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EL REINO DEL REVÉS 

9 de april del 2004

Argentina: Asistencialismo focalizado

Desocupados y Planes Sociales en el Posmenemismo

Ariel Ogando
Trabajadores

Los años noventa fueron en Argentina los años de Menem y del neoliberalismo a ultranza. Los años en el que se privatizaron los principales resortes estratégicos productivos del país, los años en que se prometía que el mercado todo lo solucionaría:

petróleo, ferrocarriles, telecomunicaciones, líneas aéreas, autopistas y rutas, estos fueron algunos de los rubros vendidos por el Estado a precio vil con efectos brutales para con la población, cientos de miles de trabajadores en la calle, aumentos de los servicios, entre otros.

El Estado fue víctima, según palabras del ex presidente Menem, de "Cirugía mayor sin anestesia". Frente a este descuartizamiento estatal no hubo desde el Gobierno redes de contención social para atenuar la caída al vacío de millares de familias, y fue así que la desocupación, la pobreza y la indigencia vinieron a nuestro país, Argentina, para quedarse y ocupar un lugar en la mesa de miles de hogares.

El asistencialismo focalizado

Desde el Estado y vía recomendaciones del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), se propusieron algunos programas denominados de Asistencialismo Focalizado, que sirvieron básicamente para "apagar incendios", es decir, allí donde había conflictos, donde los trabajadores luchaban, resistían, donde se negaban a quedar en la calle, o donde trabajadores desocupados reclamaban empleo, allí el Estado iba en auxilio con programas como el Plan Trabajar, que básicamente consistía en un subsidio de 150 pesos (en ese momento dólares) para el trabajador, por un período que oscilaba entre los 3 y los 6 meses.

Frente a una desocupación y subocupación que durante los años noventa avanzó a paso sostenido y que involucraba a más de un tercio de la Población Económicamente Activa (PEA) más de 5 millones de personas, estos planes asistían pobremente a 150,000 aproximadamente, es decir, un escaso porcentaje de PEA.

El itinerario laboral de un trabajador despedido de una de las tantas empresas estatales privatizadas, puede verse en "Jorge", ex trabajador metalúrgico durante más de 10 años en Altos Hornos Zapla, una empresa siderúrgica de la provincia de Jujuy en el norte argentino.

Cuando vino la privatización yo me metí en el retiro voluntario… no quedaba otra, si no te despedían igual. Con la plata del retiro (indemnización) me compré un auto y empecé a trabajar de remisero con otros compañeros, pero nos fue mal, al principio no… pero después no alcanzaba; entonces vendimos el auto y en la piecita del frente de casa, en la pieza (habitación) de los chicos pusimos un kiosco, venta de pan, bebidas, golosinas esas cosas, pero con lo que sacábamos tampoco alcanzaba. Empezamos a cortar la ruta, no me quedó otra… acá en la entrada cerca del acceso a la ciudad, para pedir trabajo y bolsones de comida. Primero nos mandaron la policía, pero después nos dieron un Plan Trabajar… pero no alcanza, no se llega y a mitad de mes… yo quiero volver a la fábrica, antes éramos como 8,000, hoy son menos de 700 los que trabajan.

Reinserción Laboral, programa de Empleo Joven, Plan Trabajar, etc. El asistencialismo focalizado tomó distintos nombres, pero con una misma finalidad, tratar mediante un modesto subsidio contener la protesta, no la pobreza, que siguió avanzando firmemente, año con año.

Las primeras grandes luchas de los trabajadores desocupados durante los años 1996 y 1997 (Cutral Co., Plaza Huincul, Tartagal, Moscón, Libertador General San Martín) fueron en parte contenidas mediante la entrega de Planes Trabajar y bolsones de alimentos. El Estado no tuvo más remedio que negociar la entrega de decenas de miles de estos planes ante la amenaza del desborde popular. Estos planes, como ya mencionamos, eran una pobre solución a corto plazo, ya que garantizaban un mínimo ingreso durante algunos meses, lo que también ayudó a que los desocupados se organizaran y reclamaran para que estos beneficios no desaparecieran al cabo de su vencimiento.

Con la llegada de la Alianza y del patético Presidente De la Rúa a fines de 1999 al poder, la situación se agravó. El trágico aumento de la desocupación que superó el 20%, los índices de pobreza que involucraban a más de la mitad de la población no fueron tratados con la urgencia y la seriedad del caso. Este presidente profundizó las políticas neoliberales del menemismo y su final fue producto de la dirección impopular que tomó su gobierno. En diciembre del 2001 masivas protestas en todo el país (cacerolazos y cortes de ruta) obligaron al Presidente a renunciar a su mandato dos años antes de que éste se cumpliera. El panorama del país era desolador… sin presidente, sin trabajo, sin ahorros y con índices como los de desnutrición y pobreza alarmantes y en rápido crecimiento en todo el territorio.

El Plan Jefes y Jefas

La asunción provisional de Eduardo Duhalde a la Presidencia en enero del 2002 en medio del argentinazo y un clima social caliente, con cortes de ruta y calles, movilizaciones, confiscación de depósitos, devaluación monetaria, saqueos a comercios, etc., hizo que éste tratara de contener el descontento de los sectores más vulnerables universalizando estos planes, mediante el Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados. Este presidente buscó "contener la protesta" que inundaba las calles por aquellos días y tuvo que adelantar la entrega del mando ante el asesinato de dos militantes de organizaciones de desocupados (Maximiliano Kosteki y Darío Santillán) en una represión llevada a cabo por fuerzas policiales, cuando los desocupados reclamaban por más planes sociales, trabajo digno y comida.

El Plan Jefes y Jefas es una ayuda económica "no remunerativa", no paga cargas sociales, se entregan 150 pesos a cambio de una serie de contraprestaciones de los beneficiarios. Los destinatarios son los jefes o jefas de hogar desocupados con hijos menores a cargo.

El programa persigue también, según el Gobierno, asegurar la concurrencia escolar de los hijos, así como el control de la salud. Alcanza, además, a los jefes de hogar cuya cónyuge, concubina o cohabitante, se encuentre en estado de gravidez.

El Decreto 565 de abril de 2002 que crea el Programa Jefas y Jefas de Hogar, y plantea:

Art. 3º - El PROGRAMA tendrá por objeto brindar una ayuda económica a los titulares indicados en el artículo 2º, con el fin de garantizar el Derecho Familiar de Inclusión Social, asegurando:

a) la concurrencia escolar de los hijos, así como el control de salud de los mismos, que se encuentren en las condiciones previstas en el artículo 2º;

b) la incorporación de los beneficiarios a la educación formal;

c) su participación en cursos de capacitación que coadyuven a su futura reinserción laboral;

d) su incorporación en proyectos productivos o en servicios comunitarios de impacto ponderable en materia ocupacional.

Por vía reglamentaria, se podrá prever el cumplimiento de otras acciones, que sean conducentes o que tiendan a mejorar las posibilidades de empleo de los beneficiarios para el desarrollo de actividades productivas y/o de servicios.

Este programa que aun hoy continúa con el Presidente Kirchner, quien asumió la Presidencia en mayo del 2003, constituyó el esfuerzo estatal más importante durante la última década, al intentar socorrer, asistir con $150 a cada jefe de hogar desocupado, sea hombre o mujer, alcanzando a alrededor de 2,000,000 de familias.

Si bien reconocemos que es un avance considerable respecto al asistencialismo focalizado de los años noventa, estos aproximadamente 50 dólares mensuales por hogar no dejan de ser insuficientes si pensamos que existen más de 5 millones de trabajadores con problemas de empleo y que la canasta básica de alimentos, para que una familia salga de la indigencia, está entre los 320 a 400 pesos (según el autor o la entidad a la que se cite, algo así como 140 dólares).

En la actualidad, alrededor de un 7% de estos planes son manejados por organizaciones sociales y de desocupados, que hacen una tarea social y organizativa muy importante en los barrios más pobres y postergados, en las distintas provincias del país. Estas organizaciones articulan los Planes Jefes y Jefas con trabajos barriales de autoconstrucción, huertas, panaderías comunitarias, etc. Sin embargo, uno de los principales problemas que parecen presentar estos planes es el uso clientelar y autoritario por parte de algunos gobernadores, intendentes y punteros políticos, la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) objetó la entrega arbitraria y clientelar de decenas de miles de planes a gente que no le correspondía obtener el beneficio, en detrimento de familias carentes que no lo recibían.

Otro de los puntos hoy en discusión es la falta de articulación entre estos planes precarios y mal remunerados y el empleo productivo, paso necesario para que cientos de miles de familias salgan definitivamente de la pobreza.

Políticas activas y de fomento de la producción nacional por parte del Gobierno, junto con el necesario encadenamiento de estos planes y el empleo productivo vía la apertura de pequeñas y medianas empresas, cooperativas, empresas recuperadas, etc., es una de las salidas posibles para que un país con el volumen de familias bajo la línea de pobreza y con problemas de empleo, pueda romper el cerco del subsidio y del asistencialismo en el que hoy se encuentran encerradas.

Artículo publicado en la Revista Trabajadores de la Universidad Obrera de México (3/04)
* Corresponsal de la revista trabajadores de Mexico, en Argentina; Director de la revista Wayruro, en Argentina; colaborador periodístico de distintos medios nacionales e internacionales

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