13 de marzo del 2001

Entrevista con Boaventura de Sousa Santos

La igualdad no es suficiente


Masiosare

Rechaza la figura del intelectual que "mira todo desde arriba, que no se involucra y no se emociona". Es el sociólogo Boaventura de Souza Santos, profesor de economía de la Universidad de Coimbra, en Portugal, y de universidades estadunidenses y europeas, considerado uno de los intelectuales más brillantes del momento, quien sostiene que "tenemos el derecho a ser iguales cuando las diferencias nos inferiorizan y a ser distintos cuando la igualdad nos descaracteriza". Aquí presentamos extractos de una amplia entrevista Creo que la izquierda del continente creció en la idea de que todo se resuelve con igualdad, porque estas sociedades son profundamente desiguales y esa posición es comprensible.

Estamos en sociedades muy desiguales pero la igualdad no es suficiente. Hoy sabemos que es muy importante reconocer las diferencias. Hay gente que quiere ser igual en algunos derechos pero quiere mantener su identidad, su personalidad, sus raíces, sentimientos, formas de ver la vida. Creo que aquí fue muy claro en este momento lo que podemos hacer juntos y con un doble principio. El principio de igualdad. Exigir una distribución de riquezas en el mundo, pero también mantener un principio de diferencia.

A partir de allí me parece que es central mantener la discusión de que tenemos el derecho a ser iguales cuando las diferencias nos inferiorizan y a ser distintos cuando la igualdad nos descaracteriza. Y eso parece vital.

La izquierda creció dentro de un paradigma de positivismo científico. Marx decía que su socialismo era científico y el otro utópico. Ahora no tenemos esa confianza ciega en la ciencia. Hoy sabemos que la ciencia desarrolla una enorme capacidad de acción técnica, pero que no se corresponde con la capacidad de previsión de consecuencias. Y entonces estamos ante una situación dramática, que los efectos de las acciones científicas son siempre menos científicos que las acciones. La ciencia ha creado muchos problemas, ha resuelto algunos, pero ha creado muchos otros. Lo nuevo hoy, para nosotros, es que necesitamos otros conocimientos. No ha habido, por ejemplo, tradición de la izquierda de tratar con movimientos rurales, campesinos, mágicos, indígenas. Todo esto es nuevo para nosotros. Por eso creo que aquí hay un campo donde se puede hacer mucho en el futuro.

Radicalizar la democracia

Para mí el socialismo hoy tiene un nombre: se llama democracia sin fin. O sea realmente radicalizar la democracia, saliendo del modelo estricto neoliberal. Dentro del espacio público la idea de la política es decir del Estado, o sea de las relaciones sociales, que son democráticas. Nosotros vivimos hoy en sociedades despóticas que en el fondo forman un archipiélago de despotismo donde hay una isla de democracia. Por eso decimos también que realmente vivimos en sociedades que son socialmente fascistas y políticamente democráticas, y eso también exige una reinvención de la ciencia política crítica de nuestro tiempo. Hay que democratizar miles de cosas.

Creo que hay muchas formas de democracia, al menos seis formas: de espacio y relaciones sociales... Hay que crear una forma democrática en la familia, por ejemplo, debemos superar la idea de que la familia no se puede democratizar. Por supuesto que no con un voto.

¿Podemos democratizar la producción? Claro que se puede, y también es claro que va a crear conflictos con el capitalismo, pero la democracia en la tradición europea fue siempre una conquista al capitalismo, al liberalismo. Cuando la democracia prosperaba el liberalismo bajaba y cuando el liberalismo prosperaba la democracia sufría. Entonces esta es la situación hoy extraña donde la democracia está al otro lado del liberalismo, por una razón muy clara, y es que la democracia hoy no tiene virtualidad redistributiva, ya la ha perdido exactamente por las recetas del FMI, del BM.

Entonces, por una parte la comunidad en el mercado y la ciudadanía en el espacio mundial de las relaciones entre Estados y organizaciones no gubernamentales. Tenemos una tarea democrática sin fin. Algunas de ellas pueden ser llevadas a cabo dentro del orden capitalista y en otras va a existir incompatibilidad.

El dogmatismo

El dogmatismo es plano, no nos causa interés, no nos sacude con sentimientos fuertes, no nos trae el cuerpo de la vida, el placer, el entusiasmo de la vida que debemos tener para crear algo nuevo. Ahora existe una gran oportunidad y es claro que tenemos que dar batallas y que va a ser un foco de debates, un foco de caos, pero el caos en la etimología y en la teoría de la física es muy importante.

Somos un sistema complejo y el sistema complejo está siempre al borde del caos. Hay que convivir con este tiempo de caos para hallar más solidaridad y esta sí es una tarea ideológica, política, social y cultural. En eso estoy de acuerdo con Frei Betto cuando dice que no es una época de mudanzas, sino una mudanza de época. Es lo que llamo una transición paradigmática.

Estamos pasando de un paradigma de la modernidad a otro paradigma que no sabemos cómo se va a llamar. Algunos lo llaman posmoderno, pero es un posmodernismo de oposición. No es un posmodernismo celebratorio o alabatorio. Es algo clave. Hoy día tenemos problemas modernos pero no tenemos soluciones modernas para ellos.

Analicemos cuáles fueron las promesas de la modernidad: fraternidad, igualdad, paz, todas ellas promesas por realizar. La ciencia era el gran producto de la paz y tuvimos más guerras. Se pensaba que la política iba a desaparecer y que todo iba a tener una solución técnica y fue lo contrario. La ciencia fue cooptada por la política y estamos en esta situación. Si vamos a resolver con la ciencia vamos a tener los mismos problemas. Entonces hay un campo muy rico donde aparece cómo podemos y tenemos que trabajar juntos.

La izquierda y la ceguera

Creo que todo cambió tanto que hay temas para los cuales ni la izquierda ni la derecha tienen ideas. Una forma en que podemos tenerlas es distinguir entre los que son adeptos a mantener las situaciones de poder desigual ­porque ese poder, por ejemplo de Internet, hoy día es desigual­ y los que se definen por una democracia, que es una autoridad compartida. O sea cuando se destruye esa desigualdad de poder y se la transforma en una autoridad compartida en familias, organizaciones, sindicatos. Frecuentemente en mis investigaciones encuentro que los activistas de base están más avanzados que los líderes porque ellos viven el conflicto, el caos. En las complejidades de sus vidas tienen que vivirlo. Son campesinos, indígenas, mujeres. Esta complejidad nos fuerza a destruir el dogmatismo, a aumentar la tolerancia, el reconocimiento del otro, a analizar de qué lado estamos, pero al mismo tiempo analizar muy bien cuáles son los lados.

Con la izquierda pasó algo en Europa, en América Latina, en Africa. No parecen darse cuenta a veces de las grandes oportunidades que hay ahora para renovarse. Hay una inercia porque realmente no se perciben las grandes posibilidades de hacer cosas nuevas, de pensar cosas nuevas, sin perder la memoria del pasado. Tenemos muchos desafíos, pero esta diversidad con que hemos podido entendernos en lo esencial es de una riqueza sobrecogedora.

Sería ciego dejar que se vaya este momento, donde podemos soñar esa democracia de alta intensidad a partir de las diferencias enriquecedoras y las igualdades superadoras.