27 de abril de 2004 |
Roberto
Montoya se adentra en la carrera de un "presidente
dudosamente electo que quiere aspira a ser el César del
siglo XXI", como se puede leer en el subtítulo de 'El
imperio global', el
libro que publicó en España La Esfera y en Argentina El
Ateneo, en el que arroja luz sobre las sombras de un personaje en
cuyas manos está el destino de millones de personas.
A
George W. Bush le bastaron sólo dos años en el poder
para iniciar con paso firme el camino soñado por tantos
presidentes estadounidenses antes que él: el que lleva hacia
el Imperio Global.
El
11-S, su salvación
En
2003, cuando la sed de petróleo, no saciada aún con la
guerra contra Afganistán que inició en octubre de 2001,
conducía al mayor mandatario de EEUU a Irak, la opinión
pública mundial comprobaba atónita la increíble
metamorfosis experimentada por Bush junior.
Pasó
de ser el presidente que llegó a la Casa Blanca con menos
legitimidad en toda la historia de EEUU, a convertirse en el más
obsesivo aspirante a César del siglo XXI. El 11-S fue la pieza
clave que le permitió esa transformación. El más
demoledor golpe terrorista sufrido por EEUU en su territorio, supuso,
paradójicamente, la tabla de salvación para una figura
hasta ese momento cuestionada tanto dentro como fuera del país.
Dominio
Buena
parte de la comunidad internacional aceptó sin vacilar su
cruzada, con la cual Bush ha iniciado una guerra con múltiples
frentes en los cinco continentes e indefinida en el tiempo. El hombre
más poderoso de la tierra está decidido a reforzar a
extremos nunca vistos la hegemonía económica y militar
de su país para poder controlar totalmente las fuentes
energéticas e imponer las reglas del mercado y su propio
modelo de sistema en el planeta.
Así,
en marzo de 2003, en el pico de su popularidad, dirigió el
ataque contra Irak ante la mirada atónita de la opinión
pública mundial, e inició una guerra cuyas
consecuencias todavía no se pueden medir.
Por
ahora, ya tiene el triste mérito no sólo de superar la
responsabilidad de su padre sobre el número de iraquíes
muertos, sino también sobre el número de
norteamericanos en esa absurda guerra en la que cada vez se encuentra
más aislado, rodeado de la mentira y de la muerte.
Según
James Petras, en el prólogo a este libro, esta obra
«constituye un importante relato acerca de los mecanismos
internos y externos del imperialismo norteamericano, entrelazando las
complejas fuerzas económicas, políticas y culturales
con las instituciones que sostienen la dominación imperial.
[...]. Su lectura resulta imprescindible, es un libro esencial para
todos los interesados en un texto meticulosamente detallado acerca de
la construcción del imperio al mejor estilo norteamericano».
Ya,
el crítico del diario El Mundo Rogelio López-Blanco
afirmaba de esta libro que “Montoya
describe en este libro las pautas que están llevando a la
construcción del Imperio norteamericano, sobre todo, a partir
del 11S, desde los aspectos exteriores, compendiados en el control de
las fuentes energéticas del globo y la conquista del poder
militar, hasta las interiores.
La tendencia al unilateralismo
viene de lejos y en la etapa Bush se puso de manifiesto con numerosas
medidas, cuya mejor ejemplificación está en la retirada
del tratado para la creación de la Corte Penal Internacional y
la no ratificación del protocolo de Kioto, pero el 11-S
representó el trampolín ideal para que Bush, con el
respaldo de la práctica totalidad de la sociedad americana, de
la ONU y de sus aliados, emprendiera un proyecto encaminado a la
consecución de la hegemonía mundial. El 11-S ha
permitido la desaparición de cualquier crítica interna,
la aprobación de un presupuesto militar impensable y la
posibilidad de penetrar en una zona tan estratégica como Asia
central. En estos dos últimos factores descansa el motor de
esa pretensión imperial, el asegurarse la satisfacción
de la demanda energética indispensable para el futuro
desarrollo económico y el control de las zonas estratégicas
claves, como el Golfo.
Bush y su administración
encarnan la síntesis de las pretensiones de los dos grandes
grupos de interés, el petrolero y el armamentístico, a
los que el atentado vino como anillo al dedo. Al dejar en evidencia
la vulnerabilidad del gigante, permitió que se impusieran las
doctrinas que predicaban la guerra preventiva, lo que facilitaba
mantener la iniciativa en todo el orbe, a partir del acoso mundial al
terrorismo y la legitimación de la expansión
militar.
Detrás de una breve exposición de
hechos hay muchas cosas ocultas que Montoya desvela en todos sus
detalles. Como la estrecha relación entre Al Queda y Bin Laden
con Estados Unidos desde los tiempos de la guerra de Afganistán,
que sirvió para la creación de una internacional
islámica que años después se volvería
contra la potencia americana. Otro aspecto es la complicidad con
Sadam Hussein, empujado a guerrear contra el amenazante Irán
jomeinista (1980-1988), a quien proporcionan armas de destrucción
masiva. Y las estrechas relaciones con Arabia Saudita, que empezaron
a deteriorarse tras el 11-S y abren una futura ventana al conflicto.
Sobre los misterios que puedan encerrar el atentado contra las Torres
Gemelas, proporciona suficientes datos para concluir que, frente a
las teorías conspirativas, lo más plausible es que la
falta de previsión tuvo que ver con negligencias, burocratismo
y falta de cooperación entre las agencias.
Para los
lectores que simpaticen con las tesis de Chomsky o Petras sobre los
fines de la superpotencia, la obra de Montoya reúne un
material abundante y bien argumentado que satisfará sus
exigencias. El punto de vista es enormemente crítico con la
acción de los Estados Unidos, aunque se omite el papel
desarrollado en las dos guerras mundiales y en las últimas
intervenciones en Bosnia o Kosovo.”
Un
años después de salir a la luz, y meses más
tarde, revisado, en Argentina, “El Imperio Global” se ha
consolidado como una de las investigaciones más exhaustivas y
rigurosas que revela
los aterradores mecanismo internos y externos del imperialismo
norteamericano, entrelaza las complejas fuerzas económicas,
políticas y culturales con las instituciones que sostienen la
dominación imperial y demuestra hasta qué extremo el
nacionalismo de Bush lo hace peligroso para los norteamericanos y
para el resto del mundo
Roberto
Montoya nació en Buenos Aires, donde estudió Periodismo
y trabajó en distintos medios escritos, antes de exilarse en
París en 1976.
Jefe de Internacional del diario "El
Mundo", del que fue también corresponsal en Roma y París,
ha sido jefe de Internacional del diario "El Independiente";
corresponsal en Londres de la cadena de T.V. de Estados Unidos
"S.I.N.-Univision"; corresponsal de "Antena 3 Radio",
de la revista "Tiempo", de los diarios "Liberación"
y "Página 12" (Argentina), delegado en España
de la Agencia Periodística de Información Alternativa
(México).
Fue colaborador de Radio Nacional de España
y Radio Exterior de España; de la BBC Radio, Servicio para
América Latina; de los periódicos "El País",
"La Voz de Galicia", "Diario de Granada" y
"Excelsior" (México); de las revistas "La
Calle", "Triunfo", "Argumentos", "UNO-La
Revista de América", "América 92",
"Tierra Nuestra" (Nicaragua), "Südwind"
(Austria); subdirector de la revista de emigración española
en Europa "Cuenta Atrás"; subdirector de la revista
cultural "Contraviento"; redactor jefe de "Noticias
Obreras" y profesor de Prensa Escrita en el Máster de
posgrado para Especialista en Relaciones Internacionales y Países
del Sur de la Facultad de Ciencias de la Información, en la
Universidad Complutense de Madrid.
Colabora regularmente con
el CIP (Centro de Investigación para la Paz) y con el IGADI
(Instituto Galego de Análise e Documentación
Internacional) y es coautor de los libros "Los Terratenientes"
(Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1970) y "El
caso Pinochet y la impunidad en América Latina" (Edit.
Pandemia, La Rioja-Argentina, 2000).
“El
imperio global”. Roberto Montoya.
La Esfera (Madrid). Editorial El Ateneo (Buenos Aires), 2003.