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9 de marzo de 2004

El actor-director representa en Nueva York 'Embedded' / La Administración de Bush sale muy mal parada, pero también los medios de comunicación

Tim Robbins dispara contra las mentiras de la guerra de Irak

Carlos Fresneda
El Mundo


NUEVA YORK.- «¡Guerra en Gomorra!». Lo llevan anunciando los titulares desde hace meses. El Pentágono pone firmes a los periodistas.Chupan primer plano los generales. Se despliegan todas las armas de distracción masiva. Mienten a placer los prebostes para justificar lo injustificable...

La «gran mentira» de la guerra y la cobardía servil de los medios se dan la mano en la primera gran sátira sobre la ocupación de Irak. La firma nada menos que el actor y director Tim Robbins, al frente de la compañía Actors Gang. La obra se titula Embedded, por aquello de los periodistas empotrados, y se estrena esta semana en el Teatro Público de Nueva York.

Como anticipo, y con el Oscar aún reciente y rutilante en la mano por su trabajo como actor en Mystic River, Tim Robbins se dejó asomar por el escenario en una función especial, arropado por el periodista británico John Simpson, dando fe de que todo lo que aquí se cuenta es «mucho más real que la verdad oficial».

«La Administración de Bush nos ha arrastrado a una guerra de mentiras y más mentiras», declara Tim Robbins. «Y las mentiras predisponen a unos pueblos contra otros, sirven para crear el odio y acaban desatando la violencia».

El primer chispazo de Embedded le vino precisamente a Robbins pensando en las maquinaciones a la sombra de todos los halcones de la Administración Bush. Las escenas más hilarantes de la obra son precisamente ésas: las conversaciones que se traen esos hampones ridiculizados con máscaras y que responden a los nombres familiares de Rum-Rum (Rumsfeld), Woof (Wolfowitz), Pearly (Perle), Góndola (Condoleezza) y Dick (Cheney):

-Tenemos que elegir una fecha...

-Vamos a procurar que no coincida con los play offs de la NBA.

-Ni con ningún otro evento televisivo...

-¿Qué tal el 20 de marzo?

-Decidido ¡El 20 de marzo empieza Conmoción y Espanto!

Tim Robbins esperó sin embargo pacientemente a que el presidente Bush se pusiera el disfraz de top gun y aterrizara en el portaaviones para coger la pluma y escribir en seis o siete semanas la obra, cada vez más escorada hacia el flanco de la canallesca.

«Cuanto más exploraba lo que pasó más me hacía la inevitable pregunta», afirma Robbins. «¿Por qué la prensa renunció a su función de vigilar al poder? ¿Por qué los medios no hicieron nada por evitar esta guerra?».

En Embedded (empotrados o encamados), los chicos de la prensa son adiestrados como leales soldados por el Coronel Hardchannel, encarnado con ardor guerrero por V. J. Foster. Los periodistas prometen contar la verdad, toda la verdad y nada más que un lado de la verdad».

Cuando alguno rompe momentáneamente filas y decide seguir su instinto de sabueso, el Coronel Hardchannel le grita a la oreja y le recuerda su juramento. La mayoría opta por lo fácil: el patrioperiodismo de barras y estrellas.

Robbins, que habló con un buen puñado de periodistas empotrados, se cuestiona: «Si sólo permites que la prensa vea lo que tú quieres que vea, si no dejas que haya imágenes de los sitios que se bombardean, si se prohíben las fotos de las víctimas civiles, ¿no es eso censura?».

En Embedded no hay sólo periodistas serviles; también hay perseguidores de la verdad que luchan por salvar el honor del gremio. Sin embargo, Robbins pasa por alto el hecho de que en ninguna otra guerra reciente han muerto tantos periodistas como en Irak... «No he querido matar a ninguno de mis personajes, ni periodistas ni soldados. Habría sido una manera de manipular fácilmente las emociones de los espectadores».

La sátira mordaz de Robbins se ceba también con las hazañas de la famosa Jessica Lynch, rebautizada en escena como la soldado Ryan y rebajada de la categoría de héroe a la de víctima... «Si hay una historia que resume toda la manipulación del poder y el servilismo o la cobardía de los medios es precisamente ésa», señala el combativo director.



Rebelde con causa

En 1992, el año en que fue elegido Clinton, Tim Ro-bbins se desmarca con 'Ciudadano Bob Roberts', una sátira endiablada sobre las elecciones 'USA'. Un año después, en la gala de los Oscar, Ro-bbins se salta el guión para protestar contra Clinton por confinar a decenas de refugiados haitianos seropositivos en Guantánamo.Una semana después los refugiados son liberados, pero el estigma de 'progre' persigue desde entonces a Robbins y a su compañera Susan Sarandon. Los Oscar les vetan durante un par de años, aunque Robbins vuelve por méritos propios gracias a su impactante alegato contra la pena de muerte en 'Cadena perpetua'. Las amenazas de muerte llegan tiempo después, cuando Ro-bbins y Sarandon se 'significan' en las manifestaciones contra la Guerra de Irak. Al actor le censuran por «antipatriota» y «traidor». Ahora, tras la película por la que acaba de conquistar el Oscar al mejor actor secundario, 'Mystic River', dice: «Mucha gente esperaba que utilizara el premio para dar rienda suelta a mi activismo política. Pero el cuerpo no me pedía eso, y decidí defender al final una causa humanitaria: la lucha contra todo tipo de abusos. Lo que sí tuve claro desde el principio fue el mensaje: '¡Paremos la espiral de la violencia!'».

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