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30 de marzo de 2004

La casa de los libros

Carlo Frabetti
Rebelión

La biblioteca pública es el verdadero hogar del libro, su último refugio, su (por desgracia no siempre inexpugnable) acrópolis. La librería ya no es la casa del libro (aunque la más famosa librería de Madrid se llame precisamente así). Ahora la librería es, a lo sumo, el motel del libro, el lugar de paso donde, con un poco de suerte, se consuma a toda prisa su fugaz idilio visual con el lector. Pues los libros solo "viven" en las librerías unos días, a lo sumo unas semanas, y luego son inexorablemente barridos por las mil novedades semanales que la industria editorial vomita en el mercado del papel impreso, sin más criterios, la mayoría de las veces, que los despiadadamente comerciales.

Sin las bibliotecas públicas, la mayoría de los libros --y de los autores-- desaparecerían sin dejar rastro. Las bibliotecas públicas los mantienen vivos, los promocionan, los difunden, los revalorizan al margen de las modas y de la mercadotecnia. En todo caso, deberían ser los autores y los editores quienes pagaran a las bibliotecas públicas por los inestimables servicios que les prestan.

Por eso, la lucha por defender las bibliotecas públicas de los depredadores neoliberales que las acosan, no solo es importante en sí misma, sino que además adquiere, en estos momentos, un enorme valor simbólico. Porque la biblioteca es el templo y el emblema de la cultura, una cultura cada vez más amenazada por quienes solo ven en los libros una mercancía o un peligro.

Pero no hay que olvidar que la lucha por la defensa de las bibliotecas públicas solo adquiere todo su sentido --y toda su eficacia-- si se inscribe en la gran batalla contra el neoliberalismo "globalizador" y contra el neofascismo rampante. Contra el capitalismo, en una palabra.

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