http://www.rebelion.org

2 de junio de 2004

Los soldados de la Coalición y el robo de antigüedades en Irak

Fernando Báez (*)
Rebelión

Los escándalos de la ocupación de Irak no cesan. El diario Al Sabah, financiado por el gobierno estadounidense, acaba de publicar un reportaje donde demuestra que los soldados italianos, los famosos carabinieri, han estado robando, sin escrúpulos, miles de antigüedades de los asentamientos arqueológicos que tenían la obligación de cuidar. Lo que era un rumor se ha transformado en una dolorosa verdad: los ocupantes saquean la nación. A mediados de mayo, en Thee Qar, policías aduaneros, confiscaron cientos de objetos que eran trasladados en un camión de las fuerzas italianas que se dirigía a la inestable frontera con Kuwait.

Los anticuarios iraquíes, por su parte, han denunciado que numerosos soldados se acercan a sus tiendas para ofrecer sellos sumerios y objetos decomisados para venderlos. En los zocos de Bagdad, es común encontrar tablillas cuneiformes y piezas procedentes de la excavación de Nippur. Una investigación de la policía iraquí, que no pudo llegar a ninguna conclusión por presiones de Paul Bremer, descubrió que un oficial del ejército de Estados Unidos facilitaba la exportación de estos objetos. Hay otras investigaciones canceladas que refieren cómo soldados británicos, en sus ratos libres, realizan excavaciones ilegales en busca de un objeto que les sirva para arreglar toda su vida tras el futuro retorno a Inglaterra.

El 11 de junio de 2003 ya había sido detenido un asesor llamado Joseph Braude, autor de “The New Iraq: Rebuilding the Country for Its People, the Middle East and the World”, porque cargaba consigo tres sellos cilíndricos que había comprado por 200 dólares. Aún las piezas tenían el IM (Iraqi Museum), un identificador del Museo Arqueológico de Bagdad. Hasta la fecha miles de objetos han sido confiscados en ciudades como Nueva York, Roma, Londres, Moscú, Tokio, Ammán y Damasco. Pero el tráfico de arte ilícito prosigue en una escala que no tiene precedentes. En Internet hay venta de objetos robados y en algunos casos se han diseñado incluso páginas web para poder exhibirlas. Los soldados estadounidenses envían por mail fotografías de recuerdos que han tomados de los ziggurats y las ruinas de lugares como Ur, Uruk, Nínive, Isin, etc.

Junto a este panorama siniestro, hay otros hechos que causan estupor. Baste decir que en el primer fin de semana de mayo de 2004 las tropas estadounidenses e italianas, al enfrentarse con los milicianos seguidores del clérigo as-Sadr, provocaron que la biblioteca del Museo de Nassiriya, que constaba de 4000 libros, fuera totalmente quemada.

El proyecto de reconstrucción de las saqueadas universidades iraquíes fracasó. El Congreso de los Estados Unidos autorizó 8 millones de dólares y se requerían 500 millones. En el momento en que escribo un total de 375.000 estudiantes no tienen pupitres ni libros de textos, y los profesores que superaron las purgas ideológicas no tienen escritorios. Los laboratorios se quedaron sin los equipos prometidos, lo que ha obligado a los profesores a dar por vistas materias de manera teórica y no práctica.

El 30 de junio de 2004 el gobierno de Estados Unidos cederá el control político de Irak a un gobierno tutelado, aunque no retirará sus tropas. Pero tras un año de ocupación el legado de Bush es horrible: una nación en ruinas, devastada culturalmente, humillada por las más increíbles violaciones de derechos humanos no sólo en las prisiones sino en las calles, y lo que es peor, en el umbral de una guerra civil. Y todo esto, por desgracia, en nombre de una guerra contra el terror que se inició con una mentira y sólo ha servido para imponer el terrorismo de la guerra.



(*) Autor de “Historia universal de la destrucción de libros” (Destino, 2004).

Envia esta noticia