| E C O L O G Í A |
8 de junio del 2004 |
Sergio Ferrari
Rebelión
La realidad es dramática: sólo un pequeño 2,5 % del total del agua
existente en el planeta es dulce y por lo tanto de uso humano. Las
previsiones, catastróficas: en veinte años (hacia el 2025) más de 3 mil
millones de seres humanos - el 80 % en los países « periféricos »-
sufrirán la falta de ese vital líquido. Ya hoy, mil cuatrocientos millones
de personas -uno de cuatro habitantes del planeta- carecen de agua, entre
ellos 80 millones de latinoamericanos. Las diferencias y tensiones no
dejan de aumentar. Mientras un habitante de un país del Sur consume en
promedio 20 litros por día, un italiano llega a 213 y un estadounidense
puede superar los 600.
EL MANIFIESTO DEL AGUA
En tanto que « fuente de vida » fundamental y no reemplazable del
eco-sistema, el agua es un bien vital que pertence a los habitantes del
planeta en común. Ninguno de ellos, individualmente o en grupo, debería
tener el derecho de apropiárselo en forma privada.
Tal aparece como principio básico del Manifiesto del Agua, elaborado en
1998 por un grupo de 23 personalidades de primer nivel mundial encabezadas
por Mario Soares, ex-mandatario de Portugal, y Riccardo Petrella,
euro-diputado y presidente del Grupo de Lisboa.
Con una simpleza máxima y rico en su capacidad didáctica, el citado
documento subraya que «el agua es un bien patrimonial común de la humanidad
», del cual dependen la salud individual y colectiva así como la
agricultura, la industria y la vidad doméstica.
« El agua pertenece más a la economía de bienes comunes y de la riqueza
compartida que a la economía de la acumulación privada e individual... »
Por tal razón « el acceso al agua es un derecho fundamental, inalienable,
individual y colectivo ...y hace parte de la ética de base de una *buena*
sociedad humana y de una *buena* economía»
Enunciado que sin embargo contrasta con la realidad cotidiana convertida en
estadística. Seis mil niños de menos de cinco años mueren cada día como
consecuencia del consumo de agua insalubre. 80 % de todas las enfermedadees
en los países del Sur tienen como origen la utilización de agua insana.
Tres mil millones de seres humanos no cuentan hoy con instalaciones
sanitarias adecuadas.
Dicho Manifiesto, que propugna por un « Contrato Mundial del Agua»,
anticipaba seis años atrás, uno de los combates más encarnizados en el
plano de las ideas; en el terreno de la lógica económica ; y de la
dinámica diaria que protagonizan muchas naciones periféricas. Activos
movimientos sociales del planeta han incorporado la consigna de la
no-privatización del agua como un punto de no retroceso de su disputa
callejera. La pueblada de Cochabamba,
-«la guerra del agua »- en Bolivia, en abril del 2000, ha sido tal vez la
protesta más emblemática del último lustro, por su dimensión y por haber
obligado a la transnacional norteamericana Bechtel Enterprises y al
gobierno sudamericano a retroceder en su plan privatizador. Lucha andina
que no opaca otras tantas movilizaciones locales anti-privatizadoras en
Argentina, Honduras, Perú, El Salvador, Nicaragua, Brasil, por citar sólo
algunos de los casos más conocidos en el continente.
LA «PREHISTORIA » DE UN DERECHO ESENCIAL
De la propuesta de Contrato Mundial a la de una Convención Internacional
existe sólo un pequeño paso adelante y una visión estratégica consolidada.
Organizaciones no-gubernamentales a nivel mundial, entre las cuales la
Comunidad de Trabajo helvética, proponen avanzar hacia « una convención
obligatoria de derecho público internacional sobre el agua », tal como lo
formula la ecologista suiza Rosmarie Bär, una de las especialistas en la
materia. La propuesta busca definir una política duradera sobre el tema,
fundada en la idea que el derecho al agua es parte integrante de los
derechos humanos básicos.
Para la ecologista helvética « cuando se habla de agua hay que hablar de
política...La política del agua va de la mano de la política del suelo y de
la agricultura, de la política comercial y económica, la de medio
ambiente, social y sanitaria, así como de la política de la igualdad...y
sobre todo de la política de los derechos del hombre y de la paz »
Es necesario, fundamentalmente, agrega Bär, una voluntad política para
incidir en todos los niveles de la comunidad internacional. « Cada año
Europa y Estados Unidos gastan más dinero para alimentar sus perros y gatos
domésticos que el que se necesitaría para permitir a todos los seres
humanos a acceder al agua potable »
Ejemplo dramático que muestra que la lucha por el agua es un combate que
implica modificaciones sociales a favor del desarrollo económico y de la
justicia social », puntualiza.
Valores todos que exigen tiempos y procesos históricos largos para su
materialización. Mar del Plata, Argentina, 1977, fue la sede de la primera
gran conferencia sobre el agua y el punto de partida de reflexión de una
política global sobre el tema. Allí la comunidad internacional constataba
por primera vez que « todo hombre tiene igual derecho al acceso al agua
potable, en cantidad y calidad suficientes como para cubrir sus necesidades»
Quince años más tarde, la Agenda 21, resultante de la Cumbre Mundial de la
Tierra de Río de Janeiro, Brasil, subrayaba y concretizaba esa exigencia.
Fue la asamblea general extraordinaria de las Naciones Unidas del 2000 la
que fijó un nuevo desafío clave: reducir hasta el 2015 a la mitad el número
de pesonas que no tienen acceso al agua potable. Objetivo reconfirmado dos
años más tarde en la conferencia de Río+10 de Johannesburgo, Africa del
Sur.
« Un largo camino hasta que sea considerado (explícitamente) como derecho
de la persona humana » enfatiza Rosmarie Bär. Quien recuerda que en la
Declaración de los Derechos del Hombre de 1948, se establece que « toda
persona tiene derecho a un nivel de vida suficiente como para asegurar su
salud, su bienestar y el de su familia, especialmente a través de la
alimentación, vestido, vivienda... » Formulación que incluye, tácitamente,
el derecho al algua.
En la actualidad esa prerrogativa se deriva de normas obligatorias del
Pacto Internacional relativo a los derechos económios, sociales y
culturales. En ese sentido, el derecho al agua aparece como condición
previa a la realización del derecho a la vida, comida, salud y vivienda. La
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), para su
jornada mundial del 2002 lanzó como consigna: « Sin agua no hay alimentos»
La mayoría de esos documentos y enunciados onusianos han quedado, sin
embargo, reducidos a simples declaraciones de buena voluntad sin
cumplimiento alguno. Muy especialmente en la nueva era de globalización
económica extrema donde el ritmo lo marcan las instituciones financieras
internacionales tales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario
Internacional y sus subsidarias regionales. Y la presión por privatizar el
servicio de agua -entre otros tantos rubros y servicios- se convirtió casi
en receta universal de las transnacionales del norte para los países del
Sur.
En una nueva arremetida todavía en proceso, la Organización Mundial del
Comercio (OMC) empuja la privatización de los más diversos sectores
públicos -desde la educación a la salud, pasando por el agua. Marco en el
cual la Unión Europea exige a 72 países *en desarrollo o en transición* la
apertura de sus servicios de agua a empresas extranjeras, aceptando de
hecho la intensa presión de sus multinacionales del rubro que intentan
seguir extendiendo el radio de acción y beneficios.
LAS GUERRAS -MILITARES O PRIVATIZADORAS- POR EL AGUA
En una entrevista de hace algún tiempo, el profesor italiano Riccardo
Petrella, uno de los principales especialistas y militantes de la causa del
agua, anticipaba que « las guerras futuras serán por el agua», refiriéndose
abiertamente a potenciales conflictos bélicos.
Funda su hipótesis, no sólo en la escasez, el derroche y la mala
distribución del vital líquido, sino también en un marco planetario
estratégico alarmante.
60 % de las fuentes de agua están localizadas en sólo 9 países (entre ellos
Estados Unidos, Rusia, Canadá, Brasil, China e Indonesia). En tanto 80
naciones que reúnen el 40 % de la población mundial están confrontadas a
una verdadera penuria hídrica.
De guerras armadas futuras a batallas económicas actuales no hay más que
una diferencia de matices. Y la tendencia a privatizar el agua,
convirtiéndola en una mercancía cada vez más inaccesible para importantes
sectores de la población del Sur, anticipa explosiones sociales
imprevisibles.
Atrás de esta tensión dos posiciones antagónicas que quedaron de manifiesto
en abril del 2003 durante la realización paralela del Foro Mundial del Agua
de Kyoto, Japón, y la convocatoria alternativa de Florencia, Italia.
Para las transnacionales y las instituciones financieras internacionales
el agua es un bien económico-comercial, como el petróleo, un auto o un
televisor. Por lo tanto puede ser vendido, comprado o intercambiado. El
acceso al agua es una necesidad vital pero no un derecho humano esencial. Y
los seres humanos son consumidores/clientes de un bien/servicio al que se
puede acceder a través de los mecanismos de mercado.
Según la misma óptica, se impone la liberalización de los servicios
hídricos. Esta liberalización -desregulación y privatización- se debe
aplicar según el principio de condicionalidad impuesto por el Banco Mundial
y el Fondo Monetario Internacional. Es decir, un país puede obtener
créditos a condición que liberalice y privatice los sectores de actividad
para los cuales ha solicitado ese apoyo externo. Concepto en el cual la
prioridad está dada a la inversión privada .
Tal como lo señala la Declaración del Foro Alternativo « ...esta prioridad
ha sido consagrada por el Informe elaborado por Michel Camdessus, antiguo
director del FMI, presentado a Kyoto. Según la Declaración final de la
Cumbre de Monterrey, México, sobre el financiamiento al desarrollo mundial
y el Informe Camdessus, sólo el sector privado puede asegurar de manera
eficaz el financiamiento suplementario... que sería necesario en la
próxima decenia para reducir a la mitad las personas que no tienen acceso
al agua y a servicios sanitarios».
La visión opuesta, expresada por la sociedad civil internacional en el Foro
Alternativo de Florencia, e inspirada en el Manifiesto del Agua así como en
las reflexiones del Foro Social Mundial de Porto Alegre, pregona a favor
de « otra política mundial y local del agua » y busca asegurar « el derecho
al agua a las 8 mil millones de personas que habitarán la tierra en el
2020».
Basándose en cuatro principios fundadores. El acceso al agua en cantidad
(40 litros por día para uso doméstico) y calidad suficientes debe ser
reconocido como un derecho constitucional humano y social, universal,
indivisible e imprescindible. El agua debe ser considerada como un bien
común que pertenece a todos los seres humanos y a todas las especies
vivientes del planeta. Es a la colectividad pública de asegurar el
financiamiento de las inversiones necesarias para concretizar el lema de «
agua potable para todos ». Y, por último, los ciudadanos deben participar,
sobre bases representativas y directas, a la definición y realización de la
política del agua, desde el nivel local al mundial.
Banco Mundial-FMI-transnacionales versus sociedad civil planetaria. Dos
visiones diferentes, dos concepciones antagónicas, muchas más tensiones en
puerta y la historia de un conflicto anticipado: entre los que beben y los
sedientos...
En marzo del 2003, el Banco Mundial, las multinacionales de agua -entre
ellas Vivendi Environnement, Suez, RWE, Thames Water, Souther Water,
Danone, Coca-Cola, Nestlé, Aguas de Barcelona, Saur Bouygues, Bechtel-
e instituciones afines creadas por ellas, tal como el Consejo Mundial del
Agua, realizaron un Foro Mundial en Kyoto, Japón. Contaban, además, con el
apoyo de numerosas instituciones ligadas a las Naciones Unidas. Ante la
falta de voluntad política para un intercambio conceptual de fondo en los
trabajos preparatorios, numerosas organizaciones de la sociedad civil
internacional decidieron reunirse, al mismo tiempo, en Florencia, Italia
entre el 21 y el 23 de marzo, en el Primer Foro Alternativo del Agua.
Participaron entre otros el Comité Internacional por el Contrato Mundial
del Agua (Bruselas); ATTAC de varios países europeos; la Coordinadora para
la defensa del agua y de la vida de Cochabamba (Bolivia); el Foro Social
del Agua de Brasil; numerosas organizaciones italianas entre las cuales el
Foro Social de Florencia; Public Citizen (USA); Pipal Tree (india); Oxfam
Bélgica; la Fundación Francia Libertad (Francia) etc. A la base de la
reflexión en este Foro Alternativo -que produjo un importante documento
referencial- se manejaron una serie de cifras que expresan el dramatismo
extremo de la problemática a nivel mundial.
* 2 mil 400 millones de personas no tienen hoy acceso a servicios sanitariosEl Segundo Foro Alternativo mundial se realizará en el primer semestre del 2005 en Ginebra, Suiza. Una asociación amplia -integrada por numerosas ONG y movimientos sociales- así como un Comité de Organización, con sede en esa ciudada helvética, acaban de ser constituidos para asegurar la realización de dicho encuentro planetario.
* 30 mil personas mueren cotidianamente por causa de enfermedades debidas a la ausencia de agua potable y servicios sanitarios
* 600 mil agricultores blancos de Africa del Sur consumen para la irrigación
60 % de fuentes hídricas del país, mientras 15 millones de ciudadanos de color no tienen acceso al agua potable
* la mitad de las ciudades y aldeas palestinas no tienen agua corriente, mientras que todas las colonias instaladas por Israel sí poseen
* el 85 % del volumen de las aguas de los ríos de Francia está contaminado
* el consumo medio de la población de los países del Sur se sitúa en torno a los 20 litros, en tanto en Italia es de 213 litros y en Estados Unidos de 600
* Brasil cuenta con el 11 % de las fuentes de agua dulce del planeta, pero 45 millones de brasileros no tienen todavía acceso al agua potable
* El derroche de agua es enorme en el mundo entero: 40 % del agua usada para el riego se pierde por evaporación; las pérdidas en los acueductos -incluso de los países *desarrollados* es de entre 30 y 50 %; un lavarropa familiar consume en promedio 140 litros por ciclo.
* Convertir el derecho al agua -en tanto derecho humano- como obligación en el plano jurídico.
* Asegurar el derecho al agua a las generaciones futuras
* Proteger el agua como bien público de la humanidad
* Asegurar que los Estados garanticen el derecho al agua ...y responsabilizar a esos Estados y sus autoridades en lo que hace al respeto, protección e implementación del derecho al agua
* Impedir que el agua sea privatizada y considerada como una mercancía comercial
* Dar la prioridad al derecho humano al agua sobre el derecho comercial internacional (por ejemplo acuerdos de la Organización Mundial del Comercio)
* Asegurar la protección integral del derecho internacional público sobre las fuentes de agua, las napas freáticas (subterráneas), los ríos y lagos * Asegurar los derechos de las mujeres en lo que hace al agua en tanto derecho de la persona humana
* Proteger los derechos locales y nacionales al agua de los pueblos indígenas incluyéndolo en el derecho internacional
* Inscribir la cultura tradicional del agua y los derechos locales al agua (por ejemplo de los pueblos nómades) en el derecho internacional * Garantizar que la población pueda ser parte activa y expresar su opinión, democráticamente, sobre la elaboración de las estrategias nacionales y locales en materia del agua
* Asegurar a todos los seres humanos, a nivel internacional y nacional, vías legales para exigir el derecho al agua