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23 de febrero de 2004

Fernando Báez desvela las grandes destrucciones de libros de la humanidad

Historia del "bibliocausto"

Xavi Ayén
La Vanguardia

El hombre es un lobo para el libro. Ésa es la impresión que se tiene tras la lectura de la "Historia universal de la destrucción de libros", el concienzudo estudio que acaba de publicar el venezolano Fernando Báez en Destino. El ser humano ha sido bibliófago ya desde que, hace 5.300 años, alguien, en la región de Sumer, inventó la escritura en tablillas de arcilla. Báez trata en su obra, con precisión de entomólogo, horrores culturales como la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, las hogueras de libros del emperador chino Shi Huandi en el año 213 a.C., la quema de manuscritos griegos en Constantinopla en 1453, la destrucción de los códices prehispánicos a manos de monjes fanáticos, el incendio de El Escorial, la destrucción de libros en la guerra civil española (toneladas de obras fueron exterminadas), los casos más recientes de Argentina o Sarajevo... También se detiene en el asesinato de Hipatia de Alejandría, el de Miguel Servet, e incluso en la quema de volúmenes de "Harry Potter" por parte de fundamentalistas religiosos.

Báez, que ha contestado desde Venezuela las preguntas de este diario, habla también del "bibliocausto" de la reciente guerra de Iraq, que ha presenciado in situ y al que ha consagrado otro libro, "La destrucción cultural de Iraq" (Octaedro), de próxima aparición. "La situación es trágica. La Biblioteca Nacional fue incendiada en dos ocasiones. El saldo es de un millón de libros destruidos. Lo preservado se salvó gracias a los propios iraquíes, que los escondieron en mezquitas. El Archivo Nacional de Iraq perdió dos millones de documentos del periodo otomano y republicano. En la biblioteca Awqaf, cuyo edificio está en ruinas, ardieron más de 700 manuscritos antiguos y 1.500 desaparecieron. Hoy en día los universitarios iraquíes no tienen textos para estudiar."

Báez denuncia que "sigue reinando una gran impunidad para la Administración estadounidense, la cual violó la convención de La Haya de 1954, al no proteger los bienes culturales y estimular los saqueos. También hay responsabilidad de los miembros del partido Baas, que deberían responder ante la ley, al igual que Bush, Rumsfeld y Wolfowitz, por sus crímenes contra la cultura iraquí".

Sobre el célebre caso del Museo Arqueológico de Bagdad, explica: "La cifra que se dio de 170.000 piezas robadas es exagerada. He certificado que lo que hay son 25 objetos de gran importancia desaparecidos y más de 14.000 obras menores robadas".

Uno de los aspectos más curiosos de la "Historia universal..." es comprobar, en palabras de Báez, "cómo los pueblos y los hombres más cultos son los que más atracción sienten por la destrucción de libros. Platón, por ejemplo, quemó libros y pidió dejar fuera de su mundo ideal a los poetas. Los atenienses más democráticos quemaron la obra de Protágoras. David Hume no vaciló en pedir que se eliminaran todos los libros sobre metafísica. Nabokov quemó "El Quijote". Heidegger participó junto con estudiantes de Filosofía y Filología en las quemas de libros de 1933. Es un fenómeno extraño". La obra de Baéz cuestiona asimismo muchos episodios históricos. "Es falso, por ejemplo, que los árabes destruyeran la Biblioteca de Alejandría. Ofrezco pruebas difíciles de refutar, pues tuve la suerte de poder acceder a documentos originales árabes que nadie leía en su fuente original, que revelaban que se trata de un rumor perverso. Hoy han surgido otras hipótesis a partir de los hallazgos arqueológicos: es más probable que fueran los cristianos o los romanos".

Baéz muestra también cómo la destrucción de libros nos impide responder algunas preguntas clave de la historia. ¿Estamos blindados contra ese error? "No. Las nuevas tecnologías no garantizan una mayor seguridad de los libros. El CD es atacado por un hongo común que lo deja inutilizable. Los nuevos libros electrónicos pueden ser aniquilados por virus. Las bibliotecas virtuales son atacadas por piratas informáticos. En lugar de fuego, los biblioclastas utilizan software."

Fernando Báez cuenta con numerosos libros publicados y acaba de terminar la novela "El traductor de Cambridge", un thriller psicológico en el que un traductor vive una experiencia fascinante para asesinar a una mujer. "Se inscribe dentro de mi proyecto de explorar la destructividad humana en sus distintas formas", afirma. Porque el autor confiesa que, al escribir la "Historia universal...", sintió una profunda tristeza "ante la enorme capacidad de destrucción cultural del ser humano". "Cuanto más estudio al hombre, más miedo me tengo."

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