| LA PÁGINA DE DIETERICH |
20 de diciembre del 2003 |
Heinz Dieterich
Rebelión
25 millones de dólares les costó sacar "al bicho" buscado de su húmedo hoyo de Tikrit; pero, cuando finalmente salió a la superficie, sintieron lo que siente el pescador que soñó con la captura de un "pez gordo", y sube al barco a un zapato viejo.
A Bush y sus marineros les fue como "al Viejo" de Ernest Hemingway, cuando, después de larga lucha, captura al gran pez espada y, llegando finalmente al puerto para disfrutarlo, ya no arrastra más que las espinas en el anzuelo, porque los tiburones se lo comieron.
Los "tiburones" que acabaron con Sadam Hussein fueron los ocho meses que transcurrieron entre la ocupación de Iraq y la captura del dictador, y las circunstancias correspondientes.
No fue la famosa inteligencia estadounidense, sus aviones espías, sus satélites inteligentes, sus intercepciones telefónicas y toda la parafernalia tecnológica que les gusta ostentar, que llevaron al narcotraficante Pablo Escobar a la perdición en Colombia, sino ese arma, tan antigua como la prostitución, pero aun más poderosa, que se conoce como traición.
Sin embargo, no sólo fue bochornoso el nada luminoso sendero de Washington hacia el fugitivo, sino también la metamorfosis del orgulloso "pez espada" en una especie de charal que no sirve para el gran banquete político, preparado para los comensales del proyecto neofascista global.
No hacia falta que el comandante de la Primera División Blindada de Estados Unidos en Irak, el General Martin E. Dempsey, declarara ante el The Washington Post, que Saddam en ningún momento dirigió a la resistencia iraquí, porque ya todo el mundo sabía que los cinco mil combatientes de diversas procedencias ideológicas e institucionales, estaban organizados de manera descentralizada.
La famosa maleta de Sadam puede tener alguna información táctica sobre células en el entorno de Tikrit, que lleven a la desarticulación de éstas, pero, más allá de tal éxito táctico, no tiene ninguna importancia estratégica en lo militar. De todos modos, Saddam ha sido siempre tan pésimo estratega militar que su captura sólo puede ser una ventaja operativa para la resistencia.
En lo político, el problema es mayor para Washington. Las manifestaciones posteriores a la detención de Saddam demostraron que éste conserva cierta lealtad entre sectores del "triángulo sunni". Para estos sectores, el preso se convierte ahora en mártir de la ocupación de los infideles, es decir, la detención no menguará la motivación de la resistencia. Por el contrario, para los demás sectores de la resistencia, los libra del estigma de luchar por el regreso de la dictadura.
A nivel nacional e internacional, sin embargo, la detención ha removido la segunda apología de la ocupación que era llevar al dictador ante la justicia, "que él le había negado a otros", como dice Bush. Sin armas de destrucción masiva, sin un criminal de guerra fugitivo, ¿cuál será el motivo que justificará la permanencia de Washington en Irak?
Y, finalmente, ¿qué puede hacerse jurídicamente con él? Actualmente, un equipo de unos doce especialistas de la Central de Inteligencia (CIA) está tratando de quebrarlo, con los métodos de la tortura blanca, para convertirlo al estado anímico de los presos políticos de los procesos de Moscú.
Pero, presentarlo es un problema. Por diversas razones no puede ser procesado ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, ni ante la flamante Corte Penal Internacional. Por lo tanto tiene que ser acusado ante un tribunal ad hoc, que puede ser nacional o internacional. Si es nacional, no tendrá credibilidad, y si es internacional, sólo tendrá credibilidad dentro de un proceso de universalización de la justicia penal, que instruya también contra Pinochet, Gonzalo Sánchez de Losada, George Bush y Tony Blair.
Mientras los medios internacionales no escatiman esfuerzos para presentar al flamante malhechor estrella de la justicia estadounidense ante la opinión pública mundial, otro reo ha desaparecido en un "agujero negro físico y moral" ----como calificó el abogado australiano Stephen Kenny al centro de detención de Guantánamo--- del sistema.
El indígena estadounidense, Leonard Peltier, lleva 27 años en la cárcel, pese a que se ha comprobado de sobremanera su inocencia. Reminiscente del caso de Saco y Vanzetti, Washington está martirizando por razones de Estado a un miembro del Movimiento Indígena Americano (American Indian Movement, AIM), que, según Amnistía Internacional, el arzobispo Desmond Tutu, el Reverendo Jesse Jackson y múltiples otras personalidades del mundo, es un prisionero político que debe ser liberado inmediata e incondicionalmente.
Leonard Peltier, es prisionero político del gobierno estadounidense desde hace 27 años por el doble crimen de ser indígena y ser defensor de los derechos de su pueblo.
A 195 años de la constitución y de la declaración de los Derechos del Hombre (Virginia Bill of Rights); a 165 años del fallo de la Corte Suprema de Justicia, de que la relación legal de los indígenas con Estados Unidos no era entre iguales, sino una relación de tutela ("wardship") entre personas carentes de completa capacidad civil y el gobierno estadounidense.
A 125 años de que el Congreso y los Estados de la Unión Americana ratificaron en la constitución que los indígenas no tendrían representación parlamentaria; a 115 años de que el General Philip Sheridan pronunciara la sentencia, "el único indio bueno es el indio muerto"; a 105 años de que la Corte Suprema del país falló que el indígena es, por nacimiento, un "extranjero (alien) y dependiente", el Estado de la Unión Americana necesita hacer un escarmiento con un líder indígena inocente para demostrar a los demás que la defensa de sus derechos no será tolerada.
La historia de este Estado frente al indígena norteamericano es la historia de 371 Tratados rotos y de la guerra cultural contra su idiosincrasia, que hasta 1934 penalizaba con la cárcel a los indígenas que enseñaran o practicaran sus religiones, lenguajes o historia.
Es la historia del robo gigantesco de sus tierras y de incontables matanzas como la de Wounded Knee, donde en la navidad de 1890 la caballería estadounidense masacró a trescientos hombres, mujeres y niños. A esa matanza se vincula el martirio de Leonard Peltier.
En 1973, cuando el movimiento indígena ocupó en protesta contra sus condiciones de vida, el pueblo de Wounded Knee, Washington inició un programa de "contrainsurgencia", modelado según los programas respectivos en el Tercer Mundo y correspondiente al que actualmente está implementando en Irak.
En junio de 1975, un enfrentamiento en la reservación entre agentes no- identificados de la policía política de Estados Unidos, el FBI, y desconocidos, dejó dos agentes muertos. Incapaz de arrestar algún culpable, el FBI fabricó declaraciones juradas, amenazó de muerte a testigos, falsificó evidencia balística, mintió al juez y a los jurados y ocultó ante la defensa y el juez la abrumadora mayoría de los documentos sobre el caso ---solamente 3.500, sobre un total de 170.000--- a fin de hacer pagar a Leonard Peltier por un crimen, que no cometió.
Tal procedimiento fue práctica común de la policía política estadounidense de entonces, como muestra el caso de Geronimo Pratt, que fue liberado recientemente de la prisión, después de estar encarcelado inocentemente durante 27 años, debido a la falsificación de evidencia por parte del FBI. Sin embargo, el proceso y la condena de los cinco patriotas cubanos en Miami demuestran, que esa práctica del sistema político-judicial estadounidense sigue vigente hasta el día de hoy.
Saddam fue cómplice de este sistema y no hay bases éticas para deplorar su destino. Leonard Peltier, los cinco patriotas e innumerables víctimas anónimas del imperio, en cambio, merecen y requieren de la solidaridad mundial, para salir de las mazmorras del sistema.