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21 de abril de 2004

Avi Lewis y Naomi Klein dan las razones de su documental "La Toma"

Aquí hay respuestas a la globalización

Rebelión


El dúo llegó a la Argentina en aquellos aciagos días de diciembre de 2001 y, a caballo de la fábrica Forja, terminó haciendo un ajustado retrato del fenómeno de las empresas recuperadas que, según dicen, sirve de ejemplo en otros países. "El mundo se está argentinizando", aseguran.

Cuando el realizador Avi Lewis y la escritora Naomi Klein (autora del exitoso No logo sobre los movimientos antiglobalización) conceden este reportaje, han pasado apenas unas horas en suelo argentino. Pero ya se sienten en casa: un grupo de amigos se reunió en una fonda del Abasto donde un cartel asegura que “Aquí se emborrachaba Carlos Gardel”. En ese contexto, Naomi Klein hablará sobre su reciente viaje a Irak, sobre sus amigos secuestrados por fuerzas rebeldes iraquíes, sobre una bomba que explotó en un hotel a una cuadra del suyo en Bagdad (y voló la ventana de su habitación). Lewis y Klein acaban de llegar de su país, Canadá, para presentar La toma (The Take), película documental sobre la que trabajaron seis meses en Argentina, que se dará en el Bafici (hoy a las 20 en Hoyts 7), pero además se verá frente a la fábrica recuperada Brukman, mañana a las 19. La toma cuenta el proceso que terminó con el estallido del 19 y 20 de diciembre de 2001 y, en ese marco, el rol de recuperación de fábricas por los obreros bajo la consigna “Ocupar, producir, resistir”. Es una especie de thriller político que ofrece un giro de 180 grados al debate sobre la globalización: obreros que recuperan empresas y las manejan sin patrones. Lewis (director) y Naomi (guionista) muestran la revuelta popular como una lucha contra el modelo neoliberal. “Argentina es el lugar hacia donde el mundo está yendo”, dicen.
–¿Por qué decidieron mostrar las fábricas recuperadas?
Naomi Klein: –En realidad no lo decidimos. No vinimos aquí con una tesis, sólo llegamos después de los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre a ver lo que ocurría. La idea del film fue mostrar alternativas económicas frente a la globalización neoliberal, pero era obvio que el proceso de recuperación de fábricas era la más concreta articulación histórica.
Avi Lewis: –Argentina ofrece una respuesta a la movilidad del espiral económico. La economía globalizada mueve su dinero de país en país. Aquí se dijo “OK, si quieren irse pueden hacerlo, pero nosotros nos quedaremos con la fábrica”. A un obrero canadiense no se le hubiese ocurrido. Aquí hubo un protagonismo, la gente articuló con el lugar, con lo que hacía, con el modelo. La ciudad tiene una clara idea del lugar que ocupa.
–¿No hay otros ejemplos en el mundo?
A. L.: –En Flint, Michigan, la General Motors cerró su fábrica y todo se vio como una tragedia. Aquí, el caso de Forja de San Martín, que es central en la película, muestra que el trabajo puede ser recuperado.
N. K.: –Cuando hice la investigación para No logo, el comentario generalizado alrededor del mundo era que si los trabajadores se organizaban y resistían, las empresas rescindirían los contratos y se irían a China o Taiwan. Cuando visité Brukman, entendí que había otra respuesta: “Que se vayan, nos quedamos con las máquinas”. Creemos que la forma en que se articuló es nueva. De un modo, se hizo política de vanguardia.
–Se discute también una concepción de sociedad...
N. K.: –Una vez que se pasa la idea inicial, vienen discusiones sobre lo público y lo privado, sobre lo moral, sobre lo legal. Esa es una teorización que sale después de recuperar la fábrica, pero lo primero es la recuperación.
A. L.: –No hicimos este documental sólo para que se vea en Argentina, sino para mostrarlo afuera. Nadie sabe en el exterior lo que pasa y lo que pasó realmente en Argentina. Lo que queríamos ver, con el film, es cómo la gente cambia durante la recuperación. Nuestro público está básicamente en Canadá, Estados Unidos y Europa. Vamos a ver qué sucede con eso.
N. K.: –Sería bueno que el movimiento de fábricas recuperadas se convierta en un fenómeno global. Aunque suena poco probable, me gustaría que se copiara en Irak, o con las industrias que se tiran abajo alrededor del mundo. Las comunidades pueden encontrar sus soluciones, creo que es una idea que la gente puede usar, dependiendo de su cultura en cada país.
–¿Qué lugar que ocupa el caso Argentina en el movimiento antiglobalización?
N. K: –El movimiento es siempre un fantasma. A veces es más claro, otras más oscuro. Hay mucha energía puesta contra la guerra en Irak y hubo transformaciones en América latina, un rechazo a la neoliberalización muy importante. Hubo un cambio político en Argentina, Brasil, Bolivia; creo que el movimiento ya pasó su etapa adolescente. Lo curioso es que aquí, con el apoyo que recibe Néstor Kirch-ner, se ha revalorizado el rol que tiene que jugar el Estado...
A. L.: –Kirchner criticó mucho al FMI y al modelo menemista, pero realmente no hizo todavía nada para apoyar a las fábricas recuperadas.
–¿Cuál puede ser el aporte del film?
A. L.: –Aquí se está hablando mucho de la seguridad, de los secuestros, pero la solución a la violencia social no es crear cárceles, es crear fábricas. Hay una gran distracción, sectores que quieren capitalizar la tragedia para imponer una lógica menemista. La solución está en experiencias concretas como Forja.
–¿Cuál es el momento actual del movimiento antiglobalización?
N. K.: –Está más disperso y se volvió más específico para resolver problemas locales. Hubo un momento en que la gente se unió. Lo que pasó en Seattle, en Génova hoy no se ve tan claro. Pero toda la fuerza está puesta contra la guerra en Irak. La represión es cada vez más fuerte. Lo que pasó en Miami fue increíble, pero no sirvió para detener la oposición, igualmente se colapsó la reunión de ministros sobre el ALCA. Lo que está pasando en Irak es tan desastroso... están yendo demasiado rápido, demasiado lejos. Hicieron en unos meses lo que en Argentina tardaron 30 años. Esto comenzó en 1973 con el golpe a Salvador Allende y tiene su punto extremo en la guerra de Irak: es la imposición del neoliberalismo con una brutalidad impresionante. Irak es el capítulo final de un proceso, un nuevo modo de imponer un modelo.
–¿Pero hacia dónde va Irak?
A. L.: –Es lo que intentamos mostrar con La toma: ¿dónde terminan los procesos globalizadores y cuál es la respuesta? Porque los proyectos vienen juntos, eso hace que los movimientos también se junten en todo el mundo. O, como alguien nos dijo aquí mientras hacíamos el documental: Argentina no se está globalizando; el mundo se está argentinizando.

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