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17 de marzo de 2004

20 de marzo: pisaremos las calles nuevamente

Wu Ming 6
Cádiz Rebelde

1. Capital del Dolor


Ciudad de los más turbios siniestros provocados,
de la angustia nocturna que ordena hundirse al miedo
en los sótanos lívidos con ojos desvelados,
yo quisiera furiosa, pero impasiblemente
arrancarme de cuajo la voz, pero no puedo,
para pisarte toda tan silenciosamente
que la sangre tirada
mordiera, sin protesta, mi llanto y mi pisada.

Por tus desnivelados terrenos y arrabales,
ciudad, por tus lluviosas y ateridas afueras
voy las hojas difuntas pisando entre trincheras,
charcos y barrizales.

Los árboles acodan, desprovistos, las ramas
por bardas y tapiales
donde con ojos fijos espían las troneras
un cielo temeroso de explosiones y llamas.

Capital ya madura para los bombardeos,
avenidas de escombros y barrios en ruinas,
corre un escalofrío al pensar tus museos
tras de las barricadas que impiden las esquinas.

Hay casas cuyos muros humildes, levantados
a la escena del aire, representan la escena
del mantel y los lechos todavía ordenados,
el drama silencioso de los trajes vacíos,
sin nadie, en la alacena
que los biseles fríos
de la menguada luna de los pobres roperos
recogen y barajan con los sacos terreros.

Más que nunca mirada,
como ciudad que en tierra reposa al descubierto,
la frente de tu frente se alza tiroteada,
tus costados de árboles y llanuras, heridos;
pero tu corazón no lo taparán muerto,
aunque montes de escombros le paren sus latidos.

Ciudad, ciudad presente,
guardas en tus entrañas de catástrofe y gloria
el germen más hermoso de tu vida futura.

Bajo la dinamita de tus cielos, crujiente,
se oye el nacer del nuevo hijo de la victoria.

Gritando y a empujones la tierra lo inaugura.

Rafael Alberti, Capital de la Gloria.

 

   

2. Nueva piel para la vieja ceremonia


De la desolación a la indignación hay un breve camino y varias comparecencias televisivas de un ministro que miente, que maneja la información y dosifica las nuevas: insiste en pistas falsas. Murieron trabajadores y trabajadoras, estudiantes, niños y niñas, gente humilde que pagó con su vida el apoyo de un gobierno a una guerra injusta e ilegal que también ha matado a trabajadores y trabajadoras, estudiantes y niños pero con unos husos horarios diferentes. Sembrados los vientos, nosotros recogimos las tempestades.

Pero la ciudadanía no se esconde en el temeroso patriotismo del miedo como esperaban aquellos que estabwan trabajawndow en ellow. La red se colapsa ante la parquedad informativa del ministerio. A pesar de ese simbólico cambio de los amores del gran bardo inglés de “Shakespeare in Love” por la gasolina contextual al fuego-primera-línea-de-investigación de “Asesinato en Febrero”, aparece en escena la furgoneta, la cinta en árabe y la tarjeta del móvil. El público duda en las razones de Sherlock Acebes. La madrugada del sábado es un rumor de ondas y los repetidores echan humo en las azoteas. Los mensajes cortos ahora no opinan sobre el mundo rosa y se acompañan con un Loli te quiero. Incluyen información calificada oficialmente de intoxicada y un solidario pásalo. Las compañías de telefonía se frotan las manos y hacen caja. La multitud politizada sorprende con el uso político de la tecnología y amplía su repertorio de warblogs, newsletters, y ronda de emails con undiscloset recipient. Frente a las sedes del PP se concentran aquellos que quieren saber la verdad antes o no de votar. Rajoy aparece en televisión y, de manera contraria a lo que se propone, da difusión de la convocatoria a los que aún andan en sus casas. Casi todos afirman que tienen la sensación de vivir unos días históricos. El jueves fue de horror, el viernes de dolor y dudas, el sábado de movilizada indignación y el domingo de participación.

La mayoría de los opinadores, los editorialistas y comentaristas al uso coinciden en las impresiones, en el fondo del análisis; en los paisajes, en las formas, difieren según estilos, carencias o corporación para la que se trabaje: Perdió en las urnas el gobierno de la guerra, del Prestige, del Yakolev-42, de la arrogancia de la manipulación, del deletreador condenado, de las Azores y de tantas más. El estadista que se entronizó en las Azores, el quitamotas servil, autosatisfecho y feliz, el que apoyó los pies en la mesita del despacho de un presidente de los Estado Unidos, el de la guerra injusta y su estúpido orgullo de ir contra el 90 % de la población, el del “deje en paz a los muertos” y demás perlas aznaristas se marcha con 200 muertos; La mueca de desolación, el brillo en los ojos y un brazo que se resiste a ser levantado por su frustrado delfín. Ahora quiere asumir todos los errores. Ayer se podía oír aquello de “qué felicidad vivir sin Aznar”.

Lo más urgente se ha conseguido. Había motivo. Demasiados quizá. Incluso con el voto útil. Llegó ZP y la socialdemocracia ganó. Prometió la retirada de las tropas de Irak, acabar con la lacra de una televisión como comisaría política del poder, prometió gobernar desde el diálogo y la cooperación. Del dicho al hecho, aún en el resacoso hoy electoral, existe un trecho eufórico, una ilusión renovada, una suerte de confianza que el tiempo y el poder pueden desgastar.


3. Pisaremos las calles nuevamente


El 25 de octubre 100.000 personas se manifestaron en las calles de Washington DC para exigir el fin de la ocupación y el inmediato regreso de las tropas. Decenas de miles de personas se manifestaron en las calles de San Francisco y en otras ciudades de EEUU y del mundo. Ese mismo día, la coalición ANSWER empezó a difundir en EEUU una convocatoria internacional de manifestaciones en el mundo para el próximo 20 de marzo de 2004. El Foro social mundial de Bombay acaba ratificando la convocatoria mundial.

Para muchos, el sábado 15 de Febrero del 2003 quedará como el día en que lograron sentirse lo suficientemente dignos y decir a la guerra no. La convocatoria de los colectivos agrupados en la plataforma “Paremos la guerra” auguraba un paseo con pancarta de los mismos optimistas (o pesimistas informados) de siempre. Decir No mientras los curiosos se dejan engatusar brevemente por la vehemencia de los cánticos antibush y anticapitalistas. Decir No, mientras las plazas de abastos bullía de madres con carrito y bolsas. Pero, quizá contrariando la tradicional concepción sobre el espontaneismo de la masa, las plazas se iban poblando de esos mismos curiosos pero provistos con pancartas caseras, con carteles fabricados a mano, de familias enteras con un prurito contestatario inaudito. En un rápido vistazo a la multitud nos encontramos con una gama comprimida de ideologías digna de un archivo wip zip: socialistas con banderín, solitarios anticapitalistas, estudiantes con resaca, sindicalistas sin bozal, ecologistas con gafas ahumadas, escolares con cartulina reivindicativa, justicieros sociales, misioneros melenudos, radicales del brazo de la abuela...

La multitud denunciaba la ilegalidad de la invasión y la guerra de pillaje. El gobierno del PP desoyó a la inmensa mayoría de la ciudadanía, nos implicó ilegalmente en una agresión militar y violó las condiciones de nuestro ingreso en la OTAN al permitir el uso de las bases conjuntas. En las avenidas que cruzaban la marcha aparecieron las primeras cervezas, los bocadillos, los pómulos enrojecidos, los jerséis atados a la cintura, las madres con carrito sin niño, que correteaban delante de la pancarta de los ecologistas, hinchas de fútbol junto a la asociación de diabéticos de la ciudad, grupúsculos jipis, djembeistas, pensadores fumados, chirigiteros de incógnito, concejales de la provincia con ganas de juerga: toda una constelación de gentes que aún no habían ganado la plaza para presenciar la lectura del manifiesto contra la guerra. Tampoco hacía falta. El mensaje ha sido claro.

Tres horas después del comienzo de la marcha se da por concluida la manifestación entre ostinatos rítmicos y efluvios del cáñamo, quizá una carga policial que desalojaría los últimos. Los periodistas comenzaban a calibras cifras. La mayoría se había disgregado en un largo retorno hasta sus casas o de camino de algún bar donde degustar unas tapas. De esta jornada festiva y reivindicativa la gente se queda con este cansancio amable que invita a adormecerse frente a los telediarios que mienten.

Pero ni caso. La guerra preventiva descarga fuego y muerte desde los cielos de Bagdad. Culminada la invasión, en el desolado paisaje iraquí, entre el caos y la crisis humanitaria, el virrey Paul Bremer y los donantes deseando rapiñear todo lo posible, el gobierno Aznar se involucra aún más en la agresión ilegal enviando a Iraq tropas que se autodenominan en misión humanitaria.

Por lo tanto el 20 de marzo, un año después del inicio del ataque y ocupación, debemos darle renovada expresión a nuestra resistencia a este estado de cosas. Deber ser un día en el que debemos pisar las calles nuevamente de lo que fue un país ensangrentado por la barbarie terrorista, para exigir el fin de la ocupación, la retirada de tropas, denunciar el aumento del militarismo y la dictadura mediática de falsimedia. Nos detendremos a llorar por los ausentes, tanto los que murieron bajo los primeros bombardeos de la invasión y búsqueda de armar de destrucción masiva y los que murieron en Madrid. Gritaremos para insultar a los que nos mandaron a una guerra injusta. No cejaremos en el empeño y en los tercos pasos hacia un movimiento de movimientos a pesar de proyectos represivos, de demonización de los movimientos sociales.

Convendrá mantenerse serenos y sintiendo cerca buenas compañías, buenos motivos y coordenadas. Convendrá recordar que hay belleza, y calma, y ternura. Hay razón común, todavía. Hay lugares y tiempos donde la vida no duele, o duele menos. Por que como escribe David Eloy Rodríguez a pesar del dolor y de la vergüenza aún tenemos razones para brindar:


La vida pasa derrumbando edificios.
Deja palomas muertas, palabras rotas,
sangre seca, llaves oxidadas, silencios.
Pero que eso hoy no nos importe,
que no nos impida hoy enumerar
las razones que tenemos para vivir.
Brindemos pues por esta bendita lumbre: la vida,
esta casa en los acantilados
de la que somos huéspedes,
esta cuerda floja,
este vals con el sepulturero.
Hagámonos los sordos, hagámonos los necios.
Brindemos por los instantes
que justifican una vida,
por el recuerdo de los buenos
y el viento que dispersa las cenizas.
Brindemos por la hermandad de la sangre,
por los viajeros que en un segundo
se cuentan todo con los ojos.
Brindemos por los flautistas que celebran
la luna sobre las torres,
por los motines, por los fugitivos.
Brindemos por los que llegan a tiempo al amor
y por los que no.
Brindemos por los que no saben
o no quieren brindar.
Brindemos por saber aprovechar siempre,
como hoy,
el lugar y el tiempo ofrecido.
Brindemos con una copa unánime
por saber siempre ofrecer
un ramo de flores a los vivos.

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