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E C O L O G Í A 

6 de febrero del 2004

Un nuevo urbanismo para Andalucía

Rafael León Rodríguez
Rebelión

Desde hace tiempo ya nadie construye la ciudad, ya que la construcción de la periferia metropolitana no es un proyecto urbanístico ni social: es un automatismo del mercado, de la mercancía, de la producción.

Alberto Magnaghi
Megalópolis: Presunción y Estupidez (el caso de Florencia)

1. Tendencias del "urbanismo" actual.

Nuestro diccionario define el urbanismo como "el conjunto de conocimientos relativos a la creación, desarrollo, reforma y progreso de las poblaciones según conviene a las necesidades de la vida humana". Por otra parte, el urbanismo, junto con la ordenación del territorio, es la expresión o el reflejo territorial de la sociedad, de sus necesidades y de su modo de vida.

Pero en la actualidad el urbanismo en lugar de a dar respuesta a las necesidades humanas, se dirige casi exclusivamente a satisfacer motivaciones e intereses económicos y de mercado. El urbanismo como reflejo territorial del consumismo, el despilfarro, la desigualdad y, en demasiadas ocasiones, la miseria que configuran el modo de vida capitalista. Un urbanismo sin planificación, carente de responsabilidad, sin límites ni mesura, destructor a la vez de lo rural, lo natural y lo urbano y que ignora el carácter limitado y limitante del suelo. Con esta carencia ficticia de limitaciones se difuminan las fronteras entre campo y urbe y, consecuentemente, se produce el deterioro y destrucción de la ciudad y del conjunto del territorio. Se configura así una realidad confusa en la que el espacio, en lugar de construirse, pasa a ser ocupado profusamente de manera dispersa por edificaciones, infraestructuras y otros usos ajenos al territorio y con escasas conexiones entre sí y con su soporte físico. La complementariedad entre el áger y la urbe es suplantada por una no-ciudad casi "hidropónica", voraz y compulsiva tragadora de espacio.

En la irrupción de este no-urbanismo tiene un papel esencial la mitificación de la baja densidad urbana como supuesto factor de calidad de vida. Éste mito, que alcanza su máxima expresión en EE.UU., surge como reacción a modelos anteriores caracterizados por la insalubridad, la verticalidad y el hacinamiento y nos presenta el espejismo de que es posible combinar las ventajas de la vida urbana con las del contacto con la naturaleza, lo que se traduce territorialmente en un incesante avance de espacios suburbanos. Pero, como la mayoría de los mitos, ha terminado por mostrar su irracionalidad y la debilidad de sus argumentos. Así, en su Olimpo, los Estados Unidos, el mito se está volviendo contra sus adoradores al evidenciarse que, en lugar de las ventajas pretendidas o publicitadas, está suponiendo la suma progresiva de inconvenientes y problemas.

Resulta significativo que, entre las grandes ciudades de EE.UU., Los Angeles, que es la que ocupa una mayor extensión territorial, la de menor densidad, la que tiene más superficie destinada a espacios verdes y la que cuenta con más espacio dedicado a viario de gran capacidad, es a la vez la que sufre niveles más altos de contaminación atmosférica y la que acumula mayores problemas de tráfico.

2. Impactos negativos del modelo centrado en la baja densidad.

La baja densidad, y su expresión territorial en la ciudad difusa, tiene, entre otros los siguientes impactos negativos:

a) Despilfarro de suelo por la continua expansión de la suburbanización y por el abandono de cascos y zonas urbanas degradadas como consecuencia de las facilidades "otorgadas" para urbanizar nuevos espacios.

b) Carestía estructural de suelo. La (no)gestión del suelo sin considerar su carácter limitado determina que, a pesar de su despilfarro y acelerada transformación, siempre resulte escaso. Esta escasez incrementa su precio y genera un ambiente propicio para el desarrollo de procesos especulativos.

c) Contaminación, contribución al cambio climático y pérdida de calidad de vida al requerir una amplia red viaria al servicio del transporte individual por carretera y al mostrar un elevado grado de incompatibilidad con sistemas públicos de transporte colectivo. A su vez la predominancia del automóvil en el modelo de movilidad de la ciudad difusa supone un factor más en el incesante consumo de suelo. La "dictadura" de la suburbanización conlleva la "dictadura" de la movilidad obligada. Se configura la (no)ciudad de la permanente (no)movilidad congestionada frente a la ciudad accesible.

d) Mayor demanda de agua al aumentar la red de abastecimiento y sus pérdidas, y al asociarse el modelo a la cultura del golf y del jardín privado.

e) Despilfarro energético al crecer, por ejemplo, la necesidad de alumbrado público.

f) Dificultades para la prestación de servicios básicos como la recogida de basura o las relativas a la seguridad pública cuya financiación termina por suponer una carga insostenible para las administraciones competentes.

g) Dificultades para una adecuada disposición de dotaciones básicas en condiciones suficientes de accesibilidad para el conjunto de los ciudadanos.

h) Configuración de zonas "urbanas" monofuncionales y fenómenos de fragmentación social. Inhibición de las relaciones, la comunicación y la participación social frente al auge del individualismo. Los espacios públicos de comunicación son sustituidos por nuevos espacios de tránsito como las vías de comunicación rápida o los grandes centros comerciales en los que las personas son esclavas permanentes de la velocidad, la incomunicación y una soledad que, paradójicamente, se desenvuelve entre la muchedumbre. El espacio social, por tanto, alcanza cotas de empobrecimiento patológicas, y queda reducido a estos (no)lugares de tránsito o a esferas de relación social muy específicas como la laboral o la familiar y, en última instancia, a la vivienda familiar, la cual se convierte, con el apoyo de los medios de comunicación de masas y de las nuevas tecnologías, en mirador casi exclusivo del gran escaparate del mundo, muestrario de una falaz (i)realidad virtual.

3. El caso de Andalucía.

En Andalucía, el fenómeno de la suburbanización es tardío e, inicialmente las densidades medias son superiores a las que se dan en EE.UU. La suburbanización avanza en el entorno de las grandes ciudades, con suelos más abundantes y baratos, en forma de manchas aisladas, dejando amplios espacios sin urbanizar. Predominan las viviendas colectivas en forma de bloques exentos, y la vivienda unifamiliar tiene un menor protagonismo quedando reservada a sectores sociales privilegiados que ocupan los lugares de mayor calidad ambiental y territorial. En el polo opuesto la proliferación de núcleos chabolistas excluidos y ajenos al urbanismo.

No obstante, poco a poco los espacios no urbanizados van colmatándose configurando coronas periurbanas donde es más que patente la insostenibilidad y donde sus residentes ven reproducirse los problemas de los que trataban de huir con su éxodo. Áreas, además, sometidas a una fuerte relación de dependencia respecto a la ciudad central, al no haberse visto acompañado el crecimiento residencial de un adecuado incremento de dotaciones y servicios, ni de la configuración de un tejido social y económico suficiente. Tal vez el caso más paradigmático sea el Aljarafe sevillano.

Pero el proceso de urbanización difusa en Andalucía no sólo ni de forma predominante se circunscribe al entorno de las grandes ciudades. Con el auge del turismo en la década de los sesenta comienza a expandirse por el litoral y últimamente también, en un proceso aun incipiente, por zonas del interior con contrastada calidad ambiental, siguiendo un proceso similar al experimentado en torno a las grandes ciudades. En principio la expansión del alojamiento turístico, especialmente de carácter hotelero, se produce sobre todo en forma de bloques y en torno a núcleos urbanos preexistentes. Pero pronto comienza a cobrar fuerza el mito de la baja densidad que se traduce en la proliferación de urbanizaciones residenciales con predominio de la segunda vivienda que van configurando el litoral como un enorme y continuo suburbio sin ciudad central. Evidentemente el impacto visual de este modelo urbanístico horizontal es mucho menor que el que producía la excesiva verticalidad de las etapa s iniciales, pero, en cambio, el impacto negativo global es notablemente superior.

En la actualidad este fenómeno está adquiriendo un gran auge, con la particularidad de que ya no se trata sólo de un mercado dirigido a la demanda de segunda residencia, sino que se ha generado también el interés de muchos ciudadanos, especialmente europeos, por fijar su primera residencia en el litoral andaluz. Unas 225.000 familias europeas cuentan actualmente con una residencia en Andalucía y, según cálculos del sector inmobiliario, en los próximos cinco años otras 800.000 tienen previsto adquirirla, sobre todo en la "reducida" y saturada franja del litoral y sierras pre-litorales. Esta demanda, a pesar de buscar naturaleza y buen clima, identifica calidad de vida con un modelo residencial asentado en el mito de la baja densidad y que reclama viviendas unifamiliares con amplias zonas ajardinadas y campos de golf.

El consumo de territorio necesario para, bajo este modelo, satisfacer esta demanda superaría cualquier límite sostenible y, el consumo de otros recursos naturales "escasos" como el agua crecería por encima de cualquier límite ecológico admisible. Este modelo supone, por tanto, una seria amenaza, que ya ha comenzado a hacerse realidad sobre el territorio andaluz. Una amenaza que llevará a la sustitución de ricos ecosistemas, que deberían orientarse al disfrute social, por una falsa naturaleza de carácter privado y que transformará nuestros espacios naturales en simples zoológicos o parques botánicos, cuando no en "jardines" privatizados al servicio de urbanizaciones de lujo. Un modelo que, de continuar desarrollándose supondrá la venta de Andalucía en parcelas y que, al hacer objeto de mito la baja densidad, favorecerá la segregación y la fragmentación social y territorial, la incomunicación, el individualismo, la desigualdad, el despilfarro, y la concepción de un recurso limi tado y básico como es el suelo como mero objeto de mercaderías especulativas.

Este modelo, además, al estar en gran parte al servicio de los intereses de un mercado inmobiliario que basa muchas de sus expectativas de negocio en la demanda europea, puede suponer para Andalucía la asunción de un papel monofuncional, subsidiario y periférico en el conjunto de la Unión Europea. Un pobre papel que la relegaría a ser una mera suministradora de servicios turísticos y residenciales y transformaría buena parte de su litoral en el gran "geriátrico de lujo" de Europa.

4. Hacía un urbanismo sostenible y responsable en Andalucía.

Tras habernos interrogado sobre que tipo de espacios urbanos tenemos en Andalucía, cual es su relación con el conjunto del territorio, cuáles son sus problemas y las causas de estos y cuales son los procesos y mecanismos que han operado en su configuración, podemos llegar a la conclusión de que el crecimiento urbanístico de las últimas décadas ha estado caracterizado por la insostenibilidad, la irresponsabilidad y la falta real de planificación y objetivos socio- territoriales. Una insostenibilidad y unos problemas que se pueden ver agravados ante las actuales perspectivas de un mercado inmobiliario que, para justificar su voracidad insaciable de recursos naturales, paisaje y suelo, se disfraza de turismo en el litoral y ofrece una naturaleza falsa y adulterada en el entorno de las grandes ciudades.

La reciente Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía contiene elementos interesantes para tratar de reconducir este nefasto modelo hacía parámetros más sostenibles. Entre sus objetivos está dar preferencia al transporte público, impulsar una mayor accesibilidad y equilibrada distribución de dotaciones y equipamientos, mejorar la integración y cohesión social en la ciudad y alcanzar una mayor funcionalidad, economía y eficacia de las redes de infraestructuras. No obstante, sí en el desarrollo y aplicación de la Ley y en la redacción y ejecución del planeamiento urbanístico se continúan ignorando los problemas urbanos, suburbanos y "rururbanos" existentes y sus causas, estos objetivos bienintencionados serán de difícil cumplimiento y la eficacia de la norma escasa. Unos problemas con causas y consecuencias no sólo territoriales, sino también económicas y sociales, y que se definen con claridad en torno a modelos inmobiliarios ajenos realmente al urbanismo y que hoy tienen como denominador común el culto a la baja densidad. Un modelo que no sólo es un ineficaz devorador insaciable de suelo y naturaleza sino que también contribuye al abandono y degradación de aquellas áreas de la ciudad consolidada que acaba despreciando un mercado al que resulta más ventajosos destruir territorio que reconstruir ciudad.

Por lo tanto, para dirigirnos a un nuevo urbanismo en Andalucía, un urbanismo responsable, más solidario y sostenible, es esencial romper con ese modelo, en apariencia amable, pero en realidad aberrante y grosero. No podemos continuar permitiendo o impulsando la no-ciudad extensiva de la baja densidad, la zonificación "monofuncional" y la movilidad insostenible y creciente, por ser ineficiente en cuanto al aprovechamiento del territorio y los recursos que consume e ineficaz a la hora de construir ciudad y de generar calidad de vida. Por el contrario, para construir ciudades con pretensiones de sostenibilidad, cualquier modelo urbanístico deberá partir de la limitación de la expansión del suelo urbano. Una limitación que debe entenderse como un mecanismo que, dando respuesta satisfactoria a las nuevas necesidades de vivienda, dotaciones y equipamientos, lo haga mediante modelos urbanísticos que minimicen y optimicen el consumo de suelo tanto por los usos residenciales o productivos como por las diferentes infraestructuras, equipamientos y dotaciones necesarias.

Para ello, antes de acometer la urbanización de nuevos espacios es preciso mejorar y aprovechar la ciudad y la no-ciudad existentes, recuperando áreas urbanas degradadas; equipando, dotando y equilibrando barrios y suburbios, y estableciendo medidas, que sin tener carácter estrictamente urbanístico, son de gran importancia en la eficacia en el consumo de suelo, como puede ser la puesta en uso del inmenso parque de viviendas desocupadas existente en Andalucía. Y por otra parte, en aquellos casos en que, tras lo anterior, sean precisos nuevos crecimientos urbanos, será necesario acometerlos recuperando el carácter positivo que aportan las densidades residenciales medias y, en ocasiones, media-altas, así como el diseño de zonas urbanas de usos mixtos. Sólo de este modo pueden generarse buenas relaciones de accesibilidad a dotaciones y servicios básicos y un sistema de transporte con predominio de los medios colectivos y de carácter autónomo.

Con ello no se trata de volver a modelos desarrollados aberrantemente en el pasado, con densidades muy altas y problemas de congestión y hacinamiento. El hombre es un ser que necesita mirar al horizonte y que su entorno sea concebido a escala humana. Pero también, utilizando una acertada frase de Francisco Murillo, "el hombre es un animal de cercanías", algo que no resulta coherente con el pesado culto a la velocidad, a la extensión y a la falta de accesibilidad que propicia la ciudad dispersa. Las futuras ciudades andaluzas deberían permitir mirar al horizonte, deberían tratar de evitar el vértigo, pero también deberían desarrollarse para la cercanía, para la accesibilidad y para el fomento de una multiplicidad de relaciones sociales en espacios públicos. En definitiva, ciudades habitables con escala humana, donde nuestro espacio vital no quede reducido a puertas hacia dentro de nuestras viviendas. Territorios donde el espacio urbano y rural estén perfectamente delimitados y ligados por una complementariedad recíproca en lugar de regirse por relaciones de dependencia y por un "urbanismo" mercantilista que por querer poner precio a todo el territorio y sus recursos, haciéndolos objeto de negocio especulativo, está acabando por dejarlos sin valor alguno.

Artículo publicado en el número 25 (octubre de 2003) de la revista Aula Verde, de las Consejerías de Medio Ambiente y Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía.

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