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17 de marzo de 2004

¡Ay, Jesús! - Es la película

Saul Landau
Progreso Semanal


Al salir de un teatro donde están exhibiendo  La Pasión del Cristo un hombre ve a un judío en la cola esperando para entrar y le golpea en la cara.

"¿Por qué hizo eso?", preguntó el judío.

"Porque ustedes mataron a Nuestro Señor", dijo el hombre.

"Pero eso fue hace 2 000 años", se quejó el sangrante judío.

"Sí, pero yo me acabo de enterar".

El amigo que me acompañó a ver el filme que ha roto los récords de taquilla comentó que si el presidente de la Liga Anti Difamación, Abe Foxman, no hubiera identificado como judíos a los hombres de barba y vestidos de túnica en el filme que exigían al gobernador romano que crucificara a Jesús, pocas personas hubieran sabido quienes eran y el temor a un renacimiento del antisemitismo no hubiera surgido.

Es comprensible que los críticos hayan exigido al director Mel Gibson un mayor grado de precisión en esta versión en pantalla grande de un filme religioso despreciativo sin porno de lo que exigieron, por ejemplo, a los realizadores de Amadeus.  Él admitió que su padre, que es un antisemita y niega el holocausto, ejerció una gran influencia sobre él. ¿Administró latigazos el padre al joven Mel cuando se comportó mal, de la misma manera que los sádicos guardias romanos le hicieron a Jesús en el filme?  ¿Imaginó Mel trozos de su propia carne destrozada que revelaban el tejido rosado debajo?

En el filme el público, gracias al estéreo Dolby, escucha los claros efectos de sonido -"suish, splat, crack" - y ve los artísticos cortes entre los forzudos verdugos y los primeros planos de carne rota sangrante.   Gibson deja poco a la imaginación.  En filmes más viejos de Hollywood un hombre era herido de un disparo, se agarraba el estómago y caía muerto.  No necesitábamos planos de sangre y carne para convencernos.  La propia premisa de la edición confiaba en la imaginación del público.

No sucede así con Mel Gibson.  Es más, el departamento de maquillaje que el contrató hubiera podido obtener una nominación al Oscar, excepto que olvidaron manchar los dientes de todos los actores; los actores que hacían de judíos, sombreros negros, también tenían dientes ennegrecidos.  James Caviezel (Jesús), tenía ese aspecto de comercial de Ultra Brillo.  Más adelante, algunos "creativos" insertaron tinte rojo en las prótesis de Jesús para simular la sangre.

Parte del trabajo creativo de arte llamó la atención sobre sí mismo, como el que le hicieron al auto-torturado Judas antes de que se suicidara (espero no estar contando demasiado del argumento).  El aspecto reseco, cuarteado de la piel alrededor de los dientes, revelado en un primerísimo plano, en realidad me dio tanta sed que alargué la mano para tomar la botella de 12 onzas y $3,50 de agua que yo había puesto convenientemente en el hueco del brazo de mi butaca reclinatoria del cine.  Dios nos libre que en realidad nos sintamos incómodos mientras las imágenes, efectos de sonido y música se combinan para hacernos sentir realmente incómodos.  Ver la dura realidad  mientras uno está sentado en una silla segura es una experiencia idealmente indirecta.

Para lograr la semblanza de una realidad de 2 000 años, Gibson hizo que los actores hablaran en arameo y en latín, con subtítulos.  Pero ¿por qué Gibson no se dio cuenta del error de los dientes brillantes cuando vio la copia de trabajo?  Podría haber corregido el color de la escena agregando un toque de mancha castaño amarillento.  Oigan, en los días en que no había dentistas la gente tenía bicúspides torcidas y manchadas a pesar de la ausencia del azúcar refino.  El brillante y perfecto juego de colores debió haber alertado al público:  "Sólo es una película con actores que representan las últimas doce horas, tal como Mel Gibson y otros escritores se las imaginaron, no como fueron en realidad".

Al tomar en serio esta basura cinematográfica, los críticos han ayudado a Gibson a quintuplicar en una semana su inversión original de $25 millones de dólares.

En vez de articular solamente sus propios pensamientos, algunos críticos se dedican a la especulación acerca de la manera en que el público reaccionará al filme.  Sin embargo, los distribuidores de películas disminuyen su factor de incertidumbre sometiendo sus productos a grupos de enfoque antes de presentar sus productos de arte; luego hacen los cambios según los dictados de la mayoría en esos grupos.  ¿A eso ha llegado el arte?

Un director de fotografía de Hollywood me describió cómo tuvo que filmar nuevamente las escenas de un filme después de que un grupo de enfoque decidió que los héroes no habían sometido a los villanos a "suficiente violencia".  A otros grupos de enfoque no les gustan los finales infelices y los productores de Hollywood someten el arte, la integridad y el sentido común a esas asambleas de prueba de productos.  Después de todo, Hollywood representa a la Industria del Cine de la misma manera que en otra época Detroit representaba a la Industria Automovilística.  Ambos podían asegurar que sus productos tenían un brillante aspecto exterior.  Pero no miren con demasiado detenimiento debajo del capó o del maquillaje a lo que es el verdadero producto.

Si ustedes quieren conocer la historia bíblica, no vean la producción de Gibson.  Ocasionalmente se parece a lo que los estudiosos han descubierto acerca de la crucifixión, pero la mayor parte de las escenas se originan en la imaginación de los directores de arte, diseñadores de vestuario, veteranos del maquillaje y de un director de fotografía muy hábil, Caleb Deschanel.  Como historia es tan veraz como las distintas versiones de Los tres mosqueteros.

Sólo en una oportunidad presenta Gibson una idea política en el filme.  Poncio Pilato llega a hablar de una mayor oportunidad de levantamiento en la colonia si no accede a las demandas del desagradable rabinato.  Su atractiva y humanitaria esposa lo presiona para que salve a Jesús en la primera ronda, pero entonces él piensa en cómo lo castigaría César si ocurriera otra rebelión más bajo su mando y finalmente sucumbe a la "lógica política" y da luz verde a sus matones romanos para que liquiden al hijo del carpintero.

Sin embargo, el filme no explora la posición política de los sacerdotes judíos o las razones por qué temen a Jesús.  Ese pequeño detalle histórico él supuestamente lo relega a los que quisieran examinar la historia anterior a las últimas doce horas.

Gibson quiere que el público vea de qué manera él imagina el dolor que Cristo tuvo que soportar a fin de morir por nuestros pecados.  Hemos tenido vislumbres en filmes anteriores de Gibson en los que Mel, personificando al héroe, soporta torturas horrendas y no cede.  Una presentación preliminar de las desgracias del actor Gibson se vieron en Braveheart, donde Gibson sufre el destripamiento al final, y en una de las últimas escenas de la serie de Arma letal donde Mel, colgado de una pared por los brazos al estilo de la crucifixión, es torturado con corriente eléctrica para que revele información, hasta que finalmente pone las piernas alrededor del cuello del torturador y se lo rompe.  Esta es la gramática de Hollywood aplicada a Cristo: los sombreros negros reciben golpes y la muerte después de que crucifican al sombrero blanco.

Es más, tales escenas recuerdan al público de que Gibson tiene un gran interés, si no una obsesión, con el sufrimiento en la cruz.  Los críticos han hecho énfasis de cómo la recuperación del actor del alcoholismo por medio de un programa de doce pasos ha coloreado su visión de la religión, lo que lo ha hecho realizar este filme, financiado con su propio dinero (que recuperará con creces).  ¿Habré acabado de ver un ejemplo del arte comercial como terapia?  ¿O estará desprestigiando Gibson a Alcohólicos Anónimos?

Bill Maher calificó a Gibson de "sincero" ("Tiempo Real", HBO, 27 de febrero de 2004).  Estuve de acuerdo, pero el crítico de The New Yorker David Denby (11 de marzo de 2004) señaló que "decir que Gibson es sincero no significa que no sea un tonto, o peor".

Estoy de acuerdo con los rabinos y otros que dicen que este filme incitará al antisemitismo.  Casi cualquier hecho ha sido suficiente para provocar ese histórico odio contra los judíos.  Pero si los judíos no hubieran provocado el cruel y fatal castigo a Jesús, quizás no hubiera habido una religión cristiana, la cual, después de todo, está basada en los hechos de las últimas horas de Jesús y en la forma en que murió.  Si eso no hubiera ocurrido quizás los antisemitas podrían haber perseguido a los judíos por no haber matado a Cristo.  "Judío asqueroso, nos negaste una religión a mí y a millones de otros cristianos potenciales".

Si la gente aplicara la lógica, una tarea difícil cuando se discuten las pasiones de la religión, verían que Cristo: La Película (un título más apropiado) muestra que los judíos hicieron posible el cristianismo precisamente por exigir que Jesús muriera de una manera específica después de ser torturado.  Las muchas versiones de la cristiandad que hoy capturan las almas religiosas y la mente de cientos de millones serían impensables sin el papel traicionero de los judíos hace dos milenios.

Imaginen al Reverendo Jerry Falwell, tan fuerte defensor del estado de Israel como el que más, tratando de mantener entretenidos a sus feligreses sin Jesús como chivo expiatorio.  "A unos cuantos de ustedes no les gustan los judíos y yo sé por qué", dijo.  "Pueden ganar más dinero por accidente que ustedes con todo su empeño".  (The Washington Star, 3 de julio de 1980).

Los predicadores fundamentalistas recomiendan a sus feligreses que vean el filme de Gibson.  Puede que ellos usen este crudo ejemplo de cinematografía, en vez de las complejas escrituras, para reforzar su antisemitismo, al mismo tiempo que defienden la causa de Israel.  "Un antisemita", exclamó una vez James Robertson, el predicador tejano y pro Israel, "es alguien que odia a los judíos más de lo debido".  ¿Habría apoyado Jesús estas palabras o el filme de Gibson?

El último filme de Landau, Siria: entre Irak y un lugar difícil, puede obtenerse por medio de Cinema Guild 1-800-723-5522.  Su libro más reciente, El imperio preventivo: una guía del reino de Bush, fue publicado por Pluto Press en el 2003.  Landau da clases en la Universidad Cal Poly Pomona y es miembro del Instituto para Estudios de Política.  www.saullandau.net

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