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16 de junio de 2004

La nueva cultura de la imagen

¿Decadencia del libro?

Lisandro Otero
Rebelión


Un informe reciente del Grupo de Estudios de la Industria del Libro, en Estados Unidos,  ha realizado un balance de las ventas  en el año 2003, el cual revela que la comercialización  del libro está en vertiginoso descenso. Se vendieron 23 millones de libros menos que en 2002. Sin embargo, gracias al incremento de precios, que han subido en un 2.5%,  las ganancias ascendieron a casi 28 billones de dólares y se espera que en el 2005 lleguen a 33 billones.

Ni siquiera obras de gran popularidad, como la saga de Harry Potter, han logrado una dilatación de las cifras. El número de libros vendidos descendió a 2,222 billones contra los 2,245 billones del año anterior. El impacto de esta declinación se ha sentido no solamente en los libros encuadernados en cartoné, que son los de mayor precio, sino en el área de la literatura para niños, que suele ser de  gran boga, y en la de los baratos libros de bolsillo.

Una de las causas de esta reducción la atribuyen los especialistas al incremento acelerado del mercado de obras de segunda mano. El libro usado está sustituyendo a la adquisición de libros nuevos que por su alto precio no tienen el mismo favor de antes. Otra causa es el florecimiento de la televisión, el cine, las revistas y la música pop como elementos de esparcimiento. El año pasado se publicaron cien mil nuevos títulos en Estados Unidos.

Otro factor es la excesiva monopolización de la industria. De las cinco empresas que detentan el 80  por ciento  del mercado estadounidense, tres están en manos de grupos europeos. Bertelsman controla más del  30 por ciento de las ventas de libros en Estados Unidos y  los grupos ingleses Murdoch y Pearson  dominan un importante sector de la industria. Durante los últimos años  los grandes grupos internacionales  han ido adquiriendo las pequeñas editoriales una tras otra. Los nuevos amos son inmensos "holdings" insertados en lo que se llama la industria de la comunicación y están ligados a periódicos, revistas, cadenas de radio y televisión.

Hasta hace poco las editoriales no se cotizaban en la Bolsa de Valores. Los editores consideraban que algunos libros estaban destinados a perder dinero, especialmente los tomos de poesía y las novelas de autores noveles, pero constituían una inversión para el porvenir y otorgaban prestigio a quienes los publicaban. Hasta 1980 la editorial Doubleday perdía dinero con el 90 por ciento de los libros que publicaba y se resarcía de sus pérdidas  con los "best sellers". O sea que la literatura  comercial asumía el papel de mecenas de la cultura más elaborada. La idea que los editores  existían únicamente para ganar dinero parecía inapropiada y poco ética.

La aparición de consorcios editoriales españoles poderosos, como el surgido en torno al periódico El País, el llamado Grupo Prisa,  fue posible por  el dinero que  la CIA  canalizó hacia el PSOE español a través de la fundación alemana Friedrich Ebert. El padre de esa iniciativa fue el social demócrata Willy Brandt.

Un ejemplo de la fusión de editoriales por megaindustrias es la absorción de Random House por la RCA. Rupert Murdoch adquirió el imperio revisteril de Condé Nast y Bertelsman compró Doubleday y Bantam. Alfred Knopf también fue tragado por Bertelsman. El grupo Pearson, que ya disponía de la prestigiosa Penguin Books, adquirió Harper Collins. También Simon & Schuster y McGraw Hill han caído en la órbita de la concentración monopolizadora.

Hay un renglón que está demostrando un auge inusitado, el de los libros de autoayuda. El periódico Le Figaro, de París, reveló recientemente que ese tipo de literatura ha visto aumentar sus ventas en Francia en un 62%,  desde el  año pasado.  El diario califica el fenómeno de "verdadero desencadenamiento del psicologismo" en la industria editorial. Cada día se crean más sellos de libros de vulgarización y  estímulo a la personalidad. Pese a que la mayor parte de estas obras son un derroche de charlatanería y falso cientificismo, de absurdas metodologías y tramposas exhortaciones, el público las busca, lee y obedece con mayor fervor de día en día.

Los analistas estiman que el descrédito de las ideologías, el retroceso de las religiones, la disolución de las utopías son los causantes de la fuerza alcanzada por esta tendencia. Todos quieren alcanzar su bienestar personal. Sin embargo hay editores que opinan que el mercado del desarrollo personal está llegando a su saturación.

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