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D E R E C H O S   H U M A N O S 

20 de diciembre del 2003

Por alusiones. Ciberacciones

Juan Lucas
Amnistía Internacional

hace poco, han aparecido en rebelión.org una serie de artículos referidos al caso de Amina Lawal que ponen en entredicho la campaña que Amnistía Internacional emprendió por su liberación y creemos que nos asiste el derecho a responder, en especial al de Abdel Karím "Los ilusos que salvaron a Amina Lawal de morir lapidada", en el que se hace mención expresa a la Sección Española de Amnistía Internacional.

La Sección Española de Amnistía Internacional se siente muy orgullosa de la campaña amnistiapornigeria.org que marzo de 2002 y hasta la fecha ha recogido casi diez millones de firmas contra la pena de muerte en Nigeria. Estamos firmemente convencidos que estas firmas han sido útiles para conseguir la anulación de la pena por lapidación en el caso de Amina Lawal, como en el anterior de Safiya Husseini y en los que aún quedan por resolverse. Por eso, encontrarnos ahora con que algunos de sus colaboradores nos consideran "ilusos", "imbéciles" o "islamofóbicos" no puede menos que decepcionarnos.

Por supuesto que Amnistía Internacional no se considera la causa única ni principal de la liberación de Shafiya y Amina. Nuestro trabajo pretendió ser complementario al de las verdaderas organizaciones responsables en este asunto: en especial BAOBAB y las otras ONG que, como justamente señala Abdel Karim, son las artífices esenciales de este éxito. En la lucha de Amnistía Internacional por conseguir un mundo más justo éste es un presupuesto de todas nuestras acciones: la colaboración con aquellas ONG o personas que trabajan sobre el terreno. Pero ahora nos preocupan dos cuestiones que se deducen de las críticas vertidas en su página: ¿Favoreció la campaña de Amnistía Internacional los sentimientos islamofóbicos de quienes la siguieron? ¿ Entorpeció la campaña los esfuerzos de las ONG locales por salvar la vida de Amina Lawal?.

Respecto a la primera: Amnistía Internacional no puede ser responsable de los sentimientos de millones de personas. Muchas de las que firmaron cartas o pliegos a favor de Amina Lawal, acudieron a concentraciones o se sintieron implicadas en la campaña, pudieron hacerlo incitadas por la especial crueldad de la pena que amenazaba a Amina, por el carácter del delito que se le imputaba, por el hecho de ser mujer, por un puro sentido de justicia o... Pero si, ante una batería de motivos honorables resaltamos los que no lo son estamos tergiversando el sentido de una protesta y haciendo inviable cualquier otra. Porque, ¿qué pasaría si ante una acción contra la pena de muerte en los EE UU sólo tenemos en cuenta los sentimientos "antiamericanos" de los que la firman? ¿O tenemos que frenar una campaña contra los juicios injustos en Cuba por no alentar el anticomunismo? ¿Suspendemos nuestras denuncias contra el Estado de Israel por no parecer antisemitas? Como puede verse, consideracion es de este tipo llevarían al absurdo y a la inacción prácticamente absoluta. Lo que sí debe hacerse, y Amnistía Internacional lo ha hecho, es especificar claramente que nuestra denuncia y nuestras exigencias en el caso de Amina Lawal, como en el de cualquier otro, no pueden servir de justificación a cualquier interpretación sesgada de la que se deduzcan posiciones contrarias a los derechos más elementales de la humanidad: la no discriminación por razones de raza o cultura entre ellos. Amnistía Internacional no juzga el islamismo, ni el comunismo, ni el capitalismo, ni ningún otro "ismo". Nosotros simplemente denunciamos los abusos contra los Derechos Humanos que puedan cumplirse en su nombre.

Y ahora vamos a la segunda cuestión. Estas precisiones pudieron quedar diluidas en el caso de Amina Lawal por el impacto mediático y cibernético que tuvo la campaña. Respecto al primero, Amnistía Internacional no puede ser responsable del uso que algún periodista pudiera hacer del caso que planteábamos. Nadie, salvo el periodista, puede serlo. Y, siempre que se nos dejó hacerlo, nuestras instrucciones eran dejar bien claro el asunto. Pero también recibimos un buen número de correos electrónicos incontrolados que, después de decir cualquier cosa, remitían a la página web de Amnistía Internacional, en dónde se decía justamente lo contrario. En estas circunstancias ¿qué podíamos hacer? Cuando Amnistía Internacional pudo informó de la situación correcta, consiguiendo alguna rectificación de los medios de información. Lo que algunas activistas nigerianas pedían, la suspensión de la campaña, era impracticable. En muchas ocasiones en las que Amnistía Internacional inicia una campañ a la respuesta es de esperar: hemos sido sucesivamente "antiespañoles", "antiamericanos", "anticubanos", "antiisraelitas", "antiárabes" y anti-lo-que-sea. En todos los casos suele salir alguna voz que reclama la suspensión de la campaña para "no irritar" a las autoridades. En todo caso, en Amnistía Internacional estamos convencidos de que la presión internacional que ejercemos es efectiva. Llevamos más de cuarenta años insistiendo en métodos y estrategias que, según se ha demostrado, han surtido efecto en miles de casos. Y Nigeria era uno en el que podíamos conseguir lo que queríamos. Permitidnos que juzguemos por nosotros mismos la efectividad de lo que hacemos y no por el respeto que nos merezcan otras luchadoras por los Derechos Humanos, que también pueden equivocarse.

Creemos que Abdel Karim y otras muchas personas, nosotros entre ellas, tienen todo el derecho (o la obligación) de preguntarse por qué casi diez millones de personas respondieron y responden a la campaña de amnistiapornigeria.org. También tienen todo el derecho a considerar que Amnistía Internacional se equivoca. Mucho más evidente es que nuestra modesta participación en éste o en cualquier otro asunto no agota todo lo que se puede decir sobre él. Pero pretendemos que se entienda que Amnistía Internacional en el caso de Amina Lawal no pudo acceder a las peticiones de Ayesha Imam y otras activistas de BAOBAB, no por islamofobia, ni por desprecio etnocéntrico hacia las ONG del Sur, como sugieren nuestros críticos, sino porque se estaba cuestionando todo un modelo de actuación que Amnistía Internacional considera suficientemente consolidado después de una larga experiencia en la defensa de los Derechos Humanos. Un modelo avalado por importantes galardones, como lo son el Premio Nobel de la Paz, que nos fue concedido en 1977 o el Premio Internacional de Derechos Humanos de la ONU, de 1978.

* Juan Lucas es Presidente de la Sección Española Amnistía Internacional

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