| E C O L O G Í A |
6 de mayo del 2004 |
Edgar Isch L.
Quincenario Tintají /Quito
La biodiversidad hoy es un ámbito clave de apropiación
de la riqueza universal y por ello las áreas de
reserva natural y parques se van transformando en
terreno de disputa bajo las leyes del mercado.
La protección de nuestra naturaleza, que fue un tema
importante en el discurso de posesión del Presidente,
se ha convertido en una más de las promesas olvidadas
y se pone en peligro la mayor riqueza que poseemos. El
proceso de debilitamiento de la autoridad ambiental es
una de las situaciones más graves vividas en los
últimos meses, en los que se han sucedido medidas que
contraponen las leyes vigentes y las resoluciones del
Primer Congreso Nacional de Áreas Naturales Protegidas
realizado en julio del año pasado.
En enero, el Decreto Ejecutivo N°1186 de "Reglamento
General de Aplicación de la Ley de Turismo", quitó
potestades al Ministerio del Ambiente en cuanto al
turismo en las 33 áreas protegidas, capacidades de
control y prevención de infracciones y de calificar y
regular el trabajo de los guías. Los intereses
empresariales se colocaron por encima de los de
conservación, rompiendo una serie de elementos legales
vigentes.
Luego, la Embajadora de Estados Unidos condiciona el
Tratado de Libre Comercio a la aprobación de la Ley de
Biodiversidad, en cuyo proyecto para segundo debate
hay articulados que permiten al Ministerio del
Ambiente "constituir derechos de uso y manejo
sustentable sobre las áreas y los bienes y servicios
del Patrimonio Nacional de Áreas Naturales a favor de
entidades públicas, privadas o mixtas, a través de
concesión, delegación y otras figuras legales" (Art.
29) y otros pasos a la privatización de las Áreas y la
biodiversidad. Las organizaciones populares han
demandado la suspensión del debate de esta Ley
contaminado por la intervención directa de la embajada
de un país que no ha firmado ni los Acuerdos de Río ni
el Protocolo de Kioto y que, por lo tanto, dudosamente
tendrá una preocupación ambiental superior a sus
intereses de dominación de la región.
Un tercer momento cumbre ha sido el reciente paro en
Galápagos con la decisión del hoy renunciante Ministro
del Ambiente de aceptar romper el marco legal y los
acuerdos provinciales a través de órganos
participativos para la regulación de la pesca en la
Reserva Marina. De hecho, se trata de un paso atrás
que abre las puertas a la pesca intensiva y, por
tanto, a la pesca industrial con el riesgo de destruir
una reserva única en el mundo. Esto, lógicamente no
responde a los intereses legítimos y justos de los
pescadores y pobladores de las islas.
Si a esto se suma la constante falta de recursos, al
grado de tener un número completamente insuficiente de
guardaparques (casi 1 por cada 100 mil hectáreas en
Yasuní o Cuyabeno), y la determinación de abrir la
frontera petrolera sin consideraciones ambientales
mínimas necesarias, cabe preguntarse si nuestras áreas
naturales están realmente protegidas. La pregunta que
sobra es si al gobierno todavía le interesa este tema.