17 de agosto del 2001 |
Sergio Ferrari
Casi como si se hubiera producido un nuevo cataclismo natural al estilo de ya conocidos huracanes o terremotos, a partir de inicios de julio pasado, muchos medios informativos comenzaron a hablar de la *hambruna desesperante* en Nicaragua. Las fotos y titulares no mienten: centenares de campesinos hambrientos ocupando el parque principal de Matagalpa (en el centro-norte del país) luego de abandonar en estampida sus fincas para exigir respuestas de las autoridades; una media docena de sus niños muertos en pocos días a causa de la desnutrición crónica; tranques y ocupaciones de algunas rutas para despertar a la clase política que sigue *ajena* a la grave situación social del campo nicaragüense que produce el 70 % de los ingresos totales del país...
¿Puede acaso la hambruna , en tanto proceso de deterioro social, estallar de repente como un volcán o arrasar con la fuerza de un huracán? ¿ Qué significa políticamente este *estallido* a escasas semanas del 4 de noviembre, fecha de las próximas elecciones presidenciales en las que el sandinismo parece tener reales posibilidades de retomar el gobierno? Preguntas claves de la entrevista con Gerald Fioretta, sociólogo ginebrino y militante desde hace más de veinte años del movimiento de solidaridad con Centroamérica. Fioretta, quien vivió una buena parte de la década de los ochenta en Matagalpa desempeñándose como voluntario (GVOM/Unité) acaba de visitar Nicaragua en julio pasado, lo que lo convierte en testigo/analista de primera mano de lo que sucede en ese complejo país centroamericano.
P: ¿Puede « estallar » el hambre... o es más exacto pensar que la crisis existía , encubierta, desde hacía tiempo?
R: La crisis social en el campo nicaragüense no es nueva y existe desde hace rato. Tal vez , la « hambruna », en su forma sensacionalista, tal como la presentan los medios de prensa nacionales e internacionales, tuvo en julio pasado su momento de aparición pública, pero ya golpeaba a miles de campesinos , en todo caso, desde inicios del año en curso.
Lo que pasó en julio es que varios centenares de trabajadores rurales de la región de Matagalpa -zona cafetalera por excelencia- desesperados por la falta de trabajo y de comida, decidieron espontáneamente ocupar el capitalino *Parque de los Monos* como medida de protesta. Los medios se encargaron entonces de hacer estallar periodísticamente la hambruna y de subrayar el dramatismo de esa situación.
P: ¿Cuáles son las causas que desencadenaron esta explosión del hambre en el campo nicaragüense?
R: Pienso que se debe a una conjunción de tres factores: la crisis profunda de la producción cafetalera (Ndr: principal producto de exportación y esencial fuente de ingresos en divisas); la sequía en el norte y en el occidente del país y las inundaciones en la Costa Atlántica. La sequía ha motivado ya la pérdida de las siembras de primera fundamentalmente de granos básicos y especialmente del maíz, producto clave de la alimentación centroamericana. Hay miles de familias afectadas. Esta crisis muestra la falta de programas preventivos de riego; el impacto de la no-diversificación de la producción campesina ; la falta de un banco de tierras que podría dotar de buenas parcelas, concentradas en manos de terratenientes, a los pequeños productores... En síntesis, hoy por hoy, los campesinos sin tierra están arruinados!
De la crisis existente a la crisis visualizada
P: Retomemos lo que aparece como más grave, el problema del café...
R: La crisis del café dura ya más de seis meses. La caída brutal de los precios internacionales del producto que pasaron en poco tiempo de 100 dólares por quintal a 50 dólares, arruinaron a los grandes productores que son al mismo tiempo exportadores. Este sector había comprado de antemano la cosecha a los pequeños productores, cooperativas etc.
Desde hace ya varios meses, entonces, no reembolsan sus créditos al sistema financiero nacional, no abonan a los pequeños productores y dejaron de pagar a sus trabajadores, ni siquiera la comida diaria. Estos, que en su calidad de permanentes o jornaleros (por día) no tienen parcelas propias para asegurar los productos mínimos de autoconsumo, caen entonces en el desamparo total.
Por otra parte, los pequeños productores que no han recibido el dinero del café vendido de antemano, no pueden apostar a capitalizar sus pequeñas fincas, ni pagar sus créditos, ni diversificar su producción, ni comprar comida, ropas...Mucho menos pagar salud y educación.
Tal vez lo más dramático no lo hemos visto todavía. Los trabajos agrícolas para asegurar la próxima cosecha no han sido realizados por falta de medios. Significa que desde ya se puede prever una reducción del 60 % de la producción cafetalera en el próximo ciclo, con la consiguiente parálisis laboral y con la correspondiente estampida desesperada de muchos trabajadores o campesinos del café hacia Costa Rica...
Un elemento clave que en los últimos días recordaba Orlando Nuñez, principal analista del mundo rural nicaragüense: casi el 70 % de los 30 mil productores de café no son grandes propietarios, sino familias pobres que trabajan entre una y cinco manzanas (ndr: 1 manzana = 0.7 hectáreas) . De ahí el impacto expansivo de toda esta crisis.
La irresponsabilidad del gobierno neo-liberal
P: Una pregunta tal vez tan simple como profunda: ¿porqué si otros países de la región centroamericana, como El Salvador o Costa Rica, también cuentan con el café como producto de excelencia de sus economías, la hambruna sólo explota en Nicaragua?
R: Lleva a un análisis clave y una reflexión sin matices: el gobierno del presidente Arnoldo Alemán es realmente criminal. En contradicción con sus promesas electorales de convertir a Nicaragua en el « granero de Centroamérica » nunca tuvo una real política agraria coherente. No anticipó ni previó la crisis del café y me animaría a decir que dejó degradar la producción del grano de oro a partir, entre otras razones, de un mezquino análisis político. La nueva burguesía sandinista es fuerte en ese sector productivo y, adicionalmente, las cooperativas y los campesinos que se beneficiaron de la reforma agraria sandinista en los ochenta, son, de hecho, el factor dominante en ese rubro. En cierta manera se podría interpretar la *negligencia* gubernamental como una sanción a un sector productivo que no le es afin.
La política de Alemán, la que ha sido incluso denunciada por instituciones internacionales, ha sido la del saqueo sin vergüenza del país, los *mega-salarios* para sus funcionariosy para él mismo, la corrupción en gran escala, la del ajuste inhumano. Tal vez por eso, ante esta hambruna, se observa a una comunidad internacional (entre ellas numerosas ONG) tímida y sin respuesta...porque ya no confía más en la gestión gubernativa.
Sería incorrecto, además, olvidar en toda esta tragedia socio-económica , otra causa de fondo: la profunda contra-reforma agraria que se viene ejecutando en el país a partir de la derrota sandinista de 1990 y la asunción del gobierno de Violeta de Chamorro. Concentración acelerada y extrema de la tierra, casi como en la época de la dictadura somocista, que promueve la lógica especulativa como principal relación con la tierra. No ha habido crédito agrícola, miles de beneficiarios de la reforma agraria sandinista se vieron obligados en poco tiempo a malvender sus parcelas y luego, convertidos en campesinos sin tierra, fueron a parar con su pobreza a cuesta a los barrios marginales de Managua, Matagalpa, Chinandega o Estelí.
Propuestas alternativas viables
P: ¿Hay propuestas alternativas o respuestas creativas ante esta situación casi dramática en el campo nicaragüense?
R: Se han venido dando algunos fenómenos interesantes de nuevo tipo en relación a esta crisis. Por una parte, las *nuevas-viejas* propuestas de un sector importante de la izquierda del sandinismo que desde años trabaja opciones para el agro. Por otra parte, un nuevo resurgir de la participación y del poder movilizador de los alcaldes, es decir el poder municipal, que afectado directamente por esta crisis y sus consecuencias inhumanas comienza a rebelarse, por decirlo de alguna manera, ante el poder central de Arnoldo Alemán. Muchos de esos alcaldes son sandinistas, pero no todos....
Sin olvidar, también, el surgimiento de nuevas formas de luchas que se han venido impulsando, muchas veces bastante espontáneamente, tal como el corte de rutas o la misma ocupación del Parque de Matagalpa, con el objetivo de hacer visible una crisis que existía pero que era invisible para los ojos de la mayoría.
P: ¿En qué consisten esas nuevas-viejas, propuestas?
R: Un punto clave a nivel de las mismas: el que lanzara el sociólogo sandinista Orlando Nuñez, una de las voces más autorizadas en la materia, en cuanto a la necesidad imperiosa de iniciar el camino de la diversificación de la producción campesina. Es decir, además de granos, café u otros productos agrícolas, que los pequeños productores puedan asegurar algo de ganado de base -para garantizar la leche-; gallinas y aves de corral etc. Nuñez lo viene diciendo desde años...pero recién ahora su propuesta, simple pero revolucionaria, comienza a adquirir fuerza en tanto que solución potencial alternativa.
Hay que insistir en que los obreros agrícolas y sus familias tuvieron que bajar a la ciudad de Matagalpa para que los medios de comunicación y la nación entera se dieran cuenta de la gravedad de la crisis. Los niños muertos por desnutrición son sus hijos! Esos obreros tuvieron que abandonar las fincas de sus patrones y sus municipios de origen para hacerse visibles a los ojos del mundo.
Ante esta situación el desafío para los alcaldes sandinistas, para las ONG progresistas, para la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC) -hasta ahora ausente en la movilización contra la hambruna-, tal como lo indican las voces más clarividentes del país, es acompañar a esos obreros y sus familias con el objetivo de frenar a mediano plazo todo el proceso creciente de la migración del campo a la ciudad. Evitando los programas asistencialistas y cortoplacistas de ayuda. Luchando por una solución integral al problema del agro que incluya la reestructuración de la deuda de los grandes productores; la implementación de ese plan de diversificación de la producción para salir del monocultivo y asegurar también un plan social para que los obreros del café dejen de ser los verdaderos esclavos modernos en Nicaragua.
El pasado 19 de julio el sandinismo festejó el 22vo aniversario del triunfo popular de 1979 con un multitudinario acto político en Managua. Asistieron más de 100 mil personas, muchas de ellas provenientes del interior del país. « Una caravana de más de 200 vehículos bajó de Matagalpa y Jinotega hacia la capital para participar en la convocatoria central en la Plaza de la Revolución. Durante los 130 kilómetros de recorridos miles de vecinos salían a saludar a los manifestantes », explica Gerald Fioretta.
Celebración que se realizó en el marco de una activa campaña preelectoral. Daniel Ortega, candidato del Frente Sandinista, según encuestas de fines de julio tendría la posibilidad de ganar en la primera vuelta. Su discurso programático en la Plaza el 19 de julio fue simple. Receptivo a la juventud (sector clave del electorado), anticipando un combate frontal contra la corrupción y proponiendo la reducción a la mitad de los *megasalarios* de ministros y parlamentarios.. « Su tono modernizante, sin embargo, no satisfizo a un sector de los participantes que esperaban de Ortega una condena clara al neoliberalismo y a la política norteamericana, conceptos que no aparecieron en el discurso del candidato... Ojalá esa ausencia conceptual se limite a la campaña y no anticipe una postura de fondo del eventual gobierno sandinista alejado de las aspiraciones más legítimas de los sectores populares que lo apoyan », explica Gerald Fioretta.
Al mismo tiempo de los festejos de Managua, a sólo un centenar de kilómetros, los trabajadores rurales de los cafetales mantenían la ocupación del Parque los Monos de Matagalpa denunciando la hambruna que mata. Lucha y denuncia en un momento político delicado, pocas semanas antes de las presidenciales y en un país donde todo se politiza y cualquier movilización social, por más justa que sea, corre el riesgo de ser descalificada como intento de un partido (en este caso del sandinismo) por manipular y lucrar con el hambre de la gente.
En este polvorín social se da una difícil encrucijada para el partido sandinista que, según su propio análisis de aparato, tendría posibilidades de triunfar siempre y cuando atraiga votos del centro y de los indecisos; se fortalezca en el campo pero sin prácticas beligerantes; no espante a los sectores burgueses (incluyendo los propios cafetaleros sandinistas) y no asuste a nadie, especialmente a los Estados Unidos de Norteamérica y su nueva administración republicana.
