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27 de marzo de 2004

¿Qué fue del Rock Radikal Vasco?

Roberto Herreros y César Rendueles
Ladinamo

La primera noticia que la mayoría de la gente tuvo de que algo se cocía en el mundillo musical vasco de principios de los ochenta fue el escándalo que provocó la actuación en 1983 de Las Vulpess en Caja de Ritmos, el programa que dirigía Carlos Tena en TVE. Sin embargo, la cosa llevaba gestándose ya unos cuantos años, con grupos pioneros como Zarama o Eskorbuto. Desde luego, resulta difícil pensar en un movimiento musical que haya sido más atacado que el RRV (¿tal vez el bakalao valenciano?). El diagnóstico de los medios generalistas y la crítica especializada fue unánime: nulidad musical, consignas políticas inaceptables y un extraño empeño en cantar en un idioma incomprensible. Sin embargo, veinte años después resulta difícil seguir sosteniendo esta valoración. En primer lugar, parece evidente que el RRV no pudo ser tan atroz cuando tantos grupos aclamados (Negu Gorriak, Soziedad Alkohólika, Extremoduro, Dut...) surgieron del poso que dejó. Pero, además, es innegable que muchos de aquellos grupos dieron un testimonio irremplazable de los aspectos más sórdidos de una época oscura que los medios de comunicación silenciaban sistemáticamente. Para bien o para mal –y a diferencia de la muy etérea Movida madrileña– el RRV dio visibilidad a jóvenes de infinidad de barrios marcados por la crisis económica, el paro, la heroína y la cárcel. Hemos preguntado a algunas de las personas que mejor conocen el RRV sobre los orígenes, el desarrollo y la vigencia del movimiento.

¿QUÉ FUE EL RRV?

Iker Barandiaran, periodista: “Sí, el RRV existió. Existió como etiqueta que fue creada por un periodista de Egin, Jose Mari Blasco, que coordinó el primer suplemento musical del periódico, “Plaka Klik”. A raíz de ver a varias bandas punk de Euskal Herria en un festival, inventó ese término. Pablo Cabeza, otro periodista que se hizo cargo del suplemento musical “Bat, bi, hiru…” del mismo periódico y que también dirigía un programa musical en Radio Euskadi, se encargó de propagar dicha etiqueta. Supongo que alguna discográfica independiente de la época hizo el resto. Los fines de aquellos periodistas no eran lucrativos ni interesados. Según ellos pretendían asentar una escena favoreciendo su continuación y crecimiento”.

Elena López Aguirre, periodista y ex miembro de Potato: “El RRV fue un gran catalizador de mentes inquietas en múltiples campos: sellos independientes (los hermanos Goñi en el sello Soñua de Pamplona y los hermanos Amézaga en Discos Suicidas de Bilbao), revistas (Muskaria, El Tubo), fanzines y suplementos de prensa (“Dvórame”, “Bat, bi, hiru”), gaztetxes, bares y salas de conciertos, cómic (TMO, Mauro Entrialgo), ilustración (Mikel Valverde), vídeo y nuevos realizadores (Juanma Bajo Ulloa), teatro y cine (Karra Elejalde, Koldo Aginagalde), periodismo (Pablo Cabeza, Iñaki Zarata, Roberto Moso, Pedro Espinosa)”.

Iñigo Muguruza, músico y ex miembro de Kortatu: “En este saco se incluyeron bandas que hacían músicas muy distintas y tenían también diferencias ideológicas muy grandes. Paradójicamente, casi nadie estaba de acuerdo en pertenecer a este ‘movimiento musical’, que se consideraba una etiqueta impuesta por comerciantes del disco ajenos a la movida”.

Pablo Cabeza, periodista: “Tampoco es que las bandas renegaran de la etiqueta RRV, salvo Eskorbuto por una historia viciada desde el origen, con pelas por el medio y porque sencillamente eran eso: antitodo. Digamos que los grupo se dejaban llevar por la etiqueta, al fin y al cabo les beneficiaba: se hablaba de ellos, del movimiento, servía para estar en los medios… Pero insisto, las bandas iban a su bola. ¿Cicatriz en el RRV? Ellos tocaban, y tocaban las pelotas. Dependían de la droga, no de la etiqueta. Se lo pasaban a lo bestia y disfrutaban como salvajes. Nosotros nos dedicábamos a colocarles la etiqueta. Nosotros, es decir, unos pocos”.

Marino Goñi, fundador de los sellos Soñua y Oihuka: “No había facciones, aunque el movimiento era bastante abierto. Hubo grupos como Eskorbuto que desde el primer día arremetieron contra la etiqueta y otros que se sintieron más o menos cómodos. Las diferencias, si existieron, no pasaron de ser meros enfrentamientos personales. La mayoría de los grupos pasaba por alto tanto las diferencias musicales como las políticas”.

¿CÓMO SURGIÓ EL RRV?

Roberto Moso, periodista y ex miembro de Zarama: “El ‘colectivo’, si se le puede llamar así, estaba muy unido en lo personal. Éramos gente de la misma generación, que habíamos tenido varias experiencias similares, que procedíamos de entornos urbanos, que habíamos flipado con Leño, Burning, los Pistols y también con Urko, con Gontzal eta Xeberri y con Mikel Laboa, que nos gustaba la noche, que teníamos 15 años cuando murió Franco, 13 cuando mataron a Carrero, 16 cuando la matanza de Vitoria (con Fraga de responsable)... En fin, lo político no era demasiado partidista, era mucho más vivencial... luego llegaron los que trataron de capitalizarlo y en buena medida lo consiguieron”

Iker Barandiaran: “Yo creo que aquellas bandas de los ochenta estaban sobre todo influidas musicalmente por el punk inglés del 77, pero cada banda sabrá que fue lo que más le impactó. RIP versioneaban, entre otros, a Wire, Abrasive Wheels, Sex Pistols, Youth Brigade… y evidentemente escuchaban a GBH y Discharge; La Polla llegó a versionear a The Boys; Kortatu idolatraban a The Clash; Los Cicatriz se fueron a derroteros más Oi!, MCD quizás oían más rock and roll; Eskorbuto eran más oscuros… La influencia del punk inglés era un denominador común, pero de ahí en adelante…”.

Roberto Moso: “Las mayores influencias sin duda son el movimiento punk y sus ‘amigos’ (ska, reggae, hardcore, etc.). Yo siempre he creído que el concierto de los Clash en el 81 en Anoeta fue para muchos toda una revelación. Hasta entonces nadie había visto juntos rock cañero e ikurriñas”.

Josu Zabala, músico y ex miembro de Hertzainak: “El público era una mezcla de pasotas, punkis de verdad y de escaparate, abertzales marchosos y borrokas, barriobajeros, ‘fanzinerosos’, hippies tardíos, insumisos, en fin, marginados marchosos de toda índole y algunos yonquis”.

Iñigo Muguruza: “El momento histórico fue crucial. De hecho, si no hubiera surgido el movimiento musical que surgió se habrían hecho películas a lo Ken Loach con super 8, o cualquier otra manifestación artística que reflejara la reconversión industrial, la represión policial, la impotencia política, el paro, la imposición de una transición descafeinada, el desengaño con el gobierno socialista, etc.”

Elena López Aguirre: “La generación punk del 77, como la generación beat del 57 o la generación hippy del 67, obedeció a los dictados de las circunstancias históricas. En España, desde 1976 hasta 1985 se destruyeron casi dos millones y medio de empleos a causa de la reconversión que Europa exigía para entrar en el Mercado Común. Por otra parte, los jóvenes de los ochenta fueron una generación especialmente numerosa, la del boom demográfico de mediados de los sesenta impulsado por el desarrollismo. Muchos de aquellos jóvenes jamás tendrían un empleo fijo en su vida. Más de la mitad había emigrado con sus padres siendo niños a los principales centros industriales: País Vasco, Barcelona, Madrid y Levante. La consiguiente especulación inmobiliaria pobló las afueras de las ciudades vascas de colmenas. El punk vasco y emigrante tenía ya las condiciones necesarias para germinar”.

Marino Goñi: “En el País Vasco de principios de los ochenta no mirábamos a Madrid como punto de referencia de la modernidad. La situación de crisis económica, el paro, la reconversión industrial, el GAL y otras tantas novedades que nos traía el gobierno del PSOE no nos hacían felices precisamente. El espíritu hedonista de la movida madrileña no llegaba a los barrios ni a los pueblos fabriles de Euskal Herria. Aunque el País Vasco fue el primer sitio donde se manifestó el movimiento, en otros puntos de la península surgieron bandas radicales que con el tiempo han sido tan o más importantes que las vascas: Extremoduro, Reincidentes, Los Suaves, etc…”.

Roberto Moso: “Como suele ocurrir en estos casos las influencias sociedad/RRV eran mutuas. Tú leías en el periódico que habían detenido a un insumiso y le hacías una canción de apoyo que, a lo mejor, hacía otros veinte y así con todo: gaztetxes, radios libres, euskera…”.

EL RRV VISTO EN PERSPECTIVA

Pablo Cabeza: “El RRV tuvo su etapa dorada entre el 84 y el 88. Hacia 1990 todo se hace un poco más adulto y comienza a diversificarse un poco más la escena. Aguantaría unos años más, pero yo tampoco estaba por la labor (lamento la personalización extrema) de prolongar una historia que, como todas, debían tener su nacimiento y su final. ¿Que se acababa o se agotaba? No pasaba nada, el circuito estaba vivo y era cuestión de seguir la escena con lo que viniese...”

Iker Barandiaran: “La izquierda abertzale, tarde, intentó aprovechar aquella energía y magnetismo y conexión con las masas que tenían aquellas bandas rupturistas. Tarde, digo, porque al principio no los quisieron comprender. El PSE también hizo algún intento en época de elecciones, pero le salió bastante mal y en un concierto que organizaron prácticamente les destrozaron un local que tenían en Donosti”.

Iñigo Muguruza: “Visto con la perspectiva de los años, lo mejor fue la cantidad de gente que participó en gaztetxes, radios libres, grupos de música, colectivos, etc. El llamado RRV fue la banda sonora de lo que ocurrió. Lo peor fue la cantidad de gente que quedó en el camino”.

Iker Barandiaran: “Otra cosa mala pudo ser que las bandas que diferían de estas otras musicalmente, más que políticamente, quedaron relegadas a un segundo plano (hablo de bandas de rockabilly, siniestras, poperas…) por parte del público”.

Josu Zabala: “Aquello no era una movida de profesionales de la música, nos conocíamos en la taska rock, fumando canutos y oyendo rock. Estábamos todos en el mismo puchero, mientras unos ensayábamos los otros ocupaban el gaztetxe en el que tocaríamos después o instalaban la radio en la que pincharían nuestro disco. Lo cierto es que fueron años en los que la juventud derrochó alegría, energía y capacidad de autoorganización a raudales”.

Iñigo Muguruza: “Creo que aquellas críticas en su mayoría siguen teniendo validez, y los discos de Kortatu se siguen vendiendo por algo. Estando como estamos en un periodo de involución socio-política, aquellas letras de RIP, Eskorbuto, Tijuana in Blue, Hertzainak, La Polla Records, etc. cobran vigencia día tras día. Como decía Cicatriz: ‘La libertad de expresión es solo pura ficción’”.

Elena López Aguirre: “¿Cuándo termina el RRV? Pues cuando Hertzainak publicó en 1988 “Aitormena” (La confesión), una balada con cuarteto de cuerda”.

CINCO DISCOS IMPRESCINDIBLES DEL RRV

HERTZAINAK Hertzainak (Soñua, 84) Nadie mejor que Ruper Ordorika para explicar lo que supuso el primer disco de Hertzainak: “Hertzainak aportó toneladas de vitamina a la escena de la música popular vasca. Josu Zabala ya tenía la idea de formar un grupo cuando tocábamos juntos por el año 81. De los comienzos del grupo sólo me llegó un casete con un recorte de prensa en el que Hertzainak, el conjunto en cuestión, se sobraba verbalmente en sus comentarios acerca del estado de la música en euskara y recibía a su vez críticas muy positivas. Cuando después de un tiempo volví a Vitoria tuve ocasión de comprobar lo lejos que habia llegado aquella idea inicial. El primer concierto al que asistí fue en Pamplona, creo que en Rotxapea. Me llevó Txanpi y vi una actuación inquietante y muy fuerte. Barría los escombros de determinada canción protesta y lo hacía con originalidad, dentro de un rock de inspiración británica, con muchas ganas de decir. Tengo que añadir que las gentes que hicieron Hertzainak, como Josu Zabala, Xabier Montoia, Gari, Txanpi o Kike, siguen aportando mucho a la música popular de este país”.

KORTATU El estado de las cosas (Oihuka, 87) El segundo LP de Kortatu tiene sin duda las mejores letras de la carrera del grupo con canciones como “Hotel Monbar” o “La línea del frente”. Con este disco, ya desde la portada, Kortatu dejaba claro su compromiso político y rompía con la estética redskin de sus inicios. También musicalmente los hermanos Muguruza hicieron un enorme esfuerzo para dejar atrás el ska fiestero de “Mierda de ciudad”. De hecho, ningún grupo ha sonado tan parecido a The Clash cantando en castellano como Kortatu en este disco (excepto los propios The Clash, claro). Aunque es mucho menos divertido (y menos emblemático) que Kortatu (85) y carece de la apertura de miras de Kolpez Kolpe (88), El estado de las cosas es un auténtico compendio de las principales virtudes del RRV sin ninguno de sus defectos.

LA POLLA RECORDS Revolución (Oihuka, 85) De los discos buenos de LPR (o lo que es lo mismo, los que grabaron en los ochenta) el que mejor suena es Ellos dicen mierda, nosotros amén (90). Las mejores letras aparecen en Donde se habla (88). Entonces, ¿por qué es tan famoso Revolución? ¿Por qué es uno de los discos más pirateados (en casete, claro) de la historia de la música española? Tal vez porque en este disco LPR consigue combinar su extrema lucidez –esa capacidad crítica que los ha convertido en algo más que un grupo de música– con la pura y simple diversión. LPR convirtieron el punk en una vía para la reflexión, para el pensamiento a martillazos. Sin embargo, en Revolución se nota más que en cualquier otro disco de LPR que para ellos la música no es sólo una excusa para lanzar invectivas políticas. Si eras un adolescente en los ochenta y nunca bailaste con este disco, es obvio que te perdiste algo.

ESKORBUTO Antitodo (Discos Suicidas, 85) Merece la pena escucharlo aunque sólo sea por “Cerebros destruidos”, tal vez la mejor canción del RRV. Lo cierto es que Eskorbuto fueron los más punkis de entre los punkis. Es difícil pensar en un grupo que haya vivido el nihilismo y la autodestrucción con mayor intensidad. También es verdad que musicalmente no tenían punto medio, a veces incluso dentro de una misma canción se mezclan estrofas buenísimas con auténticos ripios. Pero fueron capaces de reflejar en frases antológicas –“Mucha policía, poca diversión”; “Este maldito país es una gran pocilga”...– una época aciaga de nuestra historia reciente.

CICATRIZ Inadaptados (Soñua, 86) Al igual que Eskorbuto, Cicatriz fue un grupo marcado por la heroína y la mala suerte (los cuatro miembros originales han fallecido). Liderados por el carismático Nacho Etxebarrieta, todo un mito del RRV (el mismo Nacho al que Barricada le dedican “A toda velocidad” en su doble en directo), Cicatriz fue uno de los grupos de la época más próximos al punk inglés. Si bien la mejor canción que grabaron nunca –“Escupe”– aparecía en un disco anterior (un LP compartido con Kortatu, Jotakie y Kontuz Hi!), Inadaptados es uno de los discos clave del RRV. Con unas guitarras más trabajadas de lo habitual y la voz de Nacho lanzando exabruptos en primer plano, el primer LP de Cicatriz es la máxima expresión del lado más macarra y agresivo del RRV.

Y ADEMÁS...

MCD. Bilboko gaztetxean (Discos Suicidas, 87)

Zarama. Dena ongi dabil (Elkar, 87)

VV. AA., Cicatriz, Kortatu, Jotakie, Kontuz Hi! (Soñua, 85)

Eskorbuto-RIP. Zona Especial Norte (Spansuls, 84) Un disco mítico, durante muchos años inencontrable, que compartieron dos bandas pioneras del RRV y, por extensión, del punk peninsular.

VV. AA. Bat, bi, hiru... hamar! (Oihuka, 87) Recopilatorio con ocasión del décimo aniversario del diario Egin.

Potato y Tijuana in Blue. Potato / Tijuana In Blue. (Soñua, 86)

Barricada. Barrio conflictivo (Oihuka, 85)

RIP. No te muevas (Discos Suicidas, 87)

Zer Bizio? Sentimientos y venganzas (Discos Suicidas, 90)

VV. AA. Skalherria punk (Discos Suicidas, 86) Recopilatorio con canciones señeras de grupos como Vómito.

¿ROCK? ¿RADICAL? ¿VASCO?

Aunque es indudable que espiritualmente el RRV se alimentó del punk, lo cierto es que muchos de estos grupos tenían más que ver con el rock urbano de los setenta. No faltaron grupos como Barricada con numerosos guiños heavys, también hubo bandas como BAP que fueron auténticas pioneras del hardcore y otras como Zer Bizio? sencillamente inclasificables. Tal vez el caso más raro sea el de La Polla Records. Su asombrosa longevidad ha hecho que la recepción de sus discos haya cambiado mucho: hoy su primer EP, con sus cajas de ritmos y su producción lo-fi, suena extrañamente contemporáneo, una especie de versión inteligente y nada moñas del revival tecno-pop. También es importante recordar que dentro del RRV hubo espacio para el reggae, con grupos como Potato, y sobre todo para el ska, con incontables bandas muy irregulares a las que resultaba fácil reconocer porque siempre aparecía la palabra “ska” en sus nombres (Skalope, Korroskada...). La vocación política de estos grupos ha sido siempre un asunto muy discutido. De hecho, muchas de las primeras canciones del RRV reflejaban una actitud jaranera cuando no sencillamente descerebrada. Basta recordar letras como “Me siento feliz/ de ser un puto subnormal/ con delirios de grandeza/ mientras me hago un chute/ y privo cerveza” (Cicatriz), “Todo este sábado me lo voy a pasar/ privando en mi casa hasta reventar” (Kortatu), “Ruido de sables en el cuartel, cerveza y speed a todo tren” (MCD), etc. Posteriormente se produjo una especie de institucionalización de ciertos temas supuestamente “radicales”. En palabras de los bilbaínos Doctor Deseo en 1985: “El RRV no es lo que era, se ha convertido en una institución, parece algo sagrado que no se puede mover. Además, en realidad son muy poco radicales, musical y estéticamente son muy conservadores, y sus letras son relativamente radicales, amén del panfleto. Hay tres temas fundamentales: meterse con los modernos, contra la iglesia y contra la policía. Si se nombra la palabra ‘maderos’ es éxito seguro en Euskadi”.

Por último el RRV en seguida se difundió por toda la Península, entre otros muchos cabe recordar a Dixebra (Asturias), L’Odi Social (Cataluña), Reincidentes (Andalucía) o Tarzán (Madrid). Más, aún, la relación de muchos grupos del RRV con el mundo abertzale no fue ni mucho menos tan estrecha como el ABC y otros medios de comunicación se empeñaron en hacernos creer. Canciones como “A la mierda el País Vasco” (Eskorbuto) o “Hijos de la Extremadura” (Los del Rayo) y lemas como “Odio a los partidos, fuego a las banderas” (La Polla Records) parecen claros al respecto. Aún más, los críticos acérrimos del RRV han intentado hacer pasar por apologías de la violencia lo que en el fondo era una confusa mezcla de insatisfacción política y marginalidad. Como ejemplo del auténtico caos intelectual del que hacían gala algunos de estos grupos cabe recordar las delirantes declaraciones de Nacho Cicatriz: “Siempre he sido un gamberro, de blusa me gustaba hacer el gamberro, de dantzari me gustaba hacer el gamberro. Y luego, la verdad, cuando empecé a fumarme porros y empecé a oír chorradas de que si vasco traidor, que si drogadicto, me mosqueó mucho esa movida, no me gustó nada. Me atrajo tanto lo del porro y lo de los hippies y lo de la música; todo eso me llenó tanto que me anuló lo anterior. Yo pensaba morir por ETA, vamos, mi máxima ilusión era ser etarra; eso era de chaval lo que yo pensaba. Pero, no sé, de un día para otro dije: ‘No, chaval, lo tuyo es esto, lo tuyo son los porros’. Me ha traído muchas consecuencias pero tampoco me arrepiento de lo que he vivido”.

LA POLLA RECORDS Y LA FILOSOFÍA

Texto: Carlos Fernández Liria

Suele decirse que las canciones de La Polla Records son “una patada en los huevos al poder”. Tal vez sea verdad, pero no lo es menos que, entre todos los tipos de patadas en los huevos, estas tienen algo especial. Las canciones de LPR tienen un claro carácter sistemático. En su momento, por ejemplo, habrían servido de libro de texto de la asignatura de Ética en el bachillerato y, si alguien busca una guía para la educación de sus hijos lo más completa y honrada posible, es difícil que encuentre algo mejor que los discos Salve y Revolución. Hay una implacable lógica que atraviesa la obra de LPR y que sorprende por su eficacia para señalar los cuatro puntos cardinales de una orientación política. En efecto, hay cierta clase de ceguera que no tiene que ver con estar equivocado sino con esa especie de abyección moral que contamina la atmósfera política que respiramos. En este sentido, LPR aportó un poco de honradez para llamar a las cosas por su nombre y enderezar una brújula moral que se encuentra estructuralmente invertida. Todo una lección y un reto para las cátedras de Ética y Filosofía de este país. Ya está bien de explicar en qué consisten la moralidad y la ciudadanía tomando por referencia un mundo supuestamente sano en el que los individuos sólo delinquirían, por ejemplo, robando un jamón o mintiendo a su novia. Hay que explicar en qué consiste la moralidad en este mundo de “demócratas cristianos hinchados como cerdos y podridos de dinero” (LPR), a los que nunca se les pilla robando en un supermercado porque resulta que son los accionistas de este formidable supermercado en el que se ha convertido el planeta. La cuestión no es tanto si los banqueros, por ejemplo, pueden estafar o extorsionar; es más interesante reparar en la estafa y la extorsión que supone el hecho mismo de que existan banqueros. A los perros guardianes de este infierno, a sus usureros y beneficiarios, a sus administradores, voceros y legitimadores –así hasta completar el índice de canciones de LPR– no se les puede denunciar en un juzgado y, desde luego, es inútil intentar convencerles de nada. Es aquí donde el insulto –un arte en el que LPR fueron maestros– empieza a cumplir un papel “epistemológico”. Gracias a que, al menos, aún es posible insultar, se sigue recordando que, pese a su portentosa impunidad, Wall Street o el Banco de Santander no son realidades tan inevitables como el curso de los astros.

CITAS:

“La denominación [RRV] vino a raíz del concierto anti-OTAN en Tudela en donde por primera vez se congregaron en un mismo festival Barricada, La Polla Records, RIP, Basura, Eskorbuto, Zarama y Hertzainak (...). Estos grupos son la punta de lanza de un movimiento de cerca de cien grupos que están pululando por Euskadi y son radicales también”. —Marino Goñi

“Las letras que canto en las actuaciones más o menos son ideas que todos los punkis pensamos. Pero a mí me interesa más que las oiga un determinado tipo de público que no opina de esa manera, para conseguir cambiarles; los demás son colegas tuyos”. —Evaristo, cantante de La Polla Records

“El gran drama de Eskorbuto es que no valían para malos. Lo intentaron con tesón pero no les salía. Si trataban de robar en una iglesia, despertaban a todos los vecinos y acababan en chirona. Si pretendían dar un tirón, la dueña del bolso resultaba ser campeona olímpica y corría más que ellos. Si se colaban en el tren, los guardias jurados les daban pal pelo...” —Roberto Moso, cantante de Zarama

PARA SEGUIR LEYENDO:

Roberto Moso, Flores en la basura. Los días del rock radical (Hilargi, 2003). Elena López Aguirre, Del txistu a la telecaster (Aianai, 1996). Elena López Aguirre, Hertzainak: La confesión radical (Aianai, 1993). Diego Cerdán, Eskorbuto: Historia triste (Ediciones Marcianas, 2001).

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