sentido propio y no figurado, descargando su odio por el otro esteriotipado y por ende peligroso, la reacción medíatica despliega una primer movida, que pasa por la difusión y la generalización de la temática, siempre circunscripta a la superficie del problema y acotada a la inmediatez, con lo que se oculta la trampa, pues no hay soluciones simples para problemas complejos.

Asi, empachando de “linchamientos”, atiborrando de consulta a los “entendidos”, se construye un segundo momento: la toma distancia, que hace cuerpo en el bien intencionado pero funcionalmente adverso, “No cuenten conmigo”, para buscar en los sectores medios esa aquiescencia, con la represión, pero razonada. Es claro que esa idea, hace carne en gente de buena madera, pero también de frágiles convicciones, pues si me separo, no construyo, simplemente observo. Una suerte de voyerismo social, que mira, se separa, se distingue pero no actua, de última las hipotéticas víctimas de estos estragos sociales, “algo habrán hecho”. Este posicionamiento tiene su paralelo, también en la actitud ante las desapariciones, violaciones de derechos humanos y en última instancia el genocidio argentino, pues lo que primero se dijo frente a la atrocidad es que había que reprimir, pero legalmente y no salvajemente como lo hicieron con “excesos” los militares y las bandas parapoliciales armadas.

Hoy parece que estamos nuevamente ante “excesos” que no pueden ser compartidos, porque duelen los ojos cuando mediáticamente observamos esas filmaciones de gente golpeando a otra. Pero la pregunta se impone. No es el Estado el primer violento. No es esa legalidad, que todos otorgamos la que le da a las fuerzas policiales, a las que ahora pedimos “rápida intervención” la que otorga consenso a esta violencia estatal.

Traigo el conocido caso Bulacio, para ilustrar esta idea. Que diferencia hay entre un joven golpeado, vejado y apremiado dentro de una comisaría como frecuentemente ocurre en nuestras sociedades, con los golpes dados por particulares a otra persona en vía pública. Tal vez lo único que aparece disímil es la visibilidad, pero pronto, la misma, por atiborramiento, como las imágenes de los campos clandestinos, terminará por cansar al consumidor de imágenes que pedirá otra cosa para saciarse.

Estamos frente a un malestar en la cultura. Los frenos inhibitorios no juegan cuando la cultura no se impone sobre los impulsos más primarios del sujeto. Pero lo riesgoso es que se haga una cultura sobre la base de lo primario y se precarice la existencia, dividida entre probos y reos sociales, con el solo argumento de un barrio, una gorrita, una vicera, una moto y sobretodo, ese color de tés oscura que tanto nos seduce a la hora de buscar un culpable. No hay guerra posible contra el delito. La única guerra posible es contra el orden social imperante que genera de sus entrañas esta lucha de sectores, amparada desde los aparatos ideológicos de dominación, para que la necesidad del autoritarismo, y las restricciones de nuestra libertad se naturalicen y hagan cuerpo en nuestra conciencia.

Sería bueno que la ceguera no se generalice. Que los ciegos no guíen a otros ciegos. Que la toma de conciencia de nuestros intereses de clase, nos haga orgánicamente comprender las causas y los motivos de los que nos pasa, ubicando las razones y los cambios por debajo de la imagen y la superficialidad mediática. Es hora de dar fin a los opinólogos, los especialistas, y toda esa runfla de promotores del conflicto entre oprimidos y explotados, entre excluidos e “incluidos” en un orden social que no promueve la dignidad del ser humano sino que lo conduce de modo directo o indirecto a su reducción en un objeto o como dice el Indio Solari: Te tenemos allí abandonado allí preso (como un animal feroz) así las cosas la fiera más fiera. ¿Dónde está?... tu sombra va detrás, de hordas de notables, con los secretos para hacer ,un negocio tan pequeño y simple como vos.

Por eso, lejos del “no cuenten conmigo”, lo necesario es el “me hago cargo” de la construcción politica de un orden social justo, con base en la igualdad de oportunidades, que minimice las carencias y elimine la acumulación capitalista de riqueza, generadora del odio social y la violencia cotidiana. Omitiendo, no hacemos y dejamos hacer a los de siempre. Construyendo política y cultura de clase, evitamos.


Daniel Papalardo
Lecciones desde el púlpito

Sr. Rouco Varela:

No sé yo si actúa siguiendo instrucciones de Dios. Lo dudo. Si le digo la verdad, yo con Él no tengo mucho trato, mi fe es más bien difusa, cada vez más. Pero no creo que esto condicione mi opinión acerca de usted y que, ¿sabe?, se consolida conforme le voy viendo y escuchando en los medios. Como hace unos días, en Ávila, en el funeral de Suárez, hablando de las causas que nos llevaron a la Guerra Civil y que hoy, según usted, vuelven a aflorar. Da por sentado que fueron la República y los nacionalismos los culpables, y no quienes dieron el golpe de Estado y se perpetuaron en el Poder durante 40 años. Ésos..., ésos fueron siempre por el buen camino y bien que ustedes les apoyaron. Señor Rouco, usted provoca vergüenza y desprecio. Usted representa todo lo contrario de lo que se supone encarna con esos cargos que ahora está dejando. Usted se ampara en el manto supuestamente divino que le protege ante los ojos de sus fieles e incluso de los no creyentes. Usted es una mala persona, créame, y si considera estar ganándose el cielo, será entonces, en el momento de llamar a su puerta, cuando se dará cuenta de su verdadera catadura moral. Mientras tanto, siga actuando conforme le dicte su conciencia. Faltaría más.


Juan Luis Urchegui Lasarte

La oposición exige la presencia de un mediador de buena fe para entrar al proceso de diálogo. El presidente les ha dicho que sí. También han propuesto la creación de un Consejo de Estado para la defensa de los derechos humanos. También les ha sido aceptada.

Pero ha surgido un grave problema. La oposición no tiene voceros autorizados. Cada uno de los grupos que la conforman tiran para su lado. Y no se crea que son sólo los partidos políticos, la “sociedad civil” tampoco reconoce a ningún liderazgo. Sin hablar de los dueños de los medios de comunicación que también andan de su cuenta.

Ante esta situación, la petición de mediación en realidad es para la propia oposición. Claramente, requieren de ayuda para ponerse de acuerdo entre los distintos factores que la conforman.

Ramón Guillermo Aveledo ha sido públicamente repudiado por haber asistido a la reunión con los cancilleres de UNASUR. Capriles Radonsky fue pitado en la última gran movilización realizada. Maria Corina Machado ha sido postulada desde ya, como candidata presidencial. Leopoldo López, desde Ramo Verde, mantiene vivas sus ambiciones. Antonio Ledezma, ni se diga.

La pregusta es: ¿Con quién es posible entenderse en la oposición? Esta situación de ausencia de liderazgo es una traba importante. Mientras continúe la atomización será difícil establecer acuerdos firmes. Lo que unos acuerdan, los otros lo desaprueban.

Lo peor, es que sectores de ella aún continúan haciéndole creer a su gente que van muy bien, cuando es todo lo contrario. Ciertamente, es desmoralizante lo que allí está ocurriendo, sobre todo, por la altísima irresponsabilidad que han puesto de manifiesto varios de quienes se asumen como sus dirigentes. Lamentablemente, esto ha costado varias vidas.


Iván Gutiérrez

Transición española: el cuento de nunca acabar

Yo no sé vosotros pero lo que es yo, estoy hasta la coronilla del cuento de la Transición. Estoy hasta la coronilla de oír hablar de aquel tiempo como de una época de esplendor, como si todo cuanto aconteció en aquellos días hubiese sido una maravilla. Estoy hasta la coronilla de escuchar loas al Rey, a Suárez, a Carrillo, a Felipe González, a Gutiérrez Mellado y a todos los demás que pasaban por allí. Estoy hasta la coronilla de que se hable de estos tipos como si ellos y sólo ellos hubiesen sido los responsables de que ahora, en España, exista esta democracia de cartón piedra. ¡Y qué puedo decir de la Constitución! Estoy hasta la coronilla y un poco más arriba de la Constitución, de sus padres y hasta, si me apuran, de sus tíos. Tras la muerte de Suárez, el bombardeo al que nos han sometido la televisión (cualquier televisión, al fin y al cabo, son todas la misma), la radio (igual de mala y de manipulada que la televisión) y los periódicos (de estos ya mejor ni hablar) ha sido alucinante. Las hipérboles sobre su figura me parecen desorbitadas y eso sin querer quitarle el mérito que tuviera, que también tuvo su parte. Da asco ver a los hipócritas que en 1981 conspiraban contra el entonces Presidente del Gobierno, soltando sus lagrimitas de cocodrilo y contándonos, otra vez, lo buen político que era, lo tolerante, lo bien que se portó con el PCE legalizando a los comunistas, y todo lo demás. Y estos días, la pregunta que me surge es la siguiente: ¿quién se supone que iba a dirigir la Transición, si no era uno de los que formaba parte de la oligarquía franquista? Y la respuesta resulta del todo elemental, mi querido Watson.

En lo que a mí respecta, lo tengo bastante claro. La Transición no fue cosa de cuatro iluminados, aunque ahora nos los pinten como una especie de súper hombres que no se amedrentaban ante ningún obstáculo, por difícil que pareciera a priori solventarlo. No. La Transición fue un acto colectivo. La Transición la hicieron los jornaleros y jornaleras de mi pueblo y los obreros y obreras de Vigo y del País Vasco. La Transición la hicieron los maestros y maestras de Madrid, de Barcelona, de Cádiz. La Transición la hicieron los chicos y chicas que estudiaban en la Universidad de Salamanca, en la de Valencia, en la de Granada. La Transición la hicieron los panaderos, los albañiles, las amas de casa, las enfermeras, y todos los hombres y mujeres que estaban en el paro, que en aquellos años, como en estos, eran mayoría. La transición la hizo colectivamente el pueblo español, que estaba harto de vivir pisoteado por el fascismo franquista (valga la redundancia), que estaba hasta el moño de las monsergas de los curas y del poder omnipresente de los militares y los demás poderes del estado. Y es que el pueblo español estaba ansioso de vivir como lo hacían los franceses, los alemanes, los holandeses, o los británicos, es decir, con libertad. Y creo que no me equivoco si digo que la puñetera Transición fue posible porque al morirse Franco, el sistema corrupto y asqueroso que se había erigido sobre el terror y la muerte, era completamente inviable. Y creo que me equivoco aún menos si digo que conseguir algo parecido a una democracia costó muchas horas de lucha, muchas manifestaciones, muchas hostias repartidas a diestro y siniestro por la policía, y en definitiva, hubo que pelear mucho. Y eso no fue cosa de Suárez, ni del Rey, ni de los demás que se atribuyen la paternidad de la criatura.

La teoría general sobre la Transición que se vende desde el establsihment es que aquel período fue maravilloso. Pero no, no lo fue. Fue maravilloso para los que construyeron un sistema político en el que se sentían (aún se sienten) súper cómodos, porque fue un sistema hecho ad hoc para ellos, y porque no tuvieron que rendir cuentas de las mil tropelías que habían cometido durante cuarenta años de dictadura militar, represiva y asesina. Fue maravilloso para todos aquellos fachas del régimen franquista que siguieron a lo suyo, aunque ahora se denominan demócratas, que queda más fino. La Transición (y lo que ha venido después) fue maravillosa para todas aquellas familias que siguieron disfrutando de las riquezas amasadas, del poder económico y del control social que habían conseguido durante los años de la pistola en el cinto y la camisa azul mahón. Empezando por el Mandamás y su familia. Que como ya sabemos, viven del carajo de bien. A los demás nos vendieron una burra de la cual, con el paso del tiempo, fuimos descubriendo que la pobrecita estaba medio ciega, cojeaba de más de una pata, y se derrumbaba a cada paso. Y ahí seguimos, andando el camino con la pobre burra.

Así que no me vengan con más cuentos sobre la Transición porque lo que es yo, no me los trago.


Rafael Calero

Sierra de Los Caballos

Si a cualquier vecino del entorno de Castellote, Molinos o Cuevas de Cañart le preguntamos dónde se encuentra el paraje que recibe este nombre, es fácil que los jóvenes no sepan situarlo y los mayores no lo conozcan con este nombre.  Esto nos hace pensar que es lugar recóndito y poco transitado o que no se ha usado este nombre nada más que en los mapas.

Se trata de un espacio amplio de altiplano, con vegetación baja arbustiva y algún árbol disperso por la paramera, con cultivos alternados entre las zonas no cultivadas y masías abandonadas y destruidas, junto con algunos corrales todavía en uso. Una superficie elevada a más de 1.000 m. y de la que irradian varios barrancos en dirección a Cuevas de Cañart, a las grutas de Las Graderas y Baticambras y hacia Molinos. Un espacio amplio de transición entre las Cuevas de Cañart y Molinos, en las proximidades de la ermita de San Juan y de la cascada del mismo nombre. Un corredor elevado entre Ejulve y Seno.

Para algunos es un espacio hostil en días de viento y frío, para otros un lugar bello por los paisajes que ofrece, por la amplitud de territorio que se divisa o por el valor mismo de estas parameras llenas de vida y biodiversidad. Para los paseantes que van por la GR 8 desde Molinos a Cuevas de Cañart, un momento para disfrutar de un territorio con pocos impactos humanos y con unas vistas excepcionales. Quizás para los masoveros que vivían en esta sierra fue un lugar difícil de trabajar al ser muy pedregoso y también pobre por las condiciones climáticas. Son distintas visiones y percepciones sobre un mismo lugar, y todas ellas reales en función del interés con el que cada uno se acerca.

Este es el lugar en el que se han fijado algunas empresas para desarrollar sus proyectos de inversión. Hace un par de años fue Red Eléctrica Española, que presentó el proyecto de una Línea de Alta Tensión de 400 Mw que, procedente de Mezquita de Jarque, va hasta Morella y atraviesa toda la paramera de la Sierra de los Caballos. Hace unos días se publicaba en el BOA  un anuncio del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental en relación con el proyecto de parque eólico "Caballos", en el que se somete a información pública la conveniencia de aplicarle el procedimiento de Evaluación de Impacto Ambiental debido a la concurrencia de otros proyectos cercanos. Es decir, un lugar semiolvidado y con poca presencia humana, de pronto se convierte en un gran corredor y productor de electricidad, para llevarla a lugares remotos.

Esto significa torres eléctricas de 80 metros de altura con varias líneas de cables, grandes zapatas de cemento para su apoyo y un corte en el territorio; también molinos de 120 metros de altura con explanaciones para su colocación, ampliación de caminos y compactación del terreno, tránsito de vehículos en su construcción o en el mantenimiento. En definitiva, deteriorar un espacio que hasta ahora gozaba de gran valor natural. Pérdida de territorio natural para ponerlo al servicio de intereses económicos exteriores y no de las poblaciones locales.

Habrá quien diga que, si nos reporta unos ingresos para el municipio o para algún particular, pues bien venido sea el parque y cuantas iniciativas traigan puestos de trabajo y dinero. Cuanto más dinero mejor, para poner en marcha proyectos e iniciativas que luego tal vez no tengan mucho sentido, como  se ha demostrado en tiempos de bonanza. Este es un planteamiento materialista o desarrollista. También se puede pensar en el paisaje, la biodiversidad, la conservación de especies, la preservación de espacios poco humanizados; a esto se designa como desarrollo sostenible y también produce beneficios para los territorios, aunque quizás no tan inmediatos o tan cuantificables como los otros.

Se trata de elegir qué queremos para el futuro, si un territorio productor de riqueza para otros (léase grandes compañías eléctricas) y de migajas para sus habitantes o un espacio bien conservado que ayude a proyectos de agricultura, ganadería, turismo, agroalimentación, con productos sostenibles, ecológicos y de gran valor. Como decía un amigo “un territorio de calidad con productos de calidad”.

Colectivo Sollavientos


Javier Oquendo

Un largo camino por delante

Creo que hay que situar las Marchas en su justo término para no entusiasmarse demasiado o, por el contrario, pensar que no han servido para nada. En este sentido me parece importante hacer una reflexión parecida a la que se puede hacer sobre el 15M, salvando las distancias. Quién viese el 15M como una posibilidad real de cambiar las cosas de inmediato, además de confundirse, corrió el peligro de desanimarse e irse a casa. Por el contrario, el 15M fue un importantísimo paso adelante. y supuso que bastante gente se animase a participar en la lucha social y política. Si lo vemos desde esta segunda perspectiva no podemos decir que el 15M fue un fracaso, repito, quien lo viese como una posibilidad inminente de cambiar las cosas de modo radical si pudo salir muy decepcionado.

La movilización de ayer, y más que nada, el proceso preparatorio, ha supuesto experiencias muy importantes para gran cantidad de militantes y ha establecido estructuras organizativas que en algunos lugares pueden tener continuidad, sobre esto soy más escéptico, pero creo que algo perdurará. Además hemos sacado varias lecciones, para mí algunas de ellas son las siguientes: las movilizaciones hay que organizarlas con tiempo y seriedad, si se hace así salen tan bien como la de ayer, además es posible buscar acuerdos y encuentros entre organizaciones que pudieran parecer bastante enfrentadas. Me parece que está claro que vale mucho más una Marcha de la Dignidad22M que cien “asalta el Congreso” o cosas parecidas convocadas sin medir cuales son tus propias fuerzas. Los fracasos o las convocatorias que pinchan no hacen otra cosa que fortalecer al enemigo.

Pienso que es también muy importante que se haya demostrado que somos capaces de convocar masivamente sin contar con los sindicatos llamados mayoritarios, CCOO y UGT, que para mí no son más que rémoras del pasado y mastodontes que deambulan buscando su cementerio de elefantes particular. Tampoco se ha contado con la “impagable ayuda” del PSOE, ni de sus montajes como la famosa y muy “activa” Cumbre Social. Que un germen de organización popular “desde abajo” sea capaz de hacer algo tan impresionante  se manifiesta como un síntoma de que el avance organizativo, en serio y para cambiar las cosas, está dando pasos en sentido positivo. Sólo avanzando en este sentido seremos capaces de cambiar las cosas de modo real. También pienso que nos tienen más miedo que el que realmente nos deberían tener, eso es bueno, ya que el poder vislumbra que no está tan seguro, que "el miedo puede cambiar de bando" y que todo ya no va a ser tan sencillo.

En estos días vamos a tener, al calor de la muerte de Suárez, una amplia campaña que va a volver a ensalzar lo buena que fue la Transición y lo terrible que es que alguien despierte a las Dos Españas, o lo malísimo que es que se pretenda cambiar las cosas desde la calle. Con el golpe de Tejero intentaron, en su tiempo,  tanto legitimar el Régimen como meter el miedo en el cuerpo de la gente que quería ir más allá, no sé que harán ahora, pero todo dependerá de la correlación de fuerzas que seamos capaces de construir. De momento, aseguro que la campaña se va a centrar en cantar las bondades de la democracia que hemos construido “entre todos” y que, por supuesto, se debe limitar al bonito ejercicio de ir a votar cada cuatro años, y después aguantarnos con lo que los gobernantes de turno quieran imponer.

Las Marchas no son el fin, ni tampoco el principio, son una etapa, importante, de un proceso del que somos responsables de que siga adelante. No tenemos que caer en el desánimo sino seguir como hasta ahora, organizados y teniendo las cosas claras. Contra lo que luchamos es poderoso, no se puede derribar con unas marchas o con un movimiento, ni siquiera votando. El Sistema está en nosotros mismos y en nuestra forma de vida cotidiana, por lo tanto derribarlo es muy difícil y exige paciencia, organización y voluntad. La mejor lección de las Marchas es que las cosas se pueden hacer bien, que las podemos hacer bien desde abajo. No necesitamos "ni dioses ni reyes ni tribunos", nosotros mismos somos nuestros salvadores, los únicos que podemos cambiar el mundo de base.

Un abrazo.


Carlos
¿Quiénes nos apuntan con el dedo?

Condenan a dos médicas a no ejercer su profesión durante dos años, una jueza aplicó desde su púlpito de mármol la ejemplar sentencia, mientras Página12 describe con lujo de detalles la “presión corporativa” de sus compañeros de trabajo, vestidos de guardapolvo blanco, salpimentando con adjetivos como discriminatorio, prejuicioso...

Este hecho no es algo aislado, está inserto en lo más profundo de la coyuntura actual, donde vemos que los factores de poder, los políticos, la justicia, los medios, se asocian para pretender hacer caer sobre los trabajadores el peso de sus desaguisados. El conflicto docente es parte de esta misma trama.

Durante diez años de crecimiento económico los gobernantes se dedicaron al despilfarro, cuando no al descarado robo, mientras los jueces miraban para otro lado, y los periodistas se acomodaban para su conveniencia exaltando o denostando al “modelo”. Ahora quieren que la inseguridad, la pobreza, la precariedad la sobrellevemos los trabajadores, condenándonos a sueldos miserables, a condiciones de trabajo desastrosas, mientras descargan sobre nosotros discursos de “corporativismo”, “egoísmo” “privilegiados” “desestabilizadores” y cuantas cosas más.

Resulta que la debacle social que tenemos que enfrentar cotidianamente los servidores públicos, los trabajadores, ahora es culpa nuestra. Tenemos que arriesgar nuestra integridad, nuestra salud física y mental, depreciar nuestras condiciones de vida, para ejercer el “apostolado” de nuestras profesiones, llueven invocaciones donde se amalgaman apelaciones a responsabilidades cívicas, mezclados llamados a cumplir “deberes sagrados”, alusiones al símbolo patrio y la sotana, que se descargan sobre la conciencia colectiva y pretenden disciplinarnos, como carne de cañón.

Frente a esto existe un principio de reacción, de sentimiento colectivo por parte de los que viven de su trabajo, de reconocerse mutuamente y empezar a entender que somos los que aguantamos el peso de esta sociedad. Que por mas que los políticos lancen furibundos discursos, y los señoriales magistrados nos echen encima el peso de la ley, y los periodistas y los curas escupan su ponzoñosa diatriba desde sus púlpitos, en última instancia está en nuestras manos el obrar que hace girar las ruedas: solo los docentes pueden enseñar, solo los médicos y enfermeros pueden curar, solo los albañiles pueden construir, solo los panaderos pueden hacer pan.

Aunque quieran violentar nuestros oficios con sus policías, no pueden obligarnos a la resignación de vivir nuestros trabajos, nuestras vidas, como una condena. No pueden acallar la conciencia de que todas las mañanas nos enfrentamos con una situación que nos angustia y nos llena de espanto. No pueden condenarnos a soportar eternamente sus mentiras, sus estadísticas falsas, sus ostentaciones impúdicas, su arrogancia desmedida.

Nos estamos organizando, estamos cansados y los salimos a decir, se rompió el pacto que nos tenía sujetos: no podemos volver atrás, a la Argentina de los desocupados, de los trabajadores pobres. No queremos. Somos soberanos, tenemos la razón y la justicia de nuestro lado: no la “justicia” de los tribunales -esa que ya demostró que no sirve para nada- sino la justicia del que sabe como son las cosas y que es lo que corresponde.
Esteban Justo
Sebastópol. Así, con tilde, para que el lector sepa cómo pronunciar el nombre de esta ciudad sagrada para cualquier ruso y para gran parte de la humanidad. No por mucho apoyar a los nazis de Maidán, que son los que realmente detentan el poder en Kiev, los EEUU y la UE van a lograr que Rusia se rinda, y no importa las sanciones que le impongan, por el contrario, éstas estimularán al pueblo ruso a luchar por sus derechos hasta las últimas consecuencias.

Entiéndalo bien, Presidente Obama, pues usted es el dueño del circo, y no los payasos de Europa que le acolitan, por esa sola ciudad de Crimea ofrendaron su vida más rusos que todos los norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial. Por eso, Sebastópol es la línea roja que Rusia jamás le va permitir transgredir.

Durante nueve meses, Sebastólpol, la gloria de Rusia, soportó el asedio por aire, mar y tierra de las Fuerzas Armadas de Alemania Nazi, que tenía una superioridad astronómica sobre los rusos, luego de que los alemanes se habían apoderado ya de toda la península de Crimea menos de esa ciudad. Los rusos no tenían ni vituallas ni la mínima esperanza de sobrevivir, pero resistieron a ultranza hasta el último hombre porque comprendían que era mejor morir peleando que soportar la esclavitud que significaba la rendición. La ciudad fue tomada, no entregada, cuando los alemanes se adentraban por la llanura que se extiende entre los ríos Don y Volga, en dirección a Stalingrado, donde medio año después encontrarían su sepultura.

Dos años después, por más que Hitler instara a sus tropas a luchar con la misma heroicidad con que los rusos lo habían hecho, los soviéticos liberarían Sebastópol en tan sólo cuatro días. El soldado ruso era heredero de la bravura de sus antepasados, que un siglo atrás habían resistido once meses el embate de las tropas de Inglaterra, Francia y Turquía durante la Guerra de Crimea.

Luego de tanta grandeza ¿qué espera, Presidente Obama, que ucranianos y rusos se autodestruyan para que el imperio tome Sebastópol sin derramar un sola gota de sangre? ¡Eso sí no lo verán sus ojos! No todos los ucranianos son como Yulia Timoshenko, ladrones dispuestos a traicionar por un plato de lentejas. Durante tres años, Ucrania fue ocupada por los nazis, supo combatirlos y liberarse de ellos. Ahora también lo hará. Conoce de falsas promesas que, igual que usted, Hitler le ofreciera. No logrará usted sobre la base de mentiras reiterativas romper una unidad forjada por siglos de historia, tradición y cultura comunes. Gogol y Tosltoi son tan ucranianos como rusos, lo mismo se puede decir de la música, la danza, la poesía y la religión.

El plan de la ultraderecha de Ucrania de levantar una guardia nacional represiva para eliminar rusos, judíos, polacos, alemanes, tal como lo han proclamado, fracasará porque se topará con el pueblo organizado, más que nada luego de que los habitantes de Crimea supieron defender su integridad e independencia.

Ya se dijo el 9 de Mayo de 1945, cuando Alemania Nazi capituló antes las fuerzas aliadas: Los Hítleres van y vienen, pero las naciones perduran. Sépalo de una vez y para siempre, Presidente Obama y gobiernos serviles de la UE: ¡No pueden comprar con dinero lo que ha sido pagado con sangre! No revivan la Guerra Fría y reculen ustedes, porque Rusia no lo hará.
F. Bueno
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