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17 de marzo de 2004

El fotógrafo Juan Peiró expone su obra en la galería del colectivo UFCA hasta el 31 de marzo

Algeciras: Una pausa en el caos

Sandra Balvín
www.diariosur.es

LOS habitantes de las ciudades, grandes y pequeñas, se han acostumbrado al desorden que se apodera de ellas. Juan Peiró, sin embargo, no se resigna. Las fotografías que el artista expone en la galería de UFCA muestran repetidos intentos de hallar equilibrio y armonía donde no existe. Y lo consigue. Desde su lado de la cámara, la realidad urbana recupera el orden arrebatado por el tiempo y las construcciones apresuradas.

La exposición fue inaugurada el pasado viernes y el presidente de UFCA,Alberto Galán, destacó la asistencia de numerosos profesionales relacionados con la arquitectura. Una ojeada a las fotografías de Peiró es suficiente para explicar el motivo: Da una lógica al sinsentido de las ciudades y muestra la belleza de edificios que la han perdido o que nunca la tuvieron.

Un toque distinguido

Nada más entrar en la sala, antes que las propias imágenes, llama la atención la elegancia del conjunto. El montaje en el cuadro y su colocación ya adelantan la minuciosidad con la que trabaja el artista. Fue el propio Peiró quien se encargó de llevarlo a cabo entre el miércoles y el jueves de la semana pasada.

Ese sentido estético es el que obra el milagro en las fotografías. Los bloques de pisos de los setenta, de casas apiñadas, ropa tendida y antenas torcidas son uno de los rasgos menos favorecedores de cualquier ciudad. Peiró encuentra la armonía oculta en sus estructuras y la enseña al espectador.

Casi todas las fotografías expuestas están tomadas en Valencia. No obstante, tras pasar por el objetivo del artista, muchas podrían ser cualquier otro lugar del mundo. Una chimenea de un polígono industrial tras un muro cargado de inscripciones responde perfectamente a la imaginería de la Rusia Comunista. Sólo el prefijo de un número en una pintada publicitaria (telefax 948...) delata la ubicación del lugar.

Dos bloques cúbicos y paralelos en mitad de un descampado, por su ubicación y por su arquitectura sobria, bien podrían haber estado situado en los suburbios de Berlín. Es otra de las virtudes de Peiró, captar el detalle anacrónico y desubicado para convertirlo en un universo paralelo dentro de lo habitual.

Hábitat deshabitado

La arquitectura fotográfica del artista valenciano, al contrario que las maquetas de la arquitectura al uso, no precisa de figuras humanas que sirvan como punto de referencia. Galán lo ilustra gráficamente: «Yo lo llamo el hábitat deshabitado».

En efecto, no hay personas. No son necesarias.No se trata de sugerir la vida que llevarán quienes viven en los edificios fotografiados, se trata de reflejar la existencia del edificio mismo, de los lugares.

De este modo, fotografía un parque completamente vacío. Deja de ser extraño cuando se sabe que está justo al lado de una autovía y que el ruido es insoportable. Una imagen en movimiento al fondo da la impresión de ruido. O de lo que el espectador quiera ver.

Peiró es el fotógrafo del saber esperar hasta encontrar el equilibrio en una imagen carente de toda simetría. Es capaz de esperar lo que sea necesario hasta que una calle habitualmente transitada esté completamente vacía. «Tiene una paciencia infinita y se nota», asegura Galán».

El artista desenreda hábilmente el amasijo de señales y farolas de un cruce hasta convertirlo en una perfecta obra de ingeniería, siempre dando una salida al observador en algún punto del la composición. Para el valenciano, el desorden no es un problema, es un desafío. Tal vez por ello vea en Algeciras un «lugar maravilloso para fotografiar». «Y a mí, por supuesto, me encantaría que lo hiciera», afirma Galán.

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