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21 de abril de 2004

Nuevo libro de Woodward

Cheney, halcón petrolero

Lisandro Otero
Rebelión

Bob Woodward es un periodista mundialmente conocido desde que sus investigaciones en torno al caso Watergate desataron una tempestad política en Estados Unidos que culminó en la renuncia del presidente Richard Nixon. Junto a su compañero del diario Washington Post, Carl Bernstein, escribió una serie de históricos reportajes que revelaron toda la intriga tejida en la Casa Blanca, usando a los exiliados cubano-americanos de Miami para espiar al partido Demócrata.

Woodward acaba de terminar un libro que saldrá publicado esta semana donde revela las interioridades de la agresividad de la administración Bush. Con el título "Plan de ataque" el reportaje revela el alto grado de influencia del vicepresidente Dick Cheney en las decisiones de la presente administración y su insistencia en atacar a Irak desde el principio de la gestión republicana.

Dos meses antes de la agresión Colin Powell le advirtió a Bush, según este libro, de las graves consecuencias de la guerra. Le recordó una norma usual: "si lo rompes lo pagas", principio que rige en todos los comercios para quien manosea los objetos en exhibición. Powell le manifestó esto al mandatario cuando este le reveló su intención a de atacar Irak en la privacidad de la Oficina Oval en una entrevista de doce minutos en la cual Bush no le solicitó su criterio al Secretario de Estado.   Powell fue el más escéptico de todos los asesores en torno al Presidente y ha expresado en privado sus dudas sobre la sensatez de la poética guerrerista emprendida por Bush, aunque se ha abstenido de hacerlo en público.

En las sesiones del gabinete, Powell ha chocado a menudo con Cheney, a quien Woodward describe como la "locomotora de la guerra", al extremo que casi no se hablan fuera de lo necesario por sus reuniones oficiales. Powell se refería a la intensa obsesión  de Cheney por entrarle a Irak como una "fiebre".  El analista del New York Times especula que Powell ha ayudado con mucha información confidencial a Woodward en un esfuerzo oblicuo por distanciarse de la insensata decisión de invadir Irak.

Woodward entrevistó a Bush y a Rumsfeld para hacer este libro. También hay otros setenta y cinco funcionarios con los cuales dialogó. Según refiere en su texto Woodward, Bush comenzó a planificar la agresión a Irak contando solamente con el secretario de Defensa Rumsfeld, sin informar a Condoleezza, ni a Powell, ni al director de la CIA, Tenet. Fue en septiembre 15 del 2001 que Bush confió su plan a todos sus asesores reunidos en el retiro campestre de Camp David.

En la obra se narra el intento de atentado teledirigido contra Sadam, el 19 de marzo de 2003, propuesto por Tenet, el jefe de la CIA, cuando se intentó aniquilar al dirigente iraquí con una bomba inteligente al saberse, por informes de espionaje, que se encontraba reunido con su familia en uno de sus palacios. Ese intento, como es sabido, fracasó, pero reveló la naturaleza criminal de las intrigas de Bush y sus acólitos y su desdén por la legalidad internacional.

En el libro también se habla de un ensayo general, en diciembre de 2002, preparado por Tenet, sobre las razones que se darían al pueblo estadounidense intentando convencerlo que  la guerra era necesaria por las armas de destrucción masiva supuestamente en posesión de Sadam. Bush no pareció satisfecho y le dijo a Tenet, cuando este finalizó: "¿Es eso todo lo que tenemos?"  Tenet le dijo que con eso bastaría.

Woodward revela que el jefe de operaciones  de la CIA para la agresión iraquí responde al nombre clave de Saúl,  nació en Cuba y es hijo de un expedicionario de la fracasada expedición mercenaria de Playa Girón. Una vez más los cubanos de Miami están involucrados en cuanta confabulación turbia, en cuanta vileza, felonía o ardid se trame en las sombras ilícitas del imperio, sea Watergate o el atentado a Kennedy.

Bush ha sido muy atacado en la prensa por su falta de precaución para prevenir los ataques de Al Quaeda al World Trade Center sobre los que se tenían múltiples informes anticipados. Ello ha dado motivo a un comité investigativo congresional ante el cual declaró Condoleezza. El ex asesor Richard Clarke ha publicado un libro en el cual afirma que Bush no se preocupó realmente por la amenaza terrorista sino por invadir a Irak.

Powell es presentado en el libro como un funcionario más ansioso por limpiar su imagen de las barbaridades de Bush que en mantener una lealtad incuestionable al Presidente. La imagen de Cheney queda muy deteriorada al demostrarse que el vicepresidente intentó presionar a la saliente administración de Clinton, durante el cambio de poderes, para que exagerara el peligro iraquí. Todo ello prueba que el gobierno de Bush estaba decidido a apoderarse de los pozos petroleros del Oriente Medio antes de que se produjera el ataque a las Torres Gemelas y el principal instigador fue el ex presidente de la Halliburton, Richard Cheney.

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