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6 de mayo de 2004

Leer a... Blas de Otero

Antonio José Domínguez
Mundo Obrero

Esta propuesta no tiene un carácter reivindicativo aunque poco aquellos poetas llamados de posguerra van quedando arrinconados en los libros de texto que, por cierto, ahora, con las reformas educativas cada día son más esquemáticos y con un carácter más informativo que estimuladores de lecturas de obras

También esta invitación puede parecer una obviedad pues pocos discute el valor poético de Blas de Otero en la historia de la poesía española de mitad del siglo veinte, aunque también es cierto que entre la algarabía de tanta celebración centenaria aquellos poetas que en tiempo de silencio alzaron su voz contra la tiranía franquista se les desdibuja con el desdén del oportunismo o con la complicidad de una industria cultural que nos anega en cada momento con subproductos culturales.

Por esto, es preciso recordar que la poesía española de los años cincuenta y sesenta más que social -¿qué poesía no es social? - fue un compromiso con la realidad de su tiempo, un compromiso que entronca con el definido por Jean Paul Sartre : "El escritor tiene una situación en su época; cada palabra suya repercute. Y cada silencio también. Es cómplice de los opresores si no es aliado de los oprimidos. Pero solamente porque es escritor, porque es hombre."

Desde esta perspectiva, otras consideraciones como preguntarse qué significación tenía escribir poesía en un país asolado por el hambre, el terror y el exilio y qué papel era el de poeta en tales circunstancias podemos explicarnos qué poetas estuvieron a la altura de las mismas. Estas preguntas tuvieron respuestas diferentes. Unos, se apoyaron en un esteticismo para cantar el Régimen; otros, crearon una poética escapista que, aunque diferente de la poesía oficial, subrayaron más los elementos vitalistas como negación a un compromiso abiertamente político. Y, por último, aparecieron los mal llamados poetas sociales que incorporando la mejor tradición poética y el compromiso ante señalado crearon una poesía tan circunstancial como marcada por la mejor vanguardia. Este es el caso de Blas de Otero.

La obra de este poeta que nació en Bilbao en el año 1916 es un camino que recorre en tres jornadas. Después de una etapa de aprendizaje entre 1935 y 1944 en la que los elementos religiosos están cercanos a la doctrina mística de San Juan de La Cruz, en 1950 publica Ángel fieramente humano, en el que ya, dentro de una angustia existencia imprecatoria, atisbamos vislumbres de su compromiso posterior: "Definitivamente cantaré para el hombre. // Algún día -después-, alguna noche, // me oirán. Hoy van -vamos- sin rumbo, // sordos de sed, famélicos de oscuro. Un año después da a conocer su Redoble de conciencia que ha sido considerado como una continuación de su poemario anterior, pero que encontraremos el inicio de la ruptura del "yo" para buscar "el nosotros" después de haber contemplado un mundo sembrado de muertes inocentes: "Vuelvo a la vida con la muerte al hombro, // abominado cuanto he escrito. Escombro // del hombre que fui cuando callaba.."

Después, en 1958, llegará Ancia, donde reúne parte de los poemas aparecidos en los dos libros anteriores a los que añade otros de especial significación. El libro, en su conjunto, en el final de una etapa y el principio de otra.

A partir de este momento, la historia colectiva va a ser ahora la protagonista: Pido la paz y la palabra (1955), En castellano (1959) y Que trata de España es una trilogía en la que Blas de Otero abre su mirada más allá de su individualidad, no sin antes realizar una explícita declaración de principios. En su poema " A la inmensa mayoría" - título más que sugerente - leemos: "Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre // aquel que amó, vivió, murió por dentro // y un buen día bajó a la calle: entonces // comprendió: y rompió todos su versos." Pero a esta nueva visión del mundo, como todo gran poeta, necesita una nueva sintaxis expresiva que él crea con una voluntad poética que no se permite ningún tipo de trivialidad.

Y, por último, sus Historias fingidas y verdaderas y sus poemas publicados de Hojas de Madrid culminan una obra de un poeta en la que las ideas y las palabras esquivarán toda comodidad temática y lingüística para cantar y contar: "Porque todo poeta es terrible cuando ha amado // y odiado intensamente // y escribe con todo el cuerpo, hermosa y horrorosamente, // mas con ternura y estremecimiento."

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