| LA PÁGINA DE DIETERICH |
18 de februari del 2003 |
Heinz Dieterich Steffan
Rebelión
A las 15:30 del sábado, 15 de febrero, suena el teléfono celular del compañero de enlace. Un alto oficial de la policía le comunica que el gobierno no está cumpliendo con el convenio de paz firmado en la madrugada del jueves, 13.2. Temen una nueva represión del gobierno neoliberal y que el Mayor Vargas, líder de la revuelta policial paceña está pensando en asilarse en una embajada. Que es imperioso reunirse para evitar otra represión de la jornada de lucha de los días lunes y martes (17, 18.2.), convocada por la Central Obrera Boliviana (COB).
El compañero acepta enseguida, porque la alianza táctica entre la policía y los movimientos civiles es vital para ambos. Esa alianza táctica había nacido la misma noche de la Plaza de Murillo, el miércoles 12 de febrero, cuando oficiales de rango mayor, desde subtenientes, capitanes y hasta mayores se habían acercado a la organización, llamémosla X, para pedir apoyo: en concreto, que "gente solidaria" formara cordones humanitarias en torno a los cuarteles policíacos, particularmente del Grupo Especial de Seguridad (GES).
A esta hora ya se sabía que los tanques del ejército estaban bajando de la ciudad de El Alto y los policías temían que sus cañones iban a arrasar con ellos. Durante el día, un oficial le había advertido al Mayor David Vargas, cabeza del levantamiento policiaco, que había sido definido como "blanco táctico" por los militares. Las órdenes de asesinarlo, con un premio de US $ 5000.00 por su cabeza, habían emanado del Ministerio de la Presidencia, bajo el mando del "Montesinos" boliviano, el todopoderoso y sanguinario Ministro de la Presidencia, Carlos Sánchez Berzaín, conocido como "El zorro Berzaín".
Vargas no quiso creerlo. Se paró en la entrada del edificio del GES, cuando sonaron los disparos y dos policiales, cerca de él, cayeron muertos al piso, víctimas de los francotiradores militares. Eran los "expertos en contraterrorismo" de la Escuela de Guerra de las Fuerzas Armadas Bolivianas que pusieron en práctica, lo que sus instructores estadounidenses e israelíes les habían enseñado: ser sicarios al servicio del imperio.
Habían desembarcado desde helicópteros de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) en las azoteas de los edificios altos, como el Banco Central, para asesinar a civiles y policías. Sin embargo, los sicarios, cortesía de la embajada yanqui e israelí, no estaban solos. El capitán de la FAB, René Molina Balderrama, fue detenido por el pueblo en la noche del miércoles 12, en las inmediaciones de la Plaza Murillo. En sus manos tenía una maleta deportiva negra con 70 balas de calibre 9 milímetros y arneses especiales. La prueba del guantelete resultó positiva: Balderrama había disparado un arma. Sin embargo, un juez le dictó su libertad bajo fianza, seis horas después. Se le olvidó, fijar un monto para la fianza. Otro servidor del imperio.
Había buenas razones, pues, para aceptar la petición telefónica de los policías, de trabajar juntos en la defensa del Estado de Derecho, para lograr el cumplimiento del acuerdo, para recibir garantías de integridad de los participantes del levantamiento y para proteger la jornada de lucha convocada por la COB para este lunes y martes.
El viernes en la mañana, 14 de febrero, las manchas de sangre de los mártires es todavía visible en la calle del centro de La Paz; testimonio silencioso de las atrocidades del modelo neoliberal. Cerca de la sangre, escombros y cenizas de los muebles y de 19 edificios quemados, en parte de la "iniciativa privada", en parte del Estado que maneja el gobierno del empresario- presidente gringo, "Goni" Sánchez de Losada, quien está acumulando más y más empresas mineras de la República de Bolívar, al estilo de la república bananera gobernada en su tiempo por Anastasio Somoza.
"Goni" es el legítimo heredero de la célebre "rosca" boliviana, de los oligarcas del estaño ---la dinastía de Simón I. Patiño, residente en París y Estados Unidos--- cuya despiadada explotación de las minas no dejó otro legado para la nación que las montañas de la Pachamama y los pulmones de los mineros perforados: los primeros por los martillos, las perforadoras y la dinamita de los mineros, los segundos por la tuberculosis y la silenciosa muerte asfixiante de la silicosis.
Hoy, como bajo el yugo de los explotadores españoles y los oligarcas de la "rosca", la vida del minero sigue siendo un infierno dantesco. Los socavones, donde trabajan, se encuentran a una altura de entre 3000 a 5500 metros. En muchos lugares, sus entradas están cubiertos por la nieve y con temperaturas hasta de 10 grados bajo cero. Al paso de bajar hacia las entrañas del cerro, aumenta la temperatura, de tal manera que a unas 200 metros ya está a 40 grados de calor. En esas condiciones dantescas laboran los trabajadores, sin medidas de seguridad, higiene y previsión, por unos 100 dólares al mes. Lo que mantiene su fuerza física, es la trinidad del tabaco, de la coca y del alcohol puro.
Y bajo la influencia del calor y de la trinidad, "el tío" que anda en las profundidades ---el diablo--- a veces les gana, sin que la Virgen del Socavón los pueda salvar. Cuando la sed le martiriza a esa "Raza de bronce, corazón de estaño, sangre de copajira", como se llaman entre sí, beben la copajira: el agua contaminada que fluye de las entrañas de los socavones y que envenena rápidamente.
Con todo, no hay que callar las aportaciones de modernización que el "Goni" ha hecho a la vida minera boliviana. En 1996 modificó la Ley de Pensiones que aumentó en 10 años la edad de jubilación de los trabajadores mineros, de 55 a 65 años. Una genial innovación del espíritu eficientizador neoliberal en un país, donde la esperanza de vida promedia del minero es de 50 años.
Es tan genial e innovador como la generosa promesa del "Goni", ofertada hoy en la televisión boliviana al pueblo, de no cobrar su salario de Presidente, para sanear a la economía nacional. Es generosa la oferta, porque siendo apenas el hombre más rico de Bolivia, con un patrimonio de 220 millones de dólares ---con inversiones en Brasil, Perú, Argentina, Chile, Malasia, Tailandia y Africa, a través de sus acciones en la Río Tinto Plazers--- el hecho de privarse de su remuneración presidencial revela un espíritu cristiano muy elevado, casi a la altura de San Francisco de Asís ó de la Madre Teresa de Calcuta.
Sin embargo, el pueblo es ingrato y bruto. No entiende la nobleza de sus gobernantes. Por eso saqueó la "Casa de la Democracia", del movimiento ADN del expresidente y exdictador Hugo Banzer, en La Paz; quemaron la Alcaldía de la ciudad de El Alto, gobernada por el alcalde del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), José Luis Paredes; saquearon la aduana del aeropuerto, entregada a una empresa transnacional; quemaron en la ciudad minera Oruro --- donde ondeó la primera bandera boliviana en la guerra de independencia contra el colonialismo español--- las oficinas del MNR, destrozaron la Prefectura y destruyeron a "La Casa de la Victoria" del MIR.
Es ingrata LA RAZA DE BRONCE, CORAZON DE ESTAÑO, SANGRE DE COPAJIRA.
¡VIVA SU LEVANTAMIENTO HEROICO!
15.2. 2003
