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5 de abril de 2004

El autor publica 'Pisando los talones', séptima obra sobre el inspector Wallander

Henning Mankell: "Utilizo el acto criminal para analizar la sociedad"

M. Eugenia Ibáñez
El Períodico

Un Kurt Wallander con problemas de salud, angustiado más que nunca por los cambios políticos y sociales en Suecia, obsesionado por las dudas sobre su futuro como policía y siempre experto en el rastreo del criminal ha llegado a las librerías protagonizando Pisando los talones (Tusquets), séptimo título de la criatura literaria del autor sueco Henning Mankell.
El libro presenta a un inspector Wallander sensible al paso de los años, también más solo, con irritantes hábitos laborales que le llevan a comer mal y dormir poco y, quizá, más sensible por su entorno que en libros anteriores. La humanidad de este personaje de ficción y la habilidad narrativa de Mankell han convertido al policía en uno de los protagonistas de novela negra más leídos en el mundo entero. La serie ha sido traducida a 35 lenguas, se han vendido más de 20 millones de ejemplares en todo el mundo --300.000 en España--, y Pisando los talones llegará cine bajo la dirección de Paul Verhoeven.

LA XENOFOBIA EUROPEA
Mankell (Estocolmo, 1948) vive desde hace años en Mozambique, donde dirige el Teatro Avenida de Moputo con el que realiza esporádicas giras por Europa. A excepción de estas salidas, el autor es poco proclive a viajes para promocionar sus libros y reacio a conceder entrevistas. Las respuestas que siguen se han obtenido vía correo electrónico, con anterioridad a la publicación en España de Pisando los talones.
El autor, que dice no haber leído nunca novelas policiacas, asegura que sus libros se mueven en una tradición diferente a la de este género literario: "Utilizo el acto criminal como un espejo para examinar la sociedad". Así, la lectura de la azarosa vida de Wallander es en ocasiones una excusa para que el autor critique la moralidad de políticos y policías, la xenofobia o la violencia contra las mujeres. "Escriba lo que escriba --añade-- quiero dejar patente mi opinión sobre lo que ocurre en nuestro mundo, porque hay muchas cosas que me horrorizan".
Le horrorizan, por ejemplo, la descomposición de la sociedad sueca y también de la europea, la violencia, la corrupción, la injusticia y el belicismo de George Bush: "Mi protesta por la guerra de Irak es tan fuerte desde Europa como desde África; Estados Unidos está haciendo estragos en el mundo". Le preocupa el continente africano, pero con matices de esperanza: "Si tuviera la oportunidad de volver dentro de 100 años, aunque sólo fuera por una hora, me encontraría un África próspera, porque estoy convencido de que lo que hoy vivimos cambiará para mejorar el futuro".
Mankell no interpreta su presencia en Mozambique como una huida, sino como una forma de marcar las distancias para forjar puntos de vista más amplios: "Las dos perspectivas, la europea y la africana, me dan una opinión más amplia del mundo actual". De esa Europa que ve con distanciamiento se llevaría a África la democracia --"frágil, pero un sistema político excepcional"--, y rechaza la xenofobia, "uno de los principales problemas europeos".
Para demostrar que otras culturas son posibles, el escritor ha creado una editorial, de la que es copropietario, que traduce a autores africanos y árabes "que, de lo contrario --insiste--, nunca llegarían al público sueco". Dice haber leído mucha literatura española y reconoce su atracción por este país, aunque selecciona los paisajes donde perderse: "No me atraen las playas, pero sí ciudades como Salamanca o Córdoba; es un lujo trabajar por la mañana en Madrid y visitar el Museo del Prado por la tarde".
Mankell rechaza que Kurt Wallander sea la imagen que el espejo refleja al mirarse, pero reconoce que ambos, criatura literaria y autor, tienen tres cosas en común: "La edad, el amor por la ópera italiana y una afición excesiva por el trabajo".

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