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3 de octubre de 2003

De errores, calumnias y demás hostigamientos

Wu Ming 6
Cádiz Rebelde

Como en esos programas de impacto en los que los parias, los pobres y los nadies aparecen en una ronda de reconocimiento y, tras el cristal-pantalla, esa categoría abstracta llamada el público (según dicen los sociólogos en nómina ávida de pan de molde integral y circo del corazón) los señala como culpables, como inservibles, como merecedores de todo el peso judicial con un apriorismo coagulado en el aspecto, la situación dada, su rostro, una judicial voz en off, etc, los medios oficiales nos han presentado, a golpe de filtración y sobremesa morbosa, en el caso de la señora Vázquez, y en el de Medem con tertulias de destrucción masiva y editoriales que remedan instrucciones penales, la estrategia de la calumnia y del vacío devaneo de opiniones.

La criminalización de cualquier grupo, sector, colectivo, obra literaria u pretensión de libertad de actuación no común es la otra cara de la moneda de eso que los vampiros y hambrientos directores de marketing de las multinacionales califican de apertura a nuevas tendencias o el engullir talento radical. El espectáculo se recarga comiendo a sus hijos más salvajes. Ellos desean creatividad más que nada en el mundo. En los escaparates de Zara posan maniquíes punkis, las discográficas darán primas a los grupos que en su disco hablen de la globalización. 2000 pavos por metáfora agitprop y por cada ciudad fetiche de la mitología antiglobalizante que nombren: Davos, Seattle y Génova ya hacen 6000. Trinca que necesitamos pagar a nuestro camellos. Cronos se comerá a sus hijos después de 15 minutos monográficos en el mercado MTV.

En estos tiempos, el dedo acusador señala con una facilidad pasmosa. Si no estás con ellos, eres carne de decreto.

La señora Vázquez respira hondo y firma en el libro de personaciones por última vez. La pesadilla a acabado con un asesino confeso, de largo y desatendido historial criminal. El juicio a Tony King Hide, ocupará el interés mediático durante una temporada. El filón Bromwich Jeckyll alcanza hasta el amarillismo británico y su sol que nunca se pone en el imperio del morbo. Salvadas las audiencias. Ahora hay que pensar en cómo se calcula el daño de una condena injusta, de tantos comentarios, de tantas declaraciones, de tanto linchamiento mediático que se arrojaba desde las ondas al hambriento enjambre de televidentes.

Medem es un cineasta que según los críticos, aficionados y demás gente de butaca fácil que tiene un mundo propio, que abunda en una poética propia, a veces pastosa y otras eficaz. Su primer largometraje, Vacas mereció el premio Goya a la mejor dirección novel. Su segundo largometraje, La ardilla roja (1993), obtuvo el premio a la mejor película extranjera en la Quincena de Realizadores del festival de Cannes. Tierra (1994) formó parte de la selección oficial en el festival de Cannes de 1996. La gente se ha bajado Lucía y el sexo y a los quince minutos se ha olvidado de la pornografía y se ha inmerso en la historia. En fin, un currículum vitae deslumbrante. La rápida inclusión del documental en el Index peliculorom prohibitum y tantas columnas para un palacio de la más clásica calumnia, cuando siempre fue aceptado y hasta subvencionado, ha sido una visión sobre el conflicto vasco.

Tan difícil como un pronunciamiento en los medios sobre la fortuna insolente de Marc Rich u otro liberal amigo de los poderosos, es el hecho de que alguien, en su objetividad más objetivada y desde la equidistancia más equidistante, critique o comente una película que no ha visto y que probablemente no verá porque no se digna a permitirse un resuello en su ofensiva. Podríamos hablar durante horas, en esas reuniones del club de la serpiente de la asociación de vecinos del barrio, del Halcón Maltés sin haber saboreado un fotograma, repasando los momentos en que Bogart aprieta su cigarrillo y le dedica esa mirada a la Bacall para darnos un halo de misteriosa culturalidad. Pero nos faltará siempre algo, una pizca de vehemencia: haber vivido la película, sentirla, poseer esa emoción del espectador deslumbrado.

Las críticas de los que no son críticos afirman que es el plan Ibarretxe en cámara digital, que es anticonstitucionalista, que no respeta a las víctimas del terrorismo, que no es objetivo, que cojea, que le faltan testimonios, que no es lógico participar en una película en donde todos son víctimas y verdugos. La ministra acude a su hueco mediático y realiza un ejercicio de irremediable vergüenza basándose en la referencias de terceras, cuartas y quintas personas y por los testimonios que había leído. Ella también se enteró por la prensa. Hace de detective y arroja que las evidencias eran OBJETIVAS. En el objetivo, pero esta vez de los francotiradores constitucionalistas, también están todos aquello que no se pronuncien en contra del documental. Creo que nadie ha oído a ningún ministro explicar o comentar el error judicial que ha procesado a la señora Vázquez. Echan balones fuera mientras pelotean al señor Bush desde cualquier banquillo en el partido del poder mundial. Los críticos críticos afirman que el documental es necesario, valiente pero incompleto, que indaga en las profundas heridas de un pueblo.

En este país, en el que unos legionarios compran colegios y otros cantan voz en grito en Irak sobre no sé qué de la muerte y los noviazgos, la pulsión tribal de ensañamiento están muy bien dirigidas y los discípulos del juez virginiano Charles Lynch esquivan los verdaderos casos en los que la denuncia es necesaria. ¿Por qué no hostigar mediáticamente a los Albertos cuando esperan tranquilos en sus mansiones el indulto? ¿Por qué no formar turbas de alborotados en las celebraciones de los cincuenta años de las bases americanas? ¿Y por qué no llamar en público “zopenco” al caballo que Gadafi regaló al presidente del gobierno que se afana en que la sangre de los inocentes sea una salpicadura incómoda en el babero de aquellos que se zampan de un mordisco a un población que lucha contra la pobreza por decreto que le obligan las multinacionales? El terrorismo corporativo internacional y la sangre de los que dicen que son inocentes se guarda en preciadas bolsas para transfusiones a toda la población vía intravenosatelediaria. Pagarán justos por pecadores, civiles por petroleo y el libro sagrado (y de texto y referencia obligatoria en la LOCE) amparará a justicieros y opinadores profesionales:“si tu propio hermano, tu hijo, tu hija o tu mujer o tu mayor amigo te propone a escondidas que des culto a otros dioses… le has de hacer morir. Sé tú el primero en tirarle piedras para matarlo, y que después lo haga todo el pueblo. Apedréalo hasta que muera… así todo el pueblo escarmentará.”. Y así andamos. País de bárbaros.

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