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9 de junio de 2004

La Residencia de Estudiantes rescata la actividad de la revista y editorial antifranquista

Homenaje a la resistencia intelectual de Ruedo Ibérico

J. R.M.
El País


Eran tiempos en los que había que vacunarse contra la amnesia y contra la enanez intelectual del franquismo. Pero, claro, había que hacerlo desde el exilio, en París, donde se creó un antídoto potente que ayudó a salvar la vergüenza de un país ahogado por el nacionalcatolicismo. Para eso se fundó Ruedo Ibérico, un arma que se recupera ahora, 20 años después de su cierre, en una exposición abierta en la Residencia de Estudiantes hasta el 25 de julio. "La amnesia se vence con voluntad", escribe en el catálogo Nicolás Sánchez-Albornoz, uno de los fundadores en 1961 de la aventura en París y que ayer presentó en Madrid la exposición Ruedo Ibérico, un desafío intelectual, de la que es comisario. Le acompañaban Marianne Brull, compañera en aquella batidora intelectual que dirigía con entusiasmo, y a costa de disgusto y desgaste, José Martínez. José García Velasco, director de la Residencia, aseguró que "hasta que nos comprometimos a organizar la exposición, Nicolás no ha dejado de perseguirme", decía, con él al lado.

La persecución ha dado sus frutos y se ve en las vitrinas de la Residencia repletas de papeles, de libros ya míticos publicados por la marca, que llegó a editar más de 140 títulos, y de algunos de los 66 números que existen de la revista Cuadernos de Ruedo

Ibérico, donde aparecían caricaturas de Franco con complejo de Napoleón o retratos de curas trabucaires firmados por Antonio Saura y Eduardo Arroyo, realizados en los tiempos de la publicación periódica y que ha cedido la Fundación Antonio Pérez, de Cuenca, para la muestra.

Pintores rabiosos por no haber disfrutado de la libertad de expresión desde que habían nacido; escritores, pensadores de las generaciones posteriores a la guerra que se habían creado con el silencio como comunión; jóvenes intelectuales que aguantaban como podían el erial del anticonocimiento desde dentro y firmaban con otros nombres. "Hemos incluido en nuestra nueva página web (www.ruedoiberico.org) un índice de seudónimos que fueron fundamentales para nuestro trabajo", aseguraba Brull.

Entre los objetos, sobresalen ediciones famosas y éxitos de venta y distribución de la casa como La guerra civil, de Hugh Thomas; El laberinto español, esa obra maestra de Gerald Brenan; un libro sobre el Opus, de Jesús Ynfante, o España hoy, un volumen con artículos de varios autores sobre la España del militarismo agonizante que corría de mano en mano, clandestinamente, por las trastiendas de las librerías.

También hay documentos del precio que les costó su descaro, con la fachada de su sede destruida por una bomba. Era el peaje a pagar por poner en marcha un experimento subversivo de estas características, que sigue despertando pasiones: "Quienes me ayudaron a montar esta exposición", recuerda Sánchez-Albornoz, "no sabían qué era Ruedo Ibérico. Pero su fuerza traspasa generaciones, porque les ha interesado tanto, que ahora saben de ello más que yo", explicaba el historiador.

Las actividades sobre esta experiencia intelectual no se limitarán a la exposición inaugurada ayer. El día 15 tendrá lugar un seminario sobre Ruedo Ibérico en el que participarán Jorge Semprún, Santos Juliá, José Álvarez Junco y Jorge Herralde. Ese día también se hará sentir por todas las esquinas la sombra de José Martínez, impulsor y motor de esta fascinante máquina intelectual creada por cinco personas, además de él y Sánchez-Albornoz, como fueron Ramón Viladás, Vicente Girbau y Elena Romo, que alentaron la resistencia a la alucinación nacional del régimen, con poco disimulo para no ocultar verdades que muchos no querían oír.

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