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C I B E R C E N S U R A

2 de agosto de 2003

Quién teme al lobo feroz

David Bravo Bueno
Rebelión

Los acontecimientos en el asunto de las redes P2P se precipitan. La penúltima es que ahora las misteriosas empresas dicen “diego” donde habían dicho “digo”. Ahora no se han rastreado las comunicaciones de 95.000 usuarios, lo que se ha hecho es ver los archivos compartidos de todos los que se conectan al Kazaa y apuntarlos en un cuaderno de anillas. La demanda que pusieron, paradójicamente, no está puesta sino que está “pendiente de firma” y esta demora se debe a dos extrañas razones: la primera es que la Asociación de Internautas ha puesto en conocimiento de los usuarios una herramienta llamada Peer-Guardian que “dificultará la investigación judicial”. Esto equivale a decir que no se ha interpuesto una demanda en la que será necesario solicitar un registro domiciliario porque el presunto delincuente ha puesto un cerrojo en la puerta de su casa. Otra de las razones para no poner la denuncia es el miedo a que dejen de comprar sus productos o la recepción de e-mails insultantes. Al parecer estos empresarios son de lo más sentidos. Están dispuestos a poner una demanda por una supuesta acción delictiva pero le frenan los exabruptos de algún internauta que tiene un incomprensible ataque de furia solo porque le quieren cambiar a un domicilio un poco más pequeño en Alcalá Meco. No se lo tomen tan mal, deben entender que no estaba entre nuestros planes de futuro conocer al asesino del naipe. Nuestras relaciones son algo menos peligrosas. Las suyas, las desconozco. En cuanto a lo que se refiere a la posibilidad de boicot tienen razones para temerlo porque es lógico que los internautas no quieran con sus compras dar fondos a las empresas que con ellos pagarán a los abogados con los que pretenden encarcelarlos. ¿Acaso de verdad se les había pasado por la cabeza la posibilidad de incriminar a 100.000 personas y no perderlos como clientes? Deben entender que muchos de los que señalan con el dedo hasta ayer tenían como preocupación principal los exámenes de septiembre o la renovación del contrato en ese bar en el que trabajan, y ahora se levantan con la palabra “criminal” escrita en la frente y la sensación de que mañana pueden estar entre rejas. ¿Qué hacen estas personas con las horas de sueño que a causa de este alarmismo han perdido? ¿Cuál es la demanda que hay que interponer para que se las devuelvan?


Se dice también que el que algunos usuarios hayan dejado de usar programas P2P equivale a reconocer, tácitamente, lo delictivo de sus actos. Que doscientas empresas te enseñen los dientes y te digan que te van a llevar delante de un juez para que decida sobre tu libertad no les parece que deba dar el más mínimo miedo. Si un día andando por la calle un tipo gigante me levanta la mano con cara de furia mi reacción será salir corriendo pero eso no querrá decir que yo piense que me merezca la bofetada. Vivimos en el tiempo del miedo. Todos tenemos la sensación de que mañana nos tocarán a nosotros las desgracias que siempre les ocurren a nuestros vecinos. Y además ya nada nos extraña porque conocemos la moral de las empresas y no es mucho mayor que la de Ted Bundy, el famoso serial killer. Sabemos que muchas se enriquecen de la noche a la mañana como por arte de mafia. Sabemos de lo que son capaces porque son las mismas que nos pagan el salario mínimo interprofesional por doce horas de trabajo (por si alguien no lo sabe el “salario mínimo interprofesional” es aquél que ha de pagar el empresario como mínimo y que el estado considera suficiente para que el trabajador pueda subsistir siempre que lleve la dieta de Robinson Crusoe). Suponiendo que sea ilegal (algo que sostengo que no es cierto) ¿cómo se puede decir que los usuarios conocen esa ilegalidad? El Sr. Ribas, abogado de estos empresarios, está en la famosa página de Kriptópolis argumentando jurídicamente su postura mientras que el letrado D. Carlos Sánchez Almeida sostiene la tesis contraria. Uno y otro aportan como justificación de sus tesis artículos de diferentes códigos y sentencias de varios tribunales con posturas diferentes. ¿De verdad se pretende hacer creer que mi primo que ve los Pokemon conoce la respuesta jurídica de algo en lo que ni los mismos abogados y jueces consiguen ponerse de acuerdo?


En cualquier caso tras las, al menos aparentes, contradicciones de los empresarios enmascarados, Internet se llenó de mensajes de alivio. Todo sonaba al tradicional “que viene el coco” así que todo hacía prever que la profecía se había equivocado: no era el fin del mundo. Ni el mar se iba a convertir en sangre, ni iba a haber diluvio universal.


Casualmente fue justo cuando los suspiros de tranquilidad se hicieron públicos cuando salió la noticia de que la demanda se ponía (ahora si que si) con el agravante de que ya eran 38 las importantes empresas de software que se adherían a ella. El miedo se estaba perdiendo y eso había que remediarlo.


Ahora había novedades en las informaciones dadas a la prensa y es que estaban tomando acta notarial de las declaraciones publicadas en Internet. Esto, traducido al lenguaje común, significa: “cuidadito con lo que hablas”. Ahora no solo la gente debía estar asustada de si iba a compartir litera con un violador de menores por bajarse un screener de Hulk en dos Cds sino que las posibilidades aumentaban si hablaba más de la cuenta. De todos es sabido que el amenazado mudo está más guapo. Es molesto pisarle el pie a alguien y que encima tengamos que soportar sus quejidos. Al cazador le ofenden los rugidos del león que caza.


El tema se complicó aún más cuando incluso Dios, por medio de sus representantes en la tierra, avisó de que en el infierno se estaban haciendo obras para dar cabida a todos aquellos pecadores que se bajan archivos de la red. Aunque parezca mentira la “Christian Music Trade Association” dice que Dios dice que bajar música de Internet es un pecado capital porque incumple el mandamiento de “no robarás”. El robo es, según la legislación española, apoderarse con ánimo de lucro “de las cosas muebles ajenas empleando fuerza en las cosas para acceder al lugar donde éstas se encuentran o violencia o intimidación en las personas”. Sin embargo desde el cielo se pretende ampliar el concepto.


Desde Estados Unidos Orrin Hatch, miembro del Congreso, propuso idear un sistema por el cual se consiguiera destruir por control remoto los ordenadores de aquellas personas que usan las redes P2P. Pero no crean que Orrin Hatch es una persona intolerante, él, por supuesto, daría dos avisos al internauta y si a la segunda éste silba y mira para otro lado se procedería a la destrucción de la máquina. No se qué ocurrirá con esta iniciativa pero apuesto que a las empresas que venden ordenadores se les cae la baba solo de pensarlo. Alguien se preguntará de donde viene esta incontrolable furia de este señor. La respuesta es que no solo proviene de las vísceras sino también del bolsillo: este hombre es, además de congresista, compositor, y el año pasado ganó en concepto de royalties 18.000 dólares.


Por su parte, la RIAA después de perder una querella en la que intentaba criminalizar a la redes P2P, ideó una campaña de concienciación que consistía en mandar masivamente mensajes a los usuarios de estas redes en las que se les advertía que bajar música de Internet equivale a un robo y que la persona receptora del mensaje podía ser “fácilmente identificable”, que es la forma que tienen las empresas de decir eso de “me he quedao con tu cara”.


Miedo al infierno, miedo a que mi ordenador estalle, miedo a la prisión, miedo a las empresas que me sensibilizan con la cultura del miedo. La clase media, que es esa a la que un golpe en su coche que su seguro no quiera pagar le puede significar estar al borde de la bancarrota, está continuamente con la sensación de estar caminando en la cuerda floja. Mientras tanto, los empresarios te soplan para que pierdas el equilibrio y cuando estás a punto de caer te ofrecen la mano si les das la camisa, los calzoncillos y el reloj. Sin embargo esto no está considerado robo ni por las leyes divinas ni por las humanas.


Después de estos disparates muchas instituciones empezaron a darse cuenta de que algunos de los que se quería llevar al banquillo de los acusados eran personas que hacía poco que habían dejado de creer en los reyes magos y cuya máxima preocupación actual era el acné juvenil. Eso es un escándalo, así que muchas manos comenzaron a lavarse en público para que nadie se llevara a engaño. Llegó el momento de las desvinculaciones: la Asociación de Usuarios de Internet, de la que el abogado D. Xavier Ribas es miembro de su Junta Directiva, dijo en un comunicado que no estaba en contra del uso de las redes P2P y que “no les parecía una buena medida culpabilizar a los Usuarios de las malas prácticas de unos pocos que quieren hacer negocios a costa del trabajo de los demás”. La BSA (Business Software Alliance) que está formada por los principales productores de software “para combatir la piratería informática a nivel internacional” ha declarado no estar detrás de esta misteriosa denuncia por “una cuestión de prioridades”. Para colmo de males la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía ante la que se presentó la denuncia ha manifestado que "las descargas de P2P son perseguibles sólo si el usuario pretende enriquecerse con ellas”.


En un principio, y según lo que se declaró a la prensa, eran las principales empresas de software las que estaban detrás de esta demanda, ahora se baja el listón porque la BSA, que precisamente reúne a las principales empresas de software, dice no tener nada que ver con todo esto. Por si fuera poco, Paco, que tiene una tienda de informática en mi barrio al lado de la frutería me ha dicho dándome su palabra de honor que tampoco él sabe nada.


Cuantos más días pasan más sigue dando la sensación de que esta demanda es tan cierta como cierto era que el efecto 2000 iba a acabar con la civilización. Sin embargo, el poder del “por si acaso” ha conseguido alguna que otra deserción en las listas de downloaders profesionales. Algunos padres que han escuchado campanas sin saber de donde le preguntan temerosos a sus hijos que si ellos son “internautas de esos”. No es de extrañar. El poder de la deformación mediática ha conseguido que los jugadores de rol se conviertan en asesinos potenciales y los admiradores de Marilyn Manson en responsables de masacres en institutos americanos. Los “internautas esos” no somos delincuentes por mucho que la economía de ciertas empresas lo prefieran. Los internautas que usan las redes P2P son estudiantes, mensajeros, cantantes, comerciales, fontaneros, cajeras, recepcionistas y, no lo duden, algún que otro empresario de software. Muchos de los “internautas esos” son los estafados por Opening y muchos vivimos en barrios en los que no está de más llevar chaleco antibalas cuando sacas al perro a pasear. Sin embargo es a nosotros a quienes pretenden meter en prisión.


Hace tiempo recibí una carta de una amiga de Barcelona. En el interior del sobre había una cinta grabada con el primer disco del cantautor Ismael Serrano. Fue escuchar “Vértigo” y convertirse en un clásico para mí. En aquel tiempo aunque no ganaba mucho con mi trabajo, el hecho de vivir con mi madre me daba la posibilidad de gastarme mi sueldo y seguir comiendo, así que, ni corto ni perezoso, fui a la tienda más cercana y compré los discos que hasta la fecha había publicado el autor. No se si yo habría conocido al cantante de no haber sido por aquella cinta que, según dicen hoy, es responsable de hacer tambalear a los que intermedian entre el artista y el oyente y que cobran un 90% de los beneficios por la mediación. No dicen los artistas ni los empresarios que la difusión de la música por Internet da la oportunidad de dar a conocer, aun más, a los grandes cantantes (y digo grandes por conocidos) y a los que no lo son. Las empresas hacen las cuentas de la vieja diciendo que sus perjuicios equivalen al precio de cada archivo bajado de la red. La SGAE dice que “es obvio” que cada disco que llega a nuestra carpeta de incoming es un disco menos que se vende. Con este razonamiento consiguen dejar la cifra de perjuicio, en un año, en 180 millones de euros. Lo cierto es que si le dijeras a un usuario de redes P2P que él se compraría lo que se baja le daría un ataque de risa.


Mientras la SGAE con cálculos matemáticos de lógica dudosa situaba el perjuicio de la piratería en 180 millones de euros/dólares, en EEUU 30 tribunales demandaban a las discográficas en el año 2000 por fijar ilegalmente los precios de los CDs, una práctica que, aseguran, “ha costado más de 480 millones de dólares/euros a los consumidores”.


La posición de los artistas en lo que respecta a la piratería es diversa. A pesar de que un grupo gana aproximadamente un 8% del precio del disco todavía algunos no se han dado cuenta de quiénes son los que realmente desmerecen su dignidad de autores. Ismael Serrano, al que ya digo que admiro como cantante, es capaz de usar el respeto que muchos le teníamos por parecer una persona comprometida diciendo que "comprar un disco es un acto de militancia”. Yo creía que la militancia venía del corazón y que por eso a la militancia podíamos acceder todos. Parece ser que no es así. También para poder militar hace falta tener lleno el bolsillo. Tal vez, Ismael, ya no militemos en lo mismo. Tal vez desde que grabas para la Universal tu militancia mira a otra parte. La verdad es que no se si has conseguido mantener esa promesa que hiciste de seguir reconociéndote cuando te miras al espejo.


Pero no todos los cantantes piensan como Ismael Serrano. De hecho los maestros en los que se inspira el cantante tienen ideas bien diferentes. Luis Eduardo Aute dice: “estoy agradecido con la piratería en cierta forma, pues ellos empezaron a darme a conocer en México cuando mi compañía argumentaba no distribuirme porque mis canciones eran complejas. Luego se demostró que no era para tanto”. Joaquín Sabina (que directamente califica como piratas a las multinacionales que más usan esta palabra para incriminar a los internautas) dice que: "las luchas sobre los derechos de autor no son tan sagradas para mí, porque normalmente los que pelean contra eso ganan una pasta impresionante. Yo sé que los voy a defraudar porque no voy a poner mi nombre nunca debajo de una carta contra la piratería. Yo estoy de acuerdo con la piratería. Si yo fuera ellos, haría lo mismo". Silvio Rodríguez no se queda atrás y dice: “no veo mal que los amigos intercambien la música que gusten (gracias a ello estamos en contacto). Es cierto que la música es un hobby caro, imposible para muchos, y nada ni nadie tiene derecho a privar a un semejante de la espiritualidad de las artes.”


El grupo The Stormy Mondays asegura que "varios estudios demuestran que la distribución gratuita de canciones en formato MP3 favorece las ventas de discos. Nuestra experiencia lo confirma” y Courtney Love dijo en la Conferencia Digital Hollywood: "Hoy quiero hablar de la piratería y la música. ¿Qué es la piratería? Piratería es el acto de robar el trabajo de un artista sin intención de pagar por él. No estoy hablando de programas como Napster. Estoy hablando de los contratos discográficos”, después, por si no había quedado suficientemente claro, dijo: “Los artistas que graban esencialmente han estado regalando su música gratis en el viejo sistema, por lo tanto la nueva tecnología que expone nuestra música a un público más numeroso puede solamente ser una cosa buena. ¿Por qué estas compañías no están trabajando con nosotros para crear una cierta paz? Hubo mil millones de descargas de música el año pasado, pero las ventas de música suben. ¿Dónde está la evidencia de que las descargas dañan el negocio? Las descargas están creando más demanda. ¿Por qué las compañías discográficas no están abrazando esta gran oportunidad? ¿Por qué no están intentando hablar con los muchachos que intercambian recopilaciones para aprender qué es lo que les gusta? ¿Por qué la RIAA está demandando a compañías que están estimulando esta nueva demanda? ¿Qué ganan yendo detrás de gente que intercambia ficheros MP3 que suenan mal? ¡dinero! Un dinero que no tienen ninguna intención de repartir con nosotros, los autores de sus beneficios”.


Alaska, la cantante española, dijo no hace mucho: “No entiendo ni soporto el discurso policial de la SGAE y de muchos artistas. No es de recibo cobrar 21 euros por un CD si cuesta tres”. La reacción fue rápida: la Asociación Nacional de Empresas Distribuidoras de Discos (ANEDI) retiró las obras de la cantante de todas las tiendas. La solución a los problemas de las empresas que dicen no querer dar la cara por el posible boicot de los internautas es, precisamente, el boicot. Así actúan las grandes multinacionales. Ponen un billete de 500 euros sobre los ojos de sus artistas y si a pesar de todo alguno de ellos tiene el empeño de querer ver sin filtros le amordazan la boca, le atan las manos y le obligan a mirar calladitos cómo destrozan su carrera. La libertad de expresión es la libertad que el guiñol tiene de mover la boca mientras habla su ventrílocuo.


Por otro lado es casi imposible contabilizar cuántos prestigiosos cantantes se han formado gracias a la piratería. No se si Ismael Serrano consiguió su bagaje cultural de discos originales comprados en su barrio natal de Vallecas pero la mayoría de los artistas actuales se enamoraron de la música gracias a la mucha que escucharon en sus tiempos jóvenes y a la mucha cultura musical que eso les dio. Esas canciones, esa música, venía directamente de casetes que se pasaban de amigos a amigos y son las que hicieron que hoy ellos sepan qué hacer en un escenario. Porque no es el conservatorio el que hace a los artistas, los artistas se hacen por amor al arte y, por amor, aprenden. Y es difícil hacer el amor con el arte cuando este te pide 3000 pesetas y el radio casete aparte.


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