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19 de mayo de 2004

Otro misterio de Sherlock Holmes

Lisandro Otero
Cubarte


Una colección de documentos personales del creador de Sherlock Holmes, sir Arthur Conan Doyle, que se daban por perdidos, fue hallada y será vendida en subasta. La colección extraviada fue encontrada en las oficinas de una firma de abogados en Londres y estuvo desaparecida por 40 años, en medio de una disputa sobre su posesión, según informó recientemente la BBC. Los documentos, que incluyen cartas, anotaciones y manuscritos, están valorados en unos dos millones de libras esterlinas (alrededor de 3,6 millones de dólares)).

El 80% de los papeles no han sido publicados nunca. Se han hallado cartas de personalidades como Winston Churchill, Oscar Wilde, Bernard Shaw y el presidente estadounidense Theodore Roosevelt. También se encontraron efectos personales tomados de su escritorio, después de su muerte en 1930.

Arthur Conan Doyle dominó la literatura detectivesca en la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX. Con la creación de su personaje Sherlock Holmes fascinó a tres generaciones de lectores. Escocés, educado en Austria, hizo la carrera de Medicina en la especialidad de cirugía. Siendo estudiante se deslumbró con las habilidades de examen y discernimiento de su maestro, el Dr. Joseph Bell, quien podía diagnosticar los males de sus pacientes con un minucioso escudriñar en los signos aparentes. Se convirtió en el modelo de su personaje de ficción.

La primera historia de Sherlock Holmes, "Estudio en escarlata", apareció en 1887 y el éxito inmediato de la misma le comprometió a escribir otras. La lógica frialdad de Holmes, sus poderes analíticos, sus deducciones brillantes, le atrajeron una legión de admiradores. Doyle escribió cuatro novelas y cincuenta y seis relatos con su personaje. Su mítico domicilio en 221B, Baker Street, (dirección inexistente), su compañero y amigo el Dr. John H. Watson, su ama de llaves, la señora Hudson, su oponente, el perverso Profesor James Moriarty, se convirtieron en una galería de célebres arquetipos.

Conan Doyle no puede ser considerado el precursor de las historias de misterio, del orbe de la ficción detectivesca, pues le precedió Edgar Allan Poe. El método de Holmes lo resumió el mismo personaje al decir: "Cuando se ha excluido lo imposible, lo que reste, por improbable que parezca, es la verdad". Holmes posee un carácter maniático, estricto en sus indagaciones, muy variable en sus estados de ánimo que podían ir de la manía a la depresión. Fumador de pipa, intérprete aficionado de violín, consumidor eventual de cocaína, fue desaparecido en la novela "El problema final", cuando al luchar con Moriarty se despeña por unas cataratas en Suiza.

La conmoción que esto creó fue visible en las bandas de luto que millares de hombres usaron en las calles de Londres, la familia real británica expresó su consternación públicamente y la revista Strand, donde aparecían los cuentos de Conan Doyle estuvo al borde de la ruina al ser canceladas veinte mil suscripciones. Doyle no tuvo otra opción que revivir a su personaje en "La aventura de la casa vacía", en 1902. En realidad Conan Doyle quiso desaparecer a Holmes porque, según él, le distraía de escribir sobre otros temas de mayor mérito.

El escritor era un apasionado partidario del espiritismo, tema sobre el cual escribió quince libros. Publicó tres novelas de caballería sobre los hidalgos del siglo XIV. También se interesó en los asuntos históricos. Escribió una novela sobre las guerras napoleónicas, otro sobre la guerra de los Boers en Sudáfrica, (donde sirvió como médico en un hospital de campaña), un tomo ensayístico sobre la colonización belga del Congo y seis tomos históricos sobre la campaña británica en Francia durante la Primera Guerra Mundial. Fue por estas últimas obras por las que fue exaltado a la nobleza por el monarca británico que le concedió el título de Sir.

Sus seguidores constituyen una legión: Dashiell Hammet, John Le Carré, Georges Simenon, Agatha Christie, John Dickson Carr, Ellery Queen, Raymond Chandler, Erle Stanley Gardner, John Le Carré y Mickey Spillane. Todos ellos inventaron detectives, con rasgos característicos, que se enfrentan a la maldad y la vencen. El auge de los libros de bolsillo, de bajo costo y amplia difusión, en los años treinta, contribuyó a la popularidad del género.

Sir Arthur Conan Doyle falleció en 1930, en su hogar en Sussex, y pocos días después se realizó una sesión espiritista en el Royal Albert Hall, ante millares de espectadores, durante la cual una médium se comunicó con el alma del escritor, a quien se le había dejado una silla vacía en el escenario. Ahora, el hallazgo de sus papeles le ha proporcionado al imaginativo novelista una segunda resurrección.

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