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22 de mayo de 2004

La revolución moral de nuestro tiempo

Henry Miller, sedicioso

Lisandro Otero
Rebelión

En la década del cincuenta intentar la lectura de Henry Miller era poco menos que una aventura pecaminosa, ilícita y  clandestina.  En aquellos años vivía yo en París y para hallar una edición de Trópico de Cáncer o de Trópico de Capricornio era necesario  acudir a la pequeña librería de la Olympia Press, aventura editorial  de Maurice Girodias,  abierta en la Avenue de l?Opera.  Allí fui una tarde neblinosa de 1954 para adquirir los libros de quien mis condiscípulos en La Sorbona tanto hablaban. Sigilosamente, como un conspirador en ciernes, me deslicé por los pasillos alfombrados, entre anaqueles, hasta hallar el opúsculo supuestamente tenebroso.  Quedé deslumbrado con su lectura. Desde mi descubrimiento de Kafka no había experimentado tanto estupor.

Los dos libros mencionados aparecieron en 1934 y 1939, respectivamente,  en París, pero no fue hasta 1961 en que ambos pudieron ser publicados en Estados Unidos. La franqueza sexual, su aproximación desprejuiciada hacia las relaciones pasionales, fueron la causa de su desviación de los corredores literarios. Fue en ese decenio, entre 1965 y 1975, cuando comenzó la revolución sexual. La píldora anticonceptiva,  el "swinging London",  la generación del "Beat", los muchachos florales,  se unían a la insurrección de París, la masacre de Tlaltelolco, el concierto de Woodstock, la revolución cubana de los barbudos, la Unidad Popular chilena, la insurrección de los claveles portuguesa, entre muchos indicadores de que ocurría una gran apertura conceptual y social,  pero Miller ya lo había hecho, por su cuenta, mucho antes.

Adelantado de las rupturas que vendrían después,   Henry Miller fue un anarquista  literario, un dinamitero de convenciones y puso en el mapa imaginativo una tremenda  ebullición; otra de  las que entonces  conmovían la literatura de su tiempo, impulsadas por  Joyce, Celine y  Breton, entre otros. Los tiempos han cambiado. El sida terminó con la revolución sexual pero no con el atrevimiento verbal. Lo que a inicios de este siglo parecía anatema, profanación, envilecimiento y degradación, adquirió un aura poética.

El otro héroe de esa batalla fue el  francés Girodias, quien en su editorial publicó obras de Becket, Genet, William Burroughs, Durrell, Bataille y Sade. Dió a la luz, por vez primera, la luego famosa Lolita, de Nabokov. Había fundado primero la Obelisk Press, que publicó tesoros de la literatura erótica,  pero al perder su control, creó  la Olympia Press, en 1953.

Miller fue amante de Anaïs Nin, la escritora cubana que también exploró, influida por él, los límites de la experiencia sexual.  Hasta 1964, cuando la Corte Suprema de Estados Unidos liberó sus obras del anatema de la pornografía, no fue ampliamente difundido dentro de su país. Sin embargo Miller siempre consideró su obra capital El coloso de Marusi, escrita en 1941,  tras un viaje a Grecia. Su admiración por Lawrence Durrell, otro marginal de las letras, quedó expresada en su cuantiosa correspondencia con el escritor británico.

Después de sus años de bohemia parisina Miller se estableció en California  primero en Big Sur y luego en Pacific Palisades, donde murió. En esos años de declinación escribió la Crucifixión  Rosada integrada por Nexos, Sexos y Plexos  Allí comenzó a ser un clásico, es decir, comenzó a sucumbir. Los jóvenes venían a reverenciarle y sus libros se incluían en los cursos universitarios. Su rechazo a la sociedad de consumo --a la cual  calificó de "pesadilla refrigerada", en uno de sus libros más famosos--, añadido a  su emancipación verbal, le coloca entre los románticos utópicos que iniciaron la revolución moral del siglo veinte.

Henry Miller fue uno de los adelantados de la nueva religión del siglo en que vivió: la emancipación espiritual, la rebelión de las costumbres y el extremista rechazo a las convenciones y los ceremoniales --que luego caracterizarían a la generación que sufrió la guerra en Vietnam--, y se insubordinó frente a ello. Fue uno de los precursores de un estilo  que marcó una época.

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