| CUBA FRENTE AL IMPERIO |
20 de junio del 2003 |
Carlo Frabetti
Rebelión
Si, antes de su publicación, alguien me hubiera mostrado la "Carta abierta contra la represión en Cuba" (CACRC) que apareció el 7 de junio en El País y me hubiera preguntado: "¿Quién crees que puede firmarla?", le habría contestado: "Solo un idiota o un canalla".
Y sin embargo, entre los y las firmantes veo con consternación los nombres de compañeros y compañeras de más de una batalla, que me consta que no son ni canallas ni idiotas.
¿Qué pasa con Cuba? Lo mismo que con Euskadi, me temo. En ambos casos, una larga e implacable campaña de demonización orquestada por gobiernos presuntamente democráticos ha acabado calando en muchas, muchísimas conciencias. Solo las personas más lúcidas, combativas e informadas logran sustraerse al efecto estupefaciente de las mentiras del poder, sobre todo de las relativas a la construcción del Enemigo, del Malo irreductible, que ya no es el "rojo" (o no lo era: en la España de Aznar vuelve a serlo) sino el "terrorista" y, por extensión, el "no-demócrata".
Franco no logró hacernos creer que vivíamos en una "democracia orgánica" (no se lo creían ni siquiera sus partidarios más acérrimos), pero González y Aznar han hecho creer a muchos que nuestro sistema parlamentario nos hace mejores y más libres que, por ejemplo, los cubanos o los iraquíes. Y que cualquier ataque a las sagradas "democracias" occidentales es "terrorismo", aunque las "democracias" se dediquen a matar niños y periodistas para robar petróleo.
La infame CACRC no habla del embargo, no habla de los agentes estadounidenses infiltrados en Cuba, y llama "oposición pacífica" a los sicarios y los conspiradores pagados por Washington. ¿Cómo es posible que algunas (pocas pero relevantes) personas de probada o probable honradez hayan puesto sus firmas junto a las de los canallas y los idiotas morales de siempre? La única explicación --que no justificación-- que se me ocurre es la irreductible aversión a la pena de muerte que muchos sentimos.
Yo estoy en contra de la pena de muerte, sin reservas. También estoy en contra de la cárcel, el machismo, la familia nuclear y el carnivorismo, entre otras cosas. Pero, desgraciadamente, vivimos en un mundo carnívoro, patriarcal, carcelario y homicida. Casi todos los Estados (incluido el español) contemplan la pena de muerte en situaciones de guerra o asedio. Y Cuba vive una situación de asedio y de guerra solapada desde hace más de cuatro décadas. Exigirles a los cubanos que sean más "humanitarios" y más "demócratas" que nosotros mismos, a pesar del implacable acoso al que son sometidos, a pesar de su terrible situación de vulnerabilidad frente a la mayor y más despiadada potencia bélica del mundo, es una hipocresía tan abyecta como la de esos ricos que les exigen a los pobres una honradez ejemplar.
"Los abajo firmantes, intelectuales, artistas y políticos del mundo democrático, exigimos al gobierno cubano la inmediata liberación de todos los disidentes, que desean la soberanía y la democracia de su país, y demandamos el cese de la represión contra la oposición pacífica", dice la CACRC. Yo les exigiría a esos paladines del "mundo democrático" la inmediata liberación de sus neuronas y el cese de la represión de su sentido crítico. Porque el papel de los intelectuales --su obligación moral-- no es apoyar el discurso del poder, sino oponerse a sus abusos, aunque muchos prefieran, por cobardía y/o interés ("para salvar sus piscinas", como dijo Dalton Trumbo de los que traicionaron a sus colegas durante el macartismo), ponerse, como Aznar, al lado del más fuerte.