17 de noviembre del 2001

Nuevo libro sobre la Agencia de Noticias Clandestina de Rodolfo Walsh

ANCLA, o cómo sacar los pies del plato

Guillermo Martín Caviasca

¿Cómo romper el bloqueo informativo impuesto por la dictadura militar? ¿Qué hacer para que el terror instaurado no se transformara en una pared silenciosa? ¿Cómo enfrentar a la Junta encaramada en el poder? A estas preguntas intentó dar respuesta Rodolfo Walsh, y fue en esa búsqueda que impulsó el diseño de una Agencia de Noticias Clandestina. Es esa práctica, vinculada a su contexto social y político, la que estudia Natalia Vinelli en el libro "ANCLA. Una experiencia de comunicación clandestina", publicado (como no podía ser de otra manera) por la editorial La Rosa Blindada.

El rescate de esta práctica tiene un alto valor en la reconstrucción de la historia de lucha del pueblo, en momentos en que las clases dominantes intentan que volvamos a empezar de cero, como si la experiencia de las generaciones anteriores no existiera o fuera negativa. Por el contrario, las generaciones de luchadores actuales deben recuperar la experiencia del pasado para tomarla como piso de la lucha actual, críticamente pero con la conciencia de que la lucha contra las clases dominantes no empieza hoy y solo terminará con su derrota definitiva. Es en este camino, el de herramentar a los nuevos revolucionarios, que el libro de Natalia Vinelli cobra verdadera dimensión.

La agencia tuvo una corta vida, entre mediados de 1976 y mediados de 1978, pero su validez como herramienta de lucha queda demostrada en la preocupación y confusión que logró causar en el seno del poder dictatorial. Sus objetivos: informar a los que informan, sembrar contradicciones en el poder y denunciar las violaciones a los derechos humanos y el vaciamiento económico del país. La amplitud de objetivos, que excede ampliamente la de un organismo de denuncia, nos introduce en el universo de la lucha revolucionaria concreta, en la cual la información cobra otra dimensión: la de una categoría militar.

Rodolfo Walsh, oficial montonero y miembro del Departamento de Informaciones e Inteligencia de esa organización, pensó ANCLA desde esa dimensión. Es por eso que la agencia se constituyó como una "herramienta política ofensiva" que debía provocar fisuras en el poder, desnudar contradicciones, agudizar enfrentamientos y mostrar la vulnerabilidad de la aparentemente omnipotente dictadura. Este plano de la información, hoy bastante olvidado por las organizaciones populares, es traído a un primer plano por el libro de Natalia.

Por otro lado, queda claro, ANCLA no fue una experiencia aislada, sino que se encuadró en una propuesta política que Walsh elevó a la Conducción Montonera y que proponía enfrentar la ofensiva oligárquica con la metodología de "la resistencia". Es muy interesante este punto ya que mediante el estudio de los "papeles" de Walsh, de sus posiciones políticas concretas y las entrevistas realizadas sale a la luz un hombre bastante alejado del "escritor progresista" y desteñido que el "progresismo" intelectual integrado al sistema quiso crear durante la década anterior. Por el contrario, Walsh se descubre como un revolucionario comprometido, que se siente orgulloso de haber llegado a ser un combatiente y parte de una organización revolucionaria. Con lo que demuestra (días antes de su muerte) que el compromiso político orgánico es el más alto escalón de realización del intelectual revolucionario, como lo es de cualquier militante.

En este marco Natalia coloca la polémica con la conducción nacional de Montoneros. Es allí donde Walsh despliega una propuesta de plan político para resistir la ofensiva militar y corregir la estrategia montonera que no estaba dando resultados. Walsh propone "la resistencia", el caño y el mimeógrafo como forma de guerra diluida que aunque no apueste por el poder en lo inmediato preserva la fuerza propia, frente a la estrategia desplegada hasta el momento de priorizar el enfrentamiento militar directo y profundizarlo. Entonces aparece la experiencia concreta del pueblo y la resistencia peronista proporciona metodologías y formas organizativas posibles de ser retomadas en una nueva etapa.

Es decir, la investigación sobre ANCLA nos muestra cómo Walsh, en su práctica militante, articulará una respuesta específica para las necesidades del momento sin atarse a esquemas preconcebidos como receta: en Cuba, ante la campaña difamatoria contra la Revolución, trabajará en la agencia Prensa Latina; en la CGT de los Argentinos, frente a la necesidad de organizar y vincular a los trabajadores, dirigirá el Semanario CGT; con la apertura democrática de Cámpora participará en un órgano masivo, el diario Noticias; frente a la represión y la clandestinidad diseñará la agencia ANCLA y, cuando la represión se vuelve insostenible, la Cadena Informativa.

Pero, retrocediendo más en el tiempo, se inspira en el Plan de Operaciones Revolucionario de la Primera Junta (que tenía estudiado y subrayado, según el testimonio de Patricia Walsh durante la presentación del libro), en el cual Mariano Moreno propone toda una gama de acciones de contrainteligencia y desinformación que parecen ser el antecedente local más fuerte de ANCLA y que nos muestra a Walsh como un profundo estudioso de la realidad latinoamericana al momento de bajar a la práctica sus ideas.

En el mismo sentido, toda su experiencia periodística está relacionada con la idea de la participación popular en la construcción del medio de comunicación, ya sea en la recolección, elaboración o distribución de la información. Los "corresponsales populares" como base del medio pueden verse en funcionamiento en el Semanario CGT, donde se impulsó la presencia de un corresponsal en cada lugar de trabajo para elaborar notas sobre los conflictos, mantener el flujo de información y organizar la distribución del periódico. Aquí aparece la prensa como un organizador colectivo, característica de prensa en la teoría leninista. La complementación de ambas tradiciones -la latinoamericana de la prensa como herramienta de combate y la leninista como organizadora, educadora y con diferentes tipos de medios de acuerdo a la necesidad política- aparece con contundencia a lo largo de la investigación.

Una de las mejores lecturas que se puede hacer del libro de Natalia Vinelli está relacionada con las necesidades políticas de la actual etapa. Si aún en los momentos de mayor represión y derrota se pudieron construir herramientas informativas que cumplieran múltiples roles con aceptable éxito, ¿cómo es posible que hoy no podamos sacar los pies del plato mediático? ¿Por qué debemos depender de los medios del enemigo para informar e informarnos? La vida de Rodolfo Walsh es una bofetada en la cara de los que dicen que los multimedios son la única voz posible, ya que su vida -tanto política como intelectual y profesional- fue una permanente negación de la hegemonía de los medios burgueses.

Natalia presenta un panorama de luchas donde el sujeto motor necesita su propio sistema de medios: las radios insurgentes salvadoreñas (antes de la traición), las radios mineras bolivianas, la voz de los revolucionarios colombianos de hoy. En ese sendero, recoge también las experiencias del "pasquinismo sedicioso" en los últimos años del dominio colonial, la estrategia propagandística y de contrainteligencia de Moreno y su Plan de Operaciones y la "Guerra de Zapa" sanmartiniama, entre otras, además de la impulsadas por el propio Walsh. Sin embargo, todas estas prácticas están reflejadas en las páginas de "ANCLA" no como un esfuerzo de erudición académica sino como desafío planteado de cara al futuro de las luchas populares argentinas.

Por este camino de interpretación del trabajo, podemos encontrar una segunda gran virtud: la de ser una investigación que, sin perder el rigor científico, rompe con dos tendencias que hoy inundan el ambiente académico: la primera relacionada con analizar lo micro, lo cotidiano aislado del proceso histórico y, en apariencia, aséptico ideológicamente; la segunda que cree que "escribir en difícil" es sinónimo de alto vuelo intelectual y de pertenencia a una elite que conforma una especie de "campo de los sabios". Ambas tendencias son consciente o inconscientemente producto de la derrota y cómplices del posmodernismo en su intento de alejar a las masas de la discusión sobre el poder.

Finamente, el rescate de la experiencia de ANCLA está directamente relacionado con la lucha del pueblo argentino por el poder político. Es así como nos introduce en un debate de rigurosa actualidad: la lucha contra la desinformación, impulsándonos a buscar respuestas concretas, a construir herramientas populares de contrainformación. El éxito del trabajo de Natalia esta relacionado, entonces, no con la venta (se agotó la primera edición), sino con el aporte que éste pueda significar para las luchas actuales sin empezar de cero.