27 de marzo de 2004 |
Roberto Herreros y César Rendueles
Ladinamo
La
primera noticia que la mayoría de la gente tuvo de que algo se
cocía en el mundillo musical vasco de principios de los
ochenta fue el escándalo que provocó la actuación
en 1983 de Las Vulpess en Caja de Ritmos, el programa que
dirigía Carlos Tena en TVE. Sin embargo, la cosa llevaba
gestándose ya unos cuantos años, con grupos pioneros
como Zarama o Eskorbuto. Desde luego, resulta difícil pensar
en un movimiento musical que haya sido más atacado que el RRV
(¿tal vez el bakalao valenciano?). El diagnóstico
de los medios generalistas y la crítica especializada fue
unánime: nulidad musical, consignas políticas
inaceptables y un extraño empeño en cantar en un idioma
incomprensible. Sin embargo, veinte años después
resulta difícil seguir sosteniendo esta valoración. En
primer lugar, parece evidente que el RRV no pudo ser tan atroz cuando
tantos grupos aclamados (Negu Gorriak, Soziedad Alkohólika,
Extremoduro, Dut...) surgieron del poso que dejó. Pero,
además, es innegable que muchos de aquellos grupos dieron un
testimonio irremplazable de los aspectos más sórdidos
de una época oscura que los medios de comunicación
silenciaban sistemáticamente. Para bien o para mal –y a
diferencia de la muy etérea Movida madrileña– el
RRV dio visibilidad a jóvenes de infinidad de barrios marcados
por la crisis económica, el paro, la heroína y la
cárcel. Hemos preguntado a algunas de las personas que mejor
conocen el RRV sobre los orígenes, el desarrollo y la vigencia
del movimiento.
¿QUÉ
FUE EL RRV?
Iker
Barandiaran, periodista: “Sí, el RRV existió.
Existió como etiqueta que fue creada por un periodista de
Egin, Jose Mari Blasco, que coordinó el primer
suplemento musical del periódico, “Plaka Klik”. A
raíz de ver a varias bandas punk de Euskal Herria en un
festival, inventó ese término. Pablo Cabeza, otro
periodista que se hizo cargo del suplemento musical “Bat, bi,
hiru…” del mismo periódico y que también
dirigía un programa musical en Radio Euskadi, se encargó
de propagar dicha etiqueta. Supongo que alguna discográfica
independiente de la época hizo el resto. Los fines de aquellos
periodistas no eran lucrativos ni interesados. Según ellos
pretendían asentar una escena favoreciendo su continuación
y crecimiento”.
Elena
López Aguirre, periodista y ex miembro de Potato: “El
RRV fue un gran catalizador de mentes inquietas en múltiples
campos: sellos independientes (los hermanos Goñi en el sello
Soñua de Pamplona y los hermanos Amézaga en Discos
Suicidas de Bilbao), revistas (Muskaria, El Tubo),
fanzines y suplementos de prensa (“Dvórame”, “Bat,
bi, hiru”), gaztetxes, bares y salas de conciertos, cómic
(TMO, Mauro Entrialgo), ilustración (Mikel Valverde),
vídeo y nuevos realizadores (Juanma Bajo Ulloa), teatro y cine
(Karra Elejalde, Koldo Aginagalde), periodismo (Pablo Cabeza, Iñaki
Zarata, Roberto Moso, Pedro Espinosa)”.
Iñigo
Muguruza, músico y ex miembro de Kortatu: “En este
saco se incluyeron bandas que hacían músicas muy
distintas y tenían también diferencias ideológicas
muy grandes. Paradójicamente, casi nadie estaba de acuerdo en
pertenecer a este ‘movimiento musical’, que se
consideraba una etiqueta impuesta por comerciantes del disco ajenos a
la movida”.
Pablo
Cabeza, periodista: “Tampoco es que las bandas renegaran de
la etiqueta RRV, salvo Eskorbuto por una historia viciada desde el
origen, con pelas por el medio y porque sencillamente eran eso:
antitodo. Digamos que los grupo se dejaban llevar por la etiqueta, al
fin y al cabo les beneficiaba: se hablaba de ellos, del movimiento,
servía para estar en los medios… Pero insisto, las
bandas iban a su bola. ¿Cicatriz en el RRV? Ellos tocaban, y
tocaban las pelotas. Dependían de la droga, no de la etiqueta.
Se lo pasaban a lo bestia y disfrutaban como salvajes. Nosotros nos
dedicábamos a colocarles la etiqueta. Nosotros, es decir, unos
pocos”.
Marino Goñi,
fundador de los sellos Soñua y Oihuka: “No había
facciones, aunque el movimiento era bastante abierto. Hubo grupos
como Eskorbuto que desde el primer día arremetieron contra la
etiqueta y otros que se sintieron más o menos cómodos.
Las diferencias, si existieron, no pasaron de ser meros
enfrentamientos personales. La mayoría de los grupos pasaba
por alto tanto las diferencias musicales como las políticas”.
¿CÓMO
SURGIÓ EL RRV?
Roberto Moso,
periodista y ex miembro de Zarama: “El ‘colectivo’,
si se le puede llamar así, estaba muy unido en lo personal.
Éramos gente de la misma generación, que habíamos
tenido varias experiencias similares, que procedíamos de
entornos urbanos, que habíamos flipado con Leño,
Burning, los Pistols y también con Urko, con Gontzal eta
Xeberri y con Mikel Laboa, que nos gustaba la noche, que teníamos
15 años cuando murió Franco, 13 cuando mataron a
Carrero, 16 cuando la matanza de Vitoria (con Fraga de
responsable)... En fin, lo político no era demasiado
partidista, era mucho más vivencial... luego llegaron los que
trataron de capitalizarlo y en buena medida lo consiguieron”
Iker
Barandiaran: “Yo creo que aquellas bandas de los ochenta
estaban sobre todo influidas musicalmente por el punk inglés
del 77, pero cada banda sabrá que fue lo que más le
impactó. RIP versioneaban, entre otros, a Wire, Abrasive
Wheels, Sex Pistols, Youth Brigade… y evidentemente escuchaban
a GBH y Discharge; La Polla llegó a versionear a The Boys;
Kortatu idolatraban a The Clash; Los Cicatriz se fueron a derroteros
más Oi!, MCD quizás oían más rock and
roll; Eskorbuto eran más oscuros… La influencia del
punk inglés era un denominador común, pero de ahí
en adelante…”.
Roberto Moso:
“Las mayores influencias sin duda son el movimiento punk y
sus ‘amigos’ (ska, reggae, hardcore, etc.). Yo siempre he
creído que el concierto de los Clash en el 81 en Anoeta fue
para muchos toda una revelación. Hasta entonces nadie había
visto juntos rock cañero e ikurriñas”.
Josu Zabala,
músico y ex miembro de Hertzainak: “El público
era una mezcla de pasotas, punkis de verdad y de escaparate,
abertzales marchosos y borrokas, barriobajeros, ‘fanzinerosos’,
hippies tardíos, insumisos, en fin, marginados marchosos de
toda índole y algunos yonquis”.
Iñigo
Muguruza: “El momento histórico fue crucial. De
hecho, si no hubiera surgido el movimiento musical que surgió
se habrían hecho películas a lo Ken Loach con super 8,
o cualquier otra manifestación artística que reflejara
la reconversión industrial, la represión policial, la
impotencia política, el paro, la imposición de una
transición descafeinada, el desengaño con el gobierno
socialista, etc.”
Elena
López Aguirre: “La generación punk del 77,
como la generación beat del 57 o la generación hippy
del 67, obedeció a los dictados de las circunstancias
históricas. En España, desde 1976 hasta 1985 se
destruyeron casi dos millones y medio de empleos a causa de la
reconversión que Europa exigía para entrar en el
Mercado Común. Por otra parte, los jóvenes de los
ochenta fueron una generación especialmente numerosa, la del
boom demográfico de mediados de los sesenta impulsado por el
desarrollismo. Muchos de aquellos jóvenes jamás
tendrían un empleo fijo en su vida. Más de la mitad
había emigrado con sus padres siendo niños a los
principales centros industriales: País Vasco, Barcelona,
Madrid y Levante. La consiguiente especulación inmobiliaria
pobló las afueras de las ciudades vascas de colmenas. El punk
vasco y emigrante tenía ya las condiciones necesarias para
germinar”.
Marino
Goñi: “En el País Vasco de principios de los
ochenta no mirábamos a Madrid como punto de referencia de la
modernidad. La situación de crisis económica, el paro,
la reconversión industrial, el GAL y otras tantas novedades
que nos traía el gobierno del PSOE no nos hacían
felices precisamente. El espíritu hedonista de la movida
madrileña no llegaba a los barrios ni a los pueblos fabriles
de Euskal Herria. Aunque el País Vasco fue el primer sitio
donde se manifestó el movimiento, en otros puntos de la
península surgieron bandas radicales que con el tiempo han
sido tan o más importantes que las vascas: Extremoduro,
Reincidentes, Los Suaves, etc…”.
Roberto
Moso: “Como suele ocurrir en estos casos las influencias
sociedad/RRV eran mutuas. Tú leías en el periódico
que habían detenido a un insumiso y le hacías una
canción de apoyo que, a lo mejor, hacía otros veinte y
así con todo: gaztetxes, radios libres, euskera…”.
EL RRV VISTO EN
PERSPECTIVA
Pablo
Cabeza: “El RRV tuvo su etapa dorada entre el 84 y el 88.
Hacia 1990 todo se hace un poco más adulto y comienza a
diversificarse un poco más la escena. Aguantaría unos
años más, pero yo tampoco estaba por la labor (lamento
la personalización extrema) de prolongar una historia que,
como todas, debían tener su nacimiento y su final. ¿Que
se acababa o se agotaba? No pasaba nada, el circuito estaba vivo y
era cuestión de seguir la escena con lo que viniese...”
Iker
Barandiaran: “La izquierda abertzale, tarde, intentó
aprovechar aquella energía y magnetismo y conexión con
las masas que tenían aquellas bandas rupturistas. Tarde, digo,
porque al principio no los quisieron comprender. El PSE también
hizo algún intento en época de elecciones, pero le
salió bastante mal y en un concierto que organizaron
prácticamente les destrozaron un local que tenían en
Donosti”.
Iñigo
Muguruza: “Visto con la perspectiva de
los años, lo mejor fue la cantidad de gente que participó
en gaztetxes, radios libres, grupos de música, colectivos,
etc. El llamado RRV fue la banda sonora de lo que ocurrió. Lo
peor fue la cantidad de gente que quedó en el camino”.
Iker
Barandiaran: “Otra cosa mala pudo ser que las bandas
que diferían de estas otras musicalmente, más que
políticamente, quedaron relegadas a un segundo plano (hablo de
bandas de rockabilly, siniestras, poperas…) por parte del
público”.
Josu
Zabala: “Aquello no era una movida de profesionales de la
música, nos conocíamos en la taska rock, fumando
canutos y oyendo rock. Estábamos todos en el mismo puchero,
mientras unos ensayábamos los otros ocupaban el gaztetxe en el
que tocaríamos después o instalaban la radio en la que
pincharían nuestro disco. Lo cierto es que fueron años
en los que la juventud derrochó alegría, energía
y capacidad de autoorganización a raudales”.
Iñigo
Muguruza: “Creo que aquellas críticas en su mayoría
siguen teniendo validez, y los discos de Kortatu se siguen vendiendo
por algo. Estando como estamos en un periodo de involución
socio-política, aquellas letras de RIP, Eskorbuto, Tijuana in
Blue, Hertzainak, La Polla Records, etc. cobran vigencia día
tras día. Como decía Cicatriz: ‘La libertad de
expresión es solo pura ficción’”.
Elena
López Aguirre: “¿Cuándo termina el
RRV? Pues cuando Hertzainak publicó en 1988 “Aitormena”
(La confesión), una balada con cuarteto de cuerda”.
CINCO
DISCOS IMPRESCINDIBLES DEL RRV
HERTZAINAK
Hertzainak (Soñua,
84)
Nadie mejor que Ruper Ordorika para
explicar lo que supuso el primer disco de Hertzainak: “Hertzainak
aportó toneladas de vitamina a la escena de la música
popular vasca. Josu Zabala ya tenía la idea de formar un grupo
cuando tocábamos juntos por el año 81. De los comienzos
del grupo sólo me llegó un casete con un recorte de
prensa en el que Hertzainak, el conjunto en cuestión, se
sobraba verbalmente en sus comentarios acerca del estado de la música
en euskara y recibía a su vez críticas muy positivas.
Cuando después de un tiempo volví a Vitoria tuve
ocasión de comprobar lo lejos que habia llegado aquella idea
inicial. El primer concierto al que asistí fue en Pamplona,
creo que en Rotxapea. Me llevó Txanpi y vi una actuación
inquietante y muy fuerte. Barría los escombros de determinada
canción protesta y lo hacía con originalidad, dentro de
un rock de inspiración británica, con muchas ganas de
decir. Tengo que añadir que las gentes que hicieron
Hertzainak, como Josu Zabala, Xabier Montoia, Gari, Txanpi o Kike,
siguen aportando mucho a la música popular de este país”.
KORTATU
El estado de las cosas
(Oihuka, 87)
El segundo LP de Kortatu tiene sin
duda las mejores letras de la carrera del grupo con canciones como
“Hotel Monbar” o “La línea del frente”.
Con este disco, ya desde la portada, Kortatu dejaba claro su
compromiso político y rompía con la estética
redskin de sus inicios. También musicalmente los hermanos
Muguruza hicieron un enorme esfuerzo para dejar atrás el ska
fiestero de “Mierda de ciudad”. De hecho, ningún
grupo ha sonado tan parecido a The Clash cantando en castellano como
Kortatu en este disco (excepto los propios The Clash, claro). Aunque
es mucho menos divertido (y menos emblemático) que Kortatu
(85) y carece de la apertura de miras de Kolpez Kolpe (88),
El estado de las cosas es un auténtico compendio de las
principales virtudes del RRV sin ninguno de sus defectos.
LA
POLLA RECORDS
Revolución
(Oihuka, 85)
De los discos buenos de LPR (o lo
que es lo mismo, los que grabaron en los ochenta) el que mejor suena
es Ellos dicen mierda, nosotros amén (90). Las mejores
letras aparecen en Donde se habla (88). Entonces, ¿por
qué es tan famoso Revolución? ¿Por qué
es uno de los discos más pirateados (en casete, claro) de la
historia de la música española? Tal vez porque en este
disco LPR consigue combinar su extrema lucidez –esa capacidad
crítica que los ha convertido en algo más que un grupo
de música– con la pura y simple diversión. LPR
convirtieron el punk en una vía para la reflexión, para
el pensamiento a martillazos. Sin embargo, en Revolución
se nota más que en cualquier otro disco de LPR que para ellos
la música no es sólo una excusa para lanzar invectivas
políticas. Si eras un adolescente en los ochenta y nunca
bailaste con este disco, es obvio que te perdiste algo.
ESKORBUTO
Antitodo (Discos
Suicidas, 85)
Merece la pena escucharlo aunque
sólo sea por “Cerebros destruidos”, tal vez la
mejor canción del RRV. Lo cierto es que Eskorbuto fueron los
más punkis de entre los punkis. Es difícil pensar en un
grupo que haya vivido el nihilismo y la autodestrucción con
mayor intensidad. También es verdad que musicalmente no tenían
punto medio, a veces incluso dentro de una misma canción se
mezclan estrofas buenísimas con auténticos ripios. Pero
fueron capaces de reflejar en frases antológicas –“Mucha
policía, poca diversión”; “Este maldito
país es una gran pocilga”...– una época
aciaga de nuestra historia reciente.
CICATRIZ
Inadaptados (Soñua,
86)
Al igual que Eskorbuto, Cicatriz
fue un grupo marcado por la heroína y la mala suerte (los
cuatro miembros originales han fallecido). Liderados por el
carismático Nacho Etxebarrieta, todo un mito del RRV (el mismo
Nacho al que Barricada le dedican “A toda velocidad”
en su doble en directo), Cicatriz fue uno de los grupos de la
época más próximos al punk inglés. Si
bien la mejor canción que grabaron nunca –“Escupe”–
aparecía en un disco anterior (un LP compartido con Kortatu,
Jotakie y Kontuz Hi!), Inadaptados es uno de los discos
clave del RRV. Con unas guitarras más trabajadas de lo
habitual y la voz de Nacho lanzando exabruptos en primer plano, el
primer LP de Cicatriz es la máxima expresión del lado
más macarra y agresivo del RRV.
Y
ADEMÁS...
MCD.
Bilboko gaztetxean (Discos Suicidas, 87)
Zarama.
Dena ongi dabil (Elkar,
87)
VV.
AA., Cicatriz, Kortatu, Jotakie, Kontuz Hi! (Soñua,
85)
Eskorbuto-RIP.
Zona Especial Norte (Spansuls, 84)
Un disco mítico, durante
muchos años inencontrable, que compartieron dos bandas
pioneras del RRV y, por extensión, del punk peninsular.
VV.
AA. Bat, bi, hiru... hamar! (Oihuka, 87)
Recopilatorio con ocasión
del décimo aniversario del diario Egin.
Potato
y Tijuana in Blue. Potato / Tijuana In Blue. (Soñua,
86)
Barricada.
Barrio conflictivo (Oihuka, 85)
RIP.
No te muevas (Discos Suicidas, 87)
Zer
Bizio? Sentimientos y venganzas (Discos Suicidas,
90)
VV.
AA. Skalherria punk (Discos Suicidas, 86)
Recopilatorio con canciones señeras
de grupos como Vómito.
¿ROCK?
¿RADICAL? ¿VASCO?
Aunque
es indudable que espiritualmente el RRV se alimentó del punk,
lo cierto es que muchos de estos grupos tenían más que
ver con el rock urbano de los setenta. No faltaron grupos como
Barricada con numerosos guiños heavys, también hubo
bandas como BAP que fueron auténticas pioneras del hardcore y
otras como Zer Bizio? sencillamente inclasificables. Tal vez el caso
más raro sea el de La Polla Records. Su asombrosa longevidad
ha hecho que la recepción de sus discos haya cambiado mucho:
hoy su primer EP, con sus cajas de ritmos y su producción
lo-fi, suena extrañamente contemporáneo, una
especie de versión inteligente y nada moñas del revival
tecno-pop. También es importante recordar que dentro del RRV
hubo espacio para el reggae, con grupos como Potato, y sobre todo
para el ska, con incontables bandas muy irregulares a las que
resultaba fácil reconocer porque siempre aparecía la
palabra “ska” en sus nombres (Skalope, Korroskada...).
La vocación política
de estos grupos ha sido siempre un asunto muy discutido. De hecho,
muchas de las primeras canciones del RRV reflejaban una actitud
jaranera cuando no sencillamente descerebrada. Basta recordar letras
como “Me siento feliz/ de ser un puto subnormal/ con delirios
de grandeza/ mientras me hago un chute/ y privo cerveza”
(Cicatriz), “Todo este sábado me lo voy a pasar/
privando en mi casa hasta reventar” (Kortatu), “Ruido de
sables en el cuartel, cerveza y speed a todo tren” (MCD), etc.
Posteriormente se produjo una especie de institucionalización
de ciertos temas supuestamente “radicales”. En palabras
de los bilbaínos Doctor Deseo en 1985: “El RRV no es lo
que era, se ha convertido en una institución, parece algo
sagrado que no se puede mover. Además, en realidad son muy
poco radicales, musical y estéticamente son muy conservadores,
y sus letras son relativamente radicales, amén del panfleto.
Hay tres temas fundamentales: meterse con los modernos, contra la
iglesia y contra la policía. Si se nombra la palabra ‘maderos’
es éxito seguro en Euskadi”.
Por
último el RRV en seguida se difundió por toda la
Península, entre otros muchos cabe recordar a Dixebra
(Asturias), L’Odi Social (Cataluña), Reincidentes
(Andalucía) o Tarzán (Madrid). Más, aún,
la relación de muchos grupos del RRV con el mundo abertzale no
fue ni mucho menos tan estrecha como el ABC y otros medios de
comunicación se empeñaron en hacernos creer. Canciones
como “A la mierda el País Vasco” (Eskorbuto) o
“Hijos de la Extremadura” (Los del Rayo) y lemas como
“Odio a los partidos, fuego a las banderas” (La Polla
Records) parecen claros al respecto. Aún más, los
críticos acérrimos del RRV han intentado hacer pasar
por apologías de la violencia lo que en el fondo era una
confusa mezcla de insatisfacción política y
marginalidad. Como ejemplo del auténtico caos intelectual del
que hacían gala algunos de estos grupos cabe recordar las
delirantes declaraciones de Nacho Cicatriz: “Siempre he sido un
gamberro, de blusa me gustaba hacer el gamberro, de dantzari me
gustaba hacer el gamberro. Y luego, la verdad, cuando empecé a
fumarme porros y empecé a oír chorradas de que si vasco
traidor, que si drogadicto, me mosqueó mucho esa movida, no me
gustó nada. Me atrajo tanto lo del porro y lo de los hippies y
lo de la música; todo eso me llenó tanto que me anuló
lo anterior. Yo pensaba morir por ETA, vamos, mi máxima
ilusión era ser etarra; eso era de chaval lo que yo pensaba.
Pero, no sé, de un día para otro dije: ‘No,
chaval, lo tuyo es esto, lo tuyo son los porros’. Me ha
traído muchas consecuencias pero tampoco me arrepiento de lo
que he vivido”.
LA POLLA
RECORDS Y LA FILOSOFÍA
Texto:
Carlos Fernández Liria
Suele
decirse que las canciones de La Polla Records son “una patada
en los huevos al poder”. Tal vez sea verdad, pero no lo es
menos que, entre todos los tipos de patadas en los huevos, estas
tienen algo especial. Las canciones de LPR tienen un claro carácter
sistemático. En su momento, por ejemplo, habrían
servido de libro de texto de la asignatura de Ética en el
bachillerato y, si alguien busca una guía para la educación
de sus hijos lo más completa y honrada posible, es difícil
que encuentre algo mejor que los discos Salve y Revolución.
Hay una implacable lógica que atraviesa la obra de LPR y que
sorprende por su eficacia para señalar los cuatro puntos
cardinales de una orientación política. En efecto, hay
cierta clase de ceguera que no tiene que ver con estar equivocado
sino con esa especie de abyección moral que contamina la
atmósfera política que respiramos. En este sentido, LPR
aportó un poco de honradez para llamar a las cosas por su
nombre y enderezar una brújula moral que se encuentra
estructuralmente invertida. Todo una lección y un reto para
las cátedras de Ética y Filosofía de este país.
Ya está bien de explicar en qué consisten la moralidad
y la ciudadanía tomando por referencia un mundo supuestamente
sano en el que los individuos sólo delinquirían, por
ejemplo, robando un jamón o mintiendo a su novia. Hay que
explicar en qué consiste la moralidad en este mundo de
“demócratas cristianos hinchados como cerdos y podridos
de dinero” (LPR), a los que nunca se les pilla robando en un
supermercado porque resulta que son los accionistas de este
formidable supermercado en el que se ha convertido el planeta. La
cuestión no es tanto si los banqueros, por ejemplo, pueden
estafar o extorsionar; es más interesante reparar en la estafa
y la extorsión que supone el hecho mismo de que existan
banqueros. A los perros guardianes de este infierno, a sus usureros y
beneficiarios, a sus administradores, voceros y legitimadores –así
hasta completar el índice de canciones de LPR– no se les
puede denunciar en un juzgado y, desde luego, es inútil
intentar convencerles de nada. Es aquí donde el insulto –un
arte en el que LPR fueron maestros– empieza a cumplir un papel
“epistemológico”. Gracias a que, al menos, aún
es posible insultar, se sigue recordando que, pese a su portentosa
impunidad, Wall Street o el Banco de Santander no son realidades tan
inevitables como el curso de los astros.
CITAS:
“La
denominación [RRV] vino a raíz del concierto anti-OTAN
en Tudela en donde por primera vez se congregaron en un mismo
festival Barricada, La Polla Records, RIP, Basura, Eskorbuto, Zarama
y Hertzainak (...). Estos grupos son la punta de lanza de un
movimiento de cerca de cien grupos que están pululando por
Euskadi y son radicales también”.
—Marino Goñi
“Las
letras que canto en las actuaciones más o menos son ideas que
todos los punkis pensamos. Pero a mí me interesa más
que las oiga un determinado tipo de público que no opina de
esa manera, para conseguir cambiarles; los demás son colegas
tuyos”.
—Evaristo, cantante de La
Polla Records
“El
gran drama de Eskorbuto es que no valían para malos. Lo
intentaron con tesón pero no les salía. Si trataban de
robar en una iglesia, despertaban a todos los vecinos y acababan en
chirona. Si pretendían dar un tirón, la dueña
del bolso resultaba ser campeona olímpica y corría más
que ellos. Si se colaban en el tren, los guardias jurados les daban
pal pelo...”
—Roberto Moso, cantante de
Zarama
PARA
SEGUIR LEYENDO:
Roberto
Moso, Flores en la basura. Los días del rock radical
(Hilargi, 2003).
Elena López Aguirre, Del
txistu a la telecaster (Aianai, 1996).
Elena López Aguirre,
Hertzainak: La confesión radical (Aianai, 1993).
Diego Cerdán, Eskorbuto:
Historia triste (Ediciones Marcianas, 2001).