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28 de enero de 2004

Ricardo Domínguez o el arte de la molestia

Manuela Villa
Ladinamo


Hacktivista, actor, performer, artivista, miembro fundador del Critical Art Ensemble y del Electronic Disturbance Theatre, a Ricardo Domínguez le obsesiona molestar, crear disturbios en el corazón del sistema. Para ello se disfraza de artista porque, según dice, los artistas, al trabajar con la simulación y no con la realidad, parecen inofensivos. Sin embargo, sus trabajos preocupan al Pentágono o al Congreso de EE UU, que han llegado a contraatacarle con bombas informáticas y discuten si su trabajo puede considerarse ciberterrorismo.

Primeros pasos

Nací en Las Vegas, Nevada, donde el capitalismo virtual coexiste con los mormones, los militares y hasta los marcianos”, dice, y asegura que ya desde pequeñito se empeñó en declarar la guerra a este capitalismo: “Cuando nací­, mi papá me regaló un televisor y yo lo querí­a más que a mi familia, hasta que un dí­a le tiré leche caliente encima y explotó. Así comenzó el dolor en mi vida, pero también mi primer acto de desobediencia civil electrónica”, cuenta Ricardo entre las risas de los asistentes a una de sus charlas durante el Hackmeeting 03, celebrado en Iruña a finales de octubre.

Este hijo de chicanos que actualmente vive en Nueva York se inició en el arte político en 1984 en Tallahassee (Florida), donde en una fiesta “nos encontramos un poeta que odiaba la poesía, un realizador que odiaba el cine, un informático que odiaba la tecnología y yo, un actor que odiaba el teatro”. Así nació el Critical Art Ensemble, un colectivo que, junto con Act Up, se implicaría profundamente en el activismo político y los movimientos de desobediencia civil que fraguaron en torno al problema del sida. Bajo el lema “la política como pregunta, frente a la política como respuesta” abrieron un nuevo camino que más tarde, en los años noventa, entroncaría con el zapatismo. “No se trataba de decir que íbamos a derrocar el estado o a tomar el poder, ni tampoco de asegurar que teníamos respuestas. Pero sí preguntábamos algunas cuestiones que al estado, a las farmacéuticas y a la burocracia les resultaba muy difícil contestar”.

Poco a poco, a la idea de desobediencia civil en tanto que acción directa y masiva no violenta, le añadieron el calificativo de electrónica: comenzaron los fax jams (inundar a una institución u organismo con faxes) y los phone zappings (telefonear a todas horas a la entidad elegida como blanco para pedirle educadamente un cambio de actitud). Si el capitalismo se ha vuelto electrónico o virtual, pensaron, también el activismo debe adentrarse en el ámbito electrónico.

El salto al ámbito digital

No obstante, “hasta la revolución zapatista nuestras intenciones no cobraron forma”, asegura Domínguez. Tras la masacre de Acteal, en 1997, el colectivo fue por primera vez más allá del uso de Internet como herramienta de comunicación y pasó a emplearlo para la acción directa y la desobediencia civil electrónica al poner en marcha una nueva herramienta: el Zapatista Floodnet System, un programa que automatiza el proceso de descarga repetida de una página web de manera que, cuanta más gente participe, más probable resulta que el sitio termine por colapsarse; es lo más parecido a una manifestación que puede producirse en el ámbito virtual. “Se trata de usar código de programación que no funciona, que es simbólico”, explica Ricardo. Al contrario que los crackers –que perturban un sitio mediante un código que opera en el ordenador parasitado– Domínguez propone una simulación de un ataque a cara descubierta, lo contrario de un ataque real y anónimo. “Todo el mundo sabe nuestros nombres y dónde vivimos pero no nos pueden detener porque no saben de qué acusarnos”. Al principio, esta forma de activismo fue criticada por los hackers, que consideraban una farsa emplear un código que no funciona, y tampoco fue bien vista por la comunidad activista, que “tiene pánico a las máquinas”. “No obstante, los zapatistas sí que nos entendieron”, asegura Ricardo, ya que ellos también utilizan tácticas simbólicas de ataque: el realismo mágico. Fue entonces cuando el New York Times les plantó la etiqueta de hacktivistas, “y nosotros nos la tomamos como un burrito, que se puede llenar de muchas cosas”, comenta Ricardo.

El teatro de la molestia electrónica

En enero de 1998 Ricardo y algunos de sus colaboradores decidieron “convertirse en teatro”: así nació el Electronic Disturbance Theatre. A lo largo de toda su trayectoria han conservado siempre la vertiente escénica de su activismo, cuyos orígenes se remontan al trabajo como actor de Ricardo y beben de las fuentes del teatro vivo, el agit-prop y el Teatro Campesino. Otro aspecto fundamental en sus acciones es la difusión de información: “Lo principal no es colapsar un espacio, sino diseminar información. No se trata tanto del gesto cuanto de que otra gente se entere de lo que está pasando. La actuación no debe tratar acerca de la propia actuación; debe propagar información”.

Una de las primeras iniciativas del Electronic Disturbance Theater que cosechó un gran éxito fue la de difundir el código que empleaban para sus acciones con la esperanza de que otras células de resistencia similares emergieran en distintas partes del mundo. Ahora bien, ni Ricardo ni sus compañeros han perdido de vista la visión de conjunto: saben que la desobediencia civil electrónica es sólo una herramienta, sólo un nivel posible entre otros. El ideal es lograr la confluencia del activismo en el ámbito virtual con el activismo en las calles, una convergencia “cuyo auge tuvimos ocasión de presenciar a partir de 1999, con la acción directa contra la OMC en Seattle”.

Actualmente el Electronic Disturbance Theater sigue trabajando en la línea de la desobediencia civil electrónica, aunque buscando nuevos territorios en los que crear molestias. Ahora el reto está en el mundo del capitalismo genético o en la nanotecnología. “Si quemas una plantación de Monsanto te tomarán por un terrorista, en cambio, puedes introducir gusanos que acaben naturalmente con esas plantaciones y nadie te puede acusar de nada ya que ha sido la propia naturaleza la que ha acabado con esa cosecha”, explica Ricardo. Así, el nuevo proyecto consiste en infiltrarse en los lugares en los que se trabaja con nanotecnologí­a. “Mi objetivo es descubrir el punto débil de esta realidad y generar debate entre el público”, asegura Ricardo.<

Páginas web de interés:


www.thing.net/~rdom

Página web de Ricardo Domí­nguez en la que unirse a la Zapatista Floodnet, indagar en sus teorías o seguir sus proyectos (en inglés y español).


www.foresight.org

Foro de discusión de nanotecnologí­a (en inglés).


www.critical-art.net

Sitio del Critical Art Ensemble. Puedes descargar gratuitamente los libros Molecular Invasion, Digital Resistance, Flesh Machine, Electronic Civil Desobedience o The Electronic Disturbance y echarle un vistazo a proyectos como el de biologí­a contestataria.


www.nettime.org

Listas de correo de artivismo, comunicación y nuevos medios. La versión latina está moderada por Ricardo Domínguez o David Casacuberta, entre otros.

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