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E C O L O G Í A 

18 de septiembre del 2003

El día sin coches o la estrategia de la impostura

Rafael León Rodríguez
Rebelión

El próximo 22 de septiembre, como culminación de la semana europea de la movilidad, se celebra, una vez más, el día sin coches. La celebración de este tipo de jornadas reivindicativas no deja de tener su importancia al, por lo menos, llamar la atención durante unas horas sobre los graves problemas que aquejan a las sociedades actuales. Pero, a pesar de ello, lo que define más nítidamente a la mayoría de estas celebraciones, tras ser digeridas por la maquinaria económico-política neoliberal e incorporadas a su estrategia, es su enorme capacidad mediático-escénica para ocultar las verdaderas, complejas y profundas raíces de esos problemas que tratan de denunciar, perpetuando de esto modo la impostura.

El día 22 veremos a ministros, alcaldes y concejales montados en bicicletas alquiladas para la ocasión y, en muchas ciudades, se restringirá o cortará el tráfico en determinadas zonas durante unas horas. Y los amantes de la bici o el paseo disfrutarán de armoniosas marchas ciclistas o de tranquilas caminatas por lugares inusualmente tranquilos, con un tráfico pacificado a modo de esa calma que todo lo inunda en las películas bélicas de manera previa y momentánea a la sangrienta y destructiva batalla final.

El día 23 habrá que guardar las bicicletas en garajes y trasteros y deberemos entrenar duro para tratar de acercarnos a la marca mínima exigida para participar en la prueba de los 100 metros en las próximas Olimpiadas pues, de lo contrario, no tendremos tiempo suficiente para cruzar muchas calles con el "muñequito" en verde.

Y esos alcaldes, concejales y ministros, fugaces emuladores de las grandes figuras del ciclismo, volverán a sus tareas y quehaceres diarios. Unos quehaceres orientados a profundizar un modelo cada vez más insostenible por su creciente dependencia del uso del automóvil.

Continuaremos siendo bombardeados con una propaganda que asimila falazmente calidad de vida y el crecimiento de urbanizaciones residenciales de unifamiliares en el extrarradio de las grandes ciudades, en el litoral y en el interior o el borde de los espacios naturales que aun conservamos. Un modelo urbano impensable sin el uso patológico del coche privado para las acciones más cotidianas como ir a trabajar o a comprar el pan. Incompatibles con el transporte público, devoradoras incansables de suelo y con un apetito insaciable de nuevas autovías, autopistas y vías "rápidas" que, a su vez, ejercen un poder de atracción incontenible sobre la implantación de nuevas urbanizaciones, en un vertiginoso circulo vicioso sin fin. Un modelo territorial en el que el territorio agoniza a manos de la multiplicación de espacios cada vez más monofuncionales, fragmentados, inaccesibles y segregados. Un modelo de transporte con un ferrocarril reducido a la pobre expresión de líneas de alta vel ocidad elitistas y excluyentes de un transporte ferroviario de carácter sostenible, seguro, público y social.

Así, el día sin coches y otras iniciativas similares, como la ya famosa tasa por circular por el centro de Londres o medidas tendentes a la restricción del uso del vehículo en días alternos que se han puesto en práctica en diferentes ciudades, sólo son estrategias de distracción dirigidas a perpetuar un modelo territorial y de transporte que no sería posible sin el uso masivo del vehículo privado.

Debemos celebrar y participar del día sin coches pero siendo conscientes de que ya forma parte de la estrategia de la impostura, de una campaña permanente de lavado de imagen, ocultación y engaño. Del "doblepensar".

Una estrategia que sólo podrá ser derrotada cuando el "día sin coches" sea superado por iniciativas como "el lustro sin tren de alta velocidad", "la década sin autopistas" o "el siglo sin urbanizaciones residenciales de baja densidad".

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