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8 de abril de 2004

Luis Melgarejo, el elegante azar de la anonimia

David Franco Monthiel
Cádiz Rebelde

Su currículo, que también puede andar en la montaña de papel desvaído de una oficina del empleo, dice que Luis Melgarejo nació en La Zubia, Granada en 1977, que tras varias premios y plaquettes ( El Cepo, Cuadernos de Vigía, Granada 1999 y La persona equivocada, La nube de Goku, Córdoba, 2000) ganó el XV Premio Hiperión con El libro del Cepo. El jurado apreció “el abanico de posibilidades formales que incorpora en su poesía, en la que estacan su espíritu crítico e histórico, así como su desenfado y su rebeldía”. Luego, siguiendo su currículo, se buscó la vida en Madrid, regresó y colaboró en la revista Letra Clara, fue considerado en antologías (en Nuevas voces de la literatura en Granada, Los papeles de la Cuadra, Granada, 1998, en Un siglo de sonetos en español, Hiperión, Madrid, 2000 y 25, Hiperión) y certificó la ausencia de pleno empleo. Se unió a La Palabra Itinerante como hermano de la sangre, se peleó con sus Poemas del Bloqueo y es una de las voces más voces de las que no se escuchan por ningún lado, dispuesto a cortar el cáñamo podrido de las sogas que anudan el estómago a las sienes y a resistir a los que quieren vernos con el color de los ahogados.


  1. Oh parnaso,anhelado parnaso de tullidos

David Franco Monthiel: -Empecemos por el estado de cosas. ¿Qué piensas del panorama poético oficialista actual?

LUIS MELGAREJO: -Desde un tiempo a esta parte procuro, con derrota y fortuna variables por desgracia, mantenerme dignamente al margen de panoramas, pasarelas, pasacalles y demás tinglados de comunión cultural. Claro que como también sucede que una se está últimamente tratando de buscar las habichuelas —a ser posible con chorizo para no caer en malditismos de potaje magro, como ya advirtió Rogelio Lobo en algún sitio, y colaborando con otras gentes también, en las cosas estas de oh la cultura pues como que cada vez, pobre de mí, se va haciendo más difícil esquivar los múltiples y variados rituales a los que tan amablemente soy invitada o de los que soy, por las cosas del currelo o las personas amigas que una va haciendo en la vida, responsable directa aunque me pese y a lo poco a fin de cuentas claro sí corresponsable igual que todas.

David Franco Monthiel: -El que no aparece en el lugar y la hora adecuada no sale en la foto de los vates inmortales, ¿no?

LUIS MELGAREJO: -Es que yo tendría que trabajar en una imprenta o algo así, me digo a veces. O montar una mercería a medias con alguien y vender bragas, calcetines gruesos de lana para el invierno y horquillas de todos los colores. No sé. O administrar el patrimonio familiar en matrimonio sin papeles y coyunda a media tarde sin primogenituras. Borrarme en cualquier caso de las listas, oficiales y oficiosas, de poetas istas, andes, ioses y oes en activo. Pero no: Una parece que está como obligada desde hace ya casi dos lustros (y por váyase a saber usted qué historias a dar la talla) desde chiquita casi en esto de las letras porque sí, porque tú vales mucho, Luis, mucho. Soy el joven grande poeta de La Zubia hasta el momento. El poetica de mi pueblo hasta el momento, sí. Desbanqué como de golpe y sin querer a un tío abuelo Luis Melgarejo también aunque Quesada. Yo soy Castañeda. Y eso: Que maldita la gracia que me hizo el desbanque y, copón: en fin: Que es lo que hay y no es triste porque es la verdad, que decía el Cimarrón de Miguel Barnet. Pero a ver, porque me da que estas no son las respuestas, que las preguntas eran otras, sí.

D.F.M: -Hablábamos del panorama, de los saraos, de la vida en los salones de la cultura.

LUIS MELGAREJO: -Sobre el panorama poético oficialista sic actual tengo poco que opinar y trato de echarle solamente la cuenta imprescindible, que demasiada es ya me temo a veces para como quiere una lograrse la vida cotidiana. No obstante: No conozco a la mitad de la gente que me dicen está en el candelero y, de la mitad restante que sí parece que está o que igual está —por no meternos en tercios, cuartos, quintos y complicar aún más la cosa—, conozco a alguna gente por sus textos y a alguna otra gente más incluso en calidad de buena gente y gente amiga. El poco curro cerrado que voy conociendo de quienes me dicen están pegando fuerte, mucho y en todos sitios y esas cosas de más estar aparte de sentada tecleando o con el coco como en Soweto a cualquier hora así de pronto, pues no me interesa mucho. Pero es que ya ni me acuerdo, a qué vamos a cargarnos más la espalda.

Leo poemas, poemas sueltos, actitudes, compruebo aptitudes, me siento abrigada a ratos o alegre o siento algunos algos y trabajos muy bien hechos a mi juicio, sí, pero que y qué. También yo tengo textos así y sólo me importan o sirven aquellos que de verdad te cojen y la dejan a una tan risueño/estupefacta ahí en la lona tendida que sabes seguro te vas a levantar pero después del diez y el griterío, sean de quien sean los textos, las texturas. Total: Que encuentro poco a fin de cuentas de lo que a servidora sirve para entender las tierras y las gentes desde hace ya y sin una bien saber si es que eso cambia y por llamarlo al eso aquí no sé: criterio en firme o cosas abundantes de las que bien y ayudan para lograr las vidas necesarias. Porque morimos todas cada día. Según el día morimos más o menos y ya me estoy poniendo, no sé, Vallejo o yéndome por las ramas, por los poemas que nos sirven contra todas esas cosas e igual contra esos 3 también de cada cien exactos cabrones de verdad, que dice Castoriadis. Buf.

D.F.M.: -Como lo dejas claro en un poema del “Libro del Cepo”:

.Oh parnaso

anhelado parnaso de tullidos –de pollas

en vinagre”


LUIS MELGAREJO: Pero no voy aquí a sacar las nóminas porque es que para bien o para mal lo que viene a sucederme es que me aburro, que me cansa ya este estar, tener que estar, deber, ganar, perder, perder mañana, tarde y noche, tanta envidia y victimismo y falsa gloria y tanto verso hueco y tanta tontería con filigrana y gran fanfarria y comidilla acaso hasta en lo propio. No sé: Muy pocos poemas a los que suscribirse plenamente leo de un tiempo yo a esta parte. Pero como esto me pasa también, como te digo repitiéndome ya como los loros, con mis propios textos, pues como que no entraré en mayor disquisición. Reivindico el poema chungo, eso sí, y el poema porque sí del mismo modo que pido por favor me dejen ya en paz de una vez. En paz. Y lo peor de todo esto es que va a parecer un no querer mojarse, pero no. Sinceramente: Que es que cada día leo menos literatura actual y no sé el percal cómo es que está. Leo completas, eso sí, comparta o no prácticas y objetivos con ellas, las propuestas de la gente amiga. Ellas lo hacen conmigo y es lo menos que una puede hacer con la gente que te echa el capote cuando te metes en el callejón sin vida de algún texto. Pero de ahí a echar por alto el día o tener que estar pendiente del cotarro y las cuestiones y las mierdas ya sabidas, pues ya no. Lo siento, no. Ya estuve un tiempo así y ya me cansé.

D.F.M: -¿Y existe lo no oficialista?

LUIS MELGAREJO: -Dentro de lo que venga a ser el panorama no-oficialista —por taxonomizarlo según venimos—, mi personal y cateta visión se encuentra más o menos con lo mismo y la vista se me cansa igual o más, encuentro iguales poses, calcadas vestiduras —rasgadas eso sí en más ocasiones de las que una esperaba porque dónde no se cuecen habas dicen— y un mismo problema en común, el mismo problema de siempre: el yo. Ese yo cabrón moderno que unas veces queremos destilar y que otras veces disfrazamos de nosotras, ese yo que no sé adónde va a llevarnos, ese oh yo soy poeta, sabes? Bueno, claro, no lo sabes porque no te lo digo. Intento que lo adivines para que así me veas el aura redepente y chas. Por no alargarme más plomizamente: Que igual todo esto sólo me pasa a mí y es la clave de lectura que yo proyecto sobre todo texto y todo autor y acabo de quedarme en bragas. Y qué le voy a hacer. No hablar, callarme de una vez y ya quizá.


2.Antologías, resistencias y corrientes poéticas


D.F.M: —¿Y de los que dicen que no a ese panorama? ¿Cuáles son las resistencias?

LUIS MELGAREJO: -Yo creo que digo no a ese panorama y mírame. Ahí me tienes, en el panorama, en las antologías, persiguiéndome a mí misma. Luego también pasa que entre los que dicen no a ese panorama hay también mucho gilipollas y mucha gente de enorme valía, basura a mansalva y textos que para mí ya los quisiera. Pero es que eso también sucede en el regazo mismo o núcleo duro del puto panorama oficialista y sic que estábamos diciendo. Aparte de que en por desgracia bastantes ocasiones, para los que dicen no a ese panorama, ese otro panorama en el que ellos sí están se convierte en el único panorama posible y en oh somos el panorama, estoy en él, el panorama, estoy al fin en ese plano oscilatorio de trascendendepollas que igual en todos sitios, sí, en ese otro panorama en el que ellos sí que. Somos reconocidas, seducidas, atrapadas y apoderadas a un tiempo en todo este tipo de ámbitos y ritos. Y es entonces cuando empieza una a perderse nuevamente y recomienzan a agriarse las entrañas entre tantos egos summus en constante trascendencia. No me entiendo ya ni yo, y usted disculpe. ¿Sí?

D.F.M: -¿Cuál es tu visión de antologías como 25, en la que estás, y La lógica de Orfeo?

LUIS MELGAREJO: -Sobre las antologías, sí, y en concreto sobre esta última de Hiperión y esa otra, La lógica de Orfeo, que no conozco ni sé dónde ha salido ni me he molestado a ser honestos en echarle un hojeo, pero que imagino será también reciente. Igual también me han incluido en esa y ni nos hemos enterado. Cosas más raras pasan. Ya no me asusto de casi nada. Tampoco espero nada, claro, es la otra cara de la moneda. O la otra cruz, no sé.

No sé si fue Spinoza quien lo dejó por ahí escrito pero en latín lo de sin miedo ni esperanza que repito cada dos por tres, idiota yo, con mi consigna nueva como si de zapatos nuevos se tratara y de niñez. Si no fue Spinoza el Pepe fue quien me dijo que fue Spinoza. Eso sí lo recuerdo por lo menos. Y dónde estábamos. Y todo los detalles.

De La lógica de Orfeo ya te he dicho, me creas o no, que no sé nada. De eso que me he librado hasta el momento por lo menos. Imagino que estará la nómina de moda y alguien más para que quede así como es preciso y no se note mucho el catálogo de nuevos prototipos de Ferrari. Pues muy bien. Yo sé de otras en las que seguro no está ni una de las que igual aparecen en esa y tampoco pasa nada. Sobre Veinticinco, me preocupaba no enterarme de cuándo iba a salir. Y ahí está, otra antología más. Y es curioso esto de las antologías, porque hace unos años me indignaba terriblemente al abrirlas en las librerías y comprobar cómo estaba el panorama y no ver recogido mi trabajo ni trabajo alguno afín ni a mi juicio trabajo de valor, pero, claro, como yo ya soy famosa y sí me incluyen porque he chupado las pollas necesarias y todo eso pues me viene a dar igual. Y hay que joderse. Y es que yo al menos trato de tomármelo así.

Igual estoy frivolizando y si es así pues yo qué sé: Que lo lamento de veras si es así y disgusta o aleja a buena gente o a gente amiga incluso que a fin de cuentas ya sabe cómo pienso yo este asunto y tampoco creo se va a asustar. Pero es que servidora ya está un poco quemada, y eso que esto no ha hecho más que empezar a echar a arder y no sabe cuánto más va a durar en este embate cotidiano con el mundo y las palabras. Y eso que ni siquiera igual hemos hecho sino arrancar, como te digo, quizá ni eso. Pero es que como aparte cada día valoro más o más preciso o más me doy yo cuenta, no sé, de la cantidad de cosas mucho más importantes y por hacer que van quedándose y que ya te he dicho me importan más ahora mismo que todo este estar al loro de la copla editorial y el mamoneo correspondiente por mucho que el sustento de los hijos que no tengo sean las reseñas, los talleres de escritura, la animación lectora, las lecturas y todas esas actividades relacionadas, pues eso, sí. Y si estar al día de lo que se cuece viene a ser una obligación llamémosla revolucionaria o de eficiente oficinista, pues me temo que yo estoy esta vez metiendo la cabeza como el avestruz o no disfrutando ni currando ni en el paro, que cantaría el Evaristo en ambos casos.

Una lista de cosas mucho más importantes pendientes para ahora mismo: Comprobar si ya han pagado los que deben para yo pagar mis deudas, si han pagado y sobra tras saldar ir a comprar comida y tiestos, si he comprado cocinar, disfrutar veinte minutos como un niño chico tonto con la gata, barrer, fregar, limpiar el polvo, echarlo si apetece y tras la siesta preparar los materiales de trabajo, los cuchillos y los lápices, los folios, ver a gente, a la familia, subir cuestas y paredes, mirar bichos, oler plantas, coger piedras y bla bla bla. Como una más.

Yo no trabajo con esa gente, joder. No estamos embarcados en un puto proyecto de escritura cooperativa ni nada por el estilo. Escriben, escribís, escribimos, escribe, escribes y resulta que escribo y por eso parece que voy a tener que estar obligado a llevarles la vida mientras me dure y bla bla y no. Que no. Que bastante tengo ya con preocuparme por mis propios textos y los de alguna gente más como para estar pendiente y al día de todo el tingladito del mundillo literario, del de las revistas de abolengo y del de los fanzines costra, copón. Segundo buf, joder.

D.F.M: -¿Te engloban en alguna corriente poética?

LUIS MELGAREJO: -Pues creo que sí, en varias, a saber: Los marxisticas, los palabroteros, los enchufados esos de Granada, los poetas cabreros, los poetas malos, los malos poetas, los gilipollas, no sé. No sé si en las filas de alguna resistencia o si en el catálogo de algún que otro concesionario más. La verdad es que ya me importa bien poco y que de preferir preferiría no quedar arrejuntada sino con amigas y hablar un ratito de poesía —sí, no pasa nada— y luego de las cosas de la vida o bien no hablar, echar el rato y unos cigarros verdes autóctonos, escuchar a chicos y grandes y preguntarles cosas, analizar sus lógicas de niño y vieja, pasear, cantar, ser amable, que diría el Brechtín. Satisfacciones. Pero no es tan fácil, no. No tanto como parece. Será que yo no sirvo ya. Y entonces va a resultar que tengo la razón.

D.F.M: —¿Es posible una poesía que persiga intensidad emocional y comunicación verdadera, y que combine la exigencia estética con la mirada crítica, en resistencia? ¿Es posible una búsqueda de la voz común?

LUIS MELGAREJO: -Claro que sí, es la única cabal posible, la única que a servidora le parece tal, pero habría que ver qué entiende cada cual por intensidad, emoción, comunicación, verdad, exigencia, estética, exigencia estética, crítica y demás. Y es entonces cuando todo se complica, cuando empiezan a marearse las perdices y las gentes, cuando se le quitan a una las ganas con tanta revuelta de sentarse a escribir si es que aún le queda gana alguna y no hay ya vigor ni para llevar un par de versos de memoria en la cabeza dale y dale mientras vuelves del mercado. Igual me temo sucede con el asunto de la voz común, que viene a ser del mismo corte problemático que otros como el tan traído y llevado y trae pa’cá y no me lo quites del compromiso de marras. Cuándo nos va a quedar a todas claro de una vez, por todos los demonios: Toda poesía está comprometida, pero hay que ver con qué, con quiénes, hasta dónde, por qué. Pero claro que es posible esa poesía. Siempre ha sido posible. No es otra sino esa la poesía que defendemos y tratamos de manufacturar ya mucha gente, la poesía que cada cual va encontrando en textos y autoras de todo tiempo pasado y presente sin fronteras, en voces y lenguas tantas que sin saberlo conocieron también alguna vez, como dejó escrito don Fernando de Cádiz y Quiñones, “no la mayor, la única gloria del poeta: cuando en el prado, la curtiduría, la taberna, la fragua, se os llegaron casualmente a la boca aquellas tres, cuatro palabras que no se habían juntado antes o nunca habían sonado de aquel modo, y que dejaban dicho algo, sencillo acaso como ellas, pero tan verdadero, tan nuevo y tan antiguo que os suspendió y enmudeció un instante, como a algunos de los que os escuchaban.”

  1. La resaca del Hiperión


D.F.M: —¿Qué supuso el Hiperión? ¿Cómo fue su resaca?

LUIS MELGAREJO: Un par de cosas al menos, a ver: 1) Me quité un libro que me estaba volviendo loca, oh el genio loco y creador con quien tanto me meto y mire usted que sale el yo loca, loca desde hacía ya su buen tiempo y me lo quité metiéndolo vía galardón en el catálogo de una editorial por la que todo el mundo parece o parecía perder el culo, una editorial también de las más criticadas por otra parte. Reconozco que a mí entonces también me parecía la hostia publicar en Hiperión, pero igual como ya está todo así pues no le doy más importancia o quizá es que te vas dando cuenta al ir contrastando y adentrándote más en todo este tinglado del mundo editorial y las basuras literarias y los egocentrismos y las más que envolventes y me callo ya qué poco importa.

Luego empezó a asustarme. Y ahora mismo intento no prestarle atención sino por marzo, cuando veo que se demora e incluso no llega el balance anual y la correspondiente carta en la que le tienen a una que contar que no ha vendido un maldito ejemplar y que por consiguiente no hay ni un duro pero te mandamos la carta de buen rollo por lo menos para que veas que cumplimos con nuestra obligación. Pero a ver porque últimamente como que.

En fin. Y 2) Me quité el libro de en medio y supuso que me puse a escribir de nuevo. Me comí todo el marrón de entrevisticas, estar en boca de todo quisque y ya se puede usted imaginar: Un mierdero en toda regla que, si yo tuviera un poco más desarrolladas ciertas capacidades de interacción social o gozase con ellas, habría disfrutado de lo lindo y buscado la forma de sacarle el provecho de la tajada gorda y vamos a más, imparables, nos crecemos, ja. Pero no. Sólo fue más miedo, más confusión, más fuerte la certeza de qué demonios hago yo aquí. ¿Esto era el escribir, para esto? Pues sí, idiota, para esto. A ver si te enteras ya de una vez que las más de las veces cuando te sientas no es sino para que luego aunque no te lo quieras reconocer te vengan y te digan que eres la hostia. Y ahí está la puta trampa. Y sirvió pa’darme cuenta de eso, sí. Agradecida. La resaca fue de las de cómo desatornillarte sienes, sólo que peor porque no probé ni gota. Hay días que todavía me levanto con dolor de cabeza y creo que es por todo esto así que ya se puede usted hacer ideas. El Hiperión y su resaca ha sido quizá el factor determinante de esta a rachas aversión o reserva definitiva o no querer participar, pues no sé cómo llamarlo, de un menda hacia todo aquello relacionado con la literatura toda, oficial y no oficial. Exceptuando el hecho concreto y real de la lectura y casi aunque no del todo el de la escritura yo sola aquí delante del teclado. Quiero leer y escribir, no estar al tanto de toptenes ni putadas ni demás, porque es que eso ya está ahí y ya sé por dónde van y vienen. Bueno, ya. Ah: Del Hiperión lamento ahora, porque entonces ni me lo planteaba del gran honor que suponía publicar ahí y los etcéteras imaginables, que no dieran ni den pasta aparte de la publicación como premio. Me habría venido de perlas. Pesetera digo hurona que me estoy volviendo con los años, amigo.

D.F.M: —El Libro del cepo está acompañado con citas de Brecht, Maiakovsky y Gramsci. ¿Qué papel juega el marxismo en tu poesía?

LUIS MELGAREJO: -A ver: Igual fue la lectura de la teoría marxista y el posterior descubrimiento en toda una serie de autores de unas prácticas de escritura afines a esa herramienta de pensar e intervenir la realidad que yo acababa de descubrir y apenas estaba empezando a aprender a usar lo que definitivamente convirtió buena parte de las texturas que se recogen en el Libro del cepo en los textos que han quedado. Bufbuf: No sé si ahora voy a poder contestarte y explicarme. Con el marxismo empecé a ver la realidad a otros ojos que hasta entonces no. Y eso tuvo su desarrollo particular en los textos que entonces tenía entre manos. Aunque la verdad: Igual Bertolt, Antonio y Vladimir estén ahí metidas más por el constante exilio y las satisfacciones, la prisión imposible y el ejercicio tenaz de la voluntad y el suicidio de una vida insobornable y por eso expulsada del Partido así respectivamente. Igual hay más, me da, de todas estas cuestiones y de la vida misma defendiéndose, como diría el Cortázar, que de teoría marxista. ¿Usted dirá?

D.F.M—¿Cómo se lleva la supervivencia monetaria? ¿Cuál es el papel o la función de la poesía en esa supervivencia?

LUIS MELGAREJO: -Pues no la llevamos mal últimamente. Llevo un año sin pagar alquiler previa ocupación de una segunda residencia familiar y eso se nota. Si no hay que pagar vivienda una no tiene por qué estar buscándose tanto parné. Con poco que te procures pagas luz, agua, comes y hasta te puedes permitir un algo más si acaso. O al menos en mi caso, porque me quedo en casa. No salgo apenas, y eso sale más barato. Viajo sólo lo imprescindible, y eso sale más barato. Hago todas esas cosas que salen más baratas. Y en fin: Que no soy de muy gastar y entonces con poco va una bien tirando y viviendo como quiere. En comida sí que gasto, de bribón que soy. Pero la cosa está jodida. Aunque no quieran decirlo más de uno. ¿La función de la poesía en esa supervivencia cotidiana? Pues veamos: Por un lado están los textos que te salvan la vida cuando el día se cruza y te los pones delante o los recuerdas si los llevas de memoria como mantras o algo así y todo se arregla o ya se encauza y una encuentra de nuevo la calma necesaria para poder seguir repartiendo pizzas, besos u hostias, lo que toque. Y por otro lado están los textos en tanto que textos que una escribe y por eso la llaman de sitios para ir a leerlos o simplemente por haberlos escrito o haberlos firmado y esas cosas y entonces van y a veces te pagan, tarde pero te pagan algo y en ocasiones muy bien, y entonces no veas si ayuda en lo que a la supervivencia monetaria y cotidiana se refiere. Sin ir más lejos: Me acaba de llegar esta mañana La Venus del Gran Poder, el último libro del gran Miguel Ángel García Argüez y, qué quieres que te diga, me ha rescatado de dónde venía de echar entera la mañana. Por ir más lejos: Hay 200 hurones por cobrar todavía de la participación a mediados de febrero en Barcelona en un encuentro de poesía al que fui invitada imagino por los poemas que he firmado. Y no están nada mal doscientos hurones del ala.


4. El paseo de los tristes: La otra sentimentalidad


D.F.M:—Granada: ¿Qué papel jugó “La otra sentimentalidad”? ¿y qué piensas de la evolución de algunos de sus integrantes?

LUIS MELGAREJO: -¿Qué papel jugó en el tablero de las peleíllas entre los reinos de taifas de los poeticas o en la quiebra de esa peligrosa neutralización del discurso poético que se estaba dando cada vez más por hecha, por imprescindible, por propia del quehacer de la escritura ya a principios de los ochenta? ¿O qué papel jugo para una menda en concreto? Bueno, no sé. Te contesto a esta última pregunta porque la otra no sé yo si estoy yo hoy diestra en silogismos teoricísticos y buah de los que se precisan para quedar cabal aunque no sepa una ni lo que dice. Así que te cuento de cómo creo leí yo el trabajo de la gente que se agrupó en La otra sentimentalidad. Granada, Granada, Granada. Llega un momento cuando escribes aquí que igual te crees que todo es Granada. Y hace unos años más. Gracias a los dioses de la montaña y las profundidades submarinas una se da cuenta al final de que no. Pero al principio pasa así. Nos pasó así a un viaje de gente que no te puedes tú imaginar. O sí. Da igual en cualquier caso.

Imagino que me pilló en ese momento en el que estás empezando a descreer de la palabra mítica, del poder de la palabra buscadora de esencias, solemnidades, en ese momento en el que te empieza a sonar hueco lo que escribes aunque siga gustándote y llamándote desde lo más profundo del oh yo y es entonces cuando empieza la batalla, y es entonces cuando resulta que te vas enterando que aquí en Granada está la solución parece a ese problema en una práctica de la escritura visionada por Juan Carlos Rodríguez y elaborada por los a saber Álvaro Salvador, Luis García Montero y Javier Egea. También otros, pero. Y te pones a leerlos y resulta que sí que hay un camino distinto por mucho que ya eso no sea lo que en su momento de cogollito fue, que ya todo estaba diluido, partido por la mitad y neutralizado también sólo que a través de otros mecanismos por la Norma y la experiencia como corriente que. Pero quedan ahí un buen puñado de textos imprescindibles. Sobre todo en la producción de Javier Egea. De Troppo mare a los inéditos e inconclusos Sonetos del Diente de Oro. No sé. Y una empieza a aprender y soltar la mano en ese otro espacio posible. Y a leer la producción teórica de Maese Rodríguez y a comprender más de una cuestión. Y de ahí a las conclusiones ya propias sobre todo esto que va una sacando después, con los años, abierta a otros caminos distintos nuevamente, no lastrada creo como otra gente sí por todo esto. En mi caso concreto, como te digo, fue el trabajo de Javier Egea el que más huella y más soluciones me aportó en su momento. Y el que más problemas pendientes ha dejado todavía por resolver. Ahí está para quien quiera echar números y cábalas de nuevo, yo lo releo de vez en cuando para buscar alguna que otra clave necesaria, para probar a resolver alguna que otra ecuación pendiente todavía.

Sólo que fastidia o me fastidia o no sé cómo decirlo la mitificación que ya en vida tenía Egea y la que le ha caído casi de leyenda tras su muerte aunque lo fuera y él igual se prestara, me da igual. A veces me da que van a hacerlo santo y me sube una cosa por el espinazo que me voy de bareta hasta que inspiro, conspiro, espiro, respiro y los mando a todos a la mierda y me doy cuenta de que a mí qué demonios me importa. No puedo controlar ni ganas lo que hace la gente con los demás ni con. En fin. Que eso. Que ya está.


D.F.M.: -¿Cómo ves el panorama poético granadino (Fernando Valverde, Rodríguez Moya...)

LUIS MELGAREJO: -Pues como siempre, creo. Sólo que espero más calmada. O yo más retirada. Siguen saliendo mil poetas de debajo de las piedras a poco te tropiezas pero, bueno. Ahora parece que los más jóvenes que se mueven son Fernando Valverde y Daniel Rodríguez Moya y para ellos que yo no lo quiero todo lo que lleven pa’lante. Y lo que se les viene encima. Yo, ya te digo, procuro mantenerme al margen. Participar lo justo. Sigue habiendo, como los ha habido siempre, muchos otros poetas que bien por voluntad de malditismo propio no quieren aparecer ni nada de eso para poderse dedicarse a criticar a los que sí y rasgarse vestiduras y otros muchos también que se van quedando por ahí por mediocres o porque no se lo curran o porque como igual yo muy pronto ya a poco me vea sin ganas de soportar tanta impostura prefieren apartarse y seguir haciendo brecha por otros sitios, con palabras y otras herramientas. Sigo sin mojarme, como usted ve. Pero igual algún día saco las nóminas negra, gris y blanca de una menda y nos reímos un rato todas. Por ahora así está bien.

D.F.M: —¿Y la actualidad? ¿Lees los medios alternativos?

LUIS MELGAREJO: -Aunque ya no leo mucho ni los alternativos ni los no alternativos, me temo que estoy informada y desinformada a partes iguales. Y esto no es un alivio pues no tengo más remedio: No soy ciega ni sorda ni roca aunque me calle de cansancio muchas veces ya.

D.F.M.: —¿Qué opinas de la poesía en internet, del copyleft, wu ming...?

LUIS MELGAREJO: -Estoy tratando de ponerme al día a marchas forzadas con todo estos asuntos de la informática y el internén, así que no te puedo comentar mucho de la poesía en red. El copyleft me parece una propuesta cojonuda de tan sencilla sobre la que tampoco sé que más comentarte. Y lo poco del trabajo que la gente de wu ming lleva currándose y yo he visto pues tres cuartos de lo mismo: Calidad, te mete vida en la vida tuya y ánimo para ponerte a currar cuando andas perra. Siento no poderte ser más elocuente.

D.F.M.: —¿En qué trabajas ahora? ¿Algún adelanto?

LUIS MELGAREJO: -Pues tengo cerrado desde hace ya un año o algo más un libro que ha estado rulando por ahí, por premios, dando la talla, me dicen, si es que quiero entender creo correctamente lo que eso significa y a un tiempo creerme también que sea cierto que ha quedado ahí finalista de premios de oh prestigio pero sin poder ser premiado por, me dicen también, cierto primer poema, 14 versos sucios para limpiar tu nombre, que tira p’atrás a todo lector que tenga que mantener cierto status público de respetabilidad. No sé. Tampoco importa mucho todo esto. Son mis manías persecutorias. Pero sí, hay un libro cerrado, Los poemas del bloqueo, del que han salido en varios sitios algunos poemas y que esta mañana me he levantado, fijése usted, con ganas de cambiarle el título por el de Palabras como golpes. Pero a ver. También aparte estoy empezando a trazar nuevos problemas y a defender soluciones, porque es que ya era hora. Que ya se metía conmigo hasta la gente que me quiere de no haber vuelto a coger papeles, lápices, teclados y memorias y dale y dale. Pero es que se está tan bien en el monte haciendo de montesa, chiflando y dando brincos, mirando a grajos, buitres y moscardas, pillando yerbas y recogiendo piedras y eso que. Total. Que ya, que a ver. Un adelanto:


Oh bienaventurado albergue a cualquier hora


Perdóname, Rimbaud.

Discúlpenme Pavese y tantos otros

que hace ya tiempo, mucho,

no acuden a este albergue a cualquier hora

que es páramo de esquelas si no cunden,

fortuna sin usura o cauce fértil

si llegan contra el pánico en historias

que inunden las estancias y abran ojos

de luz y de tiniebla por los cuerpos

—si llegan, sí, las vidas. Pero este albergue, digo,

que traigo aquí citando a ese cabrón

de Córdoba al que admiro entre otros grandes

del verso en cuantas lenguas

ya tibias

ya calientes

—sólo es glacial aquella

secreta y putrefacta en que la muerte

nos dicta el epitafio y la derrota

final para cadáveres o abúlicos

lectores de salón y espejo y poses

iguales a las de esos tantos otros

granujas vates jóvenes y ancianos

que asisten como en trance a las palabras

y olvidos conducentes


  1. a la gloria rectora de Parnassus Global Company;

  2. a epígrafes forzosos

con título en negrita y bien distinto,

dos páginas y foto en los manuales

futuros de la historia literaria

según quiera la Norma siempre ecuánime,

cabal y respetuosa y / carcajada;

  1. y a mil putos tinglados

de oferta a por cojones

o en cauce ya reglado

prevista la demanda y lo que pone

poseso al personal y lo conduce

mañana, tarde y noche hasta las puertas

sagradas del mercado y se despierta,

levanta y da de bruces / de nuevo contra el odio

la vida de las gentes, imposible

según estiman sabios unos y otros,

los unos asesinos y los otros

demócratas, violentos verdaderos

de Estado y Patria, lentos carniceros.


Y así pasen los años y las pieles

de historia que nos queden / lo veremos.


Pero he dejado atrás

por un lado las lenguas y por otro

por qué este albergue nuestro de los versos.

No voy a retomar lo dicho, porque

tampoco importa mucho. Lo que importa:


Que no quise volver y observe dónde

metida estoy de nuevo, lectoraquí, pringada

de mierda literaria hasta el cogote y / sin embargo,

curiosamente, sí, desde hace un tiempo

no mal ni encabronada sino sólo

sin nervios enfrentándome a estas muertes

puntuales, colectivas, imposibles

jornada tras jornada de currelo.

No pudo ser. Perdóname, Rimbaud.

No pude no escribir estos poemas.

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