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C H I L E 

7 de abril de 2004

Política de Defensa Nacional

Para qué se arma Chile

Raúl Blanchet
El Siglo

El ruido de una sorda carrera armamentista se extiende en la región. El papel de Chile –bajo la sombra de Estados Unidos- en el concierto latinoamericano genera el rechazo de los países vecinos y el repudio de los pueblos. Un drama que apenas comienza y cuyo final aún sin escribir, plantea interrogantes y amenazas que de no ser debidamente resueltas pueden arrastrarnos como nación a una pesadilla que jamás imaginamos.

La Ley de Comercio 2002 (Trade Promotion Authority), que autoriza al gobierno de Estados Unidos a negociar tratados de libre comercio con otros países, establece la expansión del comercio internacional como algo de vital importancia para la seguridad nacional del país del norte, por cuanto considera al comercio un factor critico para su crecimiento económico y liderazgo en el mundo. Agrega que las relaciones de comercio estables promueven la seguridad y la prosperidad. Los acuerdos comerciales sirven al mismo objetivo –señala- que los pactos de seguridad durante la Guerra Fría, comprometiendo a las naciones por medio de una serie de derechos y obligaciones. Más adelante añade: "El comercio creará nuevas oportunidades para que EE.UU. preserve su fortaleza sin contrapesos en asuntos económicos, políticos y militares".

La presencia de tropas chilenas en Haití se vio agravada una semana atrás, con el desconocimiento formal del gobierno provisorio instaurado con el respaldo de los EE.UU. por parte del Caricom (Comunidad del Cribe) que se sumó a similar posición sostenida anteriormente por Venezuela. Al cuadro se agregan las denuncias del depuesto Jean Bertrand Aristide de haber sido secuestrado por tropas norteamericanas y trasladado contra su voluntad a otro continente. En resumen, se trata de la participación de efectivos chilenos en apoyo a una intervención militar foránea en un país de América Latina.

La disposición de Ricardo Lagos, ejecutada sin considerar previamente al poder legislativo como establece la Constitución, seguida por las respuestas del mandatario rayanas en la soberbia cada vez que fue consultado al respecto, retrataron el carácter de la nueva actitud asumida.

Organizaciones sociales y el Partido Comunista no sólo condenaron la participación chilena, sino que denunciaron el grave compromiso asumido por gobierno con los Estados Unidos. Diversos parlamentarios señalaron en el Congreso -además de mostrar su descontento por la actitud del Presidente Lagos de pasar por sobre el legislativo en una decisión tan trascendente- que Chile había cambiado su doctrina militar al involucrar tropas en los acontecimientos de otros países del continente, rompiendo el principio de no intervención, que fue siempre un elemento rector en su política exterior.

Lo cierto es que no hubo cambio propiamente, sino que fue la primera expresión práctica de la política que abrazó el gobierno con posterioridad a los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono. A saber, alinearse junto al "socio" más importante del país: los EE.UU., gobernados por George Bush.

En cuanto a las Fuerzas Armadas, hicieron su debut en el subcontinente, instaurando un importante cambio en sus roles prioritarios, a saber, acentuar sus funciones externas por sobre las internas, siendo éstas últimas el control sobre el "enemigo interno", de acuerdo a la Doctrina de Seguridad Nacional. En la experiencia criolla, este papel pasó a un segundo plano debido a que no existe peligro para la gobernabilidad del país y la administración del modelo. Se vive una "paz social" lograda por los gobiernos de la Concertación, que han administrado eficientemente "la obra de las Fuerzas Armadas".

Siempre la "Modernización"

Según el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres, Chile es el país que más gasta en armamento en América Latina. Durante 2002, considerado el gasto presupuestario y extra presupuestario, que incluye la ley reservada del cobre, se empina a los 2.800 millones de dólares. Es decir, el 4,1% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que equivale a 160 dólares por habitante. En tanto que Bolivia, Perú y Argentina, destinan 14, 33 y 36 dólares por habitante, respectivamente.

La modernización de las Fuerzas Armadas ha sido un tema recurrente en los medios de comunicación a lo largo de los tres gobiernos concertacionistas. Aunque también lo fue durante la dictadura –nadie quiere quedarse atrás a la hora de estar a la moda, so riesgo de convertirse en anticuado, y siempre suena bien- durante los últimos 14 años los reemplazantes del gobierno de facto impulsaron junto a las instituciones de la Defensa Nacional sendos planes modernizadores: Alcázar en el Ejército, Tridente, en la Armada y la adquisición de Aviones nuevos para la Fuerza Aérea –que no había estado considerada en los proyectos inicialmente, hasta que el nuevo diseño internacional pareció llamar a la puerta.

Los países vecinos hacen oír su inquietud por lo que denominan una escalada armamentista en la región, debido a las compras chilenas, que no comenzaron con los diez aviones F-16 adquiridos a los EE.UU. (con el solo valor de los 10 aviones F-16 se podría solucionar el problema habitacional de 672.000 chilenos, sostiene el Doctor Edgardo Condezza, dirigente del Movimiento por la Consulta y Derechos Ciudadanos), la fragata Williams, comprada a Inglaterra y las cuatro fragatas holandesas, recientemente comprometidas. Cabe considerar la fabricación actualmente del segundo de dos submarinos Scorpene y los tanques y helicópteros que adquirió antes el Ejército. Todo, sin considerar la posibilidad de adquirir las numerosas ofertas que rondan a tan entusiasta cliente, como dos destructores del tipo Sprudance ofrecidos por EE.UU., o las seis fragatas inglesas de la clase 22 (como la recientemente incorporada Williams) y 23 (algo de los más moderno en el poderío naval), entre otros ofertones.

Según el Ejército, después de las adquisiciones Chile se encuentra a la par con Argentina –con sus 260 tanques TAM- en la cantidad de blindados con que cada uno cuenta, en tanto que Perú conservaría supremacía regional al contar con 150 tanques T-72 de fabricación soviética adquiridos en 1997, a los que se sumarían 300 tanques T-54 y T-55 comprados a fines de los años setenta. Pese a la cifra de carros registrados a cuenta del Perú, la mayoría de ellos están fuera de funcionamiento, a excepción de los 150 T-72. En definitiva, la calidad de los equipos hace una apreciable diferencia en favor de nuestro país.

Pero el asunto no sólo consiste en comprar material de guerra, sino además en reorganizar estructuras y unidades principalmente en el Ejercito, que fundió regimientos e incluso los trasladó de zona.

De acuerdo a la definición del propio Ejército, el corazón del Plan Alcázar está en la reestructuración y equipamiento, para las que no basta la transformación de 67 regimientos y batallones autónomos en 38 unidades tácticas más potentes, autónomas y veloces: tiene que ver también con la reconfiguración global del soporte logístico, administrativo y de bienestar. Para ello se impulsa la reorganización del Comando de Apoyo Logístico, centralizando 11 unidades en 3 instalaciones de funciones similares y gestión centralizada (acerca del que un ex suboficial denuncia actos de corrupción recientes). La creación del Comando de Salud del Ejército, COSALE (en el que Orlando Morales, un cabo que cumplía labores de contabilidad resultó asesinado luego de haber descubierto las desaparición de 127 millones de pesos). Y la modernización del Comando de Apoyo Administrativo, entre otras.

La "visión conjunta" de EE.UU.

Los pasos de Chile no parecen ser casuales, ni aislados, porque Estados Unidos definió en 1996 las prioridades en las funciones militares al elaborar su proyecto "Visión Conjunta 2010 y Visión Conjunta 2020", en las que delineó su estrategia para la próxima década y media en lo que se refiere a establecer dominio militar en diversas regiones del planeta. Se trata también de un programa de modernización de las Fuerzas Armadas estadounidenses, trazado para dos etapas por la Junta de Jefes de Estado Mayor de los Estados Unidos. El propósito es obtener la actuación como un equipo, no sólo de las fuerzas militares propias, sino también de las "aliadas".

Es en este terreno que las FF.AA. chilenas entran en escena, esta vez para formar parte de lo que la normativa estadounidense define como "la mayor realización de operaciones multinacionales. El creciente empleo de medios de diferentes países, bajo el mandato de la ONU para la realización de diferentes tipos de operaciones con medios militares, obliga a buscar la forma en que diferentes fuerzas puedan operar conjuntamente, para lo cual deben desarrollarse métodos que faciliten la interoperatividad entre ellas, en diferentes escalas".

La disposición yanqui establece que acorde a la realidad que presenta el nuevo siglo, surge "la necesidad de una mayor participación en operaciones militares de no-guerra, sean de apoyo humanitario, de imposición y mantención de la paz, entre otras".

Considera que el campo de batalla se extiende a nivel global "desde el continente norteamericano hasta las diferentes áreas de conflicto".

En los nuevos escenarios, se proyecta que para 2020 el Ejército, la Armada y Fuerza Aérea estadounidenses sean más letales "y con una mayor capacidad de interoperar con otras agencias y con otras fuerzas multinacionales, usando todos los poderes e instrumentos del Estado, junto a todas las capacidades del poder nacional que permitan producir este elemento político-militar único".

Bajo estos conceptos, EE.UU. ha impulsado la reducción de sus unidades operativas, dotándolas de mayores y más avanzados recursos tecnológicos e incrementando su capacidad "letal", mediante armamento más sofisticado, aviones más avanzados y fuerzas navales en similares condiciones. Fuerzas que se puedan trasladar y desplegar con prontitud y precisión, no grandes masas humanas armadas que dificultan el mando y control. Es más fácil lograrlo con menos efectivos dotados de alta capacidad "letal", es decir modernos medios de fuego y destrucción, artillería, cohetería y misiles respaldados por avanzada tecnología. Respetando la diferencia de niveles, cabe comparar el discurso con el de los uniformados criollos.

La Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, aprobada en septiembre de 2002 –un años después del ataque a las Torres Gemelas-, plantea el "fortalecimiento de las alianzas para combatir el terrorismo (...), potenciamiento del crecimiento económico a través del libre mercado (...), desarrollo de ataques preventivos para evitar o disuadir a posibles adversarios de efectuar ataques a los EE.UU., o a los intereses norteamericanos en cualquier parte del mundo".

Más adelante, la normativa estadounidense para los próximos 16 años indica que se trata de "enfrentar un tipo de guerra caracterizada por la velocidad de sus acciones, coordinación de su maniobra y de sus fuegos, y la participación fundamental de las capacidades propias de cada servicio, en conjunto con la participación armónica de otras fuerzas y agencias, integradas en una fuerza conjunta potente y decisiva capaz de lograr los objetivos con una rapidez y eficacia nunca antes vista".

Discurso y compromiso del gobierno

Todo el diseño de la modernización de las FF.AA. se encuadra sin mucho esfuerzo en las conclusiones del Encuentro de Ministros de Defensa de las Américas efectuado en noviembre de 2002 en nuestro país, continuado en sucesivas reuniones del mismo nivel. Aquí se acordó entre otras cosas acrecentar la cooperación en operaciones navales de intercepción, con el fin de combatir el narcotráfico y el tráfico de armas, algo a lo que seguramente la Armada nacional podrá contribuir toda vez que las nuevas adquisiciones la convierten en una de las más poderosas de la región. Junto a las otras ramas de la Defensa, que pueden cooperar en la ejecución de otra de las conclusiones de los ministros: apoyar a las autoridades de Colombia para "imponer la paz".

El Presidente de la República, Ricardo Lagos, declaró durante la inauguración de la FIDAE 2004 que respecto a la adquisición de armamentos se había establecido con Naciones Unidas una metodología internacional para comparar el stock, como el flujo de los armamentos que cuenta cada país, rechazando las criticas contra Chile debido a la adquisición de aviones y fragatas. Lagos enfatizó que se trata de compras de reemplazo, orientadas sólo a la defensa, por lo que se pretende nada más que estar al día.

La ministra de Defensa, Michelle Bachelet, respaldó la política enunciada por el mandatario y señaló que al concluir el mandato del actual gobierno las ramas de la Defensa estarán modernizadas. Señaló que ya fueron dados de baja 19 aviones de combate que son los que serán remplazados por los F-16 que comenzarán a llegar a principios de 2006, tal como sucedió con la fragata Williams, que sustituyó a un destructor.

"Chile contará con cantidades similares o menores (de armamento, ndr) en algunos casos, pero con equipamiento bélico moderno, que responda a los requerimientos de la defensa y la política de disuasión del Estado chileno".

Un botón de muestra

El próximo embajador de los Estados Unidos en nuestro país, Craig Kelly, derrochó elogios para el papel de Chile junto a su país en los últimos acontecimientos internacionales. El diplomático compareció ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, para dar a conocer lo que será su misión en Santiago una vez que reemplace al actual embajador, William Brownfield.

Kelly, estrecho colaborador de Colin Powell, es considerado una voz autorizada del Departamento de Estado, por lo que sus consideraciones sobre el comportamiento internacional de Chile no hacen más que reflejar la visión de la principal potencia acerca de éste.

Kelly calificó de ejemplar cómo nuestro país recompuso sus relaciones con EE.UU. tras el impasse generado por la negativa chilena de apoyar la invasión a Irak y que ahora ambos países "disfrutan de una fuerte sociedad". Señaló que Chile era una estrella en América Latina, por su vibrante democracia y economía abierta, lo que marca un rumbo a la región, toda vez que los índices de pobreza han bajado drásticamente y los estándares de vida ascienden.

El futuro embajador elogió la cercana cooperación entre ambos países en asuntos regionales y globales, especialmente el trabajo realizado "codo a codo entre ambos gobiernos para lograr cuatro resoluciones unánimes en el Consejo de Seguridad de la ONU, a lo que se suma la cooperación en la lucha contra el narcotráfico, el lavado de dinero, el crimen organizado, vinculados todos en el combate al terrorismo".

Destacó como prueba de lo dicho "la rápida y sustancial respuesta de Chile a la petición de la ONU de contribuir a la fuerza multinacional en Haití", por lo que subrayó: "los fuertes lazos entre EE.UU. y Chile se han traducido en cooperación para avanzar en nuestros mutuos intereses y los valores del hemisferio".

¡A las armas!

Los medios de guerra que ha adquirido Chile durante los últimos seis años –incluidos los que están por llegar- representan una correcta realización de los planes de modernización de las Fuerzas Armadas, que dirigen sus principales esfuerzos más allá de las fronteras. Si bien es cierto que comparativamente Argentina y Perú aparecen con una superioridad numérica en poder aéreo (Argentina también en tanques) respecto a Chile, según el Jane's Santiel Security Asessement South America 2003, las adquisiciones chilenas se diferencian por la calidad de los medios adquiridos, que en casos como los F-16 resultan como una sobreactuación frente a "las amenazas" potenciales.

El Plan Alcázar fue desarrollado casi sin variar una coma y en materia de adquisiciones y equipamiento el acento en lo tecnológico se ha hecho notar según el propio recuento de la institución: se incorporó diversos medios antiblindaje: el misil Mapats de largo alcance, adquisición de sistema optrónico de puntería para cañones sin retroceso de 106 mm.

Adquisición de 206 tanques Leopard equipados para combate diurno y nocturno –por 80 millones de dólares- y 30 tanques AMX-30, que se sumaron a los 30 existentes.

Conformación de un parque de 320 transportes oruga acorazados M-113 (220 adquiridos en Italia y Estados Unidos) y 300 transportes blindados de tropas del tipo Mowag "Piraña" a ruedas fabricados por FAMAE.

Adquisición del sistema múltiple de cohetes israelí LAR-160 con 35 kilómetros de alcance. Culminación del sistema del cohete "Rayo" con 52 kilómetros de alcance. Puesta en servicio operacional del misil antiaéreo Mistral de corto alcance integrado a sistemas de mando y control.

La compra de tres tanques "posapuentes", tres tanques de reparación de blindados, tres tanques convertidos para transporte de secciones de puente y dos tanques barreminas constituyen el primer logro en la mecanización de las unidades del arma.

Compra de equipos de comunicación satelital y guerra electrónica, para mejorar la Red Primaria y Red Secundaria.

La Armada, después de intentar dos proyectos para renovar navíos, primero Tridente, seguido de Fragata, culminó con el vigente proyecto Puente, orientado a la compra de fragatas usadas, lo que llevó a la adquisición de la fragata británica de la clase 22, Williams, en Chile desde la segunda mitad de 2003. Capaz de portar un helicóptero de ataque y dotada de misiles antiaéreos y superficie a superficie, cuenta con armas antisubmarino, incrementando la capacidad operativa de la escuadra.

El proceso continuó con la compra a la Real Armada Holandesa de cuatro fragatas, también usadas –es lo establecido en el proyecto Puente, por un valor de 350 millones de dólares-, dos del tipo L, clase Jakob van Heemskerck, para el combate antiaéreo y dos del tipo M, clase Karel Doorman, multipropósitos. Ambas, en condiciones de portar helicópteros pesados y misiles de diverso alcance.

Las naves comenzarán a llegar al país a contar de fines de 2005, hasta completar la partida en 2007.

También este año, arribará el primero de los dos submarinos Scorpene, comprados al consorcio Franco Español IZAR-DCN por un monto de 450 millones de dólares y que ya realiza pruebas en el mar, bajo el nombre de "O' Higgins".

Se trata de submarinos convencionales (no nucleares) de última generación, aptos para misiones oceánicas y de litoral. Destacan por su bajo costo de mantenimiento y dotación (31 tripulantes), así como por ser extraordinariamente silenciosos, su gran poder de escucha y porque son capaces de operar a más de 300 metros de profundidad gracias a la enorme resistencia de su casco que ha sido construido en aceros especiales de alto índice elástico.

La adquisición de misiles es un rasgo que marca la dirección de la "modernización", que establece una de las diferencias importantes sobre los vecinos. Se considera que para 2008 la armada contará con 500 proyectiles teledirigidos. En la actualidad existirían 104 misiles Harpoon, que tienen un alcance de 120 kilómetros. Se contaría con más de 300 misiles antiaéreos Sea Sparrow, de 16 kilómetros de alcance y sobre 60 misiles Standard, que alcanzan 38 kilómetros.

La compra de 10 aviones F-16 (por 600 millones de dólares) de origen estadounidense ha sido otra potente señal, pues se trata del que es considerado el mejor caza bombardero del mundo, dotado de misiles aire-aire y aire-tierra y equipado con avanzada tecnología. Esta nave, concebida como un avión de intercepción y ataque, tiene una autonomía de vuelo que le permite volar desde Florida en EE.UU. hasta Santiago de Chile, sin necesidad de descender.

Fuentes ligadas al ministerio de Defensa, confirmadas por observadores internacionales, informan que las compras continuarán. Se habla de la adquisición de helicópteros pesados de elevación (heavy lift helicopters), concebidos para alzar y transportar carros y piezas de artillería, o adaptados para el transporte de varias decenas de soldados con sus equipos de combate, además de helicópteros artillados antitanque; equipos para el desminado y... sorpresa: una nueva flota de tanques, posiblemente 180 nuevos blindados. La tendencia que caracteriza la adquisición de armamento por nuestro país sugiere que la mirada está puesta mucho más allá de la defensa territorial: en la participación de operaciones internacionales, similares a la de Haití, que podrían alcanzar a otros países de la región que requiriesen de ser "pacificados".

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