24 de mayo de 2004 |
Elvio Romero
Contra la vida quieta
Editorial Candaya

Candaya Poesía 1
Prólogo de José Vicente Peiró.
Textos críticos y de
homenaje de Rafael Alberti, Gabriela Mistral, Miguel Ángel
Asturias y Nicolás Guillén.
Contiene CD con la voz del autor. Además, Rafael Alberti recita “Elvio Romero. Poeta paraguayo” y Lizza Bogado canta “Cielito del Paraguay”.
280 págs. 15 €
ISBN 84-933546-0

Elvio Romero nació en Yegros, el 12 de diciembre 1926.
Hijo del dueño de un tiovivo y tallador de imágenes de santos, Elvio Romero, que se define a sí mismo como “hijo de la intemperie”, cambió pronto la escuela por el oficio de carretero, tan acorde a su vocación de “caminante”. Sin embargo, la lectura casi clandestina de un cuaderno de su madre con poemas recortados y pegados de Rubén Darío, Gutiérrez Nájera y Amado Nervo, le hizo descubrir la poesía y la necesidad de cultivar la palabra con sensibilidad y conocimiento.
Siendo muy joven se incorporó a la vida literaria de Asunción y compartió tertulias con Roa Bastos, Josefina Plá, Hérib Campos Cervera, Hugo Rodríguez Alcalá, Óscar Ferreiro, José Antonio Bilbao y otros altos exponentes de las letras paraguayas de entonces. Todos ellos forman la llamada Generación del 40, muy emparentada por su estética vanguardista y su compromiso social con la del 27 español.
En 1947, tras el triunfo del golpe de estado del general Morínigo, Elvio Romero tuvo que exiliarse. Primeramente vivió en Presidencia Roque Sáenz Peña , en el Chaco argentino. Por su casa pasaron, camino del exilio, figuras como José Asunción Flores, Herminio Giménez, los hermanos Larramendia, y muchos otros. Posteriormente se instaló en Buenos Aires, donde fue apadrinado por Rafael Alberti (quien con el poema “Elvio Romero. Poeta paraguayo” prologó Dias roturados, su primer libro). También en Buenos Aires conoció y se hizo amigo de los más importantes poetas del momento (Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Raúl González Tuñón...) que lo integraron en los círculos de la poesía latinoamericana, donde su voz poética pronto fue conocida y apreciada.
La poesía de Elvio Romero ha recibido el elogio y el reconocimiento de numerosos lectores, entre ellos tres ganadores del Premio Nobel de Literatura, como Gabriela Mistral (que afirmaba leerlo "como acostada sobre la tierra"), Miguel Ángel Asturias ( "Poesía invadida llamo yo a esta poesía, poesía invadida por la vida, por el juego y el fuego de la vida") y Pablo Neruda ( "poesía llena de fuerza y follaje"). El poeta Hamlet Lima Quintana lo señala como uno de los referentes más importantes de la poesía latinoamericana. Josefina Plá dice que al leer la poesía de Elvio Romero "se va a escuchar la voz de un pueblo reclamando su lugar en el coro de la libertad". Nicolás Guillén le dedicó un emotivo y cálido poema en el que le llamaba “Elvio Romero, mi hermano”.
Elvio Romero es la voz poética paraguaya más conocida en el mundo hispanohablante. Su obra poética está, hasta la actualidad, compuesta por 13 poemarios:
Días roturados (1948) Resoles áridos (1950) Despiertan las fogatas (1953) El sol bajo las raíces (1956) De cara al corazón (1961) Esta guitarra dura (1961) Libro de la migración (Yby-Ñomimbyré) (1966) Un relámpago herido (1967) Los innombrables (1970) Destierro y atardecer (1975) El viejo fuego (1977) Los valles imaginarios (1984) Flechas en un arco tendido (1994)
Como prosista publicó una biografía Miguel Hernández - Destino y poesía (Ed. Losada, 1958), El poeta y sus encrucijadas (Ed. RP, 1991) y Fabulaciones (Ed. El Lector, 2000).
Producido en 1989 el derrocamiento de Alfredo Stroessner, Elvio Romero pudo regresar al país donde tomó contacto con sus amigos y colegas paraguayos. Es miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y socio del PEN Club del Paraguay. En 1991 obtuvo el primer premio Nacional de literatura de la historia paraguaya.
Actualmente sigue viviendo en Argentina, donde, desde febero de 1995, ocupa el cargo de Agregado Cultural en la Embajada del Paraguay en Buenos Aires.
Desde hace varios años, su nombre suena insistentemente para los premios Cervantes y Príncipe de Asturias.
LA OBRA: CONTRA LA VIDA QUIETA
Contra
la vida quieta es una amplia antología de la obra poética
de Elvio Romero. Recoge 99 poemas que recorren cronológicamente
los 13 poemarios publicados hasta el momento el poeta paraguayo y
algunos poemas sueltos.
Testimonio
de los padecimientos de su pueblo, la obra de Elvio Romero puede
encuadrarse dentro de la poesía social de denuncia
hispanoamericana junto a la de Nicolás Guillén, Ernesto
Cardenal, Pablo Neruda, Nicanor Parra y Manuel del Cabral.
Ya en
su primera obra Días roturados (1948), subtitulado
“Poemas de la guerra civil”, aparecen intensos poemas
revolucionarios que, como “Presento a Tacaxí” o
“Todos aquí llegamos”, despliegan la exaltación
y vindicación de un abanico de esperanzadores valores humanos:
el coraje, la honestidad, la lucha por un ideal igualitario, la
humildad y el sacrificio por la colectividad y por el semejante. En
Resoles áridos (1950), la influencia del Miguel
Hernández de Vientos del pueblo enlaza con el Alberti
de verso más ancho de Capital de la gloria.
En Despiertan las fogatas (1953) sustituye el canto a la lucha armada por la añoranza del país perdido y de los ancestros. Recuerda al gran creador del teatro popular paraguayo en “Carta a Julio Correa”, dirige una mirada oblicua a su país lejano en “Alegres éramos” o canta al secular Sur en “Costa Ferroviaria”. Elvio empieza a modificar su forma de expresar el enojo y la rabia ante la opresión, sustituyendo progresivamentete el himno por el canto, la exaltación por la ironía sutil.
En El sol bajo las raíces (1956) las imágenes no son tan abstractas como las de anteriores poemarios. Algunas composiciones están dedicadas a personajes concretos de extracción popular: el tallista Lacú, el cegador de alondras, el músico José Asunción Flores... Elvio comienza a sentir la necesidad de rendir homenaje a todos aquellos amigos extraviados, en un exilio cuyo final ni se aprecia ni se intuye siquiera a medio plazo.
Otros
libros en que la temática social ocupa un lugar destacado son
Esta guitarra dura (1961) y, sobre todo, Los innombrables
(1970). Los innombrables -que tanto recuerdan a “los nadies”
de Eduardo Galeano, aunque el poema de Romero fue escrito 19 años
antes- son todos aquellos que hoy en día asustan a nuestra
comodidad aburguesada: los justos, los pobres, los perseguidos, los
rebeldes, los trabajadores conscientes de su realidad, los hombres
del sur que gimen ante la opulencia del norte... Son los pobres y
perseguidos de “De caminante” o los que aparecen en ese
“Tren con banderas”, en cuyos vagones cabría el
Paraguay entero y en el que se condensaría toda la fuerza de
las gentes con el afán soterrado de la libertad.
En Los valles imaginarios (1984), Elvio Romero sigue la línea marcada por Los innombrables, pero con una tendencia más pronunciada a la mirada evocativa de su país.
Elvio
Romero es, por otra parte, el cantor del pueblo guaraní. En
toda su poesía se reconocen las presencias silenciosas y
reveladoras de los antepasados indios del “palmar
y el horizonte”: los nivaklé, los toba, los sanapaná,
los guaraní ñandeva o los ayoreos que “sueñan
con sus bosques" y “están presos del espejismo de
la palmera azul”. Pero es, sobre todo, en dos libros
donde ese “universo de emociones” que le
proporcionan los mitos y ancestros guaraníes se convierte en
tema central: El libro de las migraciones y Flechas en un
arco tendido.
En Libro de las migraciones (1966), Elvio Romero opta por profundizar en el origen legendario de su pueblo. En una única estrofa de carácter mítico, a la que precede un prólogo en prosa poética, rememora la “inmensa arcilla de mitos” de la “tierra sin mal” y los lejanos éxodos de aquellos indígenas antecesores del pueblo paraguayo.
Flechas en un arco tendido (1994) es un libro sobrecogedor y triste, donde Elvio Romero lamenta que “ni nómadas ni errantes”, estemos en el suelo y ya apenas sea posible “contemplar el firmamento” ni avanzar tras él. Aunque, como en la vida o en la obra de Elvio Romero las derrotas nuncason definitivas, en “Cumpliendo los rituales” promete que “seguiremos danzando” y entonces los versos se convierten en conjuros y adquieren la cadencia sagrada de la oración ritual y protectora que va a acabar con el maleficio: “Por donde nos quitaron la tierra, si la alimaña de la peste avanza, cuando la plaga es de viruela negra, cuando la boa a la avestruz sorprende, cuando todas las aguas se emponzoñan... ¡Vamos a matar al tigre, al tigre malo!”.
Pero la poesía de Elvio Romero no se agota en la temática social o indigenista. En permanentemente desacuerdo con lo real, Elvio Romero es un intérprete de los anhelos más hondos del hombre y un poeta en perpetuo asombro que persigue lo desconocido y lo casi inasible. Vertientes temáticas más intimistas de su poesía son su reflexión sobre el extrañamiento del exilio y su lírica amorosa.
Su
poemario dedicado al exilio por antonomasia es Destierro y
atardecer (1975). El contraste entre el allá y la
nostalgia del acá, los contrasentidos y vacíos de la
distancia, los recuerdos umbríos... Es tarde para el poeta
cuando alguien le habla de su país. La tristeza, la desazón
y la ausencia de esperanza recorren unos versos, en los que se
adivina un resignado escepticismo hasta entonces imperceptible en el
poeta.
Elvio Romero es autor de tres espléndidas obras de lírica amorosa: De cara al corazón (1961), Un relámpago herido (1967) y El viejo fuego (1975). En De cara al corazón (1961) nace el Elvio Romero más intimista. Como ahora existe un interlocutor concreto (la amada) la tercera persona es sustituida por la segunda. La sentimentalidad se vuelve en ocasiones erotismo liberalizador y el amor es un recodo del camino donde todo se goza con plenitud. “Por qué” afirma la legitimidad de los deseos y reivindica la vida como búsqueda compartida. Elvio Romero alcanza un tono poético consumado en Un relámpago herido, una intensa obra llena de imágenes irracionales que combinan lo prosopopeico y la metáfora corporal. Son versos luminosos, de secretos revelados y de noches largas de más de cien años de lluvias, donde el ansia de totalidad y de perfección del conocimiento es aún más notoria. En El viejo fuego (1977), el amor es viaje hacia la lumbre (“Cabalgata”) y ansia de plenitud que lo abarca todo: la amada y la tierra (“Bajo una luna grande”), la casa de la infancia y los padres lejanos (“Son ellos”) o el abrazo solidario con los otros (“La historia de mi corazón”).
Elvio
Romero es el primer poeta paraguayo que se publica en España.
Con Contra la vida quieta, la Editorial Candaya espera
reparar, aunque algo tardiamente, el olvido incomprensible de uno de
los más intensos poetas de la lírica hispanoamericana
actual.