CÁTEDRA ERNESTO CHE GUEVARA

10 de agosto del 2002

El Che en la Revolución Cubana

Claudia Korol, Néstor Kohan, Raúl Suárez Ramos, Vicente Zito Lema
Universidad Madres de Plaza de Mayo

Clase Pública del 3 de Mayo de 2002

Claudia Korol:
Buenas noches. Hoy vamos a abordar en la Cátedra el tema de la relación del Che Guevara con la Revolución Cubana. Y para ello contamos con un invitado especial: Raúl Suárez, que es el director del Centro Martin Luther King de La Habana. El Centro Martin Luther King ha apoyado desde el comienzo a nuestra Universidad Popular y, en el caso particular de la Carrera de Educación Popular, la compañera Esther Perez, que también pertenece al Martin Luther King, ha participado con nosotros de varios encuentros.

Junto a Raúl Suárez, hoy también participará de la Cátedra Vicente Zito Lema, que es el director académico de la Universidad Popular y Néstor. La idea de la clase consiste en que primero los compañeros expongan y a continuación hagamos un debate y una discusión colectiva sobre las exposiciones.



Néstor Kohan:

Buenas noches. Nosotros queríamos decir unas breves palabras sobre nuestro invitado especial de este encuentro, de esta clase.

Raúl Suárez Ramos es, como bien dijo Claudia, director del Centro Martin Luther King de la ciudad de La Habana. Además es diputado a la Asamblea del Poder Popular. Pero también es –y sobre esto queríamos decir unas breves palabras- reverendo de la Iglesia Bautista del barrio de Marianao. Es importante para nosotros como Cátedra Che Guevara, el hecho de que Raúl sea reverendo, además de un militante, además de alguien que se dedica a la lucha antiimperialista y a actualizar el mensaje del Che en el mundo contemporáneo, no sólo en el recuerdo nostálgico de "aquellos años 60".... Para nosotros es importante que sea alguien que provenga de las filas religiosas. Porque es un debate todavía pendiente - a nuestro modo de ver - que tenemos por delante en importantes sectores de la izquierda argentina, un vínculo que para nosotros ha sido muy "problemático": el vínculo entre... marxismo y religión.

En nuestro país, la iglesia católica, ligada al Vaticano, a Roma, ha tenido un papel realmente muy reaccionario, apoyando casi todos los golpes de Estado. Y apoyando el genocidio de nuestro pueblo.

No es casual que el martes pasado [acto en la Plaza de Mayo, martes 30 de abril, por los 25 años de lucha de las Madres de Plaza de Mayo, en el cual Raúl Suárez fue orador principal], después de haber aplaudido a Raúl "a rabiar", los compañeros y las compañeras que estábamos en la Marcha, cuando pasamos por la puerta de la Catedral [frente a la Plaza de Mayo], cantamos: "Iglesia, basura, vos sos la dictadura..." . Es un canto que, a menudo, se ha repetido en las marchas. La iglesia argentina ha tenido, como institución, un papel muy conservador y reaccionario, más conservador que el de muchas iglesias latinoamericanas. Quizás ese sea un elemento que explique - no el único - esta cristalización que vivimos en nuestro país, donde habría - aparentemente, porque nosotros no compartimos esa opinión - "incompatibilidad" entre tener una fe religiosa y ser un militante revolucionario.

También es cierto que en nuestro país hubo un Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, hubo una revista muy importante, que dirigía un compañero llamado Juan García Elorrio. Se llamaba "Cristianismo y Revolución" (no una cosa o la otra, sino las dos al mismo tiempo), una revista que alentaba no sólo la militancia antiimperialista, sino también la lucha armada, muy ligada a la Revolución Cubana. Existieron muchísimos ejemplos militantes en ese sentido, como también el obispo Enrique Angelelli -el "pelado" Angelelli para sus compañeros-. Tanto García Elorrio como Angelelli murieron en curiosos "accidentes"...

Incluso hoy en día, no podemos olvidarnos al mencionar este tema, que uno de los compañeros presos políticos - que siempre acompañó a las Madres - es Fray Antonio Puigjané, que es un sacerdote, y que fue condenado en el bochornoso juicio de "La Tablada".

Este tema tiene una historia muy larga (no nos olvidemos tampoco del cura, sociólogo y guerrillero Camilo Torres en Colombia), que alguna vez vamos a tener que discutir entre nosotros. Pero queríamos dejar bien claro que para nosotros no hay incompatibilidad entre la fe religiosa y la militancia revolucionaria. En mi caso, no provengo de la fe religiosa. Incluso por tradición - no por religión - provengo de una familia de orígenes judíos. Pero de todas maneras, también en el caso del judaísmo, en la Argentina pasa algo similar. Existe un judaísmo "oficial" que apoyó a la dictadura plenamente, y que hoy apoya la invasión de Israel en Palestina, y hubo muchos militantes de tradición judía, antiimperialistas, anticapitalistas, como Raymundo Gleyzer (militante del PRT-ERP, desaparecido), Marcos Osatinsky (fundador de las FAR, desaparecido), Simón Radowitsky (militante anarquista que a principios de siglo ajustició al coronel de la policía Ramón Falcón), entre muchísimos otros.

Por eso esta discusión es un debate pendiente entre nosotros. Y desde el comienzo de la Cátedra queríamos dejar en claro que, incluso a nivel filosófico, el marxismo no es una metafísica entre muchas otras (el llamado "materialismo dialéctico", que presupondría una visión metafísica y cosmológica, materialista, como sinónimo de "ateísmo científico": el DIAMAT en la jerga de los académicos soviéticos de la época de Stalin). Nosotros consideramos, que el marxismo no es una cosmología naturalista sino, por el contrario, una filosofía de la revolución, una filosofía de la praxis. Lo que define al marxismo es la vocación política por la revolución. Entonces, el problema de si uno es creyente o no (personalmente yo no soy creyente, otros compañeros sí lo son), está en otro plano. Se pueden conjugar creencias muy distintas, pero, para el marxismo revolucionario, lo que define es la vocación por la revolución, no una metafísica naturalista. Ser ateo no implica ninguna garantía de ser revolucionario, y habría muchas pruebas concretas de eso en la historia política de nuestro país. Este es un problema no resuelto que hay que reflexionar a fondo y sin miedo, pero siempre pensando en la revolución, para no desbarrancarse en la metafísica.

Le damos entonces la palabra a Raúl...



Raúl Suárez Ramos:

Buenas noches. No soy un teórico del pensamiento de Ernesto Che Guevara. Más bien, lo que quiero compartir con ustedes es cómo el pensamiento, y especialmente el estilo de vida de Ernesto Guevara, desafió a nuestra fe, a la manera de entender y de vivir nuestra fe, en Cuba.

También quiero reflejar cómo la comunidad de fe en la cual soy pastor, también fue desafiada por la vida del Che. De ahí que voy a tratar de que, esencialmente, mis palabras reflejen una experiencia al interior de la Revolución Cubana.

Viví 24 años en el capitalismo dependiente que precedió al 1º de enero de 1959 en Cuba, y a partir de ahí, he estado todo el tiempo en Cuba. Soy parte de una familia que formaba parte de los trabajadores agrícolas de Cuba, el 44% de la población cubana en el año 1958, y era el sector más pobre, porque dependía de 4 meses de trabajo al año: la época de la zafra azucarera. Y a lo demás, le decíamos "el tiempo muerto". No había trabajo, y había que buscarlo.

Fui, por mi experiencia desde niño ayudando a mi padre en los cortes de caña - él era presidente de la Acción Católica cubana - adquiriendo una actitud rebelde contra todo lo que olía a religión e iglesia. A los 17 años tuve una experiencia de fe, e ingresé a la congregación Bautista, y posteriormente me hice pastor. Desde el año 1955 hasta la fecha, he sido pastor en mi país.

¿Qué sucede cuando triunfa la Revolución Cubana?

En primer lugar, en mi etapa final en el seminario, me identifiqué con el Movimiento 26 de Julio y participé en la lucha contra la dictadura de Batista.

Triunfa la Revolución, y como todos los cubanos, le dijimos a Fidel: "Fidel, ésta es tu casa". Fue una de las primeras consignas que surgieron en el pueblo con relación a la Revolución.

Y viví una etapa de euforia revolucionaria, de sentirme parte de todo aquel proceso... hasta que la Revolución declaró su carácter socialista, asumió la filosofía marxista, la ideología marxista.

Y ahí empezó a funcionar el esquema que yo había heredado de los bautistas del Sur de los EE.UU., un esquema anti-comunista. Y entro en una contradicción entre el corazón y mí fe. Mi corazón de hijo de trabajadores agrícolas pobres veía la obra de la Revolución, y me enamoraba de la Revolución. Pero a la vez, no podía entender que toda aquella obra humanista, buena, de la Revolución, la hicieran los comunistas... Funcionaba el anti-comunismo, y ustedes no se pueden imaginar la tensión que vivió este hombre de cinco pies y unas pocas pulgadas...

Entramos en un proceso donde el 70% de mis compañeros pastores se fueron a EE.UU., y el 90% de las demás iglesias históricas, también se fueron para los EE.UU.... Funcionó la dependencia eclesiológica, teológica, todo eso... Y fueron precisamente para las Juntas Misioneras que nos habían deformado con la Biblia. Y empezamos nuestro proceso.

Yo quiero hablar como hablo en Cuba a mi congregación: los manuales soviéticos, y algún modelo de marxismo que se enseñó en Cuba, no me ayudaron. Cuando tomaba algunos textos marxistas que me llegaban - porque los revolucionarios como el Che y Fidel no tenían tiempo para teorizar, tenían que hacer la Revolución. Tenían que colocarla en el corazón del pueblo, ganarse el apoyo del pueblo -, pero había otros teóricos. Y yo decía: "bueno, vamos a ver si me ayudan a entender esto...".

Y yo me encontraba con la clásica definición de Engels, de más de 100 años, que la religión es una visión falseada de la realidad. Y eso no me ayudaba. Seguí leyendo, y encontré otra cosa: "la religión es una ideología idealista", es decir "son primos hermanos de los idealistas, y por lo tanto son reaccionarios, anticientíficos, contrarrevolucionarios...".

Esta definición me empujaba a irme de Cuba. No había espacio para ellos. Por otra parte me decían también que la religión era una cuestión privada, que era algo para uno vivirlo allá adentro del corazón, y en el interior de los templos, pero que no debía manifestarse, no debía haber participación pública, ni política, ni nada... y por lo tanto había que limitar la acción de los creyentes, y también limitar la acción de la iglesia.

Eso, "en plata", como decimos los cubanos, significó discriminación. Nuestros hijos, entonces, tenían que estudiar ciertas carreras y otras no, porque no éramos "de confianza". Eso no nos ayudó. Y también otras cuestiones, como que la filosofía marxista-leninista es la educación científica, única, y lo otro es anti-científico.

¿Cómo estábamos nosotros, entonces, los que queríamos entender la Revolución?

Esas cosas no nos ayudaban. Surgió una crítica marxista-leninista a la religión, que no era de América Latina, no era del Caribe, no era de Cuba. La de Cuba, la de Martí, la de nuestros próceres, la de América Latina, del Caribe, era una crítica revolucionaria a la religión. Eso me hacía bien...

Sobre todo cuando Martí en una ocasión dijo: " para salvar a Cristo hay que arrebatarlo de las manos de sus hijos. El cristianismo ha muerto a manos del clericalismo". Esa es una crítica verdaderamente revolucionaria, lo otro no. Lo otro nos discriminaba. Nos empujaba a abandonar nuestra tierra. ¡No teníamos nada que hacer en la Revolución!

Pero un día llegaron a mis manos unas palabras de Che: "el día que los cristianos opten por la Revolución, la Revolución será inevitable en América Latina". Entonces yo dije: "¡esto sí me gusta, concho!" , porque este hombre me extiende la mano, este hombre me invita a una acción.

Pero ahí no quedó... el Che agrega a esas palabras: "en esa experiencia, los cristianos no deben intentar que los marxistas se hagan cristianos". Y yo dije: "¡que bueno!", porque yo nunca entendí el proselitismo. Ni el proselitismo religioso, y mucho menos el político. Y el Che me advertía que no debíamos utilizar la Revolución para el proselitismo. Pero dijo algo más: "los cristianos tampoco deben ocultar su fe". Y eso me gustó. Y eso es lo que he tratado de hacer. Jamás le he preguntado a un compañero marxista si es o no creyente religioso. Si es ateo, eso a mí no me interesa. Lo que me interesa es la honestidad del marxista, la coherencia, la consecuencia, del marxista...

Entonces lo otro puede tener su importancia, pero eso es lo esencial: la coherencia, la consecuencia, la honestidad con que nosotros abrazamos una idea.

A partir de ese encuentro con el pensamiento del Che, y de otros factores que estuvieron presentes en nuestra experiencia, fuimos tomando conciencia, y llegar a la convicción que una persona puede ser profundamente cristiano y profundamente revolucionario ¡sin contradicción!

Eso lo aprendí a partir de la transparencia y la honestidad del Che.

Yo quería dar ese testimonio, primero. Como les dije, yo no soy teórico, pero he vivido una experiencia donde él ha sido una de las personas que me "afectó". De la misma manera que Jesucristo le dio sentido a mi vida, la Revolución, a través del marxismo ético, humanista, coherente y consecuente del Che, me ayudó a sentirme orgulloso de haber nacido en una familia pobre, y no tenerlo como una pesadilla del pasado sino como la cuestión más honrosa y digna que nos pudo haber sucedido: haber nacido no en una cuna rica, burguesa, sino en una cuna de trabajadores cañeros, trabajadores agrícolas.

De ahí que quería compartir con ustedes, a partir de esa experiencia, algunas breves reflexiones.

Con el Che aprendí que cualquier ideología, sobre todo las que tienen que ver con la Revolución, es el resultado de un encuentro de la realidad con nuestro pueblo, de nuestro pueblo, y la manera en que uno se va comprometiendo a transformar esa realidad.

De allí, hoy les decía a unos compañeros marxistas, casi dándoles una sugerencia: que nunca entraran en el debate especulativo, y les comentaba el pensamiento de una compañera revolucionaria cubana que dijo: " lo más importante no es si Dios existe o no existe, sino de qué parte está Dios".

¿Y de qué parte está Dios? Pues de la parte en que nosotros estamos. No es la misma posición la que tiene el Cardenal Ovando y Bravo en Nicaragua, o la que han tenido obispos en Colombia, que aplaudieron el inicio de la guerra; al obispo Angelelli o Puigjané, con quien estuve ayer. No es lo mismo, y eso ha sido parte de nuestra experiencia.

La teoría siempre está por delante, nunca en el pasado. No es una Biblia, como la usan los fundamentalistas: "esto es así, porque la Biblia dice tal cosa". No hay que ir al pasado para afirmar, con ciertas expresiones, nuestra peculiar manera de pensar. La teoría siempre se está haciendo, porque la historia avanza hacia delante. Y eso lo aprendimos con el Che. De ahí que a mi manera, sin ser un estudioso a fondo de los clásicos, me considero un marxista en ese sentido, de ir respondiendo a la realidad de mi país con mi pensamiento, en la medida que la vivo, que la percibo, y que respondo con compromiso, a ella.

Ese es uno de los grandes aportes que hizo el Che al movimiento revolucionario de América Latina.

El otro aporte que quería resaltar: en el año '60 se cumplía el primer aniversario de las Milicias Revolucionarias en Cuba. Los milicianos fueron aquellos que no fueron a la Sierra Maestra. La inmensa mayoría no participó activamente, en movimientos, contra la dictadura, pero cuando fue la Revolución se enamoraron de ella, y entonces se decidían a caminar - esa era la primera prueba para los Milicianos - 80 kilómetros a pie. A partir de allí comenzaba su entrenamiento.

Pero había cierta "cosa" entre los que pelearon en la Sierra y los que no pelearon, entre "rebeldes" y milicianos. Y entonces el Che, que siempre estaba pensando sobre la realidad, les dijo sobre la labor que Fidel había hecho en la Sierra Maestra sobre la unidad. Y decía el Che que en la Sierra, ese era el caballito de batalla de Fidel. Y nos decía que ser anti-católicos, es ser contrarrevolucionarios. Que ser anti-protestante es ser contrarrevolucionario, que ser anti-comunista es ser contrarrevolucionario. Que la actitud "anti", que crea divisiones, no está a favor de la Revolución.

Y entonces dijo estas palabras: "La religión de la Revolución es la unidad". Y unos días más tarde, tres compañeros fallecen en un accidente aéreo. Le piden al Che que dé el discurso por el duelo, no sé como se las arregló el Che. Él indagando sobre los compañeros, cuando habla ante el público, cuando hace el panegírico, dice: "la muerte ha unido a tres compañeros, a tres revolucionarios". "Uno - dice el Che - era judío, el otro era católico, y el otro era un compañero sin religión". El Che nunca habló de ateísmo, ni de ateos, sino compañeros sin religión. Y entonces resaltó otra vez la idea de Fidel: "la religión de la Revolución es la unidad".

Yo creo, y es la experiencia nuestra, cuando la ideología - cualquiera que sea - nos quiere dividir entre creyentes religiosos y creyentes no religiosos, ¿a quién estamos favoreciendo, cuando nos dividimos? ¿Al pueblo? ¿Le hacemos un bien al pueblo cuando nos dividimos? ¿Le hacemos un bien a la Revolución, a la cual decimos que queremos, cuando nos dividimos?

¡No! Le estamos haciendo el juego al enemigo, al imperialismo. Al enemigo de nuestros pueblos. Y me imagino que al FMI y al Banco Mundial les agrada extraordinariamente la idea de que nos mantengamos separados, al amparo de nuestras consignas particulares. Que tienen importancia, pero cuando son obstáculo para la unidad, son un obstáculo para el triunfo de la Revolución, y eso no es bueno...

Yo creo que ese es un aporte que hay que destacar, en el pensamiento y en la práctica del Che.

El esfuerzo extraordinario para lograr, en todas partes, y en nuestra experiencia cubana, la unidad de todos los revolucionarios, de todas las personas de buena voluntad.

En este momento el Che se hace más necesario en Cuba que nunca. Porque la situación que hemos vivido en los últimos tiempos nos ha llevado a tres desafíos, al menos, como dice Fernando Martínez Heredia.

El desafío de la sobrevivencia. ¿Podrá sobrevivir la Revolución Cubana sin la existencia del bloque socialista, y con la permanente hostilidad y enemistad recalcitrante de los EE.UU.? Es ha sido un desafío hasta hoy.

El otro desafío es: si la estrategia que ha asumido la Revolución Cubana es viable o no. ¿Cuál es esa estrategia? Resistir hasta lo último, y desarrollarnos. Pero para desarrollarnos, hemos tenido que tomar medidas, que si bien son necesarias, imprescindibles, son medidas con olor a capitalismo. Como es el desarrollo vertiginoso del turismo, la entrada de las inversiones extranjeras a nuestro país, la doble economía que tenemos: en dólares y en moneda cubana - ¡gracias a Dios son nada más que dos! Creo que en otros lugares hay hasta 18...- es decir que son medidas que han sido necesarias, pero nos han creado prostitución acelerada, desigualdades... no podemos decir otra cosa. Y ahí es donde se hace necesario para los cubanos recuperar la ética del Che.

Y otro desafío es: ¿hacia dónde va Cuba? ¿Qué tipo de sociedad vamos a tener, a partir de esas medidas que hemos tenido que tomar? Y digo que ahí es donde se hace más necesaria que nunca la presencia del pensamiento y el estilo de vida del Che.

Me horrorizo cuando salgo de Cuba, y al regreso, al llegar al aeropuerto, escucho una palabra que hacía años que yo no escuchaba: "Señor, ¿en qué lo puedo servir?" . Y hay una desaparición del "compañero" en muchas personas, porque ya no son compañeros. Porque el pequeñoburgués que llevamos dentro lo ha ido agarrando, y nos hemos ido distanciando de la ética que nos enseñó el Che. Que es la ética del "ser", y no la ética del "tener".

La ética cristiana, la honesta, la evangélica, como también lo enseña el estilo de vida del Che y su marxismo humanista, nos dice que lo más importante no es el tener, no es la propiedad privada, no es el mercado, sino que lo más importante es el ser humano. Para la Revolución lo más importante debe ser el hombre. Ese es el mensaje humanista del Che Guevara que hoy, frente al capitalismo y al neoliberalismo, está más vigente que nunca.

Para terminar, entonces, como ya dije en la Plaza de Mayo, vuelvo a agradecerles a ustedes, al pueblo argentino, por habernos dado al Che, pero también por haber dado al mundo a las Madres de Plaza de Mayo.

Muchas gracias.



Vicente Zito Lema (director académico de la Universidad Popular):

Buenas noches. Lo primero que voy a decir, es lo que tenía que haber dicho el viernes de la semana pasada, en mi carácter de director académico de la Universidad. Pero estaba en Neuquén, participando de otra actividad. Sí estuvo Hebe.

Para nosotros, era muy importante en la Universidad, organizar un espacio de formación crítica. Nosotros, desde el principio, nos pusimos de acuerdo en que era importante que además de las materias específicas, estuviera también presente una formación ética que corriera a lo largo de todas las carreras, seminarios y talleres, y un conocimiento de la historia de las Madres. Porque esos son como los dos elementos que dan carnadura a esta Universidad, que son como nuestra esencia distintiva frente a otros proyectos pedagógicos. La ética y saber, realmente en dónde estamos, cuál es el marco de referencia histórica concreta en la que pretendemos desarrollar un plan educativo, pedagógico, participativo. Marcado por el amor al saber, pero también por el compromiso muy firme de enfrentar, de cambiar esta realidad perversa.

Y no es tan fácil poner en marcha todos los sueños. Por eso, cuando nos reunimos todos los docentes al iniciar este tercer año de vida, yo volví a insistir en que haríamos los mayores esfuerzos para que la ética estuviera presente como formación fundamental de todos nuestros compañeros estudiantes.

Y ahí vino la propuesta de Néstor y Claudia. Néstor, que tiene a su cargo la dirección del Seminario de Lectura Crítica de El Capital. Y Claudia, con su equipo, iniciando y siguiendo aún hoy la Escuela de Educación Popular.

Y uniendo esfuerzos en algo que pretendemos para toda la Universidad, que es organizar una mirada transdisciplinaria, vinieron con la propuesta de poner en marcha una cátedra sobre Ernesto Guevara. Ante esa propuesta, que obviamente hemos aceptado, y les propusimos que lo tomáramos como el inicio de esa demorada formación ética para el conjunto de la Universidad. Y así entonces, nos reunimos hoy docentes de la Universidad, invitados - que van a estar siempre -, estudiantes de la Universidad, pero también todos los compañeros de distintas generaciones, de distintas maneras de entender la realidad, que están participando de esta cátedra libre con que la universidad pretende re-instalar la discusión sobre el Che y aprender de él, en el difícil camino de la propuesta de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.

No soy un especialista en el Che. No creo que nadie se arrogue el decir "soy especialista en el Che". ¿En qué Che? ¿En el Che poeta, en el Che economista, en el Che revolucionario, en el Che estadista, en el Che teórico? En las complejidades de ese ser humano que pareció capaz de agotar en pocos años de vida innumerables experiencias, que demandan a la mayor parte de nosotros muchos más años que los que le demandó la vida a él. Por eso está muy bien la cátedra, por eso está muy bien que participemos de ella, y que corramos la voz, para que en las próximas clases esta Universidad esté tan llena de gente que quizás tengamos que poner parlantes en la calle para escuchar lo que aquí se dice en el auditorio. Porque el Che se lo merece.

Yo he escrito un libro sobre el Che [La palabra en acción de Ernesto Che Guevara. Poemas, relatos, cartas. Selección y notas de Vicente Zito Lema. Buenos Aires, Fin de Siglo, 1997], tratando de entender su amor por la poesía, su amor por la escritura.

¿Qué leyó? ¿Cómo los autores que leyó contribuyeron a formarlo? ¿Qué escribió? ¿Cómo lo que escribió se organizó con sus propios actos? ¿Y qué se escribió de él? Porque también el Che fue objeto de escritura; desde Cortázar a Benedetti, no hay escritor que no haya intentado decir algo sobre él. Hablo de los escritores que pretenden ser coherentes con la palabra y la vida.

Sobran escritores sobre el Che, en eso se le hizo justicia.

Habría que plantearse si lo que eligió buena parte de nuestra generación como instrumento para modificar la realidad, sigue en pie.

Yo creo en las necesidades que motorizaron al Che, y que motorizaron a buena parte de nuestra generación. Y cada uno hizo lo que pudo tratando de seguir el ejemplo de nuestro hermano mayor, el Che.

Porque para nosotros era un compañero, un gran compañero, pero no un héroe, ni un mito. Porque cuando colocamos a los compañeros como héroes y como mitos, siempre tengo la sospecha que los colocamos en ese espacio, para no hacer lo que nos corresponde a nosotros. Me espanto de quienes hablan mucho del Che, como si hubieran estado a su lado toda la vida. Prefiero los que hablan menos del Che, y tratan de cumplir, modestamente, con la fuerza que tiene cada uno, algunos de los postulados que guiaron su vida.

Yo estoy convencido que lo fundante, que lo definitorio, que lo esencial en el Che, era la lucha contra el capitalismo. Pero no como una obsesión, sino a partir de la concepción teórica práctica de lo que es el capitalismo, que lo he resumido más de una vez, diciendo "la puesta en marcha de la cultura de la muerte".

No es el capitalismo, como la única cosa que el Che veía como lo inmediato a destruir. Era la muerte de la vida. Era la organización de la muerte en reemplazo de la organización de la vida. Era la injusticia instaurada como lectura prioritaria de la naturaleza, prioritaria, determinante, de los vínculos humanos. Contra eso estaba el Che, y en un momento histórico determinado. Habida cuenta de la relación de fuerzas en el mundo, de lo que existía en la oposición permanente entre el capitalismo y el socialismo de la época. Allí había un combate, un fuerte combate que se estaba dando de distintas formas, en buena parte del mundo.

Ahí estaba Vietnam. Ahí estaban las luchas concretas y cotidianas en África, en Asia, y en América Latina. De distinta intensidad, es cierto, pero duras, organizadas y violentas.

Y estaban países que con todos sus vicios, incluso con todos sus errores, de todas formas, ponían en jaque el expansionismo de los EE.UU. y de sus aliados principales. Había en primer lugar, entonces, una necesidad: la necesidad de levantarse contra ese flagelo concreto, cotidiano, que acosa a la criatura humana y que acosa a los pueblos, que es la práctica concreta del capitalismo. No de la lectura de Adam Smith, sino de lo que es el capitalismo en cada momento de nuestra vida cotidiana. Ese capitalismo que muy bien un romántico y un humanista como fue Marx, enseña que ni siquiera permite el amor... El capitalismo está en contra del amor, el capitalismo está en contra del arte. En eso es muy preciso, Marx. Dice "el capitalismo es por esencia, contrario del arte". Y el arte - lo sabemos todos - no es sólo el símbolo por excelencia de la humanidad. Es la mayor posibilidad que tiene la especie para reasegurarse su vida, sin abandonar los grandes sueños que le permiten existir y que la distinguen de las otras especies.

Pero no es sólo el capitalismo como humillación, es también el capitalismo como castración del deseo. El Che ve en la existencia del capitalismo, no sólo una manera concreta de destruir las necesidades de vida primordiales de la mayor parte de la humanidad. Porque en esa destrucción está la posibilidad de rédito, la posibilidad de usura. Cuesta creer, realmente, que el capitalismo en definitiva, se mueva pura y exclusivamente por la usura, y que todo lo que organiza detrás de esa manera de usura de ver la vida, sea el andamiaje cada vez más poderoso que tiene que organizar, que tiene que reproducir, que tiene que reinventar, siempre con nuevas técnicas, con nueva ciencia.

Y detrás de la técnica, y detrás de la ciencia, y detrás de las instituciones y de las organizaciones, y hasta de la guerra, está siempre esa asquerosa y perversa necesidad de acumular con usura. Con la loca idea de que esa acumulación usuraria permite a quien la ejerce, tal vez, vencer la muerte, vencer el miedo a la muerte.

Nos vamos metiendo en temas que seguramente exceden la posibilidad de tiempo que tenemos. Pero si yo tuviera hoy que reinstalar un tema que me preocupa, es ese: el de tener claro qué necesidades y qué deseos hubo en el Che cuando se lanza a la lucha revolucionaria.

Qué situación social, histórica, económica, política, cultural, concreta, acompaña ese momento histórico. Qué valor tenía el instrumento de la violencia, de la lucha armada, ¿por qué era preciso?

Y al día de hoy, plantearnos, en referencia con aquel momento, qué necesidades son similares, qué situaciones son similares y cuáles son distintas. Y en ese marco, cuando la inequidad sigue existiendo, habría que plantearse si existe realmente el deseo, porque la necesidad existe.

Si existe realmente el deseo de destruir el capitalismo y de organizar el socialismo, cuando tenemos claro qué mierda es el capitalismo, pero cuando no tenemos claro - por lo menos en nuestro país - qué debería ser el socialismo.

En la pregunta y en la duda, en la sospecha sobre las recetas fáciles, quizás con todo respeto, es de lo que mejor puedo aportar hoy aquí, en que con suerte y con alegría volvemos a traer a esta casa el pensamiento del Che.

Muchas gracias.