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23 de marzo de 2004

Einstürzende Neubauten

Demoliendo los tópicos del rock

César Estabiel
Ladinamo

A punto de cumplir sus bodas de plata y con un disco recién salido de fábrica (Perpetuum Mobile), Einstürzende Neubauten pueden considerarse, sin temor a caer en la exageración, el grupo europeo de rock (dejemos a los británicos a un lado) más importante actualmente; más que al grueso volumen de su obra, su mérito se debe a su intachable compromiso artístico, impoluto desde que debutaran en 1981 con Kollaps. Porque Einstürzende Neubauten puede alardear de no haber transitado en toda su trayectoria por ninguno de los lugares comunes que ha pisado el rock como género. Nacieron con una idea extravagante (hacer ruido con elementos de desecho y vender los discos en las estanterías de rock) y hoy siguen fieles, no ya a un estilo, sino a su independencia artística.

Nos remontamos a la época del Berlín Oeste, del Berlín dividido que saludaba el comienzo de la década de los ochenta con más tensión que esperanza. Los jóvenes Blixa Bargeld y N.U. Unruh (un americano autoexiliado de Nueva York) se habían visto obligados a vender unos instrumentos casi sin estrenar. Aún así, decidieron seguir el camino que habían diseñado en su cabeza: harían música, aunque fuera con lo que encontraran por la calle. Einstürzende Neubauten (el nombre: derrumbando nuevos edificios) sintetizaba aquella filosofía voluntariosa de ruptura con lo establecido, de combate permanente contra lo nuevo, contra las modas. Ayudados por el ex Abwärts (una banda alemana de cierto prestigio por entonces) F.M. Einheit consiguen hacerse con planchas metálicas y demás chatarra industrial con la que empezar a montar ruido. Así que si Einstürzende Neubauten llegaron a ser considerados uno de los mayores nombres de la llamada música industrial (ruidos monótonos y metálicos a imagen y semejanza de los surgidos de las fábricas; un concepto similar al que desarrollaron los futuristas en el periodo de entreguerras) fue casi por una casualidad del destino. En un primer momento las actividades del grupo eran más provocadoras que artísticas. Para llamar la atención, llegaron a montar sus performances industriales en cunetas de autopistas o depósitos de agua que aumentaban los decibelios de aquel sonido infernal.

En 1983 el grupo se estabiliza con las incorporaciones de Alexander Hacke a la guitarra y Mark Chung al bajo. Y aunque su trabajo en todos estos años ha seguido fiel a la vena ruidista inicial, a partir de Halber Mensch (1985) comienza a apreciarse en la música de Einstürzende Neubauten un gusto por la lírica que ya no abandonarán. El sonido del grupo se afianza en ese seductor equilibrio entre ruido y poesía: la belleza que surge de la miseria, el brillo que se encuentra tras la chatarra inservible, los conatos de canciones que se adivinan tras agudos chirridos metálicos y golpes secos. Esta progresión hacia la lírica produjo no pocos conflictos dentro del grupo, con continuos rumores de separación, hasta que el máximo responsable de la percusión (y quizás el más interesado en no perder el latido metálico), F. M. Einheit, decide abandonar el barco sintiéndose minoría en un proyecto cada vez más reconocido internacionalmente aunque desprovisto ya del sostén industrial que los mantuvo en los ochenta. Los recientes Silence Is Sexy (Everlasting, 2004) y Perpetuum Mobile distan mucho del contenido formal de los Neubauten del comienzo. En efecto, el continuo esfuerzo que muestra su ideólogo, Blixa Bargeld (miembro oficial hasta hace unos meses de los Bad Seeds de Nick Cave), por mantener una línea creativa respetable incluso para ellos mismos les ha llevado a sacrificar la forma (el peligro de la acomodación en un estilo) para no traicionar el fondo. Donde antes hablaba el ruido ahora son los matices del silencio quienes tienen la última palabra. Todo sea por preservar la filosofía del grupo. Recordemos: derrumbando nuevos edificios. Ni más ni menos que lo que se viene llamando desde hace un siglo “vanguardia”.

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