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19 de septiembre de 2003

Enrique Falcon: el alarido de la mariposa

David Franco Monthiel[email protected]
Cadiz Rebelde

Donde cayó Camilo nació una cruz

Pero no de madera sino de luz Lo mataron cuando iba por un fusil

Camilo Torres muere para vivir

Cuentan que tras la bala se oyó una voz

era dios que gritaba revolución Revisar las sotanas mi general

Que en la guerrilla cabe un sacristán

(...)

y cuando ellos bajaron por su fusil

descubrieron que el pueblo tiene cien mil

cien mi Camilos prontos a combatir

Camilo Torres muere para vivir


Daniel Viglietti, Cruz de luz



1. En un barrio que no existe

Yo, lo he de ver.

De otro modo, acabaré de convertirme

también– en un hombre que no existe.


Rafael Barrett escribía hace casi un siglo, a propósito del estilo, que el habitante de la torre de marfil es blando de carne y lento de alma; se aísla, se enclaustra, trabaja en la oscuridad y pretende hacernos el don de la belleza. Barrett sentenciaba que lo que nos ofrece no es la belleza sino el problema personal resuelto.

Enrique Falcón no sólo es un grandísimo poeta. Escribir poesía es tan sólo uno de entre los tantos espacios en los que se juega la pasión por ser y ser con otros, en el medio del mundo. O dicho de otra manera: que quien así escribe es también el que vive con otros, participa en su barrio, acompaña a jóvenes en procesos educativos, ama y se pelea en contextos cotidianos de vida, entra en prisión, forma parte de una comunidad, se declara insumiso a lo militar, toma café con sus hermanos de sangre, besa a su compañera de camino, publica artículos en la prensa contrainformativa, comparte el pan, el vino y la mesa, milita en asociaciones de base o da clases en una escuela de formación profesional.

Nace en 1968 en Valencia y desde 1993 reside en el barrio del Cristo, un barrio que no existe debido al abandono. Es profesor de Formación Profesional y licenciado en literatura española por la Universitat de València. Miembro de la Comunidad de Vida Cristiana ‘Ignacio Ellacuría’, de la Asociación de Vecinos del Barrio del Cristo -esperando que el grito de los invisibles se alce- y del colectivo en prisión ‘Teuladí’ en unos momentos en que la población reclusa –pero la de dentro de la cárcel- aumenta a medida que los juicio rápidos se celebran. Insumiso al ejército entre féretros que llegan desde Irak y desde las esquirlas de un avión estrellado con una bandera enrollada; insumiso a la Prestación y objetor fiscal a los gastos militares en un mundo donde la base de Guantánamo quizá abra una sucursal muy pronto.

Su obra es útil y arriesgada, teórica y cotidiana. Ha escrito diversos trabajos de teoría literaria (Notaciones para una Poesía del Estremecimiento, 1989; La comunicación irracional, 1993; Aquí termina la poética y comienza lo político, 1993; Las prácticas literarias del conflicto, 1995). Ha publicado Dimensiones políticas del voluntariado (CiJ, Barcelona, 1997), Aproximación a las narraciones juveniles de hoy (CiJ, Barcelona, 2001) y No doblar las rodillas: siete proyectos críticos en la poesía española reciente (Universidad de Chile, Santiago, 2002). Como poeta ha publicado de varios libros de poesía: El día que me llamé Pushkin (Ayuntamiento de Sevilla, 1992), AUTT (1993; Editorial Crecida, Huelva, 2002), Amonal, y otros poemas (1996) y La marcha de 150.000.000 (proyecto en ininterrumpida expansión desde 1992). De este libro ha publicado ya dos entregas («El Saqueo», Rialp, Madrid, 1994; «El Saqueo» y «Los Otros Pobladores», Editorial 7 i Mig, Valencia, 1998). A finales del 2003 publicará las dos siguientes partes de este poema inacabable: «La caída de Dios» y «Canción de E», ya cerradas.

En 1991 fue recogido en la antología «La Factoría Valenciana», nº 1 (Valencia, 1991), y volvió a hacerlo en un número sobre escrituras poéticas conflictivas («La Factoría Valenciana», nºs 15/16; Valencia, 1994), después de haber formado parte de la propuesta de emergencia «Poesía y Conflicto» (abril-mayo de 1994). Sus textos volvieron a ser recogidos en las antologías «Joven poesía española» publicada por La Página en el año 1997; Feroces: Antología de poesía de la conciencia radical, marginal y heterodoxa (DVD, Barcelona, 1998); Voces del extremo: las voces de la poesía española al otro extremo de la centuria (Fundación JRJ, Moguer, 1999), Poesía y Conciencia (2000) y Poesía y Conflicto (2001); Pasar la página: Poetas para el nuevo milenio (Eds. Olcades, Cuenca, 2000); El último en morir que apague la luz: Atlas poético (Ateneo Obrero de Gijón, 2001); y Poesia Espanhola Anos 90 (Relógio d'Água ed., Lisboa, 2000).


2. Poesía y conflicto


¿Por qué el hambre no es una recurrencia

al menos temática en nuestras literaturas, cuando es la

única recurrencia existencial de tantos millones de hombres?—


Ningún texto es inocente. “Toda obra de arte muestra un doble carácter en indisoluble unidad: es expresión de la realidad, pero simultáneamente crea la realidad, una realidad que no existe fuera de la obra o antes de la obra, sino precisamente sólo en la obra.” Para Enrique falcón decir es una forma de hacer y de presentarse en el mundo de una manera, el texto resulta ser un lugar desde el que se efectúa una modalidad de acción, ya que se construye como espacio real del que se desatan unas determinadas conformaciones ideológicas y no otras.

Como promulgó el filósofo underground Hakim Bey en “Caos” a propósito del terrorismo poético, Falcón se pregunta si es posible una producción cultural que resulten ser inasimilables, intolerables y delictivas para la constelación ideológica que hoy diseñan culturalmente nuestras modernas sociedades de control. Moverse como peces en los archipiélagos de charcos de la resistencia, sortear la asimilación y la absorción de aquellos que convierten en carne de Macmercancía toda la magia y romper la jaula de dentro del pájaro (David Eloy Rodríguez dixit)

Las estrategias de una estética del delito poético son: Primera, la del desastre social: la búsqueda de lo catártico. La desarmonía que da una paz incendiaria. La palabra visionaria, la lucidez del delirio y la alucinada voz de los vivos. Con dos vías: la individual a lo Virgilio (“Avernis descei”) y la colectiva que se acoge al ceremonial comunitario. Segunda, la culpa social: la narratividad se va a volver salvaje contra sus propias ilusiones de objetividad y transparencia, de control sobre la realidad expuesta, y los hechos presentados se van a confirmar con una carga tal de subversión de valores que los hacen definitivamente incontrolables. La palabra trágica aspira a dotar al lector de una mala conciencia culpable. Tercera, la ruptura social: testimonio de una extrema ambigüedad que tiene su mayor provocación en integrarse imperceptiblemente en la red de los intercambios culturales del sistema para, desde allí, revelar el sentido conflictivo de su origen: la asunción de la cultura potencialmente peligrosa de los olvidados. Y por último, la lucha social: el tiempo de la historia de los radicalmente dominados pero no vencidos. Quiere acompañar a una experiencia de cautiverio, liberación y resistencia,


Roque Dalton denunciaba la presuposición de que la poesía fuera un "vaso santo" que no debería mancharse con el imperialismo, la tortura o la miseria cotidiana de los sin voz y los sin rostro. Enrique Falcón cree que vale la pena que la poesía “se nos contamine irremediablemente con ese olor a pies (de realidades supuestamente ajenas a la materia poética), con ese vuelco de mostaza, con el crimen nuestro de todos los días”.

La función de la poesía: Desordenar la vida, acompañar las opciones civiles (personales, colectivas) por la resistencia, renombrar el mundo, pronunciar "nosotros" –para el cautiverio y la esperanza– en una lengua que no sea la materna.

El proyecto de escritura debe poner en crisis nuestras relaciones simbólicas y políticas con este mundo terrible del que somos cómplices; no puede tampoco dejar de considerar que el lenguaje ha de ponerse también en crisis. El lenguaje es, ante todo, mediador primero en nuestras relaciones de dominio y de explotación, y también lo es en nuestras posibilidades personales, colectivas, de emancipación. Lejos de ciertos espejismos de "transparencia" y "borrado del montaje", ·”soy incapaz de olvidar que un poema es, entre otras muchas cosas, un artefacto de palabras”.


3. Una poética para 150.000.000. El alarido de la mariposa


Que mi libro de aortas os dispare.”

El sur saqueado busca una vida en las ciudades del norte. Las fronteras son apenas líneas marcadas en el mapa físico de una necesidad humana absurda, esa de diferenciarse del otro, de los que no son como él y disponer de banca y ejercito. Las alambradas, los puestos fronterizos, las quemaduras de la gasolina, y el temblor que de espesa en el cuerpo como una avalancha de frío que congela unos huesos golpeados por la travesía más larga hacia un campamento en mitad de las montañas. Hay claveles negros en el estrecho. La Policía española ha repatriado en lo que va de año a más de 53.000 inmigrantes frustrados. Y en sólo cuatro días ha detenido a 800. Y en un solo día y en una sola isla canaria ha recuperado los cadáveres de diez. La demanda de mano de obra semi-legal o directamente ilegal, pagable a precios de miseria, infraempleos que violan todos los convenios internacionales sobre condiciones laborales, infraviviendas donde hacinar clandestinamente a los inmigrantes... Además de la gasolina que echa en el incendio los grandes medios con la relación inmigración-delincuencia.

La marcha de los 150.000.000 se publica en un proyecto en ininterrumpida expansión desde 1992. Ha publicado ya dos entregas («El Saqueo», Rialp, Madrid, 1994; «El Saqueo» y «Los Otros Pobladores», Germanía / Set i Mig, Valencia, 1998). A finales del 2003 publicará las dos siguientes partes de este poema inacabable: «La caída de Dios» y «Canción de E», ya cerradas. Recibió el premio Ojo Crítico en 1993 al mejor libro de poesía publicado en el estado español.


Ya han venido los niños, los

150.000.000

con sus cabelleras de risa y su pánico de luces,

ascos de vientre en las matanzas públicas y

dame a este niño con crines del secuestro oh sí los niños

vienen sembrando algas y hambres de rastrojo

con arpones infinitos en sus bocas

danzan, viento nuclear, con los heridos y

hierro de ondas-luz sobre el refugio: —dame

un niño que se sepa cumbre

y asco de pesebre, mi revolución del día.


***


Pero yo no quiero hablar de la trinchera

(no yo):

metido en los muslos de quien dio los nombres,

yo atrinchero mis palabras y las hallo sucias

indómitas como un asco pegajoso un vuelco de noria,

un caballo de nosotros y ojos-telegrama;

así me las encuentro y hablo alto

convocando a la puta y al ministro en los septiembres,

permitiendo el paso de los ciervos por mis venas,

tu intranquila manera de parecer hermosa,

la tozudez terrible del destripador de buques.

Yo digo: soy los 150.000.000,

y mis manos se hacen moscas, alaridos blancos,

ojos de niña pública en los ojos de la niña pública,

mentira y bueyes amordazando el horizonte:

el miedo de los hombres como tú moviéndote

pública y agotada con la flor de las torturas,

el costado, la ira, el bostezo de quien juega

en los ojos tus vértigos de arena:

soy el hombre de gritos y del beso aturdido—

yo miedo a la sangre,

la sangre luz a este vientre,

tu vientre polilla encendida

destila canciones de amor.


La marcha de los 150.000.000 es una sucesión de cantos, de cantos cósmicos que acoge a los excluidos en sus versos. Una brisa incómoda, plagada de registros diferentes que delatan una enunciación plural. Es la constatación de las posibilidades abiertas de una escritura política decididamente conflictiva y no-tranquilizadora : la creencia en el texto como organismo disidente e intolerable, un largo poema secular todavía ininterrumpido que bebe de Isaías a Ernesto Cardenal, de Huidobro a Neruda, de los informes anuales sobre derechos humanos, de Jim Morrison a Silvio Rodríguez...: «yo quiero oír / el alarido de la mariposa».


4. Otras voces otras ámbitos


Otro ámbito importante de Enrique Falcón es su labor con La Unión de escritores del País Valenciano. Nacía el proyecto con una primera formulación ideológicamente articulada de acción crítica colectiva: Cultura y Revolución: el proyecto Unión de Escritores del País Valenciano con unos objetivos claros como la colaboración con los movimientos sociales, la edición, los talleres literarios, los encuentros entre creadores críticos y reflexión y debate interno continuo.

En 1992 publican Alicia Bajo cero que supuso un análisis brillante sobre la institucionalización de lo disidente, de cómo se maniata al poema con mordazas y de la capacidad de mayúscula de las estéticas de los últimos tiempos en el estado. Descrió las bases y premisas ideológicas de esta toma de poder cultural protagonizada por el ramificado discurso de la poesía de la experiencia y sus consignas.

Así mismo, participa activamente en FORO SOCIAL DE LAS ARTES que intentó visualizar propuestas que –surgidas desde la creación artística, la militancia ciudadana y el pensamiento crítico– intentan desde hace tiempo poner en diálogo la práctica artística, la reflexión política y el compromiso social de base. Un espacio para aabrir las posibilidades para una mayor comunicación entre militancia social organizada y prácticas culturales críticas.


Para ser la mano y la protesta

que combaten con pan la bruma en un cuchillo.

Para transformar el miedo largo que nos sitia

y decir que no hay victoria

ni en los perros del amo ni en su caza del hombre.

Porque van a mirarnos los hijos del tiempo

altamente en su grito hermano decisivo

cuando estalla con la siembra su asirse a la esperanza.

Porque la vida, pese a todo, importa y con ella resistimos,

así puedas tú abrirme y escucharme:

que aquí se te invita a levantarte.

Por detrás del precipicio,

clarea urgente el canto de la espiga

desde el suelo que sois todo vosotros.


Enrique Falcón sigue respondiendo a aquel deseo que un antiguo miembro de la guerrilla guatemalteca le hizo en el 93, en una carta escrita desde El Salvador. .”..me gustaría leer, compañero, sobre su marcha interna que acompaña, indudablemente, con carne y sangre, esa marcha de los 150.000.000; además, que cantara la canción de los que se quedan haciendo la resistencia de la vida, porque –según creemos muchos– de aquí se van generando verdaderas alternativas para la esperanza, que alcanzarán a aquellos que han marchado”. Por esa misma solicitud, el proyecto de La marcha de 150.000.000 se ha vuelto indetenible y la poesía de Enrique Falcón necesaria y resistente.


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