| E C O L O G Í A |
14 de abril del 2004 |
Jaume Grau y Juanjo Caceres
El Viejo Topo
El nuevo gobierno de la Generalitat de Catalunya ha despertado muchas
expectativas, tanto dentro como fuera del territorio catalán, como no podía
ser de otra manera dado el carácter novedoso que presenta el panorama
político tras dos largas décadas de "pujolismo". El Acuerdo de gobierno
firmado por PSC-ERC-ICV-EUiA, estructurado en 4 bloques, incluye un apartado
entero titulado "Una nueva política territorial y ambiental", el cual vamos
a analizar aquí.
El programa pactado por los partidos que forman el gobierno tripartito en
Cataluña es fruto de la desigual correlación de fuerzas entre las tres
formaciones integrantes del gobierno. En conjunto, presenta una serie de
declaraciones de intenciones interesantes desde un punto de vista ambiental,
así como unos grandes ejes estratégicos sobre los que debe centrarse la
acción de gobierno en los próximos cuatro años, algunas en la línea de lo
que viene reclamando el dinámico movimiento ecologista local y global, otras
no tanto. Las políticas medioambientales a realizar a partir del acuerdo de
gobierno se desarrollarán por parte de, al menos, cuatro conselleries (Medi
Ambient i Habitatge, Política Territorial i Obres Publiques, Agricultura,
Ramaderia i Pesca, i Relacions Institucionals i Participació), aunque es
cierto que la mayor parte recaerá en el Departament de Medi Ambient, al
frente del cual se encuentra un conseller de la coalición ICV-EUiA, la cual
ha hecho de las políticas ecologistas su bandera electoral. Veamos cuales
son los grandes temas que deberá afrontar el gobierno catalán.
El agua
Una de las promesas estrella durante la campaña electoral fue, sin duda, la
de detener el Plan Hidrológico Nacional y oponerse a los transvases del Ebro
y el Ródano, defendidos y apoyados por el PP y CiU. Está por ver la actitud
que finalmente adopta CiU a la vista de la erosión que le ha producido el
apoyo al PP en esta y otras cuestiones, pero parece claro que si el PP
renueva su mayoría en las próximas elecciones generales nada o casi nada va
a cambiar y la firme voluntad -tan firme que a veces es "testicular", en
palabras del Ministro de Agricultura- de ejecutar el PHN, más allá de lo que
diga Bruselas, se va a mantener. En este caso, está por ver qué nivel de
actitud beligerante adopta el tripartito, a medida que avanzan las primeras
obras del trasvase del Ebro, desde la perspectiva judicial o incluso, como
se ha insinuado, policial.
Al margen de esta cuestión, lo cierto es que se recogen en el programa de
gobierno la mayoría de los planteamientos que se han hecho desde la "Nueva
Cultura del Agua", incluyendo un Plan Nacional de Gestión del Agua con
elementos de ahorro en el consumo doméstico y agrícola (no así en el
industrial, que parece haber sido olvidado), la suspensión cautelar de la
tramitación de nuevos proyectos de campos de golf, medidas para garantizar
la calidad y prevenir la contaminación de las aguas y mayor reutilización de
las aguas residuales. En otro apartado se hace además hincapié en el
desarrollo de nuevos sistemas de regadío, en la protección sus efectos
ambientales negativos y en el compromiso con el ahorro de agua de riego. No
aparecen, sin embargo, referencias a una cuestión sensible de polémicas, la
política de implantación de desaladoras en zonas costeras, completamente
insostenibles ambientalmente, mientras la energía sea originada básicamente
por combustibles fósiles.
Los residuos
Se trata probablemente del capítulo menos novedoso y más continuista del
pacto de gobierno, en buena medida porque lo firman los mismos partidos que
gobiernan desde hace mucho la mayoría de ayuntamientos de la Región
Metropolitana así como la Entidad Metropolitana, es decir, el espacio desde
donde se planifican y ejecutan los programas sobre residuos que afectan a la
mayor parte de la población de Cataluña.
Llama la atención la ausencia de cualquier reflexión alrededor de la
recogida segregada de materia orgánica (en porcentajes muy bajos
actualmente), figura clave para el éxito de cualquier programa de recogida y
valorización de los residuos domésticos. Tampoco hay ninguna referencia
explícita a los métodos e instalaciones de recuperación de residuos
(Ecoparcs), al cierre de vertederos insostenibles (como el del macizo del
Garraf), a los residuos industriales, etc., a pesar de la insistente
actividad de diferentes plataformas y movimientos cívicos y vecinales, que
reclaman la revisión de la situación de cada estructura, de su normativa
reguladora y de los criterios de ubicación todas estas instalaciones. Sí
aparecen, en cambio, dos elementos positivos, como son la voluntad de
planificar el cierre de las incineradoras y también la de desarrollar la Ley
para la reducción de envases, transponiendo la Directiva europea.
La energía
Este capítulo, en su formulación global, es uno de los más ambiciosos del
documento. Se plantea claramente elaborar un Plan de la Energía que
planifique la reducción de las emisiones de CO2, cumpliendo con el protocolo
de Kyoto; el ahorro y eficiencia energética, y la descentralización de la
producción. Se propone también un programa de desarrollo de las fuentes de
energías renovables para conseguir el ambicioso objetivo de una producción
del 12% del total producido en el año 2012, y una previsión de cierre de las
centrales nucleares, sin fechas concretas.
Sin embargo, el documento no establece ninguna concreción presupuestaria y
temporal de los grandes proyectos ni se desprende cual será la respuesta que
desde el Govern se dará a los conflictos locales existentes alrededor de
estas cuestiones. Sería muy útil, por un lado, que desde la Generalitat se
recogiera la propuesta, formulada por el movimiento ecologista, de reclamar
para Cataluña una inversión en energías renovables equivalente a la que
preveía el gobierno central en caso de haberse quedado el proyecto ITER en
Vandellós. Y, por el otro, una actuación decidida ante algunos problemas
ambientales graves, como los provocados por instalaciones insostenibles como
la central térmica de Cercs: contaminación atmosférica, lluvia ácida, o el
peligro de instalación de una nueva Central de Ciclo Combinado en el puerto
de Barcelona, etc.
Infraestructuras, transporte y movilidad
A pesar de que formalmente las competencias en cuestiones de
infraestructuras no dependen del Departament de Medi Ambient, la realidad es
que este es un sector clave en la definición del territorio. La
planificación y construcción de infraestructuras, sobretodo las viarias, es
foco de la mayoría de conflictos entre los gobiernos y la ciudadanía en
temas ambientales, en tanto que la construcción de una carretera, autopista,
túnel, embalse o vía ferroviaria provoca una destrucción irreversible en los
ecosistemas, tanto por el efecto directo de las obras y la colocación de
hormigón, cemento, vallados, etc., como por el efecto de fragmentación y
parcelación del territorio.
En este sentido, el gobierno tripartito hereda una Cataluña "desarrollista",
cuyas vías de comunicación tienden a separar irreversiblemente los espacios
naturales o seminaturales que todavía existen, lo que produce graves
repercusiones ecológicas sobre numerosas especies tanto de fauna como de
flora, que ven destruidos sus nichos ecológicos o reducidos sus espacios
vitales por debajo de lo indispensable para la supervivencia, especialmente
la macrofauna vertebrada y las aves. Una herencia pesada, de la que el
acuerdo de gobierno se distancia demasiado poco, aunque se introducen
algunas novedades que hacen más "verde" el sistema de transportes. Siguiendo
la filosofía del "desarrollismo", se apuesta por el incremento de la
humanización del territorio, por la construcción de grandes infraestructuras
viarias dedicadas al vehículo privado y, de acuerdo con las lógicas del
mercado, se habla una y otra vez de la necesaria "competitividad" que hay
que animar entre las empresas privadas desde el sector público. También se
mantiene, aunque con matices, la obsesión por convertir a Barcelona en una
gran capital europea, a cualquier coste. Si durante muchos años se ha
apostado obsesivamente, especialmente desde el PSC y CiU, por equiparar a
Barcelona con Madrid (Aeropuerto, AVE, etc.), en el acuerdo de gobierno se
fija como objetivo "convertir el puerto de Barcelona en el gran centro de
distribución del sur de Europa".
Sin embargo, la propia dinámica social puede hacer entrar aun más en crisis
muchos de esos planteamientos. Desde antes incluso de que se constituyera el
nuevo Govern ya han empezado a aflorar los múltiples conflictos generados
por algunas obras públicas. La problemática del túnel de Bracons (eje
Vic-Olot), del Cuarto Cinturón, de la ampliación del puerto de Blanes, del
trazado del AVE o de la construcción de nuevas áreas esquiables en la Vall d
'Aran son solo algunos ejemplos de lo que se van a encontrar los nuevos
consellers en el futuro inmediato. Sin duda hay mucho interés en ver cómo se
las ingenian estas formaciones para atender las reclamaciones vecinales y
ecologistas: éste será un verdadero bautismo de fuego para las políticas
ambientales del gobierno tripartito.
En el lado positivo, el acuerdo prevé una importante inversión en
infraestructuras ferroviarias, reforzando y mejorando las líneas actuales y
creando algunas nuevas en puntos clave del territorio, así como un mayor uso
de esas líneas para el transporte de mercancías. Cabe esperar que no serán
al final las mercancías los únicos usuarios de estas infraestructuras, pues
las mejoras en la red actual son importantes, sobretodo, para dotar al área
metropolitana de un verdadero servicio de metro regional; a Tarragona,
Girona y Lleida de servicios de cercanías, y a buena parte de las
poblaciones de la Cataluña interior de un acceso rápido y eficaz hacia el
área metropolitana. También se crearía un segundo cinturón ferroviario,
entre Vilanova i la Geltrú i Mataró, así como un nuevo eje ferroviario
transversal Reus-Igualada-Manresa-Vic- Puigcerdà-Francia. Sin embargo se
echa de menos la atención hacia la necesidad de hacer llegar también el tren
a algunas comarcas prepirenáicas (el Berguedà, el Solsonès) o de la zona más
despoblada de Catalunya, el Pirineo de Lleida (Alta Ribagorça, Pallars
Sobirà, Val d'Aran).
Por otra parte, también supone una positiva declaración de intenciones la
voluntad de elaborar un Plan de movilidad para Cataluña y de fomento del
transporte colectivo y el uso de la bicicleta, del que sería deseable un
gran resultado ante la previsión general de incremento del uso del
transporte privado. En cuanto al transporte aéreo, el acuerdo apuesta
implícitamente por el uso de forma complementaria de los aeropuertos de El
Prat, Girona y Reus, e incluso el de La Seu-Andorra, descartando así, en
apariencia, el interés en una segunda ampliación del aeropuerto de
Barcelona-El Prat. Esto supone una buena noticia para una comarca, como el
Baix Llobregat, absolutamente agredida y fragmentada por las
infraestructuras que la atraviesan.
Equilibrio territorial y zonas rurales
En la planificación territorial, el documento establece la reformulación de
los grandes instrumentos urbanísticos, en particular del plan Territorial
General de Catalunya, de acuerdo con parámetros más actuales, esto es,
teniendo en cuenta las necesidades de vivienda, de servicios, de equilibrio
entre residencia y actividades económicas, entre movilidad y calidad
ambiental. Paralelamente, se desarrollarán Planes Territoriales Sectoriales
y Parciales, haciendo hincapié en el litoral, los espacios agrarios, las
zonas de montaña, los espacios fluviales y los sistemas de conexión
biológica entre espacios libres. También se incluyen aspectos de
participación ciudadana en la elaboración de los Planes, así como detallados
programas de actuación. Como novedad interesante, se contempla el
establecimiento de un nuevo canon de compensación que se aplicará sobre toda
obra de interés público, sea de promotores privados o públicos, por un
importe del 1% que será transferido al respectivo ayuntamiento para la
preservación y mejora de la calidad ambiental del municipio. Sin embargo el
apartado no define con claridad qué zonas serán urbanizadas y cuáles no ni
en qué momentos. No define igualmente los espacios libres que deben
protegerse imperativamente, ni sus conexiones naturales, tan solo la
necesidad de estudiar con especial detenimiento las zonas objeto de Planes
Territoriales Parciales. Tampoco conocemos las políticas a desarrollar en
el ámbito metropolitano, el más agredido por la presión demográfica y de las
infraestructuras, donde las tensiones son mayores ante la acelerada
ocupación del territorio y el arrinconamiento cada vez más dramático de los
pocos espacios naturales protegidos, llevando prácticamente a un continuo
urbano de muchos kilómetros, desde Castelldefels hasta Mataró y desde
Esparreguera hasta Granollers.
Las intenciones manifestadas en el documento son, sin duda, positivas, más
aun cuando se acompañan de medidas cautelares. El problema, una vez más, es
que no se pone en duda el modelo de desarrollo y ni el nivel de ocupación
del territorio, ocupación a la que no se pone más límite que los espacios
protegidos y las pendientes superiores al 20%. Si los datos nos indican que
en los últimos 25 años se ha consumido tanto territorio como en toda la
historia anterior, las previsiones que pueden deducirse del modelo
urbanístico del acuerdo de izquierdas son poco más optimistas. No hay que
olvidar tampoco que desde gobiernos municipales del PSC ¾y a veces también
de ERC e ICV¾ se ha tenido la tentación de llevar a cabo macroproyectos
urbanísticos de edificación de sectores anteriormente libres. Así, proyectos
como el del Pla de Ponent en Gavà, el Centre Direccional en Cerdanyola o la
urbanización de Rials en Alella, son ejemplos de planes urbanísticos que han
dado pie a conflicto social, político y ciudadano llevando, en algunos
casos, incluso a cambios importantes en los gobiernos municipales.
De ahí que el gobierno tripartito deba asumir y que la izquierda social deba
reclamar una reinterpretación del territorio en una clave mucho más
sostenible. Ello pasaría necesariamente por una redefinición del modelo
urbanístico actual, y su enfoque hacia otro modelo radicalmente diferente.
Es necesario reconocer la fragilidad de los ecosistemas, la importancia del
equilibrio entre los usos urbano, industrial, de equipamientos y de espacio
natural del territorio. Y esto debe llevar a los planificadores a limitar el
crecimiento (no el desarrollo) y a condicionar la nueva ocupación de suelo
para garantizar el mantenimiento de la cohesión y el equilibrio territorial
respecto a las zonas rurales y comarcas de interior, aunque resulta
inquietante la dificultad de frenar algunos procesos ya muy avanzados, como
la pérdida de la agricultura periurbana o la pérdida de dinamismo de las
comarcas que han experimentado los mayores procesos de despoblación en las
últimas décadas.
Espacios naturales
En el apartado titulado Biodiversidad, se recoge de manera genérica aunque
bastante correcta la introducción de medidas administrativas y legislativas
para mejorar la protección de las zonas de interés natural catalanas. Se
prevé la aplicación de los convenios internacionales sobre protección de
zonas húmedas, la concreción de la Directiva Hábitats y la extensión y
desarrollo de la Red Natura 2000, planes de uso y gestión de los actuales
espacios naturales protegidos así como de las zonas no urbanizables y la
aprobación de una ley de protección de la biodiversidad. También se definen
escuetamente los nuevos espacios a proteger legislativamente, aunque se
dejan de lado una parte importante de las zonas de valor natural sobre las
que ha habido demandas de inclusión en la red PEIN (Plan de Espacios de
Interés Natural): la propuesta de Parque Agrícola-Forestal del
Montbaig-Montpedrós-Puigvicenç, del Parque Agrario del Llobregat, del Parque
Natural del Delta del Llobregat, del Parque de la Serra de Marina, del
Parque Natural de los Pirineos Catalanes, así como la ampliación y mejora de
los Parques del Delta del Ebro, de los Aiguamolls de l'Empordà, del
Montnegre, de las Illes Medes, etc.
El principal defecto del apartado es el mencionado anteriormente: proteger
únicamente los espacios no urbanizables es insuficiente, ya que hay
determinados sectores del territorio que, estando calificados
urbanísticamente como urbanizables, tienen una importancia estratégica
enorme en la preservación de la integridad de los ecosistemas y como
conectores biológicos entre los espacios protegidos. Por otro lado, la
propuesta de ampliación de los espacios ZEPA y LIC queda como un enunciado
genérico sin concretar. Confiamos, sin embargo, que la gestión concreta de
estas dificultades permitirá minimizarlas e introducir un nuevo enfoque en
el valor del territorio como recurso escaso y limitado, y en la necesidad de
preservar la biodiversidad y la riqueza de espacios naturales diversos no
como anécdota museística sino como valor indentificatorio intrínseco al
país.
Calidad alimentaria
Las propuestas relativas a la producción alimentaria son escasas y quedan
agrupadas en el apartado séptimo del bloque del programa titulado Un nou
impuls per Catalunya. Lo cierto es que el acuerdo manifiesta una línea
continuista con las políticas precedentes: no en vano todos los partidos del
Parlament de Catalunya aprobaron por unanimidad en la legislatura pasada las
leyes de calidad agroalimentaria (2003) y de orientación agraria (2002), con
las cuales existe una gran identificación, así como con otras líneas de
actuación principales del anterior gobierno.
En el apartado destaca el compromiso de adoptar medidas para promover la
continuidad de la actividad agraria, introduciendo incentivos a través de
los impuestos de transmisión patrimoniales o en la modulación de las ayudas
agrícolas, y creando un Fondo de Tierras, que sin embargo son insuficientes
desde la perspectiva de los problemas estructurales del sector primario en
la Europa actual. También puede ser relevante el compromiso de impulsar un
Plan de Pesca del Mediterráneo con otras comunidades autónomas y de diseñar
un plan para la agricultura ecológica, aunque desconocemos cual puede ser el
alcance de los objetivos de este último, cuando en los últimos años las
formas de producción que se han promovido más netamente desde la Conselleria
d'Agricultura son las de producción integrada. Tampoco quedan claros los
ejes para alcanzar un crecimiento "moderno" y "sostenible" en el sector
pesquero, cuando buena parte de sus problemas derivan del proceso de
modernización o industrialización de ese sector. Por lo demás ninguna
sorpresa en un apartado necesitado de muchas más novedades de las que aquí
se manifiestan.
Fiscalidad ecológica
Si bien es cierto que el establecimiento de una "ecotasa" como tal ha
quedado descartado de entrada en el pacto de gobierno, ante los recelos
acumulados en los sectores turísticos desde la experiencia balear -a nuestro
entender desmedidos y profundamente interesados-, también es verdad que éste
es un concepto no unívoco, y que debe entenderse en un sentido amplio.
Entendida de un modo flexible, la fiscalidad ecológica se puede aplicar a
muchos sectores de la sociedad y a muchos niveles de la administración.
Ciertamente, ya existen impuestos y tasas aplicadas sobre conceptos
claramente medioambientales, pero que se han revelado largamente
insuficientes para satisfacer las crecientes demandas ciudadanas de mejoras
en las políticas de sostenibilidad. De ahí que el acuerdo de gobierno prevea
hacer un estudio de instrumentos disuasorios y de fiscalidad ecológica,
enfocado a aplicar figuras impositivas sobre la dispersión urbanística en el
territorio, las externalidades estacionales de determinadas actividades y
los combustibles fósiles en la generación de electricidad y para el
transporte. Unos objetivos, éstos loables, respecto a los que cabe esperar
el desarrollo de medidas de mayor envergadura en el futuro.
Sostenibilidad y participación
Este apartado será con toda seguridad otra de las piedras de toque para el
tripartido. El conjunto de sociedad civil crítica enarbola la bandera de la
sostenibilidad ambiental con una mano, mientras con la otra alza la de la
democracia participativa. Son dos patas inseparables de un nuevo paradigma
de relaciones ciudadanas, sociales, políticas y de la humanidad en su
conjunto hacia el planeta que nos acoge.
En este sentido. no hay que olvidar que la izquierda política catalana se
enfrenta al enorme reto de no defraudar las expectativas creadas en el
tejido social crítico y en el conjunto de la sociedad, que espera una
renovación en las ideas y en las formas. Es en buena medida la izquierda
social catalana, esa enorme red de redes, tejido de pequeños y grandes
movimientos que, local y globalmente, se cuestionan el estado de las cosas y
reclaman con fuerza "otro mundo posible", la que ha aupado al poder a los
cuatro partidos del gobierno, y quien en estos momentos se encuentra
atentísima a cómo van a comportarse los responsables de dirigir la política
catalana. Porque el voto de confianza otorgado el 19 de noviembre no es un
cheque en blanco. Precisamente por haberse producido al abrigo de las
importantísimas movilizaciones ciudadanas de los últimos tiempos (el
movimiento contra la guerra, contra el Plan Hidrológico, contra las
consecuencias del Prestige, contra las reformas legislativas laborales y
educativas, etc.), y tantas reivindicaciones locales, el cambio político
será analizado al detalle y con espíritu muy crítico por parte de esa
sociedad civil, que no perdonará traiciones a ninguna de las promesas
electorales. Esta oportunidad que ha propiciado la izquierda social (tantos
años desvinculada y aún enfrentada a la izquierda política) es la gran
novedad del actual ciclo político y harán bien los partidos del gobierno en
no olvidarse de ello si no quieren perder la base social de su política.
Dada esta circunstancia, resulta un tanto desconcertante la ausencia de un
apartado dedicado específicamente a la definición de las políticas
participativas y, que en cambio se cree de la Conselleria de Relacions
Institucionals i Participació, que ha sido asumida por el Presidente de
IC-V, Joan Saura. A pesar de ello, es cierto que a lo largo del documento
hay bastantes menciones a la necesidad de introducir mecanismos y procesos
participativos en las políticas públicas, especialmente en el bloque de
propuestas sobre política territorial y ambiental, pero se trata de
propuestas bastante moderadas y poco innovadoras, que probablemente serán
insuficientes para la mayoría de personas y organizaciones sociales críticas
y progresistas.
Conclusiones
En conjunto podemos valorar los acuerdos ambientales del gobierno tripartito
como los propios de un pacto de carácter "posibilista", ya que no plantea
cambios drásticos, es ambicioso en algunos objetivos pero también, en
general, muy moderado en los mecanismos para lograrlos. Algunos lo valorarán
como insuficiente, como una renuncia de los planteamientos más avanzados de
ERC y sobretodo de ICV-EUiA, pero para otros se tratará del mejor acuerdo
posible. En cualquier caso el pacto reúne suficiente elementos de interés
para constituir el punto de partida para un cambio de las relaciones entre
medio ambiente y sociedad en Cataluña, siempre y cuando se mantenga el
impulso ecológico desde la izquierda social y el conjunto de la sociedad
aumente su identificación con estos objetivos.
No hay que olvidar que dada la naturaleza del sistema sociopolítico vigente,
todo cambio debe ser gradual, pero continuado. En este caso, la voluntad de
cambio se encontrará no pocas dificultades, desde la enorme limitación
presupuestaria heredada de los gobiernos de CiU hasta las reticencias de
ciertos sectores sociales, especialmente de la gran patronal y evidentemente
la derecha política, que verán con inquietud las perspectivas de
modificación de las reglas de juego en sectores económicos clave. También la
dificultad de conjugar los grandes proyectos estratégicos a largo plazo con
la práctica cotidiana del día a día o una indecisión al afrontar los
aspectos de mayor envergadura, como podrá ser el cierre de las centrales
nucleares catalanas, puede hacer cuestionar la credibilidad del nuevo
gobierno en materia ambiental. Precisamente por este motivo hubiera sido muy
deseable una mayor la concreción sobre el terreno, un mayor desarrollo de
las actuaciones previstas y la presencia de estimaciones presupuestarias,
pero el Govern dispone todavía de cuatro años para dar forma e implementar
esas propuestas. Unas propuestas que, insistimos una vez más, no deben
defraudarnos. Cataluña debe ser, a nuestro criterio, un país con identidad
propia, también en lo económico y lo territorial, sin complejos de
inferioridad con ningún otro pueblo de la península Ibérica ni de Europa, y
si en algo deber ser pionera es en cohesión social, innovación tecnológica y
sostenibilidad ambiental y social. Esos son los grandes retos de futuro que
tiene planteados la sociedad, y a ellos hay que dar respuesta.