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4 de agosto de 2003

Fela Kuti

Magia Negra (comentarios subjetivos sobre el padre del afrobeat)

Pablo G. Manchón y Víctor Lenore
Ladinamo

Fela Kuti, padre del afrobeat, muerto hace seis años, fue compositor, saxofonista, teclista, bailarín, activista panafricano, autor de setenta y siete discos y líder anticolonial víctima frecuente de la brutalidad militar y el terrorismo de estado (lo que le llevó a amenazar varias veces con presentarse a presidente de Nigeria). Siempre desafiante, tanto en su vida como en su obra, sólo ahora comienza a disfrutar del prestigio que merece, con la reedición de gran parte de sus álbumes y un par de discos de tributo. LDNM indaga en su figura interrogando a varios expertos.


Patricia Godes, periodista: “¿El principal mérito de Fela Kuti? Individualismo, expresividad, poder hipnótico. No se parece a nada ni a nadie. Añadiría que, en sus mejores momentos, logra ser verdaderamente espectacular (eso sí, en un sentido muy diferente del que puedan dar a la palabra Madonna, Los Rolling Stones, Shakira o los escenógrafos del Teatro Real, claro). Nunca existirá una escuela de Fela, como no hay una escuela de James Brown. Yo todavía no he oído a nadie que haya logrado siquiera hacer una copia aceptable”.


Luis Lles, periodista y organizador del festival Periferias: “Su principal mérito, en mi opinión, es haber traducido la hipnosis de la música africana a un lenguaje universal y comprensible por todo el mundo al haber incorporado el influjo del jazz y el funk. En cualquier caso, su extraordinario carisma hace su aportación a la cultura universal sobrepase con mucho el carácter estrictamente musical. De sus discos, me encanta ITT (International Thief Thief) porque no me canso de escucharlo y por su denuncia de las multinacionales como sanguinarios grupos de presión política, sobre todo en el Tercer Mundo. Me encanta Black President, porque fue el primer disco que me compré de Fela y porque me parece genial. Y me gusta muchísimo The ‘69 Los Angeles Sessions porque está lleno de canciones de duración corta, excitantes y muy funk, que acercan a Fela a esa especie de James Brown africano que fue en algún momento de su trayectoria”.


Sagrario Luna, miembro de la asociación cultural Afrobeat Project: “La única vez que vi a Fela en directo fue en un concierto en el Elíseo Montmartre (París). Duró algo más de tres horas, aunque me habían contado que sus directos podían llegar hasta las ocho horas. Era una barbaridad, con unas cuarenta personas en un escenario entre músicos, bailarinas, coristas... Nunca había visto una banda tan numerosa ni la he vuelto a ver después. Ni siquiera Femi, su hijo, tiene una banda con tanta gente. Además, me impresionó mucho ver a las queens (bailarinas y cantantes que le acompañaban). Pensé, no sé por qué, que aquello no les iba a gustar a las feministas. Me llamó mucho la atención cómo podían seguir bailando a cuatro patas y en esas posturas tan peculiares”.


José Manuel Gómez, crítico musical: “Vi a Fela sólo una vez, en Barcelona, creo que fue la única actuación que dio en España. El concierto se celebró en el Otto Zutz, una discoteca de Barcelona de esas de diseño, y duró como dos horas y media o tres. El local estaba lleno y no había mucho sitio para bailar. Yo, normalmente, ese tipo de conciertos los pasaba todo el rato bailando pero en este, a las dos horas, dije: ‘no puedo más’. Era impresionante la sensación de ver a dieciocho personas encima de un escenario que no daba para más haciendo un ritmo absolutamente abrasivo y agotador”.


Bernard Matussière, fotógrafo: “Fela era un tipo peculiar. Viajaba con dos docenas de esposas, hacía matar gallinas en habitaciones de hotel, recibía a la gente sentado en la taza del váter. ¿Has oído la canción “Power Show”? Pues de eso se trataba: le gustaba enseñar a la gente su poder, que supiera que no le importaba lo que pensaras de él porque estaba muy por encima de las convenciones sociales occidentales. No podías entrar en su habitación así como así, siempre había uno o dos tipos custodiando la puerta, guardaespaldas o secretarios. De hecho, a veces hacía esperar a la gente que le visitaba para asegurarse de que cuando entrasen estaría sentado en la taza”.


José Manuel Gómez: “En Barcelona dio una rueda de prensa a la que acudimos unos cuatro periodistas. La conversación con Fela fue un dislate. Acababa de salir de la cárcel y se había encontrado con un disco suyo que había remezclado un bajista y productor de la no wave neoyorquina sin su permiso. Fela dijo que “vaya mierda”, que cómo se había atrevido, que no le había gustado nada, aunque lo cierto es que pones el disco y suena a Fela Kuti. Yo creo que lo que de verdad le ofendía es que alguien pusiera las manos sobre su música. Además, recuerdo que luego la conversación derivó hacia términos musicales, que a Fela le traían al fresco. En aquel momento, Mingus B Formentor (otro periodista) estaba obsesionado con la juju music y el highlife y se produjo la típica situación, muy europea, en la que un crítico intenta que un músico haga una definición estilística cuando a Fela le daba por el culo. Por lo demás, recuerdo que Fela también se metió con el Rey de España por alguna extraña historia de inversiones en Nigeria; debía de ser algo relacionado con el petróleo. Fela, con absoluta razón, estaba ya obsesionado con las multinacionales y con todas las historias que le habían hecho a él personalmente. Tanto en las canciones como cuando hablaba, explicaba que las multinacionales habían entrado en África con todo el poder y estaban jodiendo el continente, llevándose los recursos sin dar nada a cambio”.


Sagrario Luna: “El afrobeat nace como una música política. Fue Fela quien la creó cuando se fue a Estados Unidos a intentar buscarse la vida. Allí, gracias a Sandra Smith, entró en contacto con los Panteras Negras, lo que le hizo cambiar todo su pensamiento; de pronto se dio cuenta de que los negros que viven en Norteamérica quieren ser como los negros que viven en África y se sienten orgullosos de ser negros. Cuando regresó a Nigeria tenía la firme intención política de luchar por su raza –que, según él, había iniciado la civilización–, de intentar frenar el colonialismo y el imperialismo y evitar que los negros le siguieran haciendo el juego a los blancos y mataran a otros negros. De ahí sale el panafricanismo, que es un poco la ideología que Fela reivindicó en toda su trayectoria y que ahora Femi ha retomado. El afrobeat es el instrumento de denuncia que Fela creó para reivindicar y buscar la justicia y la dignidad”.


Bernard Matussière: “Al principio de conocer a Fela pensé que habría una contradicción entre su ideología anticolonialista, anticapitalista y su estilo de vida exagerado, con tantas mujeres, tantos excesos y un comportamiento a menudo desconsiderado. Luego me di cuenta de que no era así; simplemente, se portaba como un hombre africano. Cuando íbamos de gira, observaba que la gente africana que iba con él no veía nada extraño en las cosas que hacía. Para el público en Francia, la verdad, que estuviera casado con quince mujeres era uno de los principales atractivos de su personaje. Él era así. Lo que no me gustaba era la forma en que trataba a su banda. Les ponía multas de veinte libras de la época por equivocarse de nota, supongo que copió eso de James Brown. También les retenía los pasaportes para que no se escaparan. Pero bueno, todos ellos eran tipos duros, todos lo habían pasado mal, no se preguntaban por la mañana si habían dormido bien la noche anterior. Y, además, eso no quita que Fela fuera un gran artista”.


Patricia Godes: “Creo que el afrobeat de ahora es un eslabón más en la cadena de reivindicaciones orquestadas a golpe de campana por la industria y apoyadas ciegamente por sus esbirros de los medios. Personalmente, no creo que me guste ver el nombre de Fela convertido en carta credencial de los esnobs musicales como ha pasado con Gainsbourg, Astrud Gilberto o Nick Drake”.


Luis Lles: “¿El afrobeat actual? Por lo general, no me suelen gustar los revivals. Prefiero que la música siga avanzando en lugar de mirar al pasado. No obstante, dado que la música vive en la actualidad una fase de "eterno retorno" (de la que no sé si saldrá algún día), pues prefiero recuperar sonidos que me entusiasman, como el afrobeat. Ha traído aires de renovación, cálidos y humanos a las pistas de baile. Me imagino que habrá también abundantes dosis de oportunismo pero, por lo general, me parece una música que tiene mucho que decir. Entre los que ofrecen una visión más ortodoxa del legado de Kuti, me quedo con Antibalas, con Dele Sosimi (otro ex miembro de Egypt 80), con Ayetoro o, por supuesto, con Tony Allen y Femi Kuti. Y entre los más contemporáneos y cercanos al house y a la música dance, me gustan mucho Soul Ascendants, Jagunlabi, Ola Jagun & The Ancestral Rhythms (magnífico material para Spiritual Life, el sello de Jo Claussell, a cargo de este ex batería de Fela), Awa-Klash y ciertas cosas de Faze Action o Black Jazz Chronicles. Para seguir el desarrollo actual del auténtico afrobeat nigeriano es muy recomendable hacerse con la recopilación Nu Afrobeat Experience (Eko Star, 2002)


José Manuel Gómez: “Me da la sensación de que ahora mismo, al margen de Femi o del batería de Fela, Tony Allen, hay poca cosa. Es curioso, el afrobeat no es un ritmo que tenga mucha aceptación en África, fuera del ámbito de Nigeria. Si estás pinchando en la sala Suristán y pones afrobeat, los negros que están allí no bailan afrobeat, bailan soukous y, de hecho, te lo piden; bailan funky, bailan salsa… pero el afrobeat no es un estilo que haya traspasado fronteras en África. Eso ha sido más en Europa. Yo diría que el motivo es que la manera de bailar afrobeat para los africanos resulta bastante salvaje. La única manera de bailar el afrobeat es a lo bestia. Hay otros ritmos bailables africanos, como el soukous que, por muy rápido que se bailen, pueden entrar dentro de un ritual bastante asimilable en todos los lugares de África. Por lo demás, en Nigeria el afrobeat ha estado sometido durante mucho tiempo a los vaivenes políticos de la figura de Fela; si determinado artista que interpreta determinado ritmo es estigmatizado como opositor o rebelde, obviamente, quienes lo bailan son estigmatizados como sus seguidores y, por tanto, tendrán problemas con la policía. Si Fela tuvo problemas con la policía, los clubes que programaran afrobeat también los tendrán”.



Crítica del único concierto conocido de Fela Kuti en España. Discoteca Otto Zutz, Barcelona, 3 de diciembre de 1986.


(Texto del crítico Carlos Núñez, publicado en El Periódico de Catalunya el 5 de diciembre de 1986, que reproducimos por su interés)


Ni para un alfiler quedó sitio el miércoles por la noche en la discoteca Otto Zutz, que recibía por primera vez al músico nigeriano Fela Anikulapo Kuti y su multitudinaria banda, comprimida hasta el agobio en el pequeño escenario. El artista, antes del concierto, habló del acoso político a que es repetidamente sometido y tiró a dar contra lo que se le puso delante. Fela no aparenta los cuarenta y ocho años que tiene y afirma que puede, si quiere, vivir hasta los ciento setenta. Ha estado en la cárcel en diversas ocasiones, acusado de muchas cosas. "Excusas, porque siempre estuve por motivos políticos; querían apartarme e impedir que difunda mis ideas", dijo. Él está en contra de los políticos corruptos que quieren dirigir los países con ideas extranjerizantes, sin seguir las raíces culturales de África. Por ello, afirma que es africano, no nigeriano: "Nigeria se creó a principios de siglo, pero mi cultura viene de siglos atrás". Fela camina ideológicamente hacia la unidad africana, hacia un gobierno único para todo el continente: "Es un progresismo que los regímenes militares no aceptan, porque prefieren mantener las cosas como están ahora, en estado de confusión".

Refiriéndose al norte, al África árabe, dice que está invadida, ocupada, "lo mismo que el sur". Para él, el colonialismo "es peligroso porque provoca desinformación. En el plano cultural, por ejemplo, mucha gente piensa que África es música de tambores, pero casi todos los instrumentos han salido de allí y la música también. La música es internacional, pero el centro es África. España, como el resto de Europa o América, no sabe nada de África, pero nosotros sí conocemos al resto del mundo".

Fela interpretó durante más de tres horas una pequeña muestra de la música que ha grabado en más de sesenta discos a lo largo de veintitrés años. Con la percusión y el metal en primer plano, Fela hizo vibrar con sus ritmos incisivos que parecían no tener fin. Su música se mostró como una combinación de ritmos negros, como el jazz, el funk, el soul e incluso el reggae, con las primitivas raíces musicales africanas.

El público que tuvo la fortuna de poder entrar, ya que muchos tuvieron

que quedarse en la calle, dio muestras de disfrutar con el maratoniano y exótico concierto, que sirvió a Fela para dar un primer paso en este país, "para que la gente sepa lo que es la música africana y de su espiritualidad, lo que es un modo de acercamiento, una manera de cambiar la mentalidad de la gente. Los americanos quieren llenar el mundo con sus misiles y yo quiero llenarlo de música".

Al final del concierto, una de las veintinueve esposas de Fela intentó, sin éxito, acuchillarle en el camerino.


Cuatro datos clave


1. Nacido en 1938, los padres de Fela Kuti le bautizaron como Hildegart Ransome, siguiendo la sugerencia de un misionero alemán. Poco a poco, mientras tomaba conciencia de su raza, fue cambiando su nombre hasta formar el siguiente: Fela (aquel de quien emana la grandeza) Anikulapo (aquel que transporta la muerte en su carcaj) Kuti (aquel cuya muerte no puede ser causada por el hombre). El 2 de agosto de 1997 murió de sida, una enfermedad que se negó a reconocer. “Cuando se anunció su muerte, apenas hubo delitos en Nigeria durante dos días, porque todos los chicos malos le amaban y estaban ocupados acudiendo a su funeral”, explica su hijo Femi.


2. “Quiero usar la música como un arma”, dijo Fela en 1979. “Hay que tocar música y hay que ser activo. Hay que hacer algo contra el sistema. Si no te gusta, haz algo. En Inglaterra, por ejemplo, la sociedad ha llegado a un punto donde la música puede ser un instrumento de placer. Allí pueden hablar de amor, de las chicas con las que se acuestan. Pero en mi sociedad no hay placer, sólo el esfuerzo diario de la gente para existir. El arte debe hablar de tu estado de desarrollo o de subdesarrollo. O sea que, para África, la música no puede ser un placer; debe hablar de revolución”


3. El 18 de febrero de 1977, el general Obasanjo, jefe de la junta militar nigeriana, ordenó una operación de castigo contra Kalakuta, la finca donde Fela había construido su casa, su estudio, un centro de actividades anticolonialistas y una clínica de acceso gratuito. Unos mil soldados quemaron el complejo, el equipo, muchos masters con música inédita, agredieron brutalmente a los ocupantes con torturas y violaciones y llegaron a lanzar a la madre de Fela (en silla de ruedas) desde un segundo piso. Inspirándose en la agresión, Fela compuso dos álbumes: Sorrow, tears and blood y Unknown soldier (este último título hace referencia al cinismo del gobierno que atribuyó el ataque a soldados desconocidos).


4. El nombre de Fela es reverenciado entre sus colegas. Para Ian MacKaye, líder de Fugazi, no ha existido en la historia una banda mejor que la suya. Steve Wonder y David Byrne, dos rendidos fans, contribuyeron a una campaña en 1986 para librarle de la cárcel (por una sentencia que más tarde el juez reconoció injusta). Recientemente, se ha editado Red, Hot + Riot (2002), un álbum donde le rinden tributo (entre otras estrellas) Manu Dibango, Macy Gray, Babaa Mal, Ray Lema y D’Angelo. El recopilatorio República afrobeat (2003) certifica también la influencia de su obra, visible en piezas de Fatboy Slim, Masters At Work, Blaze, Zuco 103, Femi Kuti…


www.redhotriot.com

www.suristan.com/body_republicafrobeat.html

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