| E C O L O G Í A |
20 de mayo del 2004 |
Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, CECU, COAG, Plataforma Rural
y SEAE denuncian que una vez más los intereses económicos de algunas
empresas hayan sido prioritarios frente a la protección de la salud
pública y del medio ambiente
Esta mañana, la Comisión Europea dio el visto bueno a un nuevo maíz
transgénico para su importación y entrada en la cadena alimentaria
humana. Se trata de la primera autorización de un organismo modificado
genéticamente (OMG) desde la moratoria establecida en octubre de 1998.
En opinión de Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, CECU, COAG,
Plataforma Rural y SEAE, esta decisión -prematura y desacertada- sólo
puede entenderse como una concesión a las presiones de Estados Unidos y
de la industria agroquímica multinacional, sacrificando una vez más la
protección de la salud de los consumidores, el futuro de los
agricultores y el medio ambiente.
La autorización concedida hace que este maíz puede entrar libremente en
los alimentos de todos los europeos, a pesar de que el análisis de
riesgos para la salud presentado por Monsanto a la Unión Europea es
incompleto y no responde por ejemplo a cuestiones como los daños a largo
plazo sobre la salud humana o los posibles efectos alergénicos. De hecho
las autoridades francesas, belgas y austriacas pusieron en entredicho la
validez del análisis, resaltando que existen muchas incertidumbres no
resueltas. Por otra parte los países europeos, y muy especialmente
España, no disponen todavía de mecanismos para asegurar una información
transparente al consumidor y cumplir los nuevos Reglamentos de
trazabilidad y etiquetado, en vigor desde el 18 de abril pasado.
El nuevo organismo modificado genéticamente autorizado esta mañana, de
la empresa multinacional Monsanto, es resistente al herbicida Roundup
comercializado por esta misma empresa, cuyas ventas mundiales de
herbicida se han disparado a raíz de la introducción de los cultivos
transgénicos. Los agricultores que cultivan esta variedad en Estados
Unidos utilizan grandes dosis de este producto, un cóctel de sustancias
químicas que constituye una de las primeras causas de envenenamiento de
los agricultores californianos, y cuyos residuos en los alimentos es
motivo de preocupación. El impacto ambiental del aumento en el uso de
herbicidas asociado a este cultivo es también enorme, tanto sobre la
microfauna de los suelos -imprescindible para conservar su fertilidad -,
como sobre la calidad de las aguas y la vida silvestre.
Pero la Comisión Europea parece estar ansiosa por hacerle el juego a
Estados Unidos, que presentó en mayo de 2003 una queja formal ante la
Organización Mundial del Comercio para forzar la entrada masiva de sus
transgénicos al mercado europeo, junto con Canadá y Argentina.
Esta autorización, aunque es simbólicamente importante, no implicará una
introducción masiva de maíz transgénico en la cadena alimentaria dado
que los consumidores europeos se oponen a este tipo de alimentos. En
respuesta a la preocupación del público, numerosas empresas del sector
alimentario han declarado no querer introducir transgénicos en sus
productos.
Es deplorable que la Comisión Europea insista en fomentar la utilización
de los OMG en lugar de velar por el interés de los ciudadanos y la
protección del medio ambiente.