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E C O L O G Í A 

10 de julio del 2003

Ecologistas españoles ponen en marcha nuevos metodos de protección marina en centroamérica


Barcos ecologistas de MarViva colaboran con guardaparques y guardacostas gubernamentales para defender los espacios naturales de la pesca furtiva

Un grupo de ecologistas españoles está liderando, desde hace un año, la puesta en marcha de nuevos métodos de activismo en países de Centroamérica. El proyecto se denomina MarViva, y los primeros resultados están demostrando el éxito de la propuesta.

Su actividad se ha centrado por ahora en espacios marinos protegidos en el Pacífico Centroamericano como las islas del Coco (Costa Rica) y Coiba (Panamá). La organización se prepara para actuar en el archipiélago de las Galápagos (Ecuador) y las islas de Gorgona y Malpelo (Colombia). Los espacios costeros protegidos de algunos de estos países están ya recibiendo la protección de MarViva. Se trata de Parques Nacionales como Corcovado, Isla del Caño o Marino Ballena en Costa Rica.

Mientras en los países más desarrollados los gobiernos disponen de presupuestos más o menos importantes para la gestión de los espacios naturales y para la dotación de equipos de vigilancia marítima, los países de Centroamérica se enfrentan a una tremenda escasez de medios para destinarlos al control de los infractores. Esto, unido a situaciones ocasionales de ineficacia o corrupción, hace de los mares centroamericanos un paraíso de la pesca ilegal y pirata, así como de flotas asiáticas y europeas, incluida la española. Algunos pescadores centroamericanos se ponen al servicio de los extranjeros, adentrándose en zonas prohibidas para capturar pescado que transbordan en alta mar a buques de otros países.

Un grupo de ecologistas españoles, dirigidos por los biólogos marinos Xavier Pastor y Carlos Pérez, y por el ingeniero en telecomunicaciones Nuño Ramos, han iniciado una colaboración con conservacionistas latinoamericanos para experimentar nuevos sistemas de protección del medio marino. Tras un año de trabajar en el diseño y puesta en marcha de esta iniciativa, los españoles se preparan para dejar el proyecto completamente en manos de sus colegas latinoamericanos.

El proyecto de MarViva rejuvenece conocidos esquemas de divulgación, confrontación y colaboración en proporciones adecuadas para producir efectos contundentes, y añade nuevos elementos apropiados a la región.

Las primeras experiencias han tenido lugar en Costa Rica. El Ministerio de Medio Ambiente de ese país alega que la falta de recursos le impide patrullar adecuadamente las áreas protegidas y reprimir la pesca ilegal y la matanza de tiburones, cetáceos y tortugas marinas. Es especialmente sangrienta la actividad del "aleteo", que consiste en matar miles de tiburones para cortar sus aletas y tirar sus cuerpos agonizantes al mar.

MarViva ha adquirido una serie de embarcaciones de porte medio (600CV, 5 tripulantes) que les permiten llevar a cabo los patrullajes que resultan difíciles para el gobierno. Los ecologistas españoles, con experiencia en cuestiones marinas por haber trabajado en institutos de investigación oceanográfica, guardacostas y otras organizaciones ecologistas, han puesto en marcha programas de formación para las tripulaciones locales de sus barcos.

Para dotar de autoridad a las embarcaciones de MarViva, se ceden plazas a bordo de los mismos a miembros de los cuerpos de Guardacostas y Guardaparques del gobierno. La presencia de estos funcionarios convierte a las embarcaciones de MarViva en patrulleras oficiales, y a sus tripulantes en colaboradores de la autoridad. Algo así como guardaparques "ad honorem". Esta figura resultaría al menos extraña en Europa o Norteamérica: "¿Quién puede imaginar a ecologistas prestando sus barcos a la Guardia Civil española o a los Guardacostas USA para patrullar los parques nacionales marítimos o para perseguir pesqueros ilegales?" se pregunta el mallorquín Xavier Pastor, director internacional de operaciones de MarViva.

La colaboración entre MarViva y el Gobierno tiene otros aspectos interesantes: la presencia de los ecologistas -especialmente si se trata de observadores internacionales- incentiva a los funcionarios a cumplir con sus obligaciones, alejando tentaciones de hacer la vista gorda o de caer en prácticas corruptas.

El esquema está ya produciendo resultados. Los ecologistas vigilan con sus barcos -dotados de avanzados equipos de detección, situación y comunicación- las aguas de las áreas protegidas. Cuando se detecta un barco infractor, los agentes de la autoridad que les acompañan se ponen en marcha y son los que activan los mecanismos de denuncia y sanción de la infracción. Y lo que es igualmente importante: el decomiso de las artes de pesca que se están utilizando ilegalmente. Las patrulleras de MarViva disponen de cabrestantes hidráulicos que permiten subir a bordo las decenas de kilómetros de palangre o trasmallos localizados en zonas prohibidas.

Mientras realizan esas tareas, las embarcaciones de MarViva están también a disposición de científicos para que lleven a cabo proyectos de investigación marina que serían imposibles de realizar sin la colaboración de los barcos. Periodistas y realizadores de documentales son también bienvenidos a bordo. Las embarcaciones de MarViva se mantienen siempre a disposición de las autoridades de protección civil y salvamento por si su ayuda es necesaria en una zona propensa a situaciones de emergencia.

El proyecto MarViva pretende una financiación a tres bandas: por una parte, una serie de personas con disponibilidades económicas han aportado desinteresadamente a la Fundación MarViva fondos personales para dar los primeros pasos. A través de convenios firmados con los gobiernos de los países de la zona, se contempla la aportación de servicios "en especie" (combustible para las embarcaciones, alimentos,...). Por último, se está poniendo en marcha la posibilidad de captar socios individuales y de recibir ayudas de distintas fundaciones internacionales dedicadas a la protección medioambiental. MarViva ha preferido, sin embargo, poder presentar realidades y resultados concretos antes de solicitar donaciones de ningún tipo.

La base operativa de las embarcaciones de MarViva se encuentra en Golfito, una localidad de tradición bananera en la costa pacífica de Costa Rica, cerca de la frontera con Panamá. Si el proyecto consolida los éxitos que está empezando a cosechar, se tiene prevista a medio plazo la extensión de su esquema de trabajo al Caribe, a distintas zonas del Cono Sur de Latinoamérica, a los archipiélagos atlánticos europeos y al Mediterráneo.

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