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6 de abril de 2004

"Tierra de nadie" de Ana Botella

Un libro impúdico

Juan José Millás
Levante-EMV

La separata que Ana Botella ha añadido a Mis ocho años en la Moncloa va camino de convertirse en la pieza central del cuerpo del delito. A estas alturas poco nos importan las comidas que servía a sus invitados ni las recetas que intercambiaban con sus amigas. Nos traen sin cuidado también los colores de las cretonas y de las cortinas de palacio. Y nos parece alucinante que, con la perspectiva que da el tiempo, se atreva a afirmar que hoy habría preparado una boda más grande para su hija. Ahora resulta que le parece pequeño el Escorial y escasa la categoría de los invitados, pese a que acudió Sánchez Dragó como representante de la cultura y Silvio Berlusconi como representante de los negocios oscuros. «Pasado el tiempo», afirma Ana Botella con toda la cara, «me habría gustado hacerla más grande».

Lo que a los españoles nos interesa ahora es la separata, o las separatas, si tenemos en cuenta que debería escribir otra sobre los sucesos de Leganés. Cada día tenemos más interés en saber qué rayos le prometió Bush a su Jose para que nos metiera en este lío. Quiere decirse que el libro propiamente dicho puede usted tirarlo a la basura. No nos importa nada, de verdad, cómo fueron sus primeras navidades en el poder, ni qué crema usa para desmaquillarse Chery Blair, ni los progresos escolares de su hijo Alonso, ni su visión estratégica sobre la isla de Perejil. Lo único que estamos deseando saber como españoles y como seres humanos es qué rayos le hizo beber Bush a su Jose para que se presentara en Las Azores con aquella sonrisa de Supermán que ya ve usted lo que le ha durado.

Urge que haga usted otra separata en la que nos cuente toda la verdad. Al fin y al cabo, éste es un país de separatas. El sueño de cualquier universitario es firmar la separata de una revista académica. Las revistas se tiran a la basura porque abultan mucho, pero las separatas se conservan porque son al volumen lo que el hueso al cocido. Sus ocho años en la Moncloa son, señora mía, una peste, pero nuestras últimas semanas en Madrid, son un dolor. ¿No le ha desaconsejado nadie publicar ese libro impúdico?

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