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21 de agosto de 2003

El detective salvaje

David Franco Monthiel
Cádiz Rebelde

Arturo Belano pasó hambre. Supo de las aristas de frío que recorren un cuerpo nómada a la intemperie, del olor de las manos que se unen frente a una hoguera. Anduvo por Méjico bajo el signo luciferino de un Rimabud con los infrarrealistas. Vivió en sórdidas habitaciones donde alguna vez se hizo el amor furtivamente y se compartió un cigarrillo o una dosis. En la soledad del desierto de Sonora, en París, en Nicaragua buscó junto a Ulises Lima a la poeta Cesárea Tinarejo. En Méjico vivió de los artículos que escribía para la prensa y se hizo trotskista. En el 73 regresó a Chile. Se unió a la resistencia y cayó. Alguien agarró a Belano y lo apartó de la fila que se encaminaba a la guillotina militar. Tardó en reconocerlo. Lo salvó un antiguo conocido del colegio. De regreso a Méjico admiró su nombre con cierto orgullo en la portada de la antología “Poetas infrarrealistas mexicanos”.

Se fue a El Salvador: conoció al poeta Roque Dalton y a sus asesinos. Ejerció (también en Francia y otros países) una diversidad de oficios: lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos, vendimiador. En el 77 se instaló en Barcelona para montar una tienda de bisutería y de ropa para turistas. Fue tirando con el dinero que ganaba en concursos de provincias.

Arturo Belano lo leyó todo. Con una voracidad que recuerda a la de Pessoa: “Dejad de vivir. Leed”. Una tentación de huída que algunos como Albiac la hacen patente de corso para olvidarse y tragar. Belano leyó pero no encerrado en una biblioteca, sino bajo la noche de Barcelona en la caseta de guardia de un camping; Belano leyó y vivió con una pasión arrolladora que se canalizó hacia una febril e ingente producción literaria. Creyó, alguna vez en 1981, cuado pegaba con una chincheta un papel que decía, en polaco, Anarquía Total, que no iba a vivir más allá de los treinta y cinco años. Como Pascal, corrió si preocuparse hacia el precipicio después de haberse colgado algo entre él que le impidió verlo.

Estuvo al borde de la mendicidad, rechazó el crimen por ser más trabajoso que la escritura. Nunca dejó de leer y como escribió su admirado Enrique Lihn: “Pero escribí y me muero por mi cuenta/, porque escribí porque escribí estoy vivo. Quiso ser Julien Sorel. El Pijoaparte de Marsé. Horacio Oliveira de Cortázar. El Superman de su infancia. El atormentado Spiderman. Drácula. Sherlock Holmes. El padre Brown. Don Isidro Parodi. El Cristo de Elqui. Sus equipos de fútbol eran los que caminaban por el filo del descenso o la desaparición.

Supo meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío. Escribía como respiraba y era capaz de contar un chiste malo de todas las maneras posibles sin alterar la trama. Publicó su primera novela en 1984 con el título "Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce", que realizó en colaboración de Antoni García Porta. En 1992 supo que estaba muy enfermo, la pulsión inmortal se resquebrajaba. Lihn , en su “Diario de Muerte“ escribió que “duele separarse poco a poco de los sanos a quienes seguiremos unidos, hasta la muerte, separadamente unidos”

La literatura nazi en América” (Seix Barral, 1996) fue aclamado por la crítica española. Luego vinieron “Estrella distante” (Anagrama, 1996), novela que consolidó su recién ganada reputación, y los cuentos de “Llamadas telefónicas” (Anagrama, 1997). En 1998, fue galardonado con el Premio Herralde de novela en su XVI edición, por la obra "Los detectives salvajes" (1998). El Rómulo Gallegos le consolidó como un escritor imprescindible.

En 1999 publicó las novelas "Amuleto'' y "Monsieur Pain'', y en el 2000 apareció "Nocturno de Chile'', seguida al año siguiente por la colección de cuentos "Putas Asesinas''. Finalmente en el 2002 vio la luz sus obras "Amberes'' y "Una Novelita lumpen''

Con un afán polémico cimentado en el humor y el vacile, nunca se calló detrás de un sempiterno cigarrillo. Dijo lo que quiso sobre literatura: ”Siempre quise ser un escritor político, de izquierdas, claro está, pero los escritores políticos de la izquierda me parecían infames. Si yo hubiera sido Robespierre, o no, mejor Danton, en una de esas los envío a la guillotina. Latinoamérica, entre sus muchas desgracias, también ha contado con un plantel de escritores de izquierda verdaderamente miserables. Quiero decir, miserables como escritores”

Y sobre los escritores: De César Vallejo señaló: "Es la virtud y la torsión. La lírica que se autofagocita". De Juan Carlos Onetti: "Es para mayores de treinta y tres años". De Jorge Luis Borges: "Es el centro del canon de Latinoamérica". De Pablo Neruda: "Tiene dos libros extraordinarios y nada más". De García Márquez: "Es un hombre encantado de haber conocido a tantos presidentes y arzobispos. Mario Vargas Llosa: lo mismo, pero más pulido. Guillermo Cabrera Infante: un escritor extraño.” Confesó deber tanto a un tal Julio Cortázar.

A lo largo de los años de su estancia en Blanes sostuvo con Rodrigo Fresán largas conversaciones sobre las ingentes lecturas y sobre Philp K Dick, el escritor de los paranoicos. Frecuentó a Ignacio Echevarría, a Juan Villoro y a Vila-Matas. Escribió cartas a Enrique Linh. Fue personaje de Cercas. Ni Donoso, ni Rivera Letelier, ni Sepúlveda se salvan de su crítica. Afirmó rotundamente en las entrevistas que Isabel Allende es una mala escritora.

Dijo que le debía a Nicanor Parra toda su literatura. Parra, a su vez sostiene que la acidez de sus comentarios tiene que ver con la dificultad de los inicios. "Bolaño se ha sacado los cojones por escribir y encuentra que aquí la literatura es muy burguesa. Siente que ha vivido más que todos, se ha muerto de hambre, ha estado en la calle, ha pasado miseria, humillaciones. Porque hay una pila de burguesitos también entre los escritores chilenos, ¿o no?; a él le ha costado, ha aperrado solo en la vida. Yo creo que eso se los quiere refregar". Su maestro chileno, póstumamente, le lloró en unos versos: «Se nos adelantó Roberto / Pérdida irreparable para Chile / Pérdida irreparable para mí / Pérdida irreparable para todos / El resto es silencio / Acaba de estallar un corazón muy noble / Buenas noches dulcísimo príncipe / Coros de ángeles salgan a recibirte.

Dejó un libro de cuentos, “El gaucho insufrible” y una novela-río de más de mil páginas, “2666” sobre los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez.

Murió en un hospital. Esperaba un trasplante de hígado. Algunos dijeron que el suyo era comido por el águila de la literatura cada vez que escribía una línea. Ahora está muerto.

Soñó que era un detective viejo y enfermo y que buscaba a gente perdida hace tiempo. A veces se miraba casualmente en un espejo y reconocía a Roberto Bolaño.





Enlaces y links.


http://www.clubcultura.com/clubliteratura/robertobolano
http://sololiteratura.com/bolanoprincipal.htm
http://www.letras.s5.com/archivobolano.htm